<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770</id><updated>2012-02-16T07:08:53.564-08:00</updated><title type='text'>Pregones de Semana Santa de Sevilla</title><subtitle type='html'>El Pregón es para el cofrade sevillano el referente seguro de lo que ya está ocurriendo en las calles de su ciudad, impregnadas del olor y los sentimientos de las horas previas. Es el punto de partida de la cuenta atrás que entre aromas de azahar e incienso, de cera fundida y flores frescas, notas sonoras de cantos penitenciales y marchas cofradieras en la Semana de Pasión, nos conducirán, como en volandas de la primavera, a un nuevo y luminoso Domingo de Ramos.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>12</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-2699828063517855707</id><published>2007-03-29T11:23:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T12:10:39.647-07:00</updated><title type='text'>2007 - Enrique Esquivias</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(153, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2007. Pronunciado por D. Enrique Esquivias de la Cruz en el Teatro de la Maestranza de Sevilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;ENTRADA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy más que nunca, me gustaría que mis palabras pudieran llegar a los que sólo conocerán este pregón a través de la lectura; a los que no han podido disfrutar escuchando Amargura, ni lo harán en esta vida, como aquella niña que lo primero que oyó fueron las campanas del Cielo el día que supe que estaría con vosotros; a los que no saben por qué nos gusta tanto el arranque de Estrella Sublime o el trío de Esperanza Macarena; a los que nunca oirán las bambalinas de Gracia y Esperanza, resonando contra las paredes blancas de Caballerizas, tan solo vestidas con la luz de la candelería de Su paso, en ese momento de la noche en que vemos marcharse a la Virgen camino de San Roque, a compás de los versos de Rodríguez Buzón y nosotros nos quedamos solos, pisando el suelo que un momento antes pisaron Sus costaleros, dudando entre rematar en Triana, en San Juan de la Palma o en San Julián el día que estuvimos esperando todo el año y se nos ha escapado de la memoria sin darnos cuenta. Quisiera hacer temblar las entrañas de los que viven en un mundo de silencios, cuando una campana seca, destemplada y acompasada de un muñidor anuncia cortejo mortuorio de otra época, y lo que ya se nos escapa es la semana entera que sirve de excusa para el resto del año; una Mujer con Su Hijo en brazos, muerto por amor, cruza las calles cansadas del bullicio, dieciocho dolientes y una ciudad por testigo. Quisiera hacer llegar mi voz a los que no saben cómo es el rugido de expectación de otra Campana, después de la larga espera, cuando seis ciriales doblan la esquina de la antigua Farmacia Central, confirmando que la Más Hermosa entre las mujeres ya está parada en El Duque, a punto de dar la Madre de todas las Chicotás. Me dirijo a los que ignoran el crujido del madero del Crucificado de La Magdalena, tan muerto que todo a su alrededor llama a la muerte, Calvario inmenso de negrura que cruza Sevilla entre Esperanzas de Resurrección; o el tintineo de las campanitas de la borrica de la ilusión; el de las águilas de plata de la Señorita Alfarera, que pintaba loza fina en un taller del final de la calle Castilla; el crepitar de los hachones del que fue de Burgos y lo quisieron en Sevilla; los cantos de las Hermanitas a la más Señorial y más Amarga; el ruido de los corbatines contra los varales de la Panadera que engendró el Pan de Amor; el de los rosarios chocando contra doce varales calados, tan huecos como el sueño que dibujó un paso en sepia y marfil de un Jueves Santo que sólo existe en una calle Feria de oficios y mantillas; el redoble inconfundible de la Centuria; los solos de Julio Vera; la voz señorial, sacada de las viejas dinastías de los muelles, de Rafael Ariza mandando a su Virgen del nombre redondo; la de Alberto Gallardo llamando a su gente canela y clavo, para romper la mañana delante de una Gitana de piel morena y mantilla fina de encaje, Angustiada porque quieren matar a Su Hijo. Le hablo a los que nunca notarán cómo se descompone una marcha cuando la banda nos deja atrás, invirtiendo el orden de los instrumentos, mientras se disuelve la espera y nos quedamos con la mirada clavada en un manto, una corona y unos candelabros de cola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me dirijo también, cómo no, a los que todos los años vemos en las mismas calles, en las mismas esquinas, en las mismas sillas de rueda, a la misma hora y viendo la misma cofradía; a los que tienen que seguir disfrutando de la mano del padre o la madre, a pesar de que el calendario de la vida pudiera presumir otra cosa o a los que en la Ciudad de la Luz nunca la disfrutarán, como ese hombre, que yo conozco, repartiendo ilusiones todo el año entre El Duque y El Museo, que recobra la vista un lunes de primavera con la Fe y la Devoción, a través del brillo de la mirada más limpia y transparente de toda Sevilla, la de su Virgen de las Aguas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy alzo mi voz por aquellos a quienes la vida quiso poner más trabas de las que ya de por sí tiene para todos, pero el Cielo les mantuvo la gracia de ser cofrades en Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA LARGA ESPERA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la Venia de Su Eminencia Reverendísima, Excmo. Sr. Alcalde, Ilmas. Autoridades, Sr. Presidente y Miembros del Consejo General de Hermandades y Cofradías, cofrades y amigos que me acompañáis en el teatro o me seguís a través de la televisión o la radio, señoras y señores:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 16 de Abril de 2.006 todo el Orbe Cristiano conmemoraba el acontecimiento más grande de la Historia, la Pascua de Resurrección. Nuestra ciudad había amanecido con una aparente calma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los templos, ya presididos por el Cirio Pascual, escondían celosamente el misterio que habían desparramado por las calles unos días antes y nada hacía pensar que éstos hubieran tenido algo especial. En definitiva, Sevilla volvía a su vida normal y nosotros dejábamos de identificar sus rincones con una ciudad irreal que sólo habíamos soñado la semana anterior. Pero sin solución de continuidad, volvimos a echarle un pulso a la realidad para construirnos otra ciudad, mucho más artificial, y durante seis días ponernos El Mundo por montera y farolillo. La Feria pasó y las tardes empezaron a crecer. Llegó el mes de las flores a María, y un buen día miles de sevillanos se echaron a los caminos en busca de una Pastora de sonrisa amplia y corazón puro, que vive en una marisma orgullosa de ser la Madre del Niño Dios que juguetea en sus brazos. Volvieron los peregrinos y casi sin tiempo de limpiarse el polvo del camino, se unieron al resto de sus paisanos para acompañar a Su Divina Majestad por las calles, mañanita fresca de romero, altares y Custodia de plata, tarde de ciudad soñolienta y desierta. Tiempo de apreturas de calor, de una ciudad que avanzaba sin remisión camino del estío. Y el General Verano plantó definitivamente sus huestes en Sevilla, que no tuvo más remedio que rendírsele, como cada año, para pedir, una única mañana, permiso de cautiverio y pasear a su Reina de Reyes entre varas de nardos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no hay pena que cien años dure ni verano que aguante la llegada del otoño y de una ciudad que recobraba poco a poco el pulso, entre advocaciones de La Madre: Dolores, Mercedes, Rosario... La luz blanquecina que había anestesiado todo en verano iba tomando tonos dorados y los plataneros repartidos por las calles las cubrían de caprichosas alfombras jugando al viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron las lluvias mientras nos preocupábamos de recordar a los que se fueron para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los sitios más habituales volvimos a ver colgados, como cada año, talonarios con las Imágenes que tanto queremos, extrañas cuentas de un rosario de adviento. Celebramos la proclamación de nuestro Dogma y un buen día, ya metidos en los fríos, entre Sevilla y Triana, cinco Vírgenes Encintas bajaron a nuestras plantas para confortarnos en la Esperanza de la Buena Nueva. Y la Buena Nueva llegó al son de una pandereta. Nos comimos las doce uvas para celebrar el primer día de Quinario en San Lorenzo y cruzó la ciudad una estela de ilusión, la noche mágica de los caramelos en que todos quisimos volver a ser niños. Y otra vez, casi sin tiempo para más, la Ciudad volvió a hacerle un guiño a la vida real para celebrar la Epifanía del Señor y la Primera Función Principal de Instituto. A renglón seguido la que todavía, con sabor antiguo, viene precedida de una Novena en honor al Señor que sufre, porque la cruz de nuestros pecados lo está doblegando. ¿Quién me presta un templo para rezarte una oración? ¿Quién me presta un templo para describir con una gubia de palabras Tu belleza? ¿Quién me presta un templo para ser alivio de Tu Pasión? ¿Quién me presta un templo para el Hijo de Dios en La Tierra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las convocatorias de cultos se sucedían en las puertas de las iglesias, como hojas de un calendario que nos llevaba a un único destino, mientras los días empezaban a crecer al ritmo de nuestra ilusión. Hasta que por fin, el Invierno doblegó por completo reconociendo su final y dio paso a la antesala de lo eterno. Las tardes ya no eran oscuras, frías ni húmedas, sino decorados por los que pasear los sentidos y cada vez nos recordaban más a aquellas calles que habíamos vivido en un sueño de siete noches de primavera. Un día, de regreso a casa, ya tarde, nos encontramos con un ensayo y quisimos descubrir de qué paso se trataba, a través de los grandes lienzos que todavía cubrían el misterio. En la Puerta Carmona apareció la pancarta más entrañable y las tiendecillas de la Alcaicería se encontraron con las apreturas de todos los años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y alguna mañana hemos pasado sin darnos cuenta bajo un naranjo y hemos sabido, con toda certeza, que el tiempo de lo auténtico ha llegado. Como niños, hemos perdido las tardes visitando iglesias donde las formas de la ilusión van tomando cuerpo y hemos vuelto a descubrir los pasos, como si fuera la primera vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todo eso ya ha pasado, sólo pertenece al mundo de lo real, el de los sentidos es otro que hoy empieza, porque hoy es Domingo de Pregón. Atrás ha quedado un año, con los mismos esfuerzos, alegrías y penas de siempre. Dejadlo pasar, despertad vuestros sentidos y disponeos a disfrutar del gozo de la Verdad. Sacudíos el tedio de todo el año, abrid los corazones y llenaos de ciudad. Hoy es Domingo de pregón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para anunciarlo esta ocasión, alguien cuyo bagaje, una vez más, ha tenido que suplir el Delegado de Fiestas con la amabilidad y la corrección que han sido norma de la casa durante estos años para todos nosotros y hoy, en el final del trayecto, le agradecemos. Ante vosotros este año, alguien que tiene sus raíces divididas entre un barrio de la Sevilla histórica, presidido por un mártir que le dio nombre al Sol y la más hermosa de las vegas de España, a cuya Dueña se encomienda en esta hora para que le colme de Su Gracia. Creedme bien si os digo que hoy me atrevo a ponerme delante de vosotros porque estoy plenamente convencido de que no soy más que una figura secundaria. No preocuparos tanto del Pregonero, el verdadero protagonismo del pregón está en el patio de butacas, delante de las televisiones, en cada transistor; este año yo el capataz, sí, pero vosotros siempre los costaleros. Vosotros, que contáis los años por Domingos de Ramos; vosotros, que de niños poníais un palote a cada día del calendario del colegio, para saber cuánto faltaba; vosotros, a quienes os sorprendieron al mismo tiempo vuestra madre y la adolescencia, con una mesilla de noche con cuatro velas encendidas en la cabeza, una marcha en el tocadiscos y el pasillo de casa convertido en La Campana, a la hora del estudio de cualquier tarde de febrero; vosotros, que en plena juventud os ibais a las tiendas de turistas de los alrededores de la Catedral, para buscar las postales del escudo de oro que os faltaban de la colección; que sabéis que el Foso se llama Palos de la Frontera y el tramo de los antiguos Juzgados Almirante Apodaca, porque lo aprendisteis en aquel programa Orientación, que traía cada año en la portada unos faroles de cruz de guía distintos y se os iba arrugando en el bolsillo de la chaqueta durante la semana, al mismo ritmo que se arrugaba la ilusión de la espera; que os da un pálpito de extraña emoción cada vez que tenéis que abrir un altillo para cambiar la ropa de temporada y veis la bolsa donde tenéis lo que para cualquier otro no es más que una simple túnica; que guardáis las papeletas de sitio como cuentas del rosario de la vida, que reserváis la última mirada de la noche a la medalla que cuelga del cabecero de la cama. A vosotros, que soñáis ya con lo que tenía que llegar, os pido que peguéis el cuello contra el palo de La Verdad, metáis los riñones de la Ilusión y os vengáis conmigo a pasearnos por la Ciudad que nos está esperando. Gracias querido Tte. Alcalde, pero mía no es la palabra sino de ellos, siempre de ellos. ¡Sevillanos!, si estáis puestos, no os lo dejéis robar nunca, a esta es vuestro pregón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;TESTIMONIO DE FE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquí estamos, un año más, después de la larga espera, dispuestos a plantarnos en la calle y hacer girar una ciudad entera a nuestra medida durante una semana. ¿Pero, por qué lo hacemos? Por seguir una tradición de siglos, una simple costumbre, ¿somos folklore?, ¿cultura?, ¿un fenómeno antropológico? ¿Realmente pintamos algo en la sociedad actual? Quizás la pregunta tenga que ir un poco más allá e interrogarnos si pintamos algo en la Iglesia actual. ¿Para qué y por qué salimos a la calle? ¿Quién viene caminando junto al Sumo Sacerdote? ¿Cómo se atreve a discutirle al poder establecido de lo políticamente correcto? Ni siquiera lo mira, pese a estar maniatado mantiene un extraño y distante gesto de desdén, ante quien todos los demás inclinan la cerviz en señal de sumiso respeto. ¿Cómo es capaz de convocar a esa multitud? ¿Qué tiene para que cientos de hombres y mujeres lo acompañen durante tantas horas. ¿Es un loco?, ¿un revolucionario? ¿O es simplemente el Hijo de Dios?, el único capaz de asegurar la Vida Eterna. Dichoso tú, Pedro, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso sino Mi padre del Cielo (Mt. 16, 17-18) Dichosos vosotros, gente sencilla del Tardón y del Barrio León, porque eso que decís no os lo han dicho ni los que mandan, ni los poderosos, ni los alquimistas de las promesas, sino la Fe de un pueblo. Dichosos hombres y mujeres de Sevilla que cada año salís al encuentro de Dios y Su Madre, sin más protagonismo que el de vuestra presencia y vuestro acompañamiento, ajenos quizás, a los entresijos de la Cofradía que contempláis e incluso con menos asistencia de la deseable a las iglesias durante el resto del año, pero fieles cumplidores de una cita que os la marcaron la Fe, la Devoción, el Tiempo y la Historia. Y vosotros, cofrades más comprometidos, cada vez que os impidan cruzar una acera con comodidad, cada vez que os obliguen a tomar el camino más largo por esas calles que sólo utilizáis estos días, cuando estéis un rato parados en la cola de Cerrajería para cruzar Sierpes, cuando una madre con un carrito ocupe todo el ancho de Alvarez Quintero o cuando una pandilla de jóvenes esté armando más ruido de la cuenta en la Encarnación, cada vez, en fin, que penséis que estaríais mejor con menos gente, no olvidéis que esa bendita Bulla es el mejor manto de fortaleza, el que nos ampara, nos cobija, nos justifica y nos protege. Salimos a la calle para dar un testimonio de Fe y el testimonio necesita testigos. A las Hermandades no solo las mantienen las Juntas de Gobierno, los cofrades ejemplares, los curas, el Consejo o el Pregonero, sino esos miles de sevillanos anónimos, que se echarán a la calle buscando algo más que la estética o la cultura, algo que quizás ellos mismos no sepan explicar como tampoco lo sabían los cinco mil que lo siguieron hasta Betsaida y a los que tuvo que dar de comer (Lucas 9, 10-17). Ellos también buscan un alimento, el de su propia salvación. Por eso, nuestra responsabilidad radica, precisamente, en que este sueño maravilloso que estamos a punto de vivir un año más, no se quede en una simple manifestación externa, sino que seamos capaces de conectar a toda una ciudad con el Misterio de la Fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corren tiempos difíciles para los creyentes. Hemos alcanzado la prosperidad, el llamado Mundo Occidental camina con paso firme hacia un bienestar que parece no tener límites, La Sociedad cree que así alcanzará la Felicidad y se ha permitido el lujo de olvidarse de Dios. Ya no lo necesita, lo desprecia, pero a quien está despreciando realmente es a sí misma mientras toma rumbo a ninguna parte. Qué majestuosidad la tuya Señor, cuando guardas silencio ante ese reyezuelo de pacotilla que se ríe de ti sin saber, pobre ingenuo, que se está riendo de su propia fealdad. Qué joyas de opereta, cómo se regodea en su propio vacío, rodeado de su camarilla de esbirros. Qué mamarracho de rey, aferrado al lujo pasajero y convertido en marioneta de sus propias limitaciones. Cayetano González no pudo haberlo hecho mejor, Señor, ni rodearte de forma más certera: Avanzas majestuoso en Tu poderoso canasto, inspirado en la peana más inspirada y más mía, avanzas con el señorío del que se sabe la única Verdad, el único camino a la Vida Eterna, mientras que ese monarca de la nada que se atrevió a despreciarte pensando que no te necesitaba, se jacta en su propia ignorancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no siempre resulta fácil permanecer firmes en nuestros principios, como lo hiciste Tú, Señor. No siempre aguantamos impasibles ante el poder, aun cuando ello nos suponga que nos despojen de todo, como hacen contigo en Molviedro o recibir algún que otro manotazo, como el que te propina ese miserable sayón cuando regresas a San Lorenzo o como los que recibe Tu Vicario en La Tierra por hablar de Paz, de Perdón, de Amor, por viajar a predicar tu palabra allí donde no se atreven los que sólo saben hablar agazapados. Sin embargo salimos a la calle para anunciar el Evangelio, porque por encima de todo somos Iglesia, la que él dirige y así nos tienen que aceptar, como fenómenos religiosos, más allá de un valor cultural que nadie niega, pero que nunca puede ni debe ser fundamento de nada, ni menos aun justificación de una realidad que se mantiene viva desde hace siglos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;VENCEDOR DE LA MUERTE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa dimensión es, precisamente, la que nos hace fuertes y la que nos permite encontrar respuesta a todo, incluso a aquello que ni el Progreso, ni los mayores adelantos de la Ciencia, encontrarán nunca solución ni menos aun explicación, aquello que sólo Tú eres capaz de vencer, La Muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vences a primera hora de la tarde junto a las murallas del viejo arrabal de San Julián o cuando cae la noche y te recortas entre los tejados de Santa Cruz, implorando por todos nosotros ante un final aceptado que ya está marcado en Tu perfil, la mirada al cielo buscando un último aliento que no llega. La vences cuando en Tu serena belleza yaces en la hora del sepelio, mientras se forma una comitiva de dolor y ausencia junto a Tu Madre de Villaviciosa, evocando composiciones decimonónicas, o regresando a San Martín, mientras el militar clava una Lanzada de muerte sobre Tu propia Muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La vences cada Martes Santo, con el testimonio de cientos de estudiantes de la Vida. Un hombre ha muerto en la sencillez más absoluta, no hay oros, ni tallas repujadas, ni bordados a su alrededor, tan sólo cuatro hachones, enmarcando su figura tan muerta en medio de la luz. Pero vedlo bien, no tiene el rictus de la parca, no ha podido con Su belleza ni con Su serenidad. En el rostro se adivina que ha muerto sabiéndose por una causa justa. Se diría dormido, mientras pasa bajo el Postigo en la hora de la media tarde; la piel tersa, los rasgos suaves, es la belleza de la Muerte. Cruza la Plaza Nueva en medio del bullicio, público de tarde, la plena luz del día sobre la fachada del Ayuntamiento, todo invita a la alegría y la vida mientras Dios cruza serenamente muerto, ajeno a su propio entorno, silente en medio del gentío, hermosamente muerto, ¡qué pronto te llevaste a Juan, Señor de la Buena Muerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la vences en el Patrocinio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te mueras Cachorro, que quiero soñar contigo las tardes que caen por el poniente del Aljarafe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te mueras Cachorro, que Tú eres el mástil al que se abraza nuestra Fe, en este Mundo sin creencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te mueras Cachorro, que Tú eres el faro que nos sirve de guía, en este Mundo perdido y sin rumbo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigue respirando Cachorro, que tu aliento es la brisa que llega de Bonanza con la marea, para refrescar nuestra desesperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te mueras Cachorro, que tu Sudario se mueve con los suspiros de los que te imploran.&lt;br /&gt;No te mueras Cachorro, porque si Tú te mueres, todos moriremos contigo.No te mueras Cachorro, que Tú eres el principio y el fin, el todo y la nada, la pregunta y la respuesta, la razón y el misterio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No te mueras nunca Cachorro, porque te necesita el Mundo, te reza Sevilla y te quiere Triana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA PAZ&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que los años de universidad, para los que hemos tenido la suerte de acceder a ella, son los mejores de la vida. Desde luego no son los años en los que nos suceden las cosas más importantes, pero sí es cierto que se viven de una manera especial. Quizás la falta de preocupaciones, de responsabilidades o sentirse con toda la vida por delante, hacen que guardemos de aquellos años un recuerdo imborrable. ¡Yo he sido Legionario del Porvenir! Esta frase, que os pueda parecer extraña y casi estrambótica a muchos de vosotros, es la forma cariñosa que tenía un capataz de llamar a sus costaleros, de aquella cuadrilla de la que formé parte mis años universitarios y no olvidaré nunca. La habíamos empezado a formar al socaire de las primeras cuadrillas de hermanos. Éramos los costaleros del Señor de la Victoria y de Su Madre, La Virgen Blanca. El primer año no pudimos salir, toda nuestra ilusión, todos los lunes de un año entero ensayando, se quedaron encerrados en una chicotá interminable, entre las paredes de la parroquia de San Sebastián, mientras el Cielo se ensañaba groseramente con aquel Domingo de Ramos. Pero sí lo hicimos los años siguientes. Teníamos el privilegio de ser los primeros en levantar un paso en Sevilla y con nuestro Señor de la Victoria y Sus nazarenos blancos entrábamos en el parque para provocar una hermosa nevada de primavera. Llegábamos al Centro por el Arenal, a través del postigo que vigila, desde su Garita de Gloria, la más Pura de las Centinelas. Tras cruzar y dejar atrás la Carrera Oficial, salíamos de la Catedral y a la hora en que la mayoría de Hermandades iniciaban su estación, nosotros ya íbamos de vuelta. La caída de la noche solía coincidir con el regreso por el parque, pero era muy distinto a la ida, ya no había globos, ni garrapiñadas, ni carritos de niño. La luz y el colorido de la mañana habían dado paso a una uniformidad oscura en la que se confundían, desde el verde de la arboleda hasta el blanco de las túnicas, uniformidad tan sólo rota por la candelería del paso y el azul crepuscular de la rendición del día, donde aun se recortaban las torres de la Plaza de España. Al llegar al final, mientras la cofradía se recreaba, antes de entrar definitivamente en su barrio, siempre me venía a la memoria el pasaje del Evangelio del Monte Tabor: Señor de La Victoria, que a gusto estamos aquí, haremos una cabaña para Ti y otra para nosotros y nos quedaremos para siempre en las calles de una ciudad que hicieron para que cada año vuelva a nacer contigo otro Domingo de Ramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel capataz que nos mandaba era un hombre de talla pequeña, mirada penetrante y un corazón que se le salía del pecho. Se llamaba Manuel Santiago y hace algunos años ya que forma parte de la Cuadrilla de Capataces en la Gloria. Manolo formó varias cuadrillas de hermanos en Sevilla, abría la Semana Santa con La Paz y cerraba la Pascua con el Señor Resucitado, pero tenía las ideas muy claras, no en vano, era un capataz de la vieja escuela y había tenido un gran maestro, porque hubo un tiempo en que los hermanos elegían a su Junta de Gobierno, la Junta al capataz y el capataz a sus costaleros y cada cuál sabía perfectamente dónde empezaba y dónde terminaba su tarea; y aquello no era autoritarismo sino orden y sentido común. Pero ese equilibrio se invirtió en algunos casos y de aquellos polvos vinieron algunos lodos molestos. Qué hermoso gesto de amor y cariño el de quienes se visten con una túnica sólo por devoción, sin preguntar el nombre de su diputado de tramo. Qué hermoso gesto de cariño, que sé que es el de la mayoría, el de aquellos que hacen un esfuerzo bajo el anonimato de un faldón sólo por devoción, sin más exigencia que la de su propio sacrificio, sin más recompensa que la de continuar una tradición y sin más protagonismo que el de unas Sagradas Imágenes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;TRADICIÓN Y RENOVACIÓN&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A menudo las Hermandades son tachadas de inmovilistas, como también se acusa a toda la Iglesia, por no seguir las pautas de quienes desde la aparente tolerancia, pretenden imponer la uniformidad de unas ideas que niegan la preexistencia de cualquier valor. Sin embargo, un mero acercamiento al mundo de las cofradías, ni siquiera con un estudio profundo, sólo conduce a la inequívoca conclusión de que somos un fenómeno absolutamente cambiante en todo aquello que no afecta a los fundamentos de nuestra Fe y a la Tradición formada sobre ésta, y en ello radica, precisamente, que después de tantos siglos, sigamos siendo actuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa adaptación a los tiempos es la que nos obliga siempre a estar atentos a las nuevas situaciones. Hay que abordarlas sin precipitación, pero sin inmovilismo. No podemos cerrarnos a las nuevas exigencias. Esta ciudad cambia y sus cambios exigen reacciones por nuestra parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay grandes zonas de Sevilla donde se hace necesaria nuestra presencia. Allí donde nuestra diócesis hace el esfuerzo de construir nuevos templos y parroquias, allí donde más dificultades encuentran los que quieren vivir su Fe comprometida, por qué negarles la posibilidad de expresarla como siempre hemos hecho, a través de la Religiosidad Popular, siempre que ello responda a una verdadera necesidad de culto y a una devoción auténtica. No podemos revelarnos contra las leyes de la física, las distancias son las que son, la semana tiene siete días, cronológica y litúrgicamente, y cada día tiene 24 horas, la multiplicación de los panes y los peces la hizo El Señor, nosotros no somos capaces, pero por Dios, no le demos la espalda a esa nueva Sevilla que crece en una sociedad ajena a lo trascendente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto, nos lo preguntamos a menudo, hasta dónde vamos a llegar, habrá que poner algún coto, pero ¿Podemos vallar el campo de la devoción y de la oración? ¿Qué pensarían los sevillanos del Siglo XVIII, de unos niños que formaron una cruz de mayo en un barrio de extramuros y después quisieron convertirla en cofradía para refugiarse con Ella del Mundo? ¿Qué pensaron, hace ya más de un siglo, los que vieron a una hermosa Paloma dolorida y olvidada, que hoy celebra Su Santo, levantar el vuelo en Triana y marcharse donde no había nada para encarnarse en barrio nuevo y llorar con él por tantos concebidos, a los que ni siquiera le dan la oportunidad de nacer? ¿A qué pueblo te presentan Señor? ¿La Calzada es real, o sólo pertenece a nuestra ciudad soñada? Nervión no es histórico, pero estuvo sediento de oración y fue saciado. Y cuando suenan tambores en Viapol, ¿estamos reproduciendo una estampa barroca de la Contrarreforma o recibiendo a un barrio del Siglo XX, que ya no está ni desamparado ni abandonado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y qué pensaron de Ti, Señor, hace cincuenta años, cuando cruzaste por primera vez el Tiro de Línea, no el de ahora, ese maravilloso barrio, perfectamente comunicado y en pleno centro del nuevo entramado urbano de Sevilla, sino aquél más humilde que recordáis en blanco y negro, aislado por las vías del tren y con un único cordón umbilical que le unía al Mundo y se llamaba Avenida de los Teatinos. Qué plan urbanístico me la robó que ya no la encuentro cuando vuelvo al barrio, ni siquiera reconozco su antiguo trazado. ¿Tan alto precio hay que pagar por el progreso? Si esa calle la hicieron para que Tú la cruzaras cada Lunes Santo, cautivaras a la ciudad y le recordaras que aunque tus discípulos te abandonaron, Tu barrio no lo hará nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Has cumplido cincuenta años y te has convertido en Semana Santa de Sevilla en estado puro. Pero Tú has existido siempre Cautivo, lo has hecho en la esencia de una ciudad que te ha querido siempre, anudado con un mismo cíngulo a la mayor devoción de Sevilla y su más hermosa prolongación del Siglo XX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seiscientos años de Religiosidad Popular, muchas veces ninguneada, cuando no abiertamente atacada. Nos quedamos en las formas externas, caemos en el fetichismo, no sabemos anunciar el Evangelio, la imagen que damos con frecuencia es superficial. ¿Y quién tira la primera piedra? Es cierto, no somos más que un grupo de creyentes, con toda nuestra carga de humanidad y lo que eso representa. Pero aquí llevamos más de seis siglos al servicio de nuestra Iglesia. Esta es la Asamblea de Laicos de los cofrades de Sevilla, que ni son perfectos ni son los mejores, pero siempre están al servicio de su Pastor, de los que estuvieron antes y del que hoy cumple veinticinco años a nuestro lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seis siglos, ya, formando parte de la historia de Sevilla … y cuántos llevas Tú Nazareno revelándote contra La propia Historia. Cuántas madrugadas desafiando al tiempo con la Mirada a ninguna parte. Cuántos años, Nazareno, enfrentándote a la Noche para que la Noche muera contigo. Cuatro Siglos enseñándonos el camino, Nazareno. Cuatro siglos abrazando nuestros pecados y nosotros sin escucharte. Sigue navegando, Galeón que vas marcando el rumbo de la Devoción de una ciudad, Te seguiremos como lo hicieron nuestros mayores, llévanos a la Luz de un nuevo día, no permitas que esta ciudad naufrague en la desesperanza y en la falta de valores, guíanos siempre a un nuevo amanecer, Primitivo Nazareno de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA CIUDAD Y LAS COFRADÍAS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra ciudad trasoñada, no en el sentido exclusivo de la expresión, sino la que queremos compartir con todo el que se acerque sin dobleces, está hecha para sus Hermandades y éstas no podrían existir sin ella. No es la ciudad oficial, ni la histórica, ni la de los callejeros, ni siquiera la de las recomendaciones turísticas, sino esa otra que sólo existe una efímera semana y se mantiene viva gracias a nuestros recuerdos, más allá de la realidad pero mucho más cerca de los sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es cofradía de multitudes y menos aun cuando, hace ya algunos años, acababa de trasladarse a la calle Feria. Con sus discretas filas de nazarenos y muy poco público de testigo, avanzaba, silenciosamente elegante, la hermosa canastilla del maestro Guzmán Bejarano. En la Europa, una anciana cantó una saeta sentada en una silla de enea, a la puerta de una vieja casa que albergaba un asilo. Estábamos casi en familia y al terminar, aquella mujer le prometió al Cristo que si el año siguiente seguía allí le cantaría de nuevo. No puedo deciros si cumplió su palabra porque fui yo quien faltó a la cita. Hasta que al cabo de los años, el destino, la casualidad o quién sabe Dios, me llevaron de nuevo al mismo sitio y a la misma hora. El público ya no era tan escaso, La Hermandad se había afianzado poco a poco en su nueva sede y tenía un acompañamiento más numeroso, pero la vieja casa y el asilo ya no existían. Tampoco estaba la anciana, supongo que moriría en alguna cama de hospital medio sola, triste destino de tantos, cuando desaparecen los lazos familiares. Por eso yo prefiero consolarme con la ilusión de que aquella mujer no murió abandonada en una cama extraña, un día cualquiera y que un Martes Santo, al pasar por su lado el Cristo que va recogiendo las almas de los abandonados y de los que ya no le sirven a esta sociedad, también se llevó la suya y a su lado permanece para siempre cantándole saetas de gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta es la Sevilla mágica del gozo, que se transforma siendo la misma y apenas es reconocible en el llamado mundo real. Pasaréis muchas veces por Dña. María Coronel durante el año, pero ninguna de ellas os recordará la calle donde se mezclan el azul del raso y el terciopelo, la plata del hilo y el metal, los naranjos, la noche y un rostro de Mocita Hermosa de San Julián, y será totalmente distinta de la que unas horas antes, cuando la tarde despuntaba, cruzó la Señora de Los Terceros con Su belleza fina y elegante; todo es medido, los bordados de Juan Manuel, los elegantísimos respiraderos, el relicario central, los faroles de cola, los corbatines y el Rostro sencillo y purísimo de la Virgen del Subterráneo, que bajando por Gerona, nos transporta a una Semana Santa que perdura en las viejas fotos en sepia del pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla de nuestra Memoria que nos deja acompañar al riquísimo y elegantísimo canasto sobre el que cae tres veces el Condenado Inocente, mientras regresa la noche más triste por una calle Francos de silencios y ternos negros, diferente de la que unos días antes vio pasar al Señor que llora lágrimas de barro, en medio de tanta tamborería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla que nos transporta a una calle convertida en Cuna de Amor para el Hijo de Dios. Viene avanzando con su pasito quedo con el mayor de los recogimientos. Desde la distancia llama la atención la elegancia del conjunto, obra de Mesa sobre canasto de Gijón. El perfil aguileño de quien ha dado su propia sangre se recorta en la noche, alumbrado por los seis poderosos candelabros, la tez cetrina, los rasgos de la Muerte en el Rostro, cruza la calle Orfila y provoca el primer gran silencio de la Semana. Por Amor te entregaste, todo Tú eres Amor, Cristo del Amor, danos la fuerza para amarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sólo un día después, otra calle Cuna, mucho más oculta y más íntima, sirve para que un hombre humilde sea trasladado con discreción al sepulcro. En Su cortejo no forman autoridades ni representaciones porque murió como un delincuente, por enfrentarse a los que se creen más justos que nadie. Ni siquiera están todos los suyos, lo abandonaron cuando cayó en desgracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un pequeño grupo acompaña a Su Madre en esta hora, formando una escasa comitiva que cruza la tarde del Lunes fugazmente, dejando un reguero de rosas de sangre por el que más tarde tomaremos su Verdadera Cruz y le seguiremos. Lo haremos con humildad, en un suspiro, sin alterar el silencio de la noche, tras la figura profunda que nos transporta a un pasado remoto y se hace presente y real todo el año en la calle Jesús; y a continuación sus paredes sostendrán al Señor de las Penas, levantándolo una y otra vez para que siga caminando, mientras se gira suplicante ante el tormento, buscando en la Gloria la compañía de un hombre que le entregó toda su vida en forma de anales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla de olvidos que escucha con indiferencia las Siete Palabras de un Moribundo sobre un canasto de ensueño, arropado por los naranjos de San Vicente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla de ausencias cuando la Virgen Niña de Monserrat regresa asustada por una calle Castelar que se quedó Sola con San Buenaventura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla esquiva, que nos muestra su belleza más íntima, ajena a los tópicos de lo cotidiano, cuando en la última hora acompañamos a La Madre con Su Hijo por la Plaza de Santa Isabel, uno más de los rincones de esta ciudad que parece esconderse, como una niña vergonzosa, de las miradas de los que no ven más allá de lo superficial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla orgullosa, Sevilla oculta, ajena al Mundo que la rodea. Sevilla que perdura y lo hará siempre y a pesar de todo, porque no existe en el Espacio ni en el Tiempo, sino en todos y cada uno de nosotros, en nuestros recuerdos, en nuestras vivencias, en nuestros corazones. Sevilla que muere y vuelve a nacer cada año, como un sueño de una Noche de Primavera. Sevilla Eterna, Sevilla, siempre Sevilla, ciudad que cautivas, ciudad cautivada, ciudad que maltratas, ciudad maltratada, así te querremos siempre, Sevilla soñada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;TRES PALIOS DE CAJÓN&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Jueves Santo languidece poco a poco, mientras llega la hora de una nueva Madrugada. Son momentos de confusión entre lo que termina y lo que está por llegar. La Carrera Oficial ha entrado en una tensa calma de vigilia. En ese último suspiro del día, por Castelar avanza un balanceo de muerte entre retales de bronce, madera y sudarios que ventean; en Alemanes, El Hijo del Hombre más perfecto se dobla bajo el tormento sobre un altar de oro y plata; cuatro faroles de caoba se funden con la Muerte en Pilatos; la Cruz de la Salvación es alzada entre caballerías en San Pedro … y tres Palios de Cajón ...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno regresa por Tetuán, antiguo, breve, para no ocultar la belleza de la Virgen de los ojos verdes que viene rota de dolor y sin consuelo. La cera se ha gastado de tanto alumbrar y Sus lágrimas se han secado de tanto llorar. Se siente Sola, siguiendo a su Hijo que tiende una mano por la calle de la Amargura: ¡Mujeres de Jerusalén!, no lloréis por mí, hacedlo por mi madre y acompañadla en este Valle de Lágrimas (Lc. 23, 28).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro palio aguarda la espera, la cera está intacta y el llanto de la Virgen Presentada también. Apenas se le advierte un gesto de temor ante lo inminente. No ha llegado todavía la hora de la noche más profunda. ¡Mujeres de Jerusalén!, no lloréis por mí, hacedlo por mi madre y acompañadla en este Calvario de Muerte (Lc. 23, 28).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el tercer palio, el mío, también aguarda la espera. Mi Virgen es pequeña, delicada, de rostro suave. El Discípulo le habla pero Ella no le escucha, está demasiado pendiente del momento que tendrá que salir detrás de Su Hijo. Pasará toda la noche siguiendo los pasos del fruto de su Vientre, desapercibida una Madrugada más, como lo está todo el año, cumpliendo con Su Evangélico papel secundario. Pero siempre estará, en la Madrugada, acogiendo con Su Manto las almas de los que Lo vieron pasar caminando y no pudieron seguirle; durante el año en su Camarín, al que siempre podremos acudir, desviando la mirada, cuando no nos atrevamos a mirarlo de frente, porque le hayamos ofendido otra vez. Es mi Virgen del Mayor Dolor, la más discreta, la que siempre ha estado con los Suyos desde el lejano día que se fundó la Hermandad del Traspaso en torno a Ella, la que siempre nos acompañó en la Estación de Penitencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Mujeres de Jerusalén!, no lloréis por mí, hacedlo por mi Madre y no la dejéis sola (Lc. 23, 28).&lt;br /&gt;Un día pasa, una Madrugada llega y tres palios de cajón. Mujeres de Sevilla, no las dejéis solas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;TRIANA &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabemos y creemos por el Dogma de La Asunción, que María subió al Cielo en Cuerpo y Alma. Pero lo que quizás no todos sepáis es que no se quedó allí. Que nadie se asuste, yo sé bien lo que pasó y os lo voy a contar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegando a las alturas, a la Virgen la empujó un viento de Levante que la hizo cruzar el Mar Interior de los Romanos y la llevó al Sur de la Península más occidental del Imperio. Y allí, donde Trajano, antes de ser Emperador desde su Itálica natal, se había reservado una parcela poniéndole su nombre, se quedó María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era más que una vega llena de naranjos y de gente humilde y variopinta, donde las noches de verano se organizaban "velás" al olor de los jazmines y las damas de noche, sin más techo que un cielo azul que recortaba los tejados de la ciudad, que desde la otra orilla le daba cobijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero La Virgen se sintió cómoda en aquel rincón de buena gente, le pidió permiso al Padre para quedarse con ellos y viendo que no tenían nada entre el cielo y la tierra, una noche sin luna escogió la Estrella más brillante y más hermosa y en ella reflejó Su llanto, el mismo llanto de las mujeres que veían partir a sus hijos por el río para no regresar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llanto Puro de Mujer Pura que llora, Tu Rostro nació cuando quisieron pintar el dolor de madre a un lucero atrapado en un azulejo de la calle Alfarería, No sé si eres La Belleza que llora o El Llanto hecho belleza, pero sí sé que fuiste el primer regalo de este pregonero y desde aquel momento, Estrella, su mejor guía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero La Vida no resultaba cómoda para aquella gente que a duras penas resistía calamidades, invasiones, epidemias y la ausencia de los que se marchaban al Nuevo Mundo y no volvían nunca. Por eso la Virgen quiso darles algo más para que no desesperaran, arribó una goleta que había subido de la barra de Sanlúcar y se hizo Casa Redonda de Expectación, donde tuvieron cabida todos los marginados de aquella tierra. Y con ellos cruzó por primera vez a la otra orilla y regresó junto a Su ribera, donde dicen que se asoma cada noche a contemplar Su belleza reflejada en el río y de donde Le gusta salir poco, muy poco, tan poco que querrá que Sus hijos La coronen de Amor en Su Castillo de Proa con forma de Altozano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Barrio prosperó a la sombra del Monopolio de las Indias y mientras la ciudad se convertía en la gran urbe del Barroco, en la orilla derecha nacían fábricas de loza y en una de ellas, levantada en un extremo, La Virgen también se hizo Alfarera, renacida de las llamas del amor de Sus hijos.&lt;br /&gt;Crecieron, se formaron barriadas modernas y también quiso hacerse presente entre los recién llegados. Una primavera se miró en la flor de un naranjo de las calles más nuevas y Su Reflejo se convirtió en blanco perfume de Salud para todos ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y siguieron creciendo a lo largo de la orilla del río. ¿O no? ¿Qué es Los Remedios? ¿Pertenece a nuestra ciudad soñada o es un conjunto de calles impersonales? ¿Qué semejanza tienen la tradicional Fábrica de Tabacos y la actual, sin concesiones a la belleza y con los días contados? ¿Tienes que marcharte otra vez o después de tanto tiempo has conseguido ya morada definitiva? Qué pecado cometiste si no es el de ser la Cigarrera más guapa de la Historia. Si llevas la discreción hasta en el llanto. Con Tu gesto de dolor medido, no quieres distraer nuestra atención de Tu Hijo. Sin embargo, yo os digo que esa Mujer que ha salido de una fábrica a primera hora de la tarde, cruzando calles anodinas, es la Belleza más exquisita, la Victoria absoluta del Amor de una Madre y el Jueves Santo bajo palio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y La Virgen, al fin, quiso hacerse barrio entero, modeló una cara de cerámica, la policromó con la brisa de bronce de la gente del Mar, le puso dos ojos de azabache y renació La Esperanza para todos ellos. La mimaron, la quisieron y la cuidaron porque era su joya más valiosa y hasta Pura fue la calle donde la guardaron. Construyeron una hermosa parroquia para Ella y allí se refugiaron durante siglos, acrecentando Su Amor, hasta que se atrevieron a llevarla a la ciudad, le hicieron un hermoso Barco de Plata y una noche al año navegaba con rumbo a Sevilla, entre una multitud que no la dejaba en ningún momento, para asegurarse que volvería de nuevo a Su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cada año, ya de amanecida, regresaban con su Virgen después de pasearla y enseñarla por todos los rincones, dedicaban la última oración a los que más la necesitaban por carecer de libertad y antes de cruzar de nuevo el puente, el mismo Sol se unía en un suspiro de despedida mientras se alejaban de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias por ser una Hermandad que sólo se mira en el espejo del Amor a Su Madre, gracias por quererla como lo hacéis, por ser fieles a vosotros mismos y por lo que habéis hecho tantos años, porque al final, gracias a vuestro cariño, pasó lo que tenía que pasar, que la Virgen hizo lo que cualquiera de vosotros hubiera hecho en Su lugar, decidió quedarse para siempre en aquella bendita tierra, miró al Cielo, levantó la voz y dijo: ¡Madre, vente conmigo! Y por los siglos de los siglos se quedaron La Esperanza y Su Madre reinando en aquella parcela que un lejano día había escogido Trajano entre todos los confines de su Imperio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te querrán los cielos y la tierra, y todas las criaturas te querrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te querrán generaciones venideras y en los confines del Mundo te alabarán&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te querrán de por vida y sin reservas y tu nombre bendecirán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero como te quieren en Triana, desengáñate Virgen María, así no te querrán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;SAN BERNARDO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres días laborables de nuestra Semana, con su carga de normalidad, tienen algo especial que los diferencia de los festivos. Lo cotidiano nos devuelve por unas horas a la más cruda realidad, únicamente alterada por las visitas a los templos, que cada mañana guardan la ilusión de la espera. Pero poco a poco van pasando las horas y el ajetreo va cediendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las calles han alcanzado ya la fugaz calma de la primera hora de la tarde, los numerosos bares de la zona desprenden el inconfundible olor a café recién hecho, pasa un grupo de turistas desorientados, buscando su hotel. Dejamos atrás la Alfalfa y subimos por Cabeza del Rey D. Pedro y Muñoz y Pabón. Están parados delante de San Nicolás. En la puerta, cumpliendo el rito de la cortesía, ha salido a saludarlos, con Ramón Ibarra siempre al frente, un estandarte azul sobre el que aun no se han apagado los reflejos de la Candela de Amor y belleza que iluminó los jardines la noche anterior. Discretamente delante, el Fiscal sostiene el horario en la mano enguantada de negro, a continuación la Cruz de Guía, celosamente escoltada por faroles y bocinas que portan nazarenos sacados de un grabado de Hohenleiter. Me lo sé de memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Avanzamos saliendo al encuentro de los tramos, tienen el privilegio de salir de un barrio histórico de extramuros, cruzar un puente que indultaron para ellos y entrar en Sevilla por la antigua Judería; barrio, puente y centro. Tienen el privilegio de tener el recorrido más bonito de toda la Semana. La cera roja nos recuerda su carácter sacramental y los niños de la calle San José recuerdan la bienaventuranza de los sedientos. En Santa María la Blanca la calle es más ancha y ya no es posible refugiarse del Sol, dueño absoluto, como casi siempre, de la tarde del Miércoles Santo. Pero el calor y el cansancio que se va notando ya de los primeros días, pasan a un segundo término cuando desde lo más alto del puente vemos acercarse el paso hacia nosotros. El canasto es rotundo en la sencillez de sus líneas, el clavel y el lirio se confunden en total armonía y los candelabros se elevan majestuosos al cielo, acotando el espacio en el que Cristo, dormido en la tarde, es acunado por seis guardabrisas que, casi imperceptiblemente, van marcando el redoble del tambor. Cruza la Ronda y entra en Sevilla entre cornetas y gentío, sin que nada ni nadie sea capaz de perturbar el sueño del Redentor, que avanza suavemente cumpliendo Su Sacrificio de Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que te buscara un lejano día pidiéndote un poco de Tu Nombre para mi casa, me has dejado atado a Ti por un lazo mucho más fuerte que la simple oración de un momento de zozobra. Cristo de la Salud de San Bernardo, que cruzas cada año la tarde de mi vida, a tus plantas me tendrás para siempre como uno más de esos cientos de hombres y mujeres, que todos los Miércoles Santo hacen renacer un barrio que sólo existe ya en sus recuerdos, para que Tú sigas sanando corazones heridos de nostalgia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA ESPERANZA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de los momentos del día más hermosos y que menos disfrutamos es el Amanecer. Pero hay uno que sí gozamos, el que pertenece a nuestra Vida Soñada, la que sólo existe en nuestra Memoria. Físicamente es igual a los demás, pero vosotros y yo sabemos que no tiene nada que ver con ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un buen rato antes de que nos estemos acercando a la Iglesia, el Cielo ha empezado a romper la noche. El relente suele aparecer cuando cruzamos el barrio de San Vicente y la hora profunda en que habíamos dejado Sierpes cada vez está más lejos. Por Capuchinas, la estrecha franja acotada por los tejados se ha vuelto ya de un azul intenso y, poco a poco, conforme llegamos a la Plaza, el canto de los pájaros es el mejor y más alegre anuncio de la mañana. La Cofradía se recoge entre dos luces y una vez cerradas las puertas de la Basílica, mientras en la calle triunfa ya la luz de un nuevo Viernes Santo, dentro volvemos por unos minutos a los grises del amanecer, animados por la tenue claridad que entra por la linterna de la cúpula, recortando los caprichosos zigzagueos del último humo de los cirios, que cumplida su misión de alumbrar a la Luz del Mundo, son devueltos impunemente a los carros, con un fondo de golpes secos. Es el momento de las caras desencajadas por el cansancio, de los abrazos de felicitación. Pero yo no estoy completamente tranquilo, ningún año lo estoy, porque es la hora en que empiezo a recordar que Ella también ha estado en la calle, también le ha sorprendido el amanecer y ahora mismo, en plena mañana, sigue marchando como Reina Triunfante. Incluso mucho antes de que todo esto suceda, cinco de mis hermanos habían ido a postrarse a sus plantas para cumplir con una concordia centenaria, al tiempo que unas legiones, tan maravillosamente falsas como la ciudad imperial que custodian las murallas de donde salieron, venían a rendir tributo al Cisquero, mandadas desde la Eternidad por un capitán al que le pusieron de nombre "El Pelao" en los campos de batalla de Parras y Escoberos. Ya a plena luz del día, recorro las mismas calles que unas horas antes he pasado cumpliendo el Rito y la Regla, pero no soy capaz de reconocerlas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me cruzo con gente que viene y va; de pronto, por alguna esquina, aparece fugazmente un nazareno de ruan, que a paso cansino huye de una mañana que le ha sorprendido y a la que no pertenece. Definitivamente, ya no queda nada que recuerde a la Madrugada, ni yo mismo, que La busco en esta mañana que tampoco es mía. Hay más gente por la Encarnación, vienen de regreso, es mi imaginación o en sus caras se refleja la satisfacción de haber estado con Ella. A duras penas me voy abriendo paso y por fin consigo verla embocada en la calle Alcázares. Está de espaldas, pero no me importa, es cierto lo que un sabio amigo dijo una vez, su paso no tiene espalda porque no es un paso sino un aura. Me podría bastar, ya he sentido su presencia y estoy muy cansado, pero esta mañana no es suficiente, no solo quiero verla sino que Ella me vea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruzando Regina consigo llegar a San Juan de La Palma. Por la calle Feria la cofradía discurre parsimoniosa, sabiéndose ya dueña absoluta del tiempo y el lugar y escoltada por su público, sacado cada año de un cuadro de García Ramos para que La acompañe esta mañana. La espera es larga y la ilusión mayor. Matrimonios ancianos, padres con niños, parejas de jóvenes, familias enteras, balcones engalanados con Su foto, los bares desprendiendo el olor a café, chocolate y aguardiente, mientras los nazarenos avanzan desatentos, con los cirios convertidos en callados de las horas. Poco a poco el gentío va creciendo y un tumulto de capirotes y devotos anuncian que ya está cerca, hasta que una frase mágica nos hace a todos fijar la vista en el fondo de la calle "ya se ve la Virgen". Me voy acercando sin sentir las apreturas, descubriendo cada detalle de un paso que llevo grabado, como si no lo hubiera visto nunca. Las flores están ya marchitas; la candelería, apagada, se ha ennegrecido; los ramos que le han ido regalando rebosan la peana; hasta que por fin tengo la certeza de que La Esperanza me está viendo. A pesar de las ojeras y del cansancio de toda la noche, no ha perdido la Sonrisa, está mas Guapa que nunca y más Orgullosa que nunca de saberse la Madre de Dios, y en ese preciso momento, cuando cruzamos la mirada y nos quedamos los dos completamente solos, me acuerdo de mis niñas, las que Ella me está cuidando, intento rezar todos los años pero sólo me sale el llanto…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan Delgado Alba dijo que cuanto de bello y puro hubiera en el cielo y la tierra, sería poco para Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ricardo Mena aseguró que era el Sol y las estrellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel Muruve proclamó que era la más segura, dichosa, rotunda y perenne Esperanza Nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos Colón nos recordó que por mucho que la viéramos, nunca la podríamos dejar sin pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Joaquín Caro se preguntó si estaba más guapa con el manto granate, el de malla o de hebrea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos Herrera cuando la miraba, sentía a Dios cabalgar por sus venas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Curro Ruíz Torrent pensó que soñar era encontrarse cara a cara con Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paco Vázquez juró que Dios puso la Creación en su Cara perfecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rafael de Gabriel anunció que no hay flor más pura que la que vive en San Gil y siempre está en primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antonio Murciano sentenció que todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ignacio Jiménez se hizo cura para cumplir su promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo lo demás ya se lo había dicho antes Rodríguez Buzón, el poeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues cómo queréis que salga airoso de este trance quien ahora pregona Su Pureza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo solo sé decirle, con la admiración de hombre, el orgullo de Sevillano, el amor de hijo y con el alma entera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios te Salve, Santa María de la Esperanza Macarena, Reina del Mundo, Madre de Dios y Madre Nuestra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;FINAL&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mañana de Pregón se nos escapa ya de las manos. Esta misma tarde, muchos de vosotros cumpliréis con la cita obligada y no escrita de los Besamanos de Vísperas: Los Terceros, la Universidad, Santiago, el Museo, San Gregorio …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de mañana os quedaréis solos frente al tiempo de la última espera y repasareis un año que cada vez pasa más de prisa. Pero antes de que todo eso llegue, antes incluso de que los himnos pongan el punto final a esta mañana, quiero pediros que me acompañéis. Dejaremos atrás el Teatro, despidiendo a Su Hermosa Guardesa Guadalupana, cruzaremos las estrecheces del Arenal, en una de cuyas calles la Historia se dejó olvidado un trozo de la Semana Santa del Ayer que perdimos para siempre, una Mujer mira al Cielo implorando tres Necesidades, para enterrar a Su Hijo entre lirios y hojarascas y otra reza entre bordados románticos mientras pasa frente a la Santa Caridad, echándole un pulso de belleza a la obra del Venerable Don Miguel y jugando con el tiempo de lo Intemporal. Saldremos a la calle Adriano, una Capilla muy pequeña con dos flores, una es nueva, hermosa, alegre, con aires macarenos, la otra, más serena, sostiene a Su Hijo en brazos y suspira de melancolía soñando con ser de Triana. Cada año quiere marcharse con las cinco hermandades que pasan por su puerta y entran a buscarla, pero nunca lo consiguen porque el Arenal sin Su Piedad sería un barrio sin alma. Dejaremos atrás La Magdalena, y cruzando el Museo y San Vicente llegaremos al final de nuestro camino. Es un barrio trazado a cordel con manzanas geométricas y salpicado de Conventos. En uno de ellos, franciscano, reina una Palma de sonrisa marismeña, coronada con el amor de unos niños que aprenden todo el año a Su lado. En el centro del barrio la Plaza, y en la plaza la parroquia, presidida por el Santo y su Parrilla. La habitan dos Señoras, una cierra el Martes, la otra la Semana, una luce bajo palio sevillano, la otra bajo el cielo de Sevilla, una tiene Dulce la Mirada, la otra lleva la Nobleza del Tiempo grabada en Su Cara, una custodia los besos de talón que allí quedaron atrapados, la otra guarda los corazones soleanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Plaza marca el ritmo de la vida del barrio, en el centro dos palmeras y a su alrededor dieciocho plataneros majestuosos. Son la guardia de respeto que la protege durante todo el año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En verano forman un tupido manto que provoca un halo de frescura incluso a las horas centrales del día. En otoño cubren el suelo de un alfombrado cobrizo, queriéndolo resguardar de los fríos y las lluvias que se avecinan, porque saben que cuando florezca la Primavera Su Señor tendrá que pisar por allí. Junto a la parroquia, en el rincón sin salida, una puerta con un escudo. Hace un rato que dejamos el Teatro y tampoco es ya Domingo de Pregón, es Viernes, cualquier viernes del año. Si ponéis atención, los veréis entrando por esa puerta. A primera hora de la mañana, recién abierto el cancel, algunos hombres bien trajeados aguardaban impacientes. Llevan prisa, apenas se detienen un momento porque se les hace tarde. Poco después aparecen los estudiantes con sus libros debajo del brazo, agotando el último recurso que les queda para sacar el examen que les ha dejado sin dormir. Más tarde, a media mañana, serán mujeres con sus carros de la compra, sin tanta prisa, recreándose en el rito no escrito que llevan grabado en las entrañas. También vendrán parejas de jóvenes, beatas de diario, hombres de corazón duro, moviendo montañas o en plena crisis de Fe, ricos, pobres, humildes, nobles, curtidos en mil batallas o empezando a vivir, cultos, ignorantes, famosos, anónimos, del todo Sevilla y de toda Sevilla. Antes incluso de traspasar el umbral divisan al fondo una silueta enmarcada en un camarín con forma de concha. Vosotros también la podéis ver, verdad, no tenéis más que cerrar los ojos por un instante, también la tenéis grabada, una cabeza con tres potencias ligeramente inclinada a vuestra izquierda, formando ángulo con el remate de la cruz hacia arriba y una túnica abriéndose tenuemente en la caída. Sí, es la misma silueta que habéis visto tantas veces, en cientos de azulejos repartidos por toda la ciudad, enmarcada en plata en las casas señoriales del centro, en el cuadrito con flores de plástico de la entrada de los pisos del Polígono, encima de las máquinas de café de los bares del Fontanal y La Barzola, en el descansillo de las escaleras de comunidad de Pino Montano y Amate, en las oficinas de Nervión y Los Remedios, en los comercios de Rochelambert y Miraflores, en las cabeceras de los enfermos, en los pasillos de los hospitales, en las lápidas de la última morada, colgada de tantos cuellos, prendida de tantas solapas; es la Silueta de miles de hombres y mujeres que la grabaron con lágrimas de oración, de duda, de alegría, de tristeza, de abatimiento, de entrega, de agradecimiento. Qué me perdone el NO8DO, esa silueta es el símbolo de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero pasamos al interior con todos ellos y poco a poco vamos distinguiendo Su figura. La mirada baja, parece absorta en algún misterio demasiado insondable para nosotros, sin embargo, tenemos la certeza de que ha notado nuestra presencia. Camina con paso firme arrastrando la cruz, pero permanece en su sitio. Subimos al Camarín siguiendo la inercia. Algunos pasan con prontitud, casi mecánicamente, con la familiaridad que dan los años haciendo lo mismo, besan el talón, tocan la cruz y se marchan. Otros se quedan contemplando al que les da la espalda y sin embargo escucha su oración. Cuántas angustias, cuántas alegrías, cuántas penas y cuántas dudas encierra el mármol rojo de ese Camarín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme" (Lc. 23, 28), así Te debía susurrar aquella mujer, a la que involuntariamente sorprendí pasando por Tu Talón un sobre cerrado con el anagrama del SAS, así deben pensar quienes dejan las fotos que aparecen bajo Tu peana cada vez que se mueve, o las súplicas escritas en papelitos doblados. "Señor, no merezco molestarte, pero sólo tu cercanía será suficiente", debían creer las mujeres que se ganaban la vida en la Alameda y le rezaban al azulejo de la plaza porque no se atrevían a entrar en la Iglesia, pobres ignorantes de que Tu sitio está en la mesa de los pecadores. ¡Quién me ha tocado!, preguntaste cuando la mujer de las hemorragias acarició por detrás Tu Manto (Lucas 8 42-45). ¡Quién me ha tocado!, volviste a preguntar cuando otra mujer acarició por detrás el faldón de tu paso una Madrugada, pidiéndote por la salud de su Hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué ilusos fuimos, Señor, queriendo usar criterios científicos para curarte. Si Tu Rostro lo han formando cuatro siglos de sufrimiento de una ciudad que se ha hecho a ti como el hierro a la fragua. Tú llevas Sevilla en la Mirada vidriosa, en la sierpe que se te enrosca y se Te clava, en el mechón que Te resbala por la Mejilla, en la espina que traspasa Tu ceja, en la que Te hiere el lóbulo, en Tu boca jadeante, en las Manos que acarician la Cruz, en el paso al frente que llevas dando cuatro siglos en nombre de todos nosotros. No es cierto, no fue el humo, ni el incienso, ni el frío de una noche al año, a Tu Rostro lo ennegrecieron las epidemias del XVII, las invasiones del XVIII, las revoluciones del XIX, la Guerra del XX; de tanto mirarte, los sevillanos te han gastado y de tus labios no ha salido ni una palabra de queja. Qué iluso fuimos, Señor, queriendo cambiarte la Cruz por una menos pesada, porque Te hacía daño. Si tu Cruz está hecha del dolor de los hospitales, de las ausencias de la carretera, de las jeringuillas de heroína, de la violencia de los hogares, de las soledades del final de la vida, de las chabolas que siguen existiendo, de los que buscan la tierra prometida y encuentran la tumba en el mar, de las vidas que se truncan antes de nacer. Qué ilusos son los que esperan que hoy hable de la experiencia de haberte curado, si Tú y yo sabemos, Señor, que nunca te he sentido tanto como los años que fui Diputado de Tu Bolsa de Caridad, los que me permitieron hablar contigo, escuchar tus lamentos y poder ayudarte a cargar con la cruz, cada vez que lo hacía con uno de Tus hermanos y así me lo recordabas a última hora del día, cuando subía a Tu Camarín y me quedaba a solas contigo. Allí aprendí, Señor, que el Culto no necesita justificación pero no hay mejor forma de quererte que haciéndolo con nuestros semejantes. En Tus Manos El Poder y la Gloria, en las nuestras salir a tu encuentro. El que crea en Ti, que tome su Cruz y Te siga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor, yo nunca sabré decirte cosas hermosas, yo sólo sé quererte y seguirte, y con eso y nada más que con eso, hoy me puse delante de toda Sevilla para pregonar Tu Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se recibe un encargo como el que he tratado de cumplir con todos vosotros, los recuerdos y las personas se agolpan inevitablemente en la cabeza, se repasa toda una vida y uno piensa, en primer lugar, en la madre y el padre, que le están escuchando desde el patio de butacas y desde un balcón recién estrenado de la Gloria, con los que en un tiempo lejano formaba una familia en la que aprendió a conocer y querer a nuestra ciudad y a sus hermandades, y recuerda el año que aprendió a leer y su Padre ya no podía decirle que ese día no quedaban más cofradías que ver, para poder llevarlo a casa, porque ya las iba marcando con una cruz en el programa. Uno piensa en la Mujer con la que un día se comprometió a compartirlo todo a los pies del Señor; en los hijos, que son lo mejor que le ha pasado en la vida, los que disfrutan del pregón de su padre y las que están jugando con su abuelo en el cielo; piensa en la familia y en los amigos, que llevan los mismos meses de tensa espera, escribiendo con su aliento y su oración. Pero más allá de todos ellos, este pregón está dedicado a los miles de hombres y mujeres anónimos que nunca subirán a un atril, ni formarán juntas de gobierno, ni serán cofrades ejemplares, ni pasarán a la Historia por nada, pero llevan siglos escribiendo la página de devoción y cariño más hermosa de esta ciudad, con su cita Semanal en la Plaza de San Lorenzo, donde siempre les espera el Gran Poder de Dios para resolver los problemas insolubles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevillanos, pararse ahí, los cuatro zancos por parejo a tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí quedó&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3530648457500377770-2699828063517855707?l=pregonesdesevilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/2699828063517855707/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3530648457500377770&amp;postID=2699828063517855707' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/2699828063517855707'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/2699828063517855707'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/2007/03/2007-enrique-esquivias.html' title='2007 - Enrique Esquivias'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-6133948822400821906</id><published>2007-03-29T11:08:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T11:23:11.669-07:00</updated><title type='text'>2006 - Ignacio Jiménez</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(153, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2006. Pronunciado por D. Ignacio Jiménez Sánchez Dalp en el Teatro de la Maestranza de Sevilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mis padres, que me dieron el don de la vida y el don de la fe. A mis once hermanos, pilares insustituibles en mi vocación. A mis amigos, que han compartido la historia de mi vida humana, sacerdotal y cofrade. A las Comunidades parroquiales que he servido: San Isidro Labrador de Sevilla, Santa María Magdalena de Arahal y Santa María de la Asunción de Alcalá del Río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Y al Papa santo y magno, que tocó mi corazón para seguir a Cristo, aquél verano de 1993.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en Sevilla. Sí, fue en Sevilla donde revestido el profeta en los inicios de su vocación, me dio la Buena Noticia de un nuevo ministerio, de un renovado destino, de una estrenada misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me dijo Dios:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Antes de formarte en el vientre del Barrio de San Lorenzo, te escogí. Antes de ser el décimo que salías del seno materno, te consagré, y te nombré sacerdote, sevillano, proclamador del alma de una Semana Mayor a la que lanzar con tu palabra el mensaje de la Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Sevilla, como Dios al profeta Jeremías, me confirmó con el crisma hispalense, y me enseñó que hasta el más pequeño capirote blanco lleva dentro el pregón de esta Jerusalén que camina penitente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el Resucitado con sus manos extendidas abra la puerta del convento de la Santa zapatera esposada con la Cruz, ya vencida con la Virgen de la Aurora y entre pálpitos pascuales de novicias, sentiré tocar mis labios, como ahora los siento tocados por su Gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a hablar a una Sevilla de la que he aprendido más de sus silencios que de sus clamores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabe más por lo que calla y representa el Nazareno sin mover los labios, que por el fragor de la turbamulta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien, que sólo perdió la fuerza en la voz, preparó el terreno a este pregón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subido cual nazareno blanco de la Amargura, en dos ventanas distintas, me abrió al viento de la Esperanza, para que yo cantara y contara a Sevilla, lo que entre cielo y tierra movió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un balcón privilegiado de Sevilla, me encontré una mañana con mi vida predispuesta por él para el Señor, y en su ventana de la ciudad eterna le descubrí en el anochecer de su vida como un Cachorro expirante con cara entrecortada, que sin voz hablaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mostró a los jóvenes una gran Cruz, pero un Viernes Santo nos la pidió prestada para abrazado al madero, como un penitente del Silencio, señalar al cofrade, el verdadero camino, la verdad y la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Él debo mi vocación, y rezaba ante su tumba en Roma el mismo día en que por la tarde, celebrando la Eucaristía, me anunciaban la Buena Nueva del pregón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con él vengo de la mano, porque la Divina Providencia de Dios ha querido que precisamente hoy, Domingo de Pasión, haga un año que subió a las barandas del cielo y ahora sea yo el que ocupe esta prolongación abalconada de la Giralda y saque su Cruz de Guía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Vino, se fue y regresó&lt;br /&gt;como viene, va y regresa&lt;br /&gt;al balcón de la promesa&lt;br /&gt;lo que el Amor prometió.&lt;br /&gt;Y cuando en Sevilla habló&lt;br /&gt;fue el mensaje tan fecundo&lt;br /&gt;que abrió para la fe un mundo&lt;br /&gt;con la temprana semilla&lt;br /&gt;que al cofrade de Sevilla&lt;br /&gt;le dio Juan Pablo II.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eminentísimo y Reverendísimo Señor Cardenal Arzobispo&lt;br /&gt;Excelentísimo Señor Alcalde&lt;br /&gt;Ilustrísimo Señor Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías.&lt;br /&gt;Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades Cofrades de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vengo como un peregrino, que conoce la ciudad en sus esquinas, callejones, plazas y enredaderas, acompañado de los hermanos a los que en el ministerio sacerdotal sirvo todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viene este cura de pueblo, como vienen en unas vísperas del 15 de agosto en cascadas desde el Aljarafe o las estribaciones de la Sierra de Cazalla, penitentes y nazarenos descubiertos, a aguardar con esperanza ante la Puerta de los Palos, para ver desde la fuente la primera luz en el rostro de la Reina y Madre de los Reyes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He venido por el camino que sale de la Torre mudéjar de Alcalá del Río, hasta esta almohade Torre del Oro, navegando en una barca, que discípulos pescadores, como antaño a Cristo, me han procurado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Voy a hacer la primera parada en este Teatro, desde el que Sevilla me invita a rubricar con mi palabra vuestra papeleta de sitio, para luego encaminarnos por el Arenal con el recuerdo del santo súbito y magno arrodillado ante la Pura y Limpia del Postigo que vigila desde el Cielo Don Juan Castro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venid conmigo a la puerta de San Miguel a recorrer con la memoria el porqué yo y por qué este sitio. Entremos en la Catedral donde como árboles recios, en los pilares de la fe de este pueblo cristiano, aparece ante nuestros ojos una convocatoria de cultos que custodian los hermanos de la Santa Caridad en su mesa de limosnas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Semana Mayor convoca a Sevilla en una hermosa y solemne ceremonia que anuncia la grandeza de la ciudad con la culminación del “podéis ir en paz” que es sacar una Cruz de Guía a la calle. Gracias, Ilustrísimo Señor Teniente de Alcalde, por sus palabras, que expresan desde lo hondo del corazón y el alma lo que el pregonero siente al ponerse delante de este paso como usted, buen capataz en Estepa, ha hecho tantas veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ocupar este púlpito, os pido, Eminencia, vuestra Bendición, para que, limpio de corazón y labios me sienta fortalecido y me identifique con la Sangre derramada del Crucificado de San Benito, en esta hora de anunciaciones pasionistas. Y como la disciplina y la modestia no me quitan la satisfacción de la unicidad de ser el que mi Prelado impuso las manos para el sacerdocio in aeternum, al igual que entonces solicité vuestra venia, ahora os digo: “Padre, dame tu Bendición”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los paramentos que nos acompañan en Semana Santa, como el devenir de nuestras vidas cofradieras, son distintivo de la nobleza de espíritu del que de ellos se reviste:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ropón del pertiguero que como martillo de llamador despierta los ciriales al cielo para un nuevo paseo de la Madre de Dios de la Palma como una seda por la Alcaicería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De librea, lacayo del que da la cara, como santo varón en la Trinidad, la Mortaja, la Quinta Angustia y Santa Marta; o en el Calvario de la ya antigua Varflora en la Carretería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De dalmática labrada, con el brocado impregnado de cera, como Lágrimas de los ojos de Santa Lucía en la Señora de Santa Catalina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Túnicas talares, que van desde el blanco que envuelve a mi Princesa de la Paz entre encajes plateados por la Torre Sur de la Plaza de España, hasta los ruanes negros en el luto del Amor que da la vida por los amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser de nuevo seise -como lo fue el pregonero-, que en los candelabros de cola de la Virgen de las Aguas, sacase a Dios a bailar entre uvas, trigos y mariposas, para posar en su custodia, sombrero, zapatillas, palillos y coplas, con Eslava y el Maestro Torres, entretejiendo cruces palmadas en un escenario de armonías eucarísticas e inmaculistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y un máximo ornamento, la alpargata y el costal, de hombres que como apóstoles navegan bajo los misterios, y también niños bajo el manto de la Caridad baratillera, ganándose el Cielo, con el sudor de su frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Con el sudor de la frente&lt;br /&gt;ya te estás ganando el cielo&lt;br /&gt;y con el cielo el trascielo&lt;br /&gt;de la Gracia penitente.&lt;br /&gt;La trabajadera es puente&lt;br /&gt;que abraza la canastilla.&lt;br /&gt;Aprieta al costal la quilla&lt;br /&gt;de tu barco, costalero,&lt;br /&gt;que hay peces en el estero&lt;br /&gt;del corazón de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los títulos de nuestras Hermandades son profundas grutas históricas en las que bucea el reconocimiento civil y eclesiástico a cada una de ellas. La ciudad, que le presta suelo y cielo, los asume con naturalidad, puesto que es ella, simplemente con su nombre, ¡Sevilla!, la que los congrega a todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso no necesita de bula para ser Pontificia, porque esta bendita Catedral de María fue por dos veces pisada por el sucesor de Pedro y Gran Poder en la Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad es Real, porque el Rey Santo la elevó a la categoría de majestad poniendo a la Madre de Dios de Alcázar y fortaleza de Fe por la que los reyes reinan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla que hace de sus plazas sagrario y se autotitula Sacramental en el monumento del Jueves Santo, donde doblan sus rodillas como magos adoradores del Niño, que en el pesebre de Laureano de Pina es viático en la Estación de Penitencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué bien sabe ser Antigua, perdida en vestigios de lejanas culturas y de aquella que coronada en el muro, el único palio que alberga, es el túmulo del conquistador que llevó la Fe mariana a América.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ciudad cubierta de Ángeles, hasta de razas nuevas, acogidos en Sevilla por la que en los Negritos abre fronteras y de título Angelical, también por ella, que labrada en estameña se alzó a los cielos que van desde la pila del Barrio del Salitre, hasta el Vaticano del campo de la Feria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla es Isidoriana, cuna de santos, de arzobispos y de alfareras, de rosales siempre florecidos en el patio de Mañara, de Spínolas mendigos y limosnas que al cielo alcanzan con Don Manuel González en su Sagrario. Con Fernando y Laureano, Hermenegildo y Geroncio de Itálica, con el Padre Tarín, Teresa Enríquez, Dolores Márquez y la Hija de la Giralda, hasta donde el alma de nombres desfallece con Madre María de la Purísima, digna heredera de la que en Sevilla es santa entre las santas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla Alegre, que en revuelo de campanas da la vuelta a la pena y hasta en la hora del Calvario más amarga, hace dulzura en Vera-Cruz a la colmada de Tristezas y capa pluvial de fiesta a la Virgen universitaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso está Orgullosa de sí misma, título que bien la enmarca, aunque algunos acusen a los sevillanos de umbilicales complacencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También se convierte en Torera repartiéndose en capillas vesperales de retablos barrocos de papel, con columnas salomónicas trenzadas por el miedo. Es la que recuerdan los paladines de Tauro, como Manolo González y Gitanillo de Triana, que animados por la Piedad maestrante, entregan a sus Vírgenes manchados de sangre, los bordados del que se juega la vida, distribuidos luego en las sayas de la Madre del Hijo que se la jugó por nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Una Hebrea sevillana por el Baratillo viene&lt;br /&gt;y a su vástago sostiene&lt;br /&gt;tan divina como humana.&lt;br /&gt;Piedad ya suena a campana&lt;br /&gt;de tañido celestial.&lt;br /&gt;Lo distinto se hace igual&lt;br /&gt;mientras te sueña Sevilla&lt;br /&gt;con el arco por Capilla&lt;br /&gt;del Barrio del Arenal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi doble condición de sacerdote y pregonero, o simplemente como un joven que todos los días pregona el Evangelio, quisiera pregonar la Semana Santa de todos. Del que cree y del que duda, del indiferente y del incrédulo, del hipócrita y del justo, del pescador llamado al apostolado y del que luego revende la mercancía o se come el pescado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, en nuestras Hermandades y Cofradías, no faltan los nietos de Don Guido, aquel humanísimo personaje de la guiñolandia de Antonio Machado, esos que como su abuelo -gran pagano en su juventud y gran rezador en su vejez- se hacen hermanos de una “santa cofradía”: ¡Aquel trueno! vestido de nazareno. Parece que no se nota, pero en nuestras Hermandades, vestidos de lo que se vistan, no faltan participantes inmaduros, vanidosos, acaramelados, frívolos o sordos a lo que representa la estación de penitencia. Pero también son hermanos nuestros porque así los admitimos, todos aquellos que integrando la nómina de su hermandad, se comportan con el distanciamiento de algunos socios de entidades recreativas o culturales, que satisfacen su ego y su cuota mensual sin otra participación que la de formar un día al año en su cuerpo institucional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gran poeta sevillano del siglo de oro, el Capitán Andrés Fernández de Andrada, recomienda en su Epístola Moral que se iguale con la vida el pensamiento. Yo le recomendaría al cofrade sevillano, recordando al clásico inolvidable: “iguala con la vida el pensamiento” y así se pregunte con aquella voz senequista e hispalense de perenne e intransferible moralidad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;¿Es, por ventura, menos poderosa&lt;br /&gt;que el vicio la virtud? ¿Es menos fuerte?&lt;br /&gt;No la arguyas de flaca y temerosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad que corona y seguirá coronando sus múltiples advocaciones marianas, asoma también laureada en la Torre más alta por el proverbio sapiencial que pisa Santa Juana con su lábaro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, como buena novelera y sevillana, es más de vivir las vísperas que las grandes fiestas y así se lleva todo el año con la palma del Domingo de Ramos en la mano, para ponerla en el balcón de la ciudad que vigila. La Giganta hace de la pasión un villancico pascual con ese peculiar calendario litúrgico que el sevillano vive a su manera. El Domingo de Ramos es Navidad y Resurrección en una sola pieza y Sevilla, por medio de la que fundió Morell, lo entona todo de golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran Semana se inicia. El Nazareno se hace carne en el hombre sin techo, que lo tiene bajo el cielo de la escalinata del Salvador, con la simple compañía de palomas ávidas de alimento, cristales rotos, cartones y perros que hasta él vienen como a Lázaro a lamer sus llagas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Niños de alma pura y blanca alfombran los aledaños para recibir con aclamaciones y palmas al Señor de la Sagrada Entrada que después, por no andarse por las ramas, llevarían a crucificar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los infantes iniciados en los tramos y las filas descubren al Mesías agradeciendo su pueril estación de penitencia en las Hermandades que le dan sitio; con sus palmas rizadas, sus varas y cirios, de monaguillos o con túnica nazarena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie, ha visto premiado como ellos su brillante esfuerzo con la entrada asegurada en el Reino de los Cielos, como “brillante es el Amor de Dios en cada niño, incluso en los que aún no han nacido", que decía el Papa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Lo dicen por San Vicente&lt;br /&gt;con más de Siete Palabras&lt;br /&gt;En el Porvenir lo acogen  &lt;br /&gt;con la Victoria anunciada.&lt;br /&gt;Lo claman en Desamparo&lt;br /&gt;del Cerro a Miguel Mañara&lt;br /&gt;y vienen con un Longinos&lt;br /&gt;converso ante la Lanzada.&lt;br /&gt;Que razón tenía la Sed,&lt;br /&gt;para en Nervión pedir agua&lt;br /&gt;y en San Juan de Dios saciar&lt;br /&gt;la sequedad de gargantas,&lt;br /&gt;del enfermo, del que sufre&lt;br /&gt;del anciano que está en guardia&lt;br /&gt;esperando en el asilo        &lt;br /&gt;la paloma de Triana.&lt;br /&gt;Niños que suben al cielo,&lt;br /&gt;Hiniesta que los reclama;&lt;br /&gt;los que a sangre morirán&lt;br /&gt;la alcaldesa les da casa&lt;br /&gt;y en la inocencia más pura&lt;br /&gt;sus vidas son despreciadas;&lt;br /&gt;los que ansían la niñez&lt;br /&gt;que en San Roque tiene casa,&lt;br /&gt;en la mocita más joven,&lt;br /&gt;en la niña de Esperanza&lt;br /&gt;en desvelos por el Hijo,&lt;br /&gt;que la llenó de su Gracia,&lt;br /&gt;con el agua de los Caños&lt;br /&gt;en las Madejas del alma;&lt;br /&gt;entrar con cirio a la gloria&lt;br /&gt;en cánticos y alabanzas&lt;br /&gt;y ver a la Trinidad&lt;br /&gt;desde el cielo coronada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;En la noche en que el Cordero pascual se inmola sellaremos con Cristo la Nueva Alianza. El Señor de la Sagrada Cena ansiaba celebrar con los suyos la despedida de este mundo advirtiendo a sus discípulos: “Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anda triste la Virgen del Subterráneo disponiendo el mantel en la mesa del Domingo de Ramos. El llanto se derrama en el camino de Doña María Coronel que lleva la Rosa de los Terceros a la calle Orfila para pedirle a la Virgen de Regla el pan de la espiga de sus manos. La que unida a maestros alarifes pone horno de Amor, como monja Agustina de la Plaza del Triunfo, va a cocer el pan que cada Lunes Santo llevará hecho Eucaristía desde su capilla hasta la parroquia de San Andrés, para dar la Comunión a los hermanos de Santa Marta, antes de hacer su estación penitencial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pregonero ha disfrutado de ese momento íntimo de la Hermandad. Cada nazareno levanta su antifaz para que la última palabra que baste para sanarle de sus faltas sea el amén al recibir el Cuerpo de Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno querría ver la Cofradía de rodillas, para acordarse de que nuestro primer titular, el de todas las Hermandades y Cofradías, sean o no sacramentales, está en el Sagrario, tantas veces abandonado. Si Felipe II afirmaba que “allá donde haya un Sagrario, habrá un español para defenderlo” no estaría de más que hoy, cual solemne protestación de fe y renovando nuestras almas de Eucaristía, proclamara con nosotros “Allá donde haya un Sagrario, habrá un cofrade sevillano para defenderlo”. Si por amor se quiso quedar entre nosotros en el Sagrario, en loor de Caridad viene una procesión del Corpus camino de la Campana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Se ilumina Santa Marta&lt;br /&gt;a su Huésped recibiendo,&lt;br /&gt;y allá en Betania comprendo&lt;br /&gt;el dolor de cuando Él parta.&lt;br /&gt;Deja la casa y se aparta,&lt;br /&gt;y ya la Madre después&lt;br /&gt;la rosa pondrá a sus pies&lt;br /&gt;tras la Cruz y su martirio,&lt;br /&gt;que pone color al Lirio&lt;br /&gt;el Lunes por San Andrés.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quien os habla vio la luz en una calle donde los amores encendidos del cofrade pasan de ida y de vuelta derramando su cera. La calle que da nombre al Dios encarnado en Gran Poder, se abruma y es la más transitada por el pregonero con sus incondicionales amigos, programa en mano, recordando en ella su incipiente infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí espero a la Palma en la vía que tuvo su nombre con atributos del martirio, y que marcada por llagas franciscanas, se hará oración elevada al Padre que ofrece un Buen Fin para nosotros, como regaló a Juan Foronda en su nacimiento al Cielo, contemplando en sillería de honor, a su Virgen coronada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la Soledad, la Vigilia preparo entrando en San Lorenzo cuando la corona de espinas suelta de sus tiernas manos y Rocamador traspasa el muro para entregar el sobre de la caridad que vuelve a recoger Spínola en el centenario de su tránsito, para repartirlo entre los pobres de su barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la dulzura rosada del Dulce Nombre recibo en mi propia casa, inigualable belleza que alivia las heridas en la mejilla que recibe su Hijo despreciado ante Anás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajo sus maniguetas una jaculatoria “Dulce Nombre de María, sed la salvación mía”. Y al pregonero, que agarrarse quisiera a ellas, le brota un canto de alabanza a la Doncella de sus sueños, a la Madre más insigne, a la feliz Puerta del cielo, siempre en impaciente espera, a la joven más valiente y a la mujer más perfecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Sé que puede tu Dulzura&lt;br /&gt;curar el dolor del hombre,&lt;br /&gt;porque eres la criatura&lt;br /&gt;que en el corazón perdura&lt;br /&gt;con solo decir tu Nombre.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, es la Hija de Joaquín y Ana a la que pusieron el Nombre más sublime y en todo el orbe cristiano, la boca se hace almíbar cuando pronuncian su Nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Llevas la gracia en tu manto,&lt;br /&gt;y eres el puerto que salva&lt;br /&gt;plácido aroma en el alba,&lt;br /&gt;suspiro del Martes Santo.&lt;br /&gt;Tu gozo se hace quebranto&lt;br /&gt;en el lento atardecer&lt;br /&gt;y te siento florecer&lt;br /&gt;en la Madrugada herida&lt;br /&gt;dulcificando la vida&lt;br /&gt;con tu Nombre de mujer.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací frente a ellos y ya me acompañarán siempre. Los hijos de San Ignacio me ofrecieron la Compañía de Jesús el Nazareno para conocerlo en lo más íntimo, para más amarlo y más seguirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los congregantes marianos que pusieron vida y Alma a los Javieres, repartían la Gracia y el Amparo para los jóvenes, que cincuenta años después, en Omnium Sanctorum tienen casa y techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso que mi nacimiento sacerdotal brotó entre ellos. En cuántas Misas de Domingo y a cada una de estas imágenes, la mujer de mi vida, mi madre, con el hijo formándose en su seno, imploraría que fuera sacerdote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquél mismo templo, en el mismo confesonario, veinte años después, de vuelta de tantas cosas, un sacerdote cual Cristo roto en la pasión de su enfermedad, hizo que se cumpliera ésta escritura que acabáis de oír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu voz la escuchó el Señor, querida madre. En esa sede penitencial, preparación de mis posteriores estaciones de penitencia, tu hijo, el crío que jugando celebró tantas misas en casa, sería sacerdote de Jesucristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú me revestiste con la casulla en mi ordenación, como desde niño preparaste mis túnicas para la estación de penitencia. Ahora soy sacerdote nazareno, y mis túnicas blancas, negras, verdes y moradas son los hábitos sagrados a los que nunca renunciaré y de los que nunca me avergonzaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me anteceden y preceden en mi Hermandad, en mis Hermandades, hermanos que en el seno de ellas, descubrieron su vocación. Hombres y mujeres que con sus historias, sus amores y desamores, sus desencantos y sus rastras, han descubierto por los hilos que sólo Dios sabe mover, una llamada especial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuántos en sus años de Seminario, en sus celdas de amor, en sus distintos noviciados, se han llevado la compañía de la estampa de aquellos Titulares de su Hermandad, a los que siguieron abandonando las redes de este mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermandades, semillero de vocaciones, ¿Por qué no?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los llamados por Dios en el corazón de ellas, tienen un espejo en el que mirarse, en el que decir alto y claro que los sacerdotes necesitamos de las Hermandades como ellas precisan de nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos lo demuestra todo el año Don José Álvarez Allende en San Bernardo, como en el ayer lo demostraba en la Redención Don Eugenio Hernández Bastos. Como luchaba en San Benito Don José Salgado, en la O Don Pedro Ramos y Don Antonio Domínguez Valverde en la collación de San Pablo o el recordado Don Antonio González Abato absolviendo a nazarenos bajo la frondosidad del parque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos han hecho historia, y la harán también otros muchos sacerdotes que continúan sirviendo y trabajando mano a mano con sus Hermandades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquí sirva mi palabra para deciros, cofrades de Sevilla, que hacéis Evangelio real, dando a conocer a Cristo, que juráis defender su Nombre y el de nuestra Madre la Iglesia, nuestra única Casa Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A vosotros que formáis a los hermanos y ofrecéis la Caridad al pobre, al enfermo, al hambriento y al desheredado. A vosotros que habéis cumplido su mandato de ir por Sevilla y por todo el mundo anunciando el mandamiento Nuevo, un sacerdote os dice: Cofrades, ¡Os necesitamos! ¡Aquí tenéis nuestras manos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brazos y manos abiertas como el padre del hijo pródigo siempre en el balcón esperando su regreso, mano, que aun pesándole la Cruz al hombro como el sacerdotal de la Divina Misericordia o el de las Penas de San Roque, se lanza libre si en el Valle del Camino al Gólgota, todavía puede levantar a un caído o secar las lágrimas de alguna de las Santas Mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brazos abiertos en Vera Cruz, cobijado en el rezo de las Horas de las monjas del Convento de Santa Rosalía y en el constante Ejercicio de las Cinco Llagas con sabores Trinitarios y en el mejor lienzo que Gustavo Bacarísas pintara para su Expiración en el cercano Museo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus brazos se funden en uno hermanando Castilla y Sevilla, en la placidez del Cristo de Burgos, como el de las Misericordias los extiende rozando los balcones de Mateos Gago, en un éxtasis de sevillanía.&lt;br /&gt;Piden ser los primeros en poder entrar en el templo catedralicio cuando la Fundación de nuestra fe está presente en el Pan de vida y Calvario en la Madrugada eterna inundando de recogimiento la noche más larga, entre sueño y sueño de Esperanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a Él en Montserrat, como testigo de la Conversión de un ladrón, que precisó una sola frase para robar el cielo al Redentor. O cerca de la Santa Caridad, derramando la Salud a los acogidos con más de Tres Necesidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Girar quisiera unos metros su recorrido por la Alfalfa el Cristo de San Bernardo, para llevar otra vez bajo su paso a Pepe Portal o hundirse entre claveles y lirios cuando en el mercado viejo del Arenal, el Arco le venga chico, sobren los redobles del tambor, viendo cómo llora entre flores hasta el retablo cercano, porque el único Cristo que sabe de Puerta del Príncipe de la Maestranza le daba otra vez la alternativa a Juan Carlos Montes, bebiendo el Agua de su salvación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brazos, los del Cachorro, que tocan el cielo en un “muero porque no muero”, guardando su último aliento desde hace tres siglos para ir a Sevilla cada Viernes Santo, dejando a Triana en la espera con ansia de su vuelta, para que el viento que recorre el puente, de nuevo le agite el sudario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;¡Ay que pena más gitana&lt;br /&gt;cuando se aleja del puente&lt;br /&gt;el Cachorro de Triana!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se va por el puente&lt;br /&gt;sobre las béticas aguas&lt;br /&gt;y deja atrás a su barrio&lt;br /&gt;de azulejo, arcilla y fragua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se mece el sudario&lt;br /&gt;cuando hay claveles que manan&lt;br /&gt;por su divino costado&lt;br /&gt;de Guadalquivires granas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cruza al otro lado&lt;br /&gt;y en las calles sevillanas&lt;br /&gt;le va faltando el aliento&lt;br /&gt;y su muerte se hace humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando va dando un suspiro&lt;br /&gt;y la luna le acompaña&lt;br /&gt;en una eterna agonía&lt;br /&gt;que va desgarrando el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando cambia su semblante&lt;br /&gt;y se nubla su mirada&lt;br /&gt;y ya no hay aire en su pecho&lt;br /&gt;y ya no hay luz en su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la Virgen del Carmen&lt;br /&gt;en su capilla encerrada&lt;br /&gt;se queda sola llorando&lt;br /&gt;igual que llora Sant'ana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay que pena más gitana&lt;br /&gt;cuando se aleja del puente&lt;br /&gt;el Cachorro de Triana!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las lágrimas de Cristo por la muerte del amigo, las de la Virgen y las Santas mujeres trocando el Patio de los naranjos en Calle de la Amargura con el Cristo de la Corona; las de Pedro tras negar al Rey de la Paz en el Carmen Doloroso, y las de la Magdalena al pie de la Cruz, son la expresión humanizada del sentimiento que toca lo divino y que ha santificado el llanto de la emoción que aquí nos brota cuando sale nuestra Cofradía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto lo saben bien quienes más sufren, y también las Hermandades de Vísperas, que en la lejanía de la ciudad amurallada pusieron rostro divino al dolor cotidiano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como unos “desterrados hijos de Eva”, nos muestran ante los ojos, que no están lejos porque Cristo y su Madre a diario viajan con ellos cuando acompañan a Salud, Misericordia, Dulce Nombre, Clemencia, Divino Perdón, al Cautivo... Cuando la ponen rezando el Rosario del Dolor con que a Sevilla acudimos, gimiendo y llorando. Lo cuentan en Torreblanca, azucena que enjuga el dolor del Lirio prisionero, mientras otro con agua lava sus cobardías, ante el que no cabe división ni duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí en los barrios hacen verdadera Penitencia, revitalizando la fe, amando y luchando por sus parroquias, llamando a la caridad con su verdadero nombre, que es la justicia social, y que todos los días hacen entrada triunfal con más brillantez que nunca en la Campana de la solidaridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la virtud de la caridad es la que nos hace hermanos comunes en una misma Cofradía si ella es la prioridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una caridad efectiva no efectista, del que no espera en su Hermandad la medalla o el reconocimiento, brindando siempre la ayuda en el gesto y no en el nombre que tanto nos tienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tareas pendientes de nuestras Hermandades en este siglo XXI recién comenzado que abarque todos los campos para que un nuevo banderín se borde con su único nombre: Polígono Sur.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El año pasado un vacío dejó huérfana a la caridad mejor entendida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodeado de sus toreros y sus presos, sus inmigrantes y sus gitanos y de la gente más común, falta frente al paso el capataz que mandaba la mejor cuadrilla, los Costaleros para un Cristo vivo, que convocan a la Luz verdadera de la que se llama “mejor vida” en las fechas premonitorias del último Viernes Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Con el paso racheado&lt;br /&gt;va avanzando una cuadrilla.&lt;br /&gt;Son los pobres de Sevilla&lt;br /&gt;con llamador enlutado.&lt;br /&gt;Un clavel se ha marchitado,&lt;br /&gt;¡Ay capataz sin martillo!&lt;br /&gt;En el paso sólo el brillo&lt;br /&gt;que desprenden cuatro hachones;&lt;br /&gt;Sevilla lleva crespones,&lt;br /&gt;Por ti: Leonardo Castillo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Semana Santa son nueve días en los que la ciudad acepta perder el primer plano sin rechistar. La Sevilla acostumbrada a ser piropeada por sus rincones, su sombra y su compás, se convierte inevitablemente en actor secundario. Se transforma en escenario, en marco, en sustento y en cauce único para todo un río de sensaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando avanzan las jornadas penitenciales y el ritmo de la Pasión va creciendo, el sevillano se implica más porque en ella se siente identificado; piensa que alguna vez estuvo representado o fue protagonista del proceso más absurdo y sin sentido de la Historia: Cristo Dios, juzgado por tribunales humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los pasos de misterio, que impresionantes suben Argote de Molina o en quiebro dulce toman Placentines, las imágenes no adornan: tienen rostro y tienen nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el huerto de los olivos el Señor orante en Montesión expresa la impotencia del que tenía que beber el cáliz en su agonía. Mientras el sueño de la indiferencia de los discípulos, puso al Ungido, en una soledad angustiosa, Judas por el contrario vagaba por la calle Santiago bien despierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prendido en la oscuridad de la noche en la Hermandad de los Panaderos, pensaría para sus adentros, en pesadillas de inquietud, que la Pasión se repetía en sus más duros momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El desprecio y la burla de Herodes en la Amargura, recibe por respuesta el Silencio del Señor y un Pilatos atormentado, que destruyó su honradez por intereses humanos lo presenta en San Benito a Sevilla, señalándole: “Ecce Hispalis”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y los ojos del Cristo de la Presentación que mira con pena a la ciudad, añorando su viejo puente, dirige enturbiada su mirada reconociéndonos uno a uno en un diálogo memorable que nos restaura de la culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A otros echa de menos, a los que reprochan nuestras Cofradías sin ofrecer nada a cambio, a los que dogmatizan, a los que saben tanto, a los que pontifican, para ellos resuena en los labios de Pilatos el eco de su palabra: ¿Y cuál es vuestra verdad?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada Semana Santa, y todas son distintas, va cautivando al que le busca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué inigualable sensación en Santa Genoveva, ver caminar al Cautivo y el Tiro de Línea justificado se crece, porque se cumplen cincuenta años que el barrio entero le dijo “Vamos contigo Cautivo, que juntos podemos hacer un mundo mejor”. Cerca del Barrio León, el Señor del Soberano Poder, dobla su cintura hacia delante en la Residencia de las Hermanas de Consolación y hasta el mismo Caifás sabe que la Señora de la Salud no vino hace unos meses a ser jardinera de un día porque Ella es la Reina y la Flor, capaz de nacer y morir con los que allí viven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada Virgen de Sevilla se hace carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos y le rendimos pleitesía en besamanos permanente como a las que nos dieron la vida y tal vez ya estén ausentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sagradas imágenes que el cofrade venera, proyectando en ellas el rostro de las que han sido la razón de nuestra existencia cofradiera, las que nos vistieron la túnica, prepararon el costal, nos llevaron a jurar el libro de reglas y por verlas de nuevo un instante y escuchar su voz, estaríamos dispuestos a dar la vida si preciso fuere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Madre de Loreto sobrevuela en San Isidoro tu alma y en San Martín es anhelo para un Buen Fin de tus días. De amor quedarás preso con la Reina de las Mercedes, indultando a pecadores que desean dar alcance a la Gloria azul purísima que en sus ojos irradia Consolación, Madre de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Duelo de la Madre de Villaviciosa, en la muerte tronchada en San Gregorio, como Dolores se comparten en la mirada al cielo de Santa Cruz a San Vicente entre naranjos que las cortejan, o añadirle al Dolor el sufrimiento Mayor cuando el Traspaso rompe el alma que ni San Juan llega a saber consolar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la Cabeza se anda el camino de Sevilla a Sierra Morena al son de campanilleros que van de ida y de vuelta; Rocío que derrama la Gracia de un nuevo Pentecostés y Desamparados hospitalaria sanando heridas de nuestra carne cuando enferma. Merced, ausente de su Colegiata, santuario de lágrimas, vestida de novia con saya de Reina Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encarnación que en la vieja Cava del ayer y en la Calzada del hoy reparte la dulzura de hermanita de los pobres, Presentación de sin par belleza para las noches oscuras del alma que Ella revive y despierta con el trono de su realeza, poniendo arca de flores, al sinfín de sus virtudes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entre misterio y misterio, la Virgen del Rosario, repasando por la calle Feria, el dulce salmo sonoro de las cuentas toreras y aztecas de sus varales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero será en la Huerta del Rey, renovando la historia de la Reconquista en un antiguo arrabal de moriscos, con tropas pasando la revista del Santísimo Sacramento con el Santo Rey, donde la Virgen del Refugio otorga el título de Mariana a todas nuestras advocaciones y a la ciudad que así lo confiesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Florece igual que una flor&lt;br /&gt;la Rosa de San Bernardo&lt;br /&gt;y el amor le pudo al cardo&lt;br /&gt;le pudo al cardo el amor...&lt;br /&gt;Grana y oro es el color&lt;br /&gt;de tu manto en movimiento&lt;br /&gt;que como veleta al viento&lt;br /&gt;va meciéndose artillera,&lt;br /&gt;Refugio, Virgen torera,&lt;br /&gt;por la calle Campamento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cofrades somos los altavoces de su Palabra en un mundo que silencia su nombre, que lo evita en la escuela, que lo deforma con el relativismo del que todo lo reduce a trivialidades y adocenamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen algunos de Ti, Jesús Nazareno de Triana, que con el peso en tus espaldas, buscas desde la calle Castilla, alguien que te deje hablar, que tus conceptos no valen, que este mundo moderno necesita algo más que promesas sobre un Reino de hermanos y de felicidad vivida después de tu Buena Muerte cuando sales de San Julián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vienes por Molviedro en Dolores apenado por quienes te despojan y expolian tratando de revestirse de Ti con sus demagogias, medias verdades, hipocresías y halagos. En La Exaltación, prometiste atraer a todos, incluso a aquellos que fueron recompensados con tu perdón, después de ser crucificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si por Pureza, San Vicente y Luchana tres veces te caes y arrastras en los umbrales de posadas diarias que cierran las puertas a tu venida, el Cirineo y Sevilla las abren de par en par, anunciando contigo: “no tengáis miedo”, “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.   Quédate con nosotros y siéntate Señor junto a los nuestros, como lo estás hace trescientos cincuenta años en las Penas de Triana, mirando extasiado al cielo con las manos entrelazadas, como meditas tan callado en la Humildad y Paciencia y en lágrimas de despedida en la Salud del viajero que nunca desamparas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dale vueltas en tu mente, a este mundo de guerras que parece romperse. Siéntate cerca del penitente, que por su cabeza en el silencio que lleva hasta Santa María de la Sede, tantos interrogantes, sufrimientos y dudas van y vuelven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siéntate, Señor, despreciado con espinas, burlas y cañas, con el Valle de tus ojos que son espejos para el alma. Siéntate, Maestro, una vez más en la barca, para que amaine el viento, la marea, la vorágine, el yugo y la espada de quienes quieren quitarte de en medio con credos que no fraguan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la Anunciación llega a San Esteban tu voz, que en el vacío del infinito, doliéndose contigo, el sevillano proclama:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;De escarnio te coronaron&lt;br /&gt;y te abrieron las heridas&lt;br /&gt;Con burlas y reverencias&lt;br /&gt;mofándose te decían:&lt;br /&gt;“Si es verdad que tú eres Dios,&lt;br /&gt;seguro te salvarías”.&lt;br /&gt;Y lloró el Hijo del hombre,&lt;br /&gt;Dios mismo sintió fatiga;&lt;br /&gt;lloraron en las alturas&lt;br /&gt;los ángeles de la brisa&lt;br /&gt;y de un cielo de tinieblas&lt;br /&gt;se cubrió la Tierra misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lloraba la saeta&lt;br /&gt;entre balcones y esquinas&lt;br /&gt;lloraron de los naranjos&lt;br /&gt;azahares de agonía.&lt;br /&gt;Lloró con el costalero&lt;br /&gt;el costal de emoción viva&lt;br /&gt;por llorar hasta lloraba&lt;br /&gt;la cera en los guardabrisas.&lt;br /&gt;Lloraba cirios de fe toda la candelería&lt;br /&gt;y en pleamares de llanto&lt;br /&gt;el río lloró en su orilla&lt;br /&gt;y el aire lloró en silencio&lt;br /&gt;en esa noche tan íntima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo era llanto en tu Valle&lt;br /&gt;llanto en la torre y la ojiva&lt;br /&gt;porque al sentir en tus sienes&lt;br /&gt;el fuego de las espinas,&lt;br /&gt;cinco gotas de rocío&lt;br /&gt;rodaron por tus mejillas&lt;br /&gt;y al verte llorar, Señor,&lt;br /&gt;¡lloraba de amor Sevilla!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la Semana Santa que discurre todos los días del año en las casas de hermandad un grupo de jóvenes siempre salen al encuentro, como si San Juan el discípulo amado, a la vida volviese. He convivido con ellos, vibran con sus Titulares demostrando que la verdadera devoción va más allá de besar crucifijos, hacer profundas inclinaciones o suspirar con oraciones bisbiseadas en voz baja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reclamo su voz y su presencia porque fui de ellos, y con ellos descubrí la grandeza y entrega del joven en su Hermandad, como en tiempos de universitario en la antigua fábrica de tabacos, cuando acudía cada mediodía a recibir su lección magistral de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué muerte es la tuya que tanta vida engendra expuesta en cátedra arbórea de libre pensamiento? ¿Cómo no recapacitar el camino, cuando la sombra de tus brazos dejas clavada en nosotros apostando por la juventud de la que tantos desconfían?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso te levantan a pulso y te llevan despacio porque duermes y sueñas con un mañana cercano de Esperanza. Cuando despiertes Cristo mío, y me presente al examen en la intimidad de tu noche en la Universidad, dejaré a tus pies mi oración joven para que antes que el reloj marque la hora de finalizar la Carrera de mi vida, levantes tu cara regalándome el aprobado del corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Poquito a poco valientes,&lt;br /&gt;que va sereno, dormido&lt;br /&gt;no quiero que te despierten&lt;br /&gt;por el Arco del Postigo&lt;br /&gt;¡Cristo de la Buena Muerte!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo el Maestro, que este amor tiene su precio y que no es posible servirle y amarlo sin cargar con su Cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así lo han visto los Hermanos de San Juan de Dios que han confeccionado con la nobleza de la plata de su entrega, de la misma blancura de las sienes que peinan los acogidos en el cercano hospital a la Iglesia de la Misericordia, el mejor altar para que Jesús de Pasión no añore el monumento argéntico de su capilla en el Salvador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En San Nicolás lleva las dolencias del maltrecho en la Salud y el camino agotado lo serena Candelaria, entre almenas del Alcázar, conquistando al que la mira en el jardín del sevillano pintor, que la transfiguró en Inmaculada, aquella que defendía la Hermandad del Silencio desde 1615 a capa y espada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo nos gusta escuchar, los silencios de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la augusta madrugada, se mueven los históricos cimientos hispalenses entre la algarabía de los barrios y el enmudecer de la vieja ciudad. Cuando una saeta rompa la noche a la Cruz de Guía por San Antonio Abad pidiendo silencio al pueblo cristiano, el chisporroteo de los cirios, el chirriar del cerrojo de una puerta y el crujir de la madera, avisan de su llegada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Divino Nazareno de Silencio, que haces callar a Sevilla porque no hablas ni siquiera en voz baja; porque ni gritas ni te quejas ni dices lo que sientes abrazado a esa cruz tan alta. Riqueza de Silencio de dos ángeles que alumbran tu carey y tu cara, que saben lo que nadie escucha, pero iluminan discretos la ausencia de tus palabras. Deja por una noche, Señor, que las repita el azahar, que a tu Madre de la Concepción quieren entonar con Miguel del Cid, otro 8 de diciembre de júbilo celestial: “Todo el Mundo en General, diga que sois concebida, sin pecado original”. ¡Cómo nos gusta escuchar los silencios de Sevilla!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que ser esta bendita ciudad, para que la aspiración del salmista quedara manifiesta y se hiciera real, en la figura del Divino caminante en San Lorenzo. “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”. El rostro del creyente mira su semblante para sentirlo uno de los suyos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiene Getsemaní en su camarín; restos de sudor y sangre que ahora en serpiente tentadora enroscan su cabeza. Todo lo ha asumido. No se queda quieto, siempre avanza decidido hacia el Calvario para cumplir lo escrito y anunciado por los profetas, y los sevillanos lo queremos lo que no está en los escritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La peana del Señor del Gran Poder se ha transformado con el tiempo en un muro de las lamentaciones. Hasta Él llegan cada viernes a poner la cabeza en su Cruz, besar su talón y dejar papeles entre las grietas y rendijas de su basamento con nombres, enfermos, intenciones, sueños incumplidos y amores imposibles. Como si al Señor le hiciera falta el papel cuando nuestros nombres los lleva escritos en la palma de su mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo Él consuela, lo saben sus vecinos, sus devotos, el cura ciego que los confiesa, la túnica gastada de Fray Diego de Cádiz; lo saben sus potencias, y hasta la túnica persa que sus fieles tocan esperando el prodigio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se ha ido de este mundo para desentenderse de nuestras penas, no se ha escondido ni tapado sus ojos, Él, el Gran Poder, entre nosotros se queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;El Gran Poder cuando pasa&lt;br /&gt;no pasa, siempre se queda,&lt;br /&gt;porque está en los corazones&lt;br /&gt;de todo aquel que le reza,&lt;br /&gt;de todo aquel que le mira,&lt;br /&gt;de esas mujeres con velas&lt;br /&gt;que lo siguen cada año&lt;br /&gt;para cumplir su promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Él está con los que sufren,&lt;br /&gt;con los que tienen tristeza,&lt;br /&gt;con los que están agobiados&lt;br /&gt;y también con los que enferman,&lt;br /&gt;y en todo el que le acompaña&lt;br /&gt;con cirio y trabajadera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el Gran Poder nunca pasa&lt;br /&gt;no pasa, siempre se queda,&lt;br /&gt;y hay en sus ojos dulzura,&lt;br /&gt;y hay en su rostro pureza&lt;br /&gt;y hay un amor infinito&lt;br /&gt;de los pies a su cabeza&lt;br /&gt;¡y hay una expresión divina&lt;br /&gt;que borra el mal y lo aleja!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasan la vida y los hombres&lt;br /&gt;pero el Gran Poder se queda&lt;br /&gt;igual que se queda el aire&lt;br /&gt;que acaricia las veletas.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;Pasan las horas, los días,&lt;br /&gt;los meses, las primaveras,&lt;br /&gt;y Él seguirá en San Lorenzo&lt;br /&gt;con túnica nazarena,&lt;br /&gt;con espinas en las sienes,&lt;br /&gt;con la boca ya reseca,&lt;br /&gt;con sus manos doloridas&lt;br /&gt;y con su frente sangrienta,&lt;br /&gt;llevando sobre su Cruz&lt;br /&gt;nuestros pecados a cuestas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque el mundo esté en su mano&lt;br /&gt;siempre el Gran Poder se queda,&lt;br /&gt;y siendo Dios fue humillado&lt;br /&gt;a pesar de su grandeza,&lt;br /&gt;pero Él con su pisada&lt;br /&gt;siempre avanza aunque no pueda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran Poder del universo,&lt;br /&gt;del sol y de las tormentas,&lt;br /&gt;de lo bueno y de lo malo,&lt;br /&gt;del día y de las tinieblas,&lt;br /&gt;de la vida y de la muerte,&lt;br /&gt;de los cielos y la Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gran Poder por la Gavidia,&lt;br /&gt;Gran Poder que nos esperas,&lt;br /&gt;Gran Poder en la mañana&lt;br /&gt;y bajo la luna llena;&lt;br /&gt;Gran Poder que nos escuchas,&lt;br /&gt;que nos perdona y consuela;&lt;br /&gt;Gran Poder de mis anhelos,&lt;br /&gt;obra completa y perfecta,&lt;br /&gt;Gran Poder, Verdad del mundo,&lt;br /&gt;Gran Poder de nuestra Iglesia,&lt;br /&gt;Gran Poder, Luz y Camino&lt;br /&gt;¡Gran Poder de Juan de Mesa!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasarán siglos enteros,&lt;br /&gt;y siempre aquí su presencia&lt;br /&gt;entre el costal y el esparto,&lt;br /&gt;y cera color tiniebla&lt;br /&gt;entre un silencio que rompe&lt;br /&gt;el llamador cuando suena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ven conmigo, sevillano,&lt;br /&gt;que hoy otra vez es Cuaresma;&lt;br /&gt;Dios me ha dicho que le siga&lt;br /&gt;cumpliendo una penitencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Toma el ruán y el rosario&lt;br /&gt;persigue esa tez morena,&lt;br /&gt;tal como lo vio tu madre,&lt;br /&gt;como le rezó tu abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo se pare ante Él,&lt;br /&gt;que la noche se detenga&lt;br /&gt;y rezando le aliviemos&lt;br /&gt;la carga de su madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Venid conmigo, venid!&lt;br /&gt;que su zancada nos lleva&lt;br /&gt;a un paraíso y a un Reino&lt;br /&gt;donde no existen fronteras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el Gran Poder nunca pasa&lt;br /&gt;su palabra es verdadera&lt;br /&gt;que en su rostro hay un mensaje&lt;br /&gt;de ternura y fortaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para hacerse sevillano&lt;br /&gt;bajó Dios hasta esta Tierra,&lt;br /&gt;y por eso permanece&lt;br /&gt;donde los vencejos vuelan&lt;br /&gt;donde hasta el aire es distinto&lt;br /&gt;y la Giralda se eleva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el Gran Poder nunca pasa&lt;br /&gt;nunca pasará, navega&lt;br /&gt;andando sobre las aguas&lt;br /&gt;y aquí en Sevilla se queda.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre la siento cerca, como ahora, desde este ambón, su mano aniñada toca mi espalda como el que es tu pareja de cirio en el tramo y que tal vez sin conocerte, te dice: “Hermano: buena Estación de Penitencia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace unos instantes en su Capilla, la sombra de su palio se hacía ánimo ferviente sobre el hombro del pregonero. Ella, que gozosa está celebrando el Año Jubilar Guadalupano, me miraba agradeciendo la visita que le hacía días antes de sus cultos para llevarle mis rosas. Virgen Niña de Guadalupe, Extremeña y Mexicana, Reina sevillana de la Hispanidad, que desde tan cerca miras a un río que fue puerto y puerta de América, te ensalzo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Emperatriz Hispana&lt;br /&gt;del Lunes Santo,&lt;br /&gt;quisiera ser Juan Diego,&lt;br /&gt;llevar tu manto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al ver que me sonríes,&lt;br /&gt;tan orgullosa,&lt;br /&gt;dejo ante Ti mi ofrenda,&lt;br /&gt;te doy mis rosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te doy mis rosas, Madre,&lt;br /&gt;¡quién lo soñara!&lt;br /&gt;que a mí me dio las flores&lt;br /&gt;Miguel Mañara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se quedan en tu palio,&lt;br /&gt;yo nunca supe,&lt;br /&gt;que van contigo, Niña&lt;br /&gt;de Guadalupe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi Virgencita Indiana,&lt;br /&gt;Flor de amaranto,&lt;br /&gt;Emperatriz Hispana&lt;br /&gt;del Lunes Santo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si la Virgen de las Aguas hace de su palio Museo itinerante de belleza y sus varales se cimbrean como espigas de trigo, la Señora de los Dolores por el Cerro es mosaico de azucena que trasmina la primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con blasones de realeza, Montserrat y Carretería, llevan las dos dalias del Viernes Santo que cuidaba Montpensier en su parque de San Telmo. Y la Virgen de las Angustias, con sus manos, las más elevadas, trasunta con su pena el leño del Divino Gitano de la Salud en un caudal y torrente de Gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer gitano beatificado, Ceferino Jiménez Maya, “El Pelé”, puso el amor a Cristo y a la Virgen en las cumbres más altas de su perfección. Sumamente honrado, jamás en los tratos engañó a nadie y a todos socorría con sus limosnas.   En la contemplación en el cielo de la belleza de la Virgen de las Angustias, le dirá mirándola a la cara: ¡Tú sí que tienes casta Madre! ¡Tú sí que eres el orgullo de nuestra raza gitana!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Para mecer bien tu palio&lt;br /&gt;Angustias quisiera darte&lt;br /&gt;al son de unas bambalinas&lt;br /&gt;todo el misterio del arte,&lt;br /&gt;de cera, mimbre y claveles,&lt;br /&gt;bien repujados varales&lt;br /&gt;y unas jarras canasteras&lt;br /&gt;con resonancias ducales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mecer bien tu palio&lt;br /&gt;entre la tierra y el aire,&lt;br /&gt;una cuadrilla gitana&lt;br /&gt;con el Pelé que lo mande,&lt;br /&gt;harían de esta Sevilla&lt;br /&gt;una Cava de gigantes,&lt;br /&gt;con el martillo en la fragua&lt;br /&gt;y una voz de cante grande,&lt;br /&gt;que la eleva un capataz&lt;br /&gt;que está puesto en los altares.&lt;br /&gt;Que para mecer tu palio&lt;br /&gt;hay que saber embrujarte,&lt;br /&gt;con tu cuadrilla torera&lt;br /&gt;de costaleros juncales,&lt;br /&gt;que bailen bajo tu paso&lt;br /&gt;que por seguiriya igualen&lt;br /&gt;y en el bronce de sus manos,&lt;br /&gt;te recen igual que canten.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que para llevar tu palio,&lt;br /&gt;Angustias, para llevarte,&lt;br /&gt;hay que quebrar las cinturas,&lt;br /&gt;tener corazón y sangre&lt;br /&gt;y rachear muy despacio&lt;br /&gt;con chicotás celestiales&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué voz la del capataz!&lt;br /&gt;que llega al alma y la parte&lt;br /&gt;que llega al alma y la funde&lt;br /&gt;en el crisol de la sangre.&lt;br /&gt;De San Román a las Dueñas&lt;br /&gt;de las Dueñas hasta el Valle&lt;br /&gt;la procesión más gitana&lt;br /&gt;que pudiera imaginarse,&lt;br /&gt;nos demuestra que la cera&lt;br /&gt;no es lo único que arde&lt;br /&gt;porque el corazón se quema&lt;br /&gt;cuando quiere arrodillarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Al cielo con las Angustias!&lt;br /&gt;¡al cielo con los varales¡&lt;br /&gt;¡al cielo con la Gitana,&lt;br /&gt;que ninguno la compare!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la luz ha escogido&lt;br /&gt;un rostro para mirarse&lt;br /&gt;y entre inciensos y promesas,&lt;br /&gt;entre querubines y ángeles,&lt;br /&gt;todo está a punto, Señora,&lt;br /&gt;para contigo quedarse&lt;br /&gt;en la mañana del Viernes&lt;br /&gt;desde las Dueñas al Valle,&lt;br /&gt;que al mecerse bien tu palio&lt;br /&gt;¡Se vuelve gitano el aire!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pregonero que vino en una barcaza, quiere cruzar con su palabra el río grande y americanista, pisando descalzo como Moisés, la tierra sagrada y prometida de Triana, arrabal y guarda de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Repleta de hornos, renueva el patronazgo alfarero de las Santas Justa y Rufina que modelaron azulejos repartidos por cada esquina de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy pronto el Altozano, se hará Catedral al aire libre como testigo de la Coronación de la imagen de la primera Hermandad que cruzando un puente de barcas, vino a Sevilla con la bella Virgen de la O. La Expectación dolorosa, que regenta la parroquia de su nombre, hará que con su Coronación queden coronadas todas las Esperanzas que lloran en Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Triana ha coronado simbólicamente a todas las Vírgenes que en ella tienen casa. Coronaron con el fervor de San Gonzalo a la que en el Tardón es Salud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A quien sabe que siendo la mas bella y señorial de las Cigarreras, la Virgen de la Victoria, precisó que fuera el mismo Rey de España, quien la acompañara el Jueves Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coronar del oro que en el fundidor se forja, las sienes de Patrocinio, Medianera universal de la Gracia y Señorita Inmaculada, que lleva a sus pies en marfil y plata, esa Blanca Paloma del Rocío que es orgullo y gloria de su barrio de Triana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas las Vírgenes de esta orilla del río, desde donde recibe su nombre hasta la “Nueva Triana”, están coronadas, como en oros solemnes se coronaron dos hermosas perlas, la Esperanza y la Estrella en el marco catedralicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Para rezar en Triana&lt;br /&gt;tengo mi amor repartido&lt;br /&gt;entre la Señá Santa Ana,&lt;br /&gt;Victoria, O, Patrocinio,&lt;br /&gt;Salud y en la Madrugada&lt;br /&gt;mi alma llega al delirio&lt;br /&gt;cuando diviso su cara&lt;br /&gt;¡Tres veces su Hijo caído!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cruza el puente y la campana&lt;br /&gt;regresa por San Jacinto&lt;br /&gt;y cuando llega a la Cava&lt;br /&gt;la Cava es el cielo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde Sevilla a Triana&lt;br /&gt;hay resplandores de cirios&lt;br /&gt;y otra expresión en su cara&lt;br /&gt;en el espejo del río&lt;br /&gt;y otra luz en la alborada&lt;br /&gt;cuando viene en su navío&lt;br /&gt;y otra distinta fragancia&lt;br /&gt;al desandar el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre espumas deja el ancla&lt;br /&gt;¡Qué clamor entre el gentío!&lt;br /&gt;que arriba la capitana&lt;br /&gt;y el aire es plegaria y grito&lt;br /&gt;y al ver de frente a su hermana&lt;br /&gt;sigue mi amor repartido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una, alfarera y gitana,&lt;br /&gt;la otra vela en el camino.&lt;br /&gt;Una es brisa de bonanza&lt;br /&gt;la otra Luz del infinito.&lt;br /&gt;Y dos Madres coronadas&lt;br /&gt;en este barrio escogido&lt;br /&gt;una Estrella, una Esperanza&lt;br /&gt;y siempre igual el destino,&lt;br /&gt;la valentía y la gracia,&lt;br /&gt;el fulgor y el señorío,&lt;br /&gt;el verde mar esmeralda,&lt;br /&gt;y el azul más cristalino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se entrelazan las miradas&lt;br /&gt;pero es el mismo latido.&lt;br /&gt;Que se queden cara a cara,&lt;br /&gt;la emoción se haga suspiro.&lt;br /&gt;Marinera de mi alma,&lt;br /&gt;¡quédate aquí en San Jacinto!&lt;br /&gt;con tu vecina y hermana;&lt;br /&gt;que está mi amor repartido&lt;br /&gt;bajo el cielo de Triana.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada una de nuestras hermandades, ha sublimado la grandeza de sus titulares de palio o las que protagonizan la compañía de Cristo en cada uno de sus misterios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En stabat mater permanente, Concepción, Remedios, Guía, Antigua y Mayor Dolor, la acompañan como la Giralda en la vertical que les guía hacia el cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hermanos Servitas pusieron al sexto dolor toda la unción con que la Piedad acoge a la Providencia desclavada de la Cruz, como lo acaricia Descendido en la Sagrada Mortaja con dobles de muñidor que lo anuncian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así llega la Soledad del Convento de la antigua calle Catalanes, consolando los ancianos por Castelar, y Soledad del negro hábito de los hijos de María Dolorosa, que en la plaza de San Marcos pasea sus siete Dolores buscando el sepulcro del Santo Sábado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santa Ángela esposada con el divino madero llegó a asumir tanto el amor al glorioso árbol desnudo del Nazareno, que deseaba hondamente clavarse en él. Ella llegó a decir en una de sus cartas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Nuestro país es la cruz, en la cruz voluntariamente nos hemos establecido y fuera de la cruz somos forasteras”. Las Hermanas de la Cruz están dentro del espíritu de nuestras Hermandades y Cofradías. Y viceversa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los días hacen su estación de penitencia por Sevilla, caminando con el paso acelerado porque la caridad de Cristo les mete prisa. Al llegar la Cuaresma, por no sé que extraña simbiosis, Hermanas de la Cruz y Hermandades se identifican más en una preanunciación de sacrificio y gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada una de sus casas tiene una puerta que siempre se abre, ya sea al Rey o al mendigo, al hambriento o al acomodado, al rico o al empobrecido. Su hábito tiene dimensiones sobrenaturales, lo han vestido igualando a todos en la dignidad al que lo acepta, ya sea una humilde zapatera o una Infanta de España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero de hábito la que más sabe es aquélla con la que el Sábado de Pasión, las Hermanas de la Cruz, tienen una cita en San Juan de la Palma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ataviada la Señora en su palio con las mejores galas, dos Hermanas de la Cruz suben a ese trozo de cielo que es su peana, para prender en su saya, el rosario o corona de Madre María de la Purísima, para que junto al primer dolor coronado de Sevilla, repose la oración de una de sus más milagrosas hijas, achicándole la pena a la Amargura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Va rezando la Amargura&lt;br /&gt;hacia San Juan de la Palma&lt;br /&gt;y la tristeza del alma&lt;br /&gt;se llena ya de dulzura.&lt;br /&gt;Todo se torna en ternura&lt;br /&gt;y lo oscuro se hace luz,&lt;br /&gt;las Hermanas de la Cruz&lt;br /&gt;van saliendo del convento&lt;br /&gt;y es el palio un firmamento&lt;br /&gt;y la calle un contraluz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen lleva el rosario&lt;br /&gt;que Purísima tuviera,&lt;br /&gt;un rosario de madera&lt;br /&gt;de hábito y uso diario&lt;br /&gt;como humilde escapulario&lt;br /&gt;que cuelga de su cintura,&lt;br /&gt;y al irse de la clausura&lt;br /&gt;mientras se alejan los tramos,&lt;br /&gt;otro Domingo de Ramos&lt;br /&gt;va rezando la Amargura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Papa Benedicto XVI en su primera Encíclica nos ha invitado a contemplar y definir la verdad del Amor, Así lo entiende el Crucificado del Salvador, Amor que devora y consume con el coraje de darlo todo para que Él sea conocido y amado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni la Virgen del Valle, ni la del Socorro, pudieron vislumbrar, que por avatares del destino fuera la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús, el mejor lugar para colmar su morada compartida de un derroche de inocencia blanca un Domingo de Ramos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Viejos códices de llanto se guardan en La Anunciación; llantos que sonorizan, en el paño de la Verónica, en el perfil vacilante del encuentro amargo, y en el prisma astral de dolor que son los ojos de la Virgen del Valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es allí, donde los lienzos de Roelas, quisieron plasmar el Amor y la aflicción, donde un pelícano se parte el corazón para que beban sus hijos, donde la Virgen de los Reyes quiere ser mecida en el mejor techo de palio el primer día de nuestra Semana, donde Zaqueo sin pensarlo, tiene el mejor lugar para ser cronista de tantos y tantos sentimientos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, dos Madres lloran con el bendito dolor de su Valle de penas y el Socorro Perpetuo de su desconsuelo... Allí vio el pregonero a sus dos Vírgenes bajo la misma cúpula. Al llegar el Viernes de Dolores cuando baja en su traslado, la Señora cruza la mirada con la Virgen del Socorro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si al decir de Rodríguez Buzón, “como llora la Virgen del Valle solo lloran las madres de la tierra”, con Ella en la calle Laraña, también llora la orquídea delicada del Domingo de Ramos que el Jueves Santo muda en rosa de Pasión en su mano, entregando su corazón por Amor, el Cristo del Amor que no defrauda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Amor de primavera florecida&lt;br /&gt;sobre un leño de Amor crucificado,&lt;br /&gt;Amor para olvidarnos del pecado,&lt;br /&gt;Amor que deja el alma renacida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Ti nace y acaba nuestra vida,&lt;br /&gt;Pelícano de Amor glorificado,&lt;br /&gt;que pasas de lo humano a lo sagrado&lt;br /&gt;pues vive en Ti el Amor y en Ti se anida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor bajo tu sombra en los costales,&lt;br /&gt;Amor de viña y panes candeales&lt;br /&gt;que convierte en lagar tu canastilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amor en lo más alto y más profundo&lt;br /&gt;ejemplo para el hombre y para el mundo.&lt;br /&gt;¡Amor! ¡Amor de Dios y de Sevilla!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La víspera del Domingo de Ramos, en la oscuridad de la parroquia de la Magdalena ya brilla el Misterio de mi Hermandad de la Quinta Angustia. El contraluz sobrecogedor del Cristo del Descendimiento impone silencio a los fieles que rodean el altar situado junto al respiradero del paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde su templete, el Dulce Nombre de Jesús contempla el ir y venir de los preparativos de la solemne Misa de Ramos de medianoche, mientras la sala capitular es un inmemorial recuerdo en la mente del sacerdote celebrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdos, cuando esa puerta pequeña de la Hermandad que ahora da paso a tantos hermanos que acuden, se abrieron para el por vez primera, cuando nadie lo conocía, para contemplar después cómo el irreal muro de la tradición, de las formas y la estética se derrumban ante el peso de una devoción común y compartida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la memoria vienen rápidamente rostros de hermanos. El capiller, los priostes, las camareras, el vestidor... Muchos de ellos esperan entre la multitud que llena la parroquia para recibir de sus manos el Cuerpo de Cristo, pero otros ya no están presentes porque el censo de habitantes de nuestra ciudad y las nóminas de algunas Hermandades tienen este año, números de menos en sus cuadrantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace poco marcharon al cielo, con la nobleza que los buenos cofrades saben llevar a las alturas, dos cristianos doblemente hermanos Luis Rodríguez-Caso y su hermano Vicente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También doblemente conocían el amor de las manos de la Virgen de la Quinta Angustia porque fueron talladas por su padre tomando de modelo las de su propia madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a la Virgen su escultor, el padre que le dio vida a la Señora que con un pañuelo en las manos secaba las dos lágrimas de sus dos únicos hijos que en poco más de un año, habían nacido en los ojos de la Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En La Quinta Angustia honramos a los que se fueron cogiendo con fuerza las cruces arbóreas que cada Jueves Santo nos recuerdan, que no hay amor sin Cruz y que solo Dios basta, que por algo nacimos en el Carmen, igual que Santa Teresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa fuerza será la que nos ayude a subir los peldaños del patíbulo de la Cruz con Nicodemo y Arimatea para descender a Cristo desde su arca de bronce, al más puro corazón de la Semana Santa de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya suenan las doce y es Domingo de Ramos. Ya en San Lorenzo el Gran Poder tiende a todos sus santas manos atadas, y ahora en la Magdalena el incienso y los sones de Amarguras inundan las naves del Convento de San Pablo. La procesión de entrada de la Misa de Ramos comienza y este sacerdote nazareno se encamina hasta el altar dirigiendo una suplica a María, su Virgen, en Su Quinta Angustia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salve, Fuente de Amor y Consuelo. Salve, Esperanza del caído,&lt;br /&gt;Rostro elevado al Cielo,&lt;br /&gt;lagrimas ocultas para mostrarte mejor,&lt;br /&gt;como la celestial Sevilla donde Tu habitas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el amor de tus lágrimas&lt;br /&gt;nos abran para siempre&lt;br /&gt;las puertas de la celestial Sión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo a Tu Hijo me consagro por entero.&lt;br /&gt;Que mi vida sea como el pañuelo&lt;br /&gt;y la sábana que tú sostienes,&lt;br /&gt;consuelo y acogimiento de mis hermanos&lt;br /&gt;que son el Descendimiento de Cristo&lt;br /&gt;que cada día llega hasta mis manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me olvides Madre mía,&lt;br /&gt;mujer fuerte de Israel,&lt;br /&gt;mi Quinta Angustia de María,&lt;br /&gt;nuestra Quinta Angustia de Sevilla”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ciudad aparece en los albores de diciembre, pintada de tintes celestes de fervor mariano. Ante la Purísima que presidía el altar Mayor de la Catedral, un grupo de diez niños ataviados a la usanza dieciochesca nos disponíamos a ejecutar la tradicional danza ante la Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo formaba parte de aquel grupo de seises que en la aritmética mágica de Sevilla son diez y ya entonces evadía mi mente buscando el rostro de aquella Inmaculada a la que dirigíamos nuestro canto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tenía lejos mi amor. Sobre la Puerta de la Concepción, en el cuadro monumental de Grosso, tantas veces cantado en esta tribuna, la descubrí a Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuántas veces soñando, con aquel hermano de la Cofradía de los Primitivos Nazarenos que en tan soberbio tapiz, parece un nazareno elevado a los altares en la Gloria de Bernini sevillana, como un santo canonizado con túnica, capirote y la bandera de voto concepcionista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién sabe si fue un olvido del pintor tan insigne el no reflejar en su obra, un “armao” que transformara la espada inmaculista en el Senatus del Capitán de la Centuria. Ahora que de nuevo tomo mi barca para marcharme, sigo soñando con encontrarme un día tan cerca de Ella como están los seises del cuadro. Mis ojos son y serán siempre para Ella, mi invisible pareja en aquella danza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo nuestro fue un flechazo de belleza, amor y respeto. Clavó hace treinta años su mirada en mi alma y desde entonces no me he resistido nunca a amarla. He crecido en ese amor y cada día, cada nuevo día que cruzo el Arco, parece que fuese el primero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un verso de amor me trajo hasta su puerta, una noche, celosamente guardada por esfinges de azucenas en otoño. Incliné mi frente ante sus ojos, esos que cambiaron el rumbo y la melodía de esta ciudad secular y el alma a los que ante Ella se postran. Y ahora por ser su pregonero he podido contemplarla de cerca y llevarla en mis brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le susurré al oído como un enamorado las coplas de mi niñez. Como alegre crótalo acompasaba mi canto, y sin ser el seise que bailó para Ella el 31 de mayo de su Coronación porque no conocía su cara, en ese instante, se hizo realidad aquel sueño que en su rostro pegado al mío me enamoró de Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Qué sería, sí, qué sería&lt;br /&gt;si Sevilla no tuviera&lt;br /&gt;tu perfil de Niña Madre&lt;br /&gt;ni tu sonrisa hecha pena,&lt;br /&gt;sin la dulzura infinita&lt;br /&gt;de la luz de tu inocencia,&lt;br /&gt;sin tus ojos, sin tus labios,&lt;br /&gt;sin tu extremada belleza,&lt;br /&gt;sin el verde de tu manto,&lt;br /&gt;sin tu atributo de Reina&lt;br /&gt;sin los primores bordados&lt;br /&gt;que hizo Rodríguez Ojeda,&lt;br /&gt;sin que en tu pecho brillaran&lt;br /&gt;las esmeraldas toreras,&lt;br /&gt;sin que lloraras detrás,&lt;br /&gt;del que tiene una Sentencia,&lt;br /&gt;sin que pueda contemplarte&lt;br /&gt;cuando el sol ya te refleja&lt;br /&gt;sin que te entone una voz&lt;br /&gt;una imprevista saeta,&lt;br /&gt;sin el balcón adornado&lt;br /&gt;que año tras año te sueña,&lt;br /&gt;sin tu resplandor cautivo&lt;br /&gt;por Resolana y por Feria,&lt;br /&gt;sin pétalos que te cubran&lt;br /&gt;cuando por Parras regresas&lt;br /&gt;sin que atravieses el arco&lt;br /&gt;sin que cruzaras la verja&lt;br /&gt;sin que te roce la brisa&lt;br /&gt;que baja por las almenas,&lt;br /&gt;sin los ojos que te piden&lt;br /&gt;sin la niña que te reza&lt;br /&gt;sin la mujer que da gracias&lt;br /&gt;sin el hombre que te ruega,&lt;br /&gt;sin que el capataz te diga:&lt;br /&gt;¡Vamos al cielo con Ella!.&lt;br /&gt;Pero vives tan presente&lt;br /&gt;que Sevilla siempre espera&lt;br /&gt;y sueña con poder verte&lt;br /&gt;otra madrugada eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay! qué suerte Madre mía,&lt;br /&gt;acompañarte tan cerca,&lt;br /&gt;con vara basilical&lt;br /&gt;y con rosario de cuentas,&lt;br /&gt;ir delante de tu paso&lt;br /&gt;y entre las dos maniguetas,&lt;br /&gt;notar que me están llamando,&lt;br /&gt;tus bambalinas de seda;&lt;br /&gt;sentir que Tú me acompañas&lt;br /&gt;como aquel niño -¿recuerdas?-&lt;br /&gt;que aprendió a rezar contigo&lt;br /&gt;y en Ti encontró la respuesta&lt;br /&gt;para seguir el camino&lt;br /&gt;de Jesucristo y Su Iglesia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas mi sueño fue ser seise,&lt;br /&gt;que bailara en tu presencia;&lt;br /&gt;que el 31 de mayo&lt;br /&gt;sonaran mis castañuelas.&lt;br /&gt;Ser un seise que a tus plantas&lt;br /&gt;exaltara tu belleza&lt;br /&gt;y al verte ya coronada,&lt;br /&gt;proclamara tu grandeza.&lt;br /&gt; Y aquí me tienes hoy, Madre,&lt;br /&gt;he cumplido mi promesa&lt;br /&gt;que un sacerdote del pueblo&lt;br /&gt;Tú me pediste que fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aunque mi nombre florece&lt;br /&gt;en tu jarra de azucenas,&lt;br /&gt;sueño que al llegar el día,&lt;br /&gt;en el que el alma se entrega,&lt;br /&gt;seré seise que te baile, &lt;br /&gt;en Tu gloria ¡Macarena!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ASÍ SEA&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3530648457500377770-6133948822400821906?l=pregonesdesevilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/6133948822400821906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3530648457500377770&amp;postID=6133948822400821906' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/6133948822400821906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/6133948822400821906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/2007/03/2006-ignacio-jimnez.html' title='2006 - Ignacio Jiménez'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-4923839316818241634</id><published>2007-03-29T10:51:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T11:07:46.281-07:00</updated><title type='text'>2005 - Antonio Murciano</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(153, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2005. Pronunciado por D. Antonio Murciano González en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, el dia 6 de Abril.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EMINENTÍSIMO Y REVERENDÍSIMO SR. CARDENAL,&lt;br /&gt;EXCELENTÍSIMO SR. ALCALDE DE SEVILLA,&lt;br /&gt;ILUSTRISIMO SEÑOR TENIENTE-ALCALDE, DELEGADO DE FIESTAS MAYORES,&lt;br /&gt;ILUSTRÍSIMO SR. PRESIDENTE DEL CONSEJO GENERAL DE HERMANDADES Y COFRADÍAS,&lt;br /&gt;COFRADES SEVILLANOS, SEÑORAS Y SEÑORES, MIS QUERIDOS AMIGOS:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SEAN mis primeras palabras para agradecer al Ilustre Consejo de Hermandades y Cofradías, la fineza y el alto honor para con mi persona al designarme como Pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2005.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguidamente quiero, igualmente agradecer, a nuestras máximas autoridades, eclesiásticas y civiles, su confianza en mí al confirmarme en este tan honroso y hermoso cargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, en tercer lugar, a Don Gonzalo Crespo por sus palabras de presentación ante ustedes y por ese inteligente y cariñoso perfil que ha trazado sobre mi vida y mi obra. Palabras, abrumadoras para mí de tan cordiales, y que le agradezco desde lo más noble de mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y finalmente, mi gratitud también, a todos ustedes, presentes en este bello escenario del Teatro de la Maestranza, dando calor y realce a este acto. Así como, a los que siguen este evento a través de los medios audiovisuales de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;I Prefacio&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;QUIERO que mi pregón sea&lt;br /&gt;como una gran oración…&lt;br /&gt;De pequeñas oraciones&lt;br /&gt;tejer quiero este pregón&lt;br /&gt;y entre todas, trenzar una&lt;br /&gt;intensa, inmensa oración.&lt;br /&gt;Pedir a Dios por Sevilla&lt;br /&gt;–madre de mi devoción–,&lt;br /&gt;por la abuela Andalucía&lt;br /&gt;la de la luz interior,&lt;br /&gt;por la nueva España unida&lt;br /&gt;del recíproco perdón.&lt;br /&gt;Por los santos inocentes&lt;br /&gt;mártires del once “horror”&lt;br /&gt;y las mil una intenciones&lt;br /&gt;de la pequeña gran voz&lt;br /&gt;de ese Sumo Sacerdote&lt;br /&gt;–blanco viajero de Dios–&lt;br /&gt;clamando, sin eco, al mundo&lt;br /&gt;por la paz y la oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Beatos Manuel y Marcelo,&lt;br /&gt;Santa Ángela del Amor,&lt;br /&gt;velad porque Hispalis sea&lt;br /&gt;Jerusalén de fervor.&lt;br /&gt;Yo os traeré al temblor del canto&lt;br /&gt;veinte siglos de emoción.&lt;br /&gt;Dos domingos de alegría&lt;br /&gt;–Ramos y Resurrección–&lt;br /&gt;enmarcando una semana&lt;br /&gt;de injusticia y de dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabiendo a Ysbhilia, escenario&lt;br /&gt;del drama del Redentor,&lt;br /&gt;en los Cristos sevillanos&lt;br /&gt;ver el rostro del Señor;&lt;br /&gt;en las caras de sus vírgenes&lt;br /&gt;la de la madre de Dios,&lt;br /&gt;Vía de Amargura sus calles…&lt;br /&gt;¡Qué niña vieja ilusión&lt;br /&gt;ser este año el pregonero&lt;br /&gt;del vibrar cofradiero,&lt;br /&gt;–voz de la tribu, vocero–&lt;br /&gt;del sentir de un pueblo entero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué privilegiado honor&lt;br /&gt;–con el alma de rodilla–&lt;br /&gt;cantar soñando en Sevilla&lt;br /&gt;la Pasión del Salvador!&lt;br /&gt;(Se alza en silencio el telón&lt;br /&gt;de este renovado empeño&lt;br /&gt;de revivir la Pasión&lt;br /&gt;según Sevilla. ¡Qué ensueño!&lt;br /&gt;¡Oídos, abríos al clamor!&lt;br /&gt;¡Abrid los ojos al sueño!…)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;II Domingo de Ramos. Entrada en Jerusalén (La Borriquita)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;QUE en Jerusalén va a entrar&lt;br /&gt;–digo en tierra sevillana–&lt;br /&gt;domingo por la mañana&lt;br /&gt;quién calmó y anduvo el mar.&lt;br /&gt;Jinete el más popular&lt;br /&gt;sobre un Platero andaluz&lt;br /&gt;en olor de multitud&lt;br /&gt;hosannas, palmas y niños.&lt;br /&gt;¡Qué pena que haya cariños&lt;br /&gt;que tengan muerte de cruz!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero hoy todo es alegría,&lt;br /&gt;tarde entre dorada y pura,&lt;br /&gt;¡quién piensa en qué noche oscura&lt;br /&gt;y en lo que sucederá un día!&lt;br /&gt;¡Qué clamor, qué algarabía!,&lt;br /&gt;Bendito porque está escrito&lt;br /&gt;el paria, el pobre, el contrito,&lt;br /&gt;bendito el que nada tiene,&lt;br /&gt;bendito sea el que viene&lt;br /&gt;en nombre de Dios ¡Bendito!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué esta primer saeta?&lt;br /&gt;¿Qué se atreve a columbrar?&lt;br /&gt;¿Qué voz, qué queja secreta&lt;br /&gt;–entre dorada y violeta–,&lt;br /&gt;qué vaticina el cantar?&lt;br /&gt;Escuchad por Dios la copla&lt;br /&gt;bien oigáis lo que dirá:&lt;br /&gt;Los que ayer sanabas Tú&lt;br /&gt;y hoy jubilosos te aclaman,&lt;br /&gt;los que ayer curabas Tú&lt;br /&gt;mañana te escupirán,&lt;br /&gt;te cargarán de una cruz&lt;br /&gt;y te crucificarán.&lt;br /&gt;¿Y por qué, qué hiciste Tú?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madre tuya del Socorro&lt;br /&gt;sin nada aún que socorrer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Clama el pueblo. Corre. Corro.&lt;br /&gt;La alegría aún por doquier.&lt;br /&gt;Cristo en Triunfo entra en Sevilla&lt;br /&gt;tal entró en Jerusalén.&lt;br /&gt;Hoy la primavera brilla,&lt;br /&gt;el Guadalquivir también.&lt;br /&gt;La luna asoma a la orilla…&lt;br /&gt;Comienza su anochecer…)&lt;br /&gt;Llegado es el gran momento.&lt;br /&gt;Por Judá quiebran albores&lt;br /&gt;de temores y dolores.&lt;br /&gt;Hace Jesús testamento.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;III Sagrada Cena. Institución y Canto a la Eucaristía&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;LA verdad es que a veces me pregunto&lt;br /&gt;–a veces no, constantemente– cómo&lt;br /&gt;teniendo la andadura de palomo&lt;br /&gt;al corazón llegabas siempre en punto.&lt;br /&gt;La verdad es que a veces vengo junto&lt;br /&gt;del hondo pozo que eres y me asomo&lt;br /&gt;y por mucho trabajo que me tomo&lt;br /&gt;jamás descubro el fondo del asunto.&lt;br /&gt;Asunto: Dios y su alto ministerio&lt;br /&gt;Sagrada Cena. Paso de misterio.&lt;br /&gt;Explícate Señor. Y Tú callabas.&lt;br /&gt;¿Cómo hiciste del pan cuerpo divino&lt;br /&gt;y del vino tu sangre, si gustabas&lt;br /&gt;de llamar al pan pan y al vino vino?&lt;br /&gt;Todo fue así; tu voz, tu dulce aliento&lt;br /&gt;sobre un trozo de pan que bendijiste,&lt;br /&gt;que en humildad partiste y repartiste&lt;br /&gt;haciendo despedida y testamento.&lt;br /&gt;“Así mi cuerpo os doy por alimento”&lt;br /&gt;¡qué prodigio de amor, porque quisiste&lt;br /&gt;diste tu carne al pan y te nos diste&lt;br /&gt;Dios en el trigo para Sacramento!&lt;br /&gt;(Sevilla sueña ser patena viva&lt;br /&gt;para esa alondra que le nace al alba,&lt;br /&gt;de vuelo siempre y a la par cautiva.)&lt;br /&gt;Hostia de nieve, nardo, maná, fuente,&lt;br /&gt;gota de luna que ilumina y salva.&lt;br /&gt;Y todo ocurrió así: sencillamente.&lt;br /&gt;Sencillamente. Hora de paz. ¡Qué leves&lt;br /&gt;tus manos para el pan, para el amigo!&lt;br /&gt;Cena de doce y Dios. Sagrado jueves.&lt;br /&gt;Y era en Jerusalén la primavera.&lt;br /&gt;Y era blanco milagro ya aquél trigo.&lt;br /&gt;Sencillamente: “Esto es mi cuerpo”. Y era.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y serás y eras y eres hostia pura,&lt;br /&gt;carne y sangre de Dios, cáliz, rocío,&lt;br /&gt;capullo de azahar, concha de río,&lt;br /&gt;orbe de nata, anillo de ventura.&lt;br /&gt;Pequeño sol de Dios, espiga, anhelo,&lt;br /&gt;redonda flor de sueños tan completa,&lt;br /&gt;panderito de harina del poeta,&lt;br /&gt;moneda tú con que comprar el cielo.&lt;br /&gt;Verso vivo, Jesús, verbo humanado.&lt;br /&gt;Hostia digo y los labios me floreces.&lt;br /&gt;¿De qué blanco trigal sacramentado?&lt;br /&gt;No comprendo, Señor. Y tú, con creces,&lt;br /&gt;te nos repartes pan multiplicado.&lt;br /&gt;¡Multiplica mis panes y mis peces!&lt;br /&gt;Se alejó hermoso el Paso en la Carrera&lt;br /&gt;y Él se quedó, paloma mensajera,&lt;br /&gt;botoncito de cisne levantado,&lt;br /&gt;ojo que vela, lágrima que salva.&lt;br /&gt;Y sobre el mundo fue la primavera&lt;br /&gt;y aquí en Sevilla un ángel engloriado&lt;br /&gt;pobló del azahar el alba malva.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;IV La Oración del Huerto. El Beso de Judas. El Prendimiento. Dulces Nombres de la Virgen.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;SE fue a un huerto a orar Jesús…&lt;br /&gt;¿Qué interrogante desnuda&lt;br /&gt;dejó en los aires la duda&lt;br /&gt;con la señal de la cruz?&lt;br /&gt;Pasa la Oración del Huerto&lt;br /&gt;Paso del Beso de Judas.&lt;br /&gt;Va a pasar el Prendimiento.&lt;br /&gt;¿Qué siente Sevilla muda?&lt;br /&gt;¿Qué evoca Sevilla entera?&lt;br /&gt;¿Aquella cruel primavera?…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Sí. Fue por la primavera. Un viento anochecido&lt;br /&gt;empujaba la pompa de jabón de la luna.&lt;br /&gt;El Cedrón susurraba como un niño dormido.&lt;br /&gt;Getsemaní crecía su aceituna”.&lt;br /&gt;Fue por la primavera. El olivar bebía&lt;br /&gt;la clara madrugada.&lt;br /&gt;“Dios oraba y gemía&lt;br /&gt;a Dios desde la tierra ensangrentada”.&lt;br /&gt;Sangre sudó y lloró. Y oró. Y oraba:&lt;br /&gt;“Apártame este cáliz, Padre mío”…&lt;br /&gt;Cerca un ángel… y pasos que llegaban.&lt;br /&gt;Lejos sonaba el susurrar del río.&lt;br /&gt;¿En plena primavera y estar yerto?&lt;br /&gt;Estaba arrodillado, así, de hinojos…&lt;br /&gt;fue en el instante en que resbaló, muerto,&lt;br /&gt;el pájaro del llanto por sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con teas y cordeles soldados por el huerto.&lt;br /&gt;Una lechuza. Un buho. Un cuervo, revolaron.&lt;br /&gt;¡Qué humano miedo su sangrar despierto!&lt;br /&gt;Los velos de los templos del mundo se rasgaron.&lt;br /&gt;“Se alzó. Rama de oliva de amargura,&lt;br /&gt;alto esqueje moreno y vacilante.&lt;br /&gt;–“¿Duermes, Simón?”. Temblaba de tristura,&lt;br /&gt;Temblaba de ternura su semblante.&lt;br /&gt;Luego dijo: –“Es la hora”. Volvió la frente al cielo&lt;br /&gt;y adelantó unos pasos por ver al que venía.&lt;br /&gt;Se oyó –“Salud Rabbí”… Rodó un beso hasta el suelo.&lt;br /&gt;Judas tocó sus labios y ya no los sentía.&lt;br /&gt;Jesús puso sus manos para que las ataran.&lt;br /&gt;La luna ocultó en nube su lágrima primera.&lt;br /&gt;Y mientras se dejaba que preso le llevaran,&lt;br /&gt;once sombras huyeron su amor por la ladera”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Judas, suicida, traidor,&lt;br /&gt;vendedor del Redentor&lt;br /&gt;y deicida aún llorando.&lt;br /&gt;Repugna verte rozando&lt;br /&gt;tus labios en su mejilla.&lt;br /&gt;Y mientras le ibas besando&lt;br /&gt;–dice la gente en Sevilla–&lt;br /&gt;que Él te estaba perdonando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y grita un viejo saetero:&lt;br /&gt;“Detente Judas en la venta&lt;br /&gt;y no vendas al Cordero”…&lt;br /&gt;Alto lirio en pena quieta&lt;br /&gt;con la túnica morá&lt;br /&gt;y el corazón violeta,&lt;br /&gt;en donde quiero clavar&lt;br /&gt;mi oración hecha saeta&lt;br /&gt;al Cautivo de La Paz.&lt;br /&gt;Tú, Soberano Poder…&lt;br /&gt;–¿quién cantará lo que escribo?–&lt;br /&gt;En el huerto los olivos&lt;br /&gt;te vinieron a prender,&lt;br /&gt;jugo de aceituna amarga&lt;br /&gt;tuviste Tú que beber&lt;br /&gt;aquella noche tan larga&lt;br /&gt;¡víspera del padecer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí va mi Jesús, erguío&lt;br /&gt;para ante Anás y Caifás…&lt;br /&gt;Ahí va, cautivo, prendío&lt;br /&gt;–¡Que suelten a Barrabás!–&lt;br /&gt;tan alto de tan hundío,&lt;br /&gt;morena espiga tronchá&lt;br /&gt;entre su torre y su río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi Señor del Prendimiento&lt;br /&gt;–barco de cirios y ceras&lt;br /&gt;su Paso entre las aceras–&lt;br /&gt;pasa triste a paso lento&lt;br /&gt;y en sus miradas postreras&lt;br /&gt;se adivina el sufrimiento.&lt;br /&gt;Gime su Madre a su vera.&lt;br /&gt;Dulces nombres de la Virgen,&lt;br /&gt;letanía de tristezas:&lt;br /&gt;Dulce Merced, Luz, Salud,&lt;br /&gt;Dulce dolorosa Carmen,&lt;br /&gt;Dulce panadera Regla,&lt;br /&gt;Dulces ojos de María,&lt;br /&gt;ojos dulces con ojeras.&lt;br /&gt;Dulce Nombre de la Madre&lt;br /&gt;de las vírgenes morenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trianera de tronío,&lt;br /&gt;espejo de la pureza,&lt;br /&gt;reina de la realeza&lt;br /&gt;del otro lado del río.&lt;br /&gt;Ni siquiera tu belleza,&lt;br /&gt;tu nombre ni tu apellío,&lt;br /&gt;puede alegrar la tristeza&lt;br /&gt;de tu corazón sombrío.&lt;br /&gt;Debla a quien Triana reza.&lt;br /&gt;Canta y no llores, Rocío.&lt;br /&gt;¿Y esa rosa delicada&lt;br /&gt;de la cabeza inclinada&lt;br /&gt;y hermosamente apenada&lt;br /&gt;que cierra la procesión?&lt;br /&gt;Esa rosa de Pasión&lt;br /&gt;nueva reina coronada,&lt;br /&gt;es la madre inmaculada&lt;br /&gt;Rosario de Montesión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y en tanto dónde está el Hijo&lt;br /&gt;–el futuro Crucifijo–&lt;br /&gt;y a dónde lo llevarán,&lt;br /&gt;por el río de un gentío&lt;br /&gt;que gritando viene y va?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;V El Silencio blanco y La Amargura&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;POR Herodes despreciado,&lt;br /&gt;vine a verte a tu capilla,&lt;br /&gt;Señor del Silencio Blanco&lt;br /&gt;como te llama Sevilla.&lt;br /&gt;Después te he visto en la calle&lt;br /&gt;y hasta creí que me hablabas.&lt;br /&gt;¡Dile al silencio que calle!&lt;br /&gt;¡Tras ti tu madre penaba!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre el clamor de la gente&lt;br /&gt;de aquella Sevilla pura&lt;br /&gt;de inicios del siglo veinte,&lt;br /&gt;Pastora la de los Peines&lt;br /&gt;cantaba así a su Amargura:&lt;br /&gt;“Eres madre de ventura,&lt;br /&gt;estrella del firmamento,&lt;br /&gt;rayo de luz que fulgura,&lt;br /&gt;bálsamo de sufrimiento,&lt;br /&gt;y Virgen de la Amargura”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Que cómo Sevilla canta&lt;br /&gt;su canto a la desventura?&lt;br /&gt;Oíd la gran partitura&lt;br /&gt;–ya inmortal– de su “Amargura”.&lt;br /&gt;Que gracias a los Font de Anta,&lt;br /&gt;–para los siglos que vienen–,&lt;br /&gt;Sevilla tiene que tiene&lt;br /&gt;su himno a la Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dulce Amargura divina,&lt;br /&gt;la de San Juan de la Palma,&lt;br /&gt;tú eres la luz que ilumina&lt;br /&gt;la noche oscura del alma.&lt;br /&gt;Que medio siglo hace ya&lt;br /&gt;que Sevilla os coronó;&lt;br /&gt;allí os cantó el pregonero,&lt;br /&gt;bien oiréis lo que os cantó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Nieve viva sintiéndose morena,&lt;br /&gt;Luz de luna volviéndose cirio,&lt;br /&gt;Azucena poniéndoseme lirio,&lt;br /&gt;Soberana Señora de la Pena.&lt;br /&gt;Ojos de sevillana nazarena,&lt;br /&gt;pecho de rojas rosas de martirio,&lt;br /&gt;cuerpo de nube en forma de delirio,&lt;br /&gt;alba en la frente y noche en la melena.&lt;br /&gt;Cima de las más altas hermosuras,&lt;br /&gt;sima de las más hondas amarguras,&lt;br /&gt;Palma de luz, Panal de maravilla.&lt;br /&gt;Dolorosa doncella delicada.&lt;br /&gt;Gloria de un pueblo. Reina Coronada.&lt;br /&gt;¡Virgen de la Amargura de Sevilla!”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;VI Sanedrín. De Anás a Caifás. De Herodes a Pilato. La Sentencia y la Macarena&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;DESDE Caifás hasta Anás&lt;br /&gt;y de Herodes a Pilato,&lt;br /&gt;va Jesús de Nazareth&lt;br /&gt;de sus ropas despojado,&lt;br /&gt;insultado, despreciado&lt;br /&gt;desde su frente a su pie,&lt;br /&gt;injustamente juzgado,&lt;br /&gt;sentenciado y condenado&lt;br /&gt;a muerte en Jerusalén,&lt;br /&gt;el pueblo aquél donde ayer&lt;br /&gt;justamente fue aclamado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(La Bofetá)&lt;br /&gt;¿Cómo pudiste tú a Cristo,&lt;br /&gt;sayón, abofetear?&lt;br /&gt;¿Y por qué lo hiciste, insisto?&lt;br /&gt;¿tu mano cayó segada&lt;br /&gt;o se te quedó por siempre&lt;br /&gt;en el aire levantada?&lt;br /&gt;¿Cómo pudiste, sicario,&lt;br /&gt;a Cristo abofetear?&lt;br /&gt;¿Quién te podrá perdonar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con qué humildad, qué paciencia,&lt;br /&gt;y en una piedra sentado,&lt;br /&gt;un Cordero inmaculado&lt;br /&gt;–¡Hijo de la Providencia!–&lt;br /&gt;oye su injusta sentencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿En dónde están las saetas&lt;br /&gt;de la Sevilla de ayer?&lt;br /&gt;¿Y aquellas formas extintas&lt;br /&gt;de San Pedro, Cuarta, Quinta,&lt;br /&gt;saetas sin melodía&lt;br /&gt;como el maestro Marchena&lt;br /&gt;las llamaba y las decía?…&lt;br /&gt;“Pilato por no perder&lt;br /&gt;el destino que tenía,&lt;br /&gt;firmó sentencia cruel&lt;br /&gt;contra el divino Mesías.&lt;br /&gt;Lavó sus manos después”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde están los saeteros&lt;br /&gt;de mi Sevilla de ayer?&lt;br /&gt;¿Dónde está el Pinto y Centeno,&lt;br /&gt;El Gloria, El Torre o aquél&lt;br /&gt;Vallejo, la voz, la esencia&lt;br /&gt;que cantaba aquello de:&lt;br /&gt;“Oíd la injusta sentencia&lt;br /&gt;que entre Herodes y Pilato&lt;br /&gt;impusieron a Jesús&lt;br /&gt;poniendo testigos falsos:&lt;br /&gt;¡Azote y muerte de Cruz!”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y por qué muerte de Cruz&lt;br /&gt;a quien es del mundo Luz?&lt;br /&gt;¿Por qué la afrenta, el quebranto&lt;br /&gt;si como Él nunca habrá dos?&lt;br /&gt;¡Ay madre tras tu Hijo en pos,&lt;br /&gt;recúbrele con tu manto&lt;br /&gt;su cuerpo de marfil santo!&lt;br /&gt;Hijo del alba del llanto,&lt;br /&gt;hijo de Virgen y Dios&lt;br /&gt;¡Santo, Santo,&lt;br /&gt;Santo, Santo!&lt;br /&gt;(La Macarena)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y detrás su Macarena,&lt;br /&gt;madre-perla de San Gil,&lt;br /&gt;nazarena de la pena&lt;br /&gt;de rosacielo y marfil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deja, Madre, que te glose&lt;br /&gt;aquella oración que reza:&lt;br /&gt;“Bendita sea tu Pureza”&lt;br /&gt;–espinela que aún me enciela–&lt;br /&gt;que enseñaban nuestras madres&lt;br /&gt;aprendida de la abuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Macarena de alma herida,&lt;br /&gt;Virgen y madre castísima,&lt;br /&gt;Ave María Purísima&lt;br /&gt;sin pecado concebida.&lt;br /&gt;Porque fuiste bendecida&lt;br /&gt;allá en Belén de Judea,&lt;br /&gt;porque en tu milagro crea&lt;br /&gt;toda la naturaleza,&lt;br /&gt;“Bendita sea tu pureza&lt;br /&gt;y eternamente lo sea”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién dirá que tu tortura&lt;br /&gt;de hoy, mañana será gloria?&lt;br /&gt;¿Quién recuerda, qué memoria&lt;br /&gt;pudo soñar tal ventura?&lt;br /&gt;¿Quién que tan santa hermosura&lt;br /&gt;revistiera de pobreza?&lt;br /&gt;Sólo tú a quien roza y reza&lt;br /&gt;tanto cuanto te rodea:&lt;br /&gt;“Pues todo un Dios se recrea&lt;br /&gt;en tan graciosa belleza”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevillanísima pura,&lt;br /&gt;filigrana de donaire&lt;br /&gt;que das al arco del aire&lt;br /&gt;lecciones de arquitectura.&lt;br /&gt;En torno de tu figura&lt;br /&gt;Sevilla se hace poesía,&lt;br /&gt;mientras que la angelería&lt;br /&gt;pies de raso y rosa besa.&lt;br /&gt;“A ti celestial princesa,&lt;br /&gt;Virgen sagrada María”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperanza de bondades,&lt;br /&gt;recibe amante la oferta&lt;br /&gt;de mi voz cierta en la abierta&lt;br /&gt;paz de tus eternidades.&lt;br /&gt;Airosa palma de Cades,&lt;br /&gt;azucena de Sión,&lt;br /&gt;a Ti como una oración&lt;br /&gt;en labios de Andalucía:&lt;br /&gt;“Yo te ofrezco en este día&lt;br /&gt;alma, vida y corazón”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿No ves que el mundo me llama&lt;br /&gt;y no sabré volver luego,&lt;br /&gt;que me alejo frío y ciego&lt;br /&gt;y tu nombre me reclama?&lt;br /&gt;convierte mi yelo en llama,&lt;br /&gt;– Macarena Virgen mía–&lt;br /&gt;da a mi tristeza alegría&lt;br /&gt;y a mi pecado perdón.&lt;br /&gt;“Mírame con compasión,&lt;br /&gt;no me dejes, madre mía”.&lt;br /&gt;(Final saetero)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracia Montes, la Moreno,&lt;br /&gt;Mercedes, Pili, Angelita,&lt;br /&gt;voces fieles al poeta,&lt;br /&gt;tened, ya las tengo escritas,&lt;br /&gt;para Ella, mis saetas:&lt;br /&gt;Al laíto de San Gil&lt;br /&gt;mora la Mare de Dios,&lt;br /&gt;tiene la cara morena&lt;br /&gt;y partío el corazón&lt;br /&gt;¡Mi esperanza Macarena!&lt;br /&gt;Ni la rosa en el rosal,&lt;br /&gt;ni el clavel ni la azucena,&lt;br /&gt;podrán siquiera imitar&lt;br /&gt;tu cara en flor, Macarena&lt;br /&gt;llorando en la madrugá.&lt;br /&gt;La noche se te arrodilla,&lt;br /&gt;te corona la mañana.&lt;br /&gt;¡Quién secara tu mejilla,&lt;br /&gt;Niña de la Resolana,&lt;br /&gt;Esperanza de Sevilla!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;VII Jesús ante el pueblo. El atado a la columna, Flagelación. Coronación de espinas. La Victoria&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;REVIVIMOS la Pasión&lt;br /&gt;por las calles de Sevilla&lt;br /&gt;–azotes, flagelación–&lt;br /&gt;y con la voz de rodilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué triste y solo caminas,&lt;br /&gt;moreno junco apenado,&lt;br /&gt;qué triste y solo caminas,&lt;br /&gt;de tu sangre salpicado,&lt;br /&gt;de cordeles amarrado&lt;br /&gt;y coronado de espinas,&lt;br /&gt;tu perfil atormentado&lt;br /&gt;reflejado en las esquinas.&lt;br /&gt;Mi Señor de San Esteban,&lt;br /&gt;dale a mi vida salud,&lt;br /&gt;y en mi último viaje,&lt;br /&gt;donde me baje, estés Tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi Señor de San Benito&lt;br /&gt;–el corazón en un grito–&lt;br /&gt;al Jesús medio desnudo,&lt;br /&gt;con clámide y maniatado,&lt;br /&gt;Pilato lo enseña al pueblo&lt;br /&gt;de soldados rodeado.&lt;br /&gt;¡Si este hombre nada ha hecho!&lt;br /&gt;¡Crucifícalo! gritaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y amarrado a una columna,&lt;br /&gt;latigazo viene y va,&lt;br /&gt;Los Remedios saca un Cristo&lt;br /&gt;que hace a las piedras llorar.&lt;br /&gt;¡Lo juro porque lo he visto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miradlo por dónde va,&lt;br /&gt;entre sayones romanos,&lt;br /&gt;nublaíta la mirá,&lt;br /&gt;maniataitas las manos&lt;br /&gt;y la espalda ensangrentá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una saeta de mi Arcos&lt;br /&gt;quiero en su pecho clavar,&lt;br /&gt;–saeta de amor de mi pueblo&lt;br /&gt;para su espalda sagrá–:&lt;br /&gt;“Buen pastor, manso cordero,&lt;br /&gt;duros látigos de acero&lt;br /&gt;te crujen sobre la piel,&lt;br /&gt;y cada vez que recrujen&lt;br /&gt;nace en tu espalda un clavel”.&lt;br /&gt;¡Ay Virgen de la Victoria!&lt;br /&gt;¿Qué harás tú Reina y Señora&lt;br /&gt;para vencer tu dolor,&lt;br /&gt;divina vencida flor&lt;br /&gt;de tu pena vencedora?&lt;br /&gt;¿Cómo ganar, madre, ahora&lt;br /&gt;la batalla a la tristeza?&lt;br /&gt;¿Quién te da esa fortaleza,&lt;br /&gt;esa entereza ilusoria?&lt;br /&gt;Capitana de belleza&lt;br /&gt;¿por qué te llama Victoria&lt;br /&gt;Sevilla cuando te reza?…&lt;br /&gt;Que a la Virgen la Victoria&lt;br /&gt;le dicen “La Cigarrera”&lt;br /&gt;y según cuenta la historia&lt;br /&gt;y sabe Sevilla entera&lt;br /&gt;quien la mira ve la Gloria.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;VIII Nazarenos por la calle La Amargura.Las Tres Caídas. Canto a La Paz. Vírgenes de Triana&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Y de Victoria en Victoria&lt;br /&gt;–nos revivimos– la historia&lt;br /&gt;de aquel divino Jesús&lt;br /&gt;y un pueblo –herida memoria–&lt;br /&gt;que a su Dios le habla de tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre mío de la Victoria,&lt;br /&gt;bendito padre Jesús,&lt;br /&gt;dos sayones te colocan&lt;br /&gt;sobre tus hombros la cruz,&lt;br /&gt;esa cruz, –mano adelante–&lt;br /&gt;que ilumina tu semblante&lt;br /&gt;mientras la recibes tú.&lt;br /&gt;¿Y tu madre, dónde está?&lt;br /&gt;Virgen santa de la Paz.&lt;br /&gt;Rezad por ella, rezad…&lt;br /&gt;por ella os pido: escuchad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Soneto blanco, saetas y soleá)&lt;br /&gt;La letra P mirádla aquí en mi frente,&lt;br /&gt;la P de pan, la letra más del pueblo,&lt;br /&gt;la P de padre y pobre y pena y patria,&lt;br /&gt;la letra que promete primavera.&lt;br /&gt;La primera en la frente. la segunda,&lt;br /&gt;la A de angustia, de amargor, de ausencia,&lt;br /&gt;dejadme convertirla en alegría,&lt;br /&gt;en letra A de amor para la boca.&lt;br /&gt;La tercera en el pecho, hablo de cruces,&lt;br /&gt;hablo de guerras y de camposantos,&lt;br /&gt;de la Z que encierra la ceniza.&lt;br /&gt;Tres letras son y están en la esperanza.&lt;br /&gt;Vénzanos la blancura de su nombre&lt;br /&gt;y vuele por los cielos su paloma.&lt;br /&gt;Paloma que cruza el Parque.&lt;br /&gt;Luz que en el Porvenir brilla,&lt;br /&gt;tienes de jazmín el talle;&lt;br /&gt;tú eres la Paz de Sevilla&lt;br /&gt;y la primera en la calle.&lt;br /&gt;Que no roce ni una flor&lt;br /&gt;ni se le enganche un varal,&lt;br /&gt;que no roce ni una flor.&lt;br /&gt;Ten cuidado capataz&lt;br /&gt;que esa es la madre de Dios&lt;br /&gt;y mi Virgen de la Paz.&lt;br /&gt;Reina de los cielos eres&lt;br /&gt;Madre de Dios de la Paz,&lt;br /&gt;bendita entre las mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tarde triste. Noche oscura.&lt;br /&gt;Ahí va Jesús Nazareno&lt;br /&gt;por su calle de amargura.&lt;br /&gt;Cargao con las culpas mías,&lt;br /&gt;las de aquél y las de tóos,&lt;br /&gt;lleno de espinos y espinas,&lt;br /&gt;Nazareno de la O,&lt;br /&gt;a tu calvario caminas.&lt;br /&gt;(Madre y tu letra en mi voz.&lt;br /&gt;qué aliento o soplo o anhelo&lt;br /&gt;te ungió y te nombró “La O”;&lt;br /&gt;qué amor de Paloma en vuelo,&lt;br /&gt;que en tu Hijo el Redentor&lt;br /&gt;estás, cómo está en el cielo&lt;br /&gt;el Santo nombre de Dios.)&lt;br /&gt;Pasión, mi Dios andariego,&lt;br /&gt;para un poquito el andar,&lt;br /&gt;que si vuelves la cabeza&lt;br /&gt;verás tu pueblo detrás&lt;br /&gt;cumpliéndote la promesa.&lt;br /&gt;Nazareno de Sevilla,&lt;br /&gt;Padre Jesús de Pasión.&lt;br /&gt;Ante tu nombre se humilla&lt;br /&gt;y ante tu paso, arrodilla&lt;br /&gt;Sevilla su corazón.&lt;br /&gt;Merced, mi virgen bonita,&lt;br /&gt;fuente del divino llanto.&lt;br /&gt;Déjame ver tu carita&lt;br /&gt;entre el raso de tu manto&lt;br /&gt;por San Juan consolaíta.&lt;br /&gt;Con la cara ensangrentá,&lt;br /&gt;pálido de luna llena,&lt;br /&gt;miradlo por dónde va,&lt;br /&gt;Padre Jesús de las Penas,&lt;br /&gt;caído en la madrugá.&lt;br /&gt;Lleno de santo quebranto&lt;br /&gt;y empapao en suor frío,&lt;br /&gt;caío que no alevanto&lt;br /&gt;pasa por el laíto mío&lt;br /&gt;el Señor del lunes santo.&lt;br /&gt;Ay Dolores, dolorosa,&lt;br /&gt;dolorida, la doliente,&lt;br /&gt;yo nunca podré olvidar&lt;br /&gt;aquella entrá en San Vicente&lt;br /&gt;salpicaíta de azahar&lt;br /&gt;y del llanto de la gente.&lt;br /&gt;(El Silencio y la Concepción)&lt;br /&gt;Mirad, ahí pasa el Silencio,&lt;br /&gt;el de la cruz al revés,&lt;br /&gt;el mejor de los nacíos&lt;br /&gt;de la cabeza a los pies,&lt;br /&gt;perdone Él mis desvaríos.&lt;br /&gt;¿Es Palestrina o Marencio&lt;br /&gt;quien dirige ese concierto&lt;br /&gt;del coro de serafines&lt;br /&gt;del Silencio, en el silencio&lt;br /&gt;de la calle Placentines?&lt;br /&gt;Virgen de la Concepción&lt;br /&gt;ante ti mi alma rendida&lt;br /&gt;y en tus mejillas ardidas&lt;br /&gt;siete lágrimas prendidas.&lt;br /&gt;Para ti rosa encendida&lt;br /&gt;madre y maestra&lt;br /&gt;mi oración.&lt;br /&gt;Limpia y pura Concepción&lt;br /&gt;sin pecado concebida,&lt;br /&gt;preservada y protegida&lt;br /&gt;–desde antes de nacida,&lt;br /&gt;¡única en la creación!–&lt;br /&gt;doncella ayer escogida&lt;br /&gt;de virginal relicario&lt;br /&gt;–urna maternal, sagrario–&lt;br /&gt;del cuerpo vivo de Dios.&lt;br /&gt;Y hoy –¡ay!– de tu Hijo en pos,&lt;br /&gt;romera en su romería,&lt;br /&gt;flor llorosa en su agonía,&lt;br /&gt;pasionaria en su pasión,&lt;br /&gt;Inmaculada María,&lt;br /&gt;Concepción del alma mía,&lt;br /&gt;Purísima Concepción.&lt;br /&gt;(Nazareno y Virgen del Valle)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paso a paso, calle a calle,&lt;br /&gt;Nazareno, flor de Valle,&lt;br /&gt;mano al frente y cruz a cuestas,&lt;br /&gt;en la Vía de la Amargura&lt;br /&gt;–¿Sierpes dije?– en hora oscura&lt;br /&gt;el hijo a su madre encuentra.&lt;br /&gt;El hijo lleva la cruz&lt;br /&gt;pero a su madre le pesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Implorante y de rodillas&lt;br /&gt;a los pies del galileo&lt;br /&gt;la santa mujer Verónica&lt;br /&gt;le enjuga el rostro. ¿Y qué veo?…&lt;br /&gt;“Mujer de la frente erguida&lt;br /&gt;y la mirar azulada.&lt;br /&gt;Doncella desconsolada&lt;br /&gt;por consolar una vida,&lt;br /&gt;por aliviar tanta herida.&lt;br /&gt;Por eso, por ese anhelo,&lt;br /&gt;la noche de su amargura&lt;br /&gt;Jesús dejó la dulzura&lt;br /&gt;de su rostro en tu pañuelo”.&lt;br /&gt;¡Pintores los de Sevilla,&lt;br /&gt;copiadle la Faz al cielo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y a ti Valle qué te digo,&lt;br /&gt;–Dolorosa de ojos verdes–&lt;br /&gt;jardinera nazarena?&lt;br /&gt;A ti madre, te dedico&lt;br /&gt;mi oración hecha saeta:&lt;br /&gt;Divina rosa del valle,&lt;br /&gt;cala, jazmín, azucena.&lt;br /&gt;Rosa divina del valle,&lt;br /&gt;cómo siendo tú tan buena&lt;br /&gt;el que te busca te halle&lt;br /&gt;en la casa de la Pena.&lt;br /&gt;“Ni en la casita, madre, de la Pena&lt;br /&gt;ya no te quieren a ti,&lt;br /&gt;porque la tuya es más grande&lt;br /&gt;que las que habitan allí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Recuerdo a Don Vicente.&lt;br /&gt;Oración, fragmento)&lt;br /&gt;Semana Santa en Sevilla&lt;br /&gt;músicos de mi niñez,&lt;br /&gt;de mi hoy y de mi ayer&lt;br /&gt;que en mi pecho se arrodillan,&lt;br /&gt;desde Eslava a Abel Moreno,&lt;br /&gt;desde Pantión a la Serna,&lt;br /&gt;de López Farfán a Braña…&lt;br /&gt;Hoy por ellos mi alma reza.&lt;br /&gt;Que un músico de Sevilla&lt;br /&gt;que vivió en mi misma calle,&lt;br /&gt;–frente a mi primera escuela&lt;br /&gt;Maestro Gómez Zarzuela–&lt;br /&gt;mi Falla particular,&lt;br /&gt;tanto me habló de ti, Valle,&lt;br /&gt;que aún en mi memoria brilla.&lt;br /&gt;Un músico de Sevilla,&lt;br /&gt;por él, ahora, mi rezar:&lt;br /&gt;Por él te pido, Madre, por el hombre&lt;br /&gt;que a Sierpes convirtiera en Corredera,&lt;br /&gt;que vivió en Arcos, creó, murió y quedose&lt;br /&gt;arco fiel de la piedra hasta la estrella.&lt;br /&gt;Te pido por su azul mundo de arte,&lt;br /&gt;por sus zorcicos y sus tarantelas&lt;br /&gt;y por sus salves y sus letanías,&lt;br /&gt;sus villancicos a mis nochebuenas,&lt;br /&gt;sus coplas al Señor de las Caídas,&lt;br /&gt;por su banda tocando su “Saeta”.&lt;br /&gt;Te pido por su Himno de las Nieves&lt;br /&gt;y por su misa a coro y gran orquesta,&lt;br /&gt;por sus benditos y sus misereres,&lt;br /&gt;por la música sacra de un poeta.&lt;br /&gt;Madre, por él te pido, por sus dedos&lt;br /&gt;sobre el arpa de oro de mi Peña,&lt;br /&gt;y porque supo, en realidad y ensueño,&lt;br /&gt;hacer de roca en sol música eterna.&lt;br /&gt;Te pido Valle, en fin, por la sonrisa&lt;br /&gt;del maestro-bondad, Gómez Zarzuela,&lt;br /&gt;que compuso la marcha más divina&lt;br /&gt;que la Madre de Dios tenga en la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las calles de Sevilla&lt;br /&gt;caminando va Jesús;&lt;br /&gt;se le doblan las rodillas.&lt;br /&gt;Y un centurión a caballo&lt;br /&gt;–¡mirad!– señalándole&lt;br /&gt;el camino hacia el calvario.&lt;br /&gt;Esperanza, luz y guía,&lt;br /&gt;Triana evoca tu fe.&lt;br /&gt;¡Qué hiel que te amargaría&lt;br /&gt;viendo a tu Hijo caer&lt;br /&gt;que nadie le socorría!&lt;br /&gt;(Y abriéndose paso, pasa,&lt;br /&gt;¡es José de la Tomasa!&lt;br /&gt;“Pará el Paso”, va a cantar.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sienes llevas herías&lt;br /&gt;de esa cruz de culpas mías&lt;br /&gt;y agotaito te veo.&lt;br /&gt;Cristo de las tres caías,&lt;br /&gt;quiero ser tu cirineo.&lt;br /&gt;Siempre que miro a la cara&lt;br /&gt;de Jesús bajo el maero,&lt;br /&gt;pregunto al corazón mío:&lt;br /&gt;¿qué pensará el Nazareno&lt;br /&gt;cuando me ve a mí caío?&lt;br /&gt;Esperanza, mare mía,&lt;br /&gt;cara de virgen gitana,&lt;br /&gt;mira mi voz encendía&lt;br /&gt;pidiéndote en La Campana&lt;br /&gt;por la abuela Andalucía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuentan que Señá Santa Ana&lt;br /&gt;le dice a su trianerilla,&lt;br /&gt;cuando le besa la frente:&lt;br /&gt;–Esperancilla, chiquilla,&lt;br /&gt;que cuando cruces el puente&lt;br /&gt;no te entretenga Sevilla&lt;br /&gt;¡Tú sabes cómo es tu gente!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperanza que alumbras la Carrera,&lt;br /&gt;saeta tú por Pureza y por Castilla&lt;br /&gt;capitana trianera marinera,&lt;br /&gt;carcelera del barrio y seguiriya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santa soleá gitana,&lt;br /&gt;madre de Dios alfarero,&lt;br /&gt;hija de Señá Santa Ana,&lt;br /&gt;esposa de un carpintero&lt;br /&gt;y Esperanza de Triana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(NAZARENOS TRAS LA SEGUNDA CAÍDA)&lt;br /&gt;Calle Amargura adelante,&lt;br /&gt;va Jesús el galileo,&lt;br /&gt;el divino caminante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Salud. Candelaria)&lt;br /&gt;Padre mío de la Salud&lt;br /&gt;con tu cruz, pasito a paso,&lt;br /&gt;oro sobre lirio raso,&lt;br /&gt;lirio de silencio en flor,&lt;br /&gt;lirio del alba en ocaso,&lt;br /&gt;Tú eres el lirio mayor&lt;br /&gt;de los lirios de tu paso.&lt;br /&gt;¡Salud te pido Señor!&lt;br /&gt;Señor mío de la Salud&lt;br /&gt;vaya por ti mi plegaria.&lt;br /&gt;Si a los ciegos diste luz&lt;br /&gt;por tu madre Candelaria&lt;br /&gt;alúmbrame, siempre, Tú.&lt;br /&gt;Y ten tú, madre, la vela.&lt;br /&gt;Tu estar en vela consuela&lt;br /&gt;¿No oyes cantar serafines,&lt;br /&gt;querubes y querubines?&lt;br /&gt;Te llevan por Los Jardines&lt;br /&gt;camino a San Nicolás.&lt;br /&gt;Candelaria entre candelas,&lt;br /&gt;llorando por tu Hijo vas&lt;br /&gt;y te ahogan tus duquelas.&lt;br /&gt;(Los Gitanos)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Manué, bendito Jesús,&lt;br /&gt;permíteme que en mi vida,&lt;br /&gt;me levante como tú&lt;br /&gt;detrás de cada caída.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con espinas en la frente,&lt;br /&gt;esa Cruz entre las manos&lt;br /&gt;y sangre por la mejilla,&lt;br /&gt;el Señor de los Gitanos&lt;br /&gt;hace llorar a Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que no le muevan la Cruz.&lt;br /&gt;Que lo lleven muy despacio&lt;br /&gt;y no le muevan la Cruz,&lt;br /&gt;porque le sangran las manos&lt;br /&gt;a ese andarrío Jesús,&lt;br /&gt;Bato de tóos los gitanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Morena de mimbre el talle,&lt;br /&gt;canastera de Sevilla,&lt;br /&gt;que la soleá se calle,&lt;br /&gt;la toná y la seguiriya&lt;br /&gt;que Angustias está en la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucero nuevo del Valle,&lt;br /&gt;carita de nazarena,&lt;br /&gt;mi Reina de San Román.&lt;br /&gt;Del palio a la canastilla&lt;br /&gt;tú eres la rosa encarná&lt;br /&gt;más gitana de Sevilla.&lt;br /&gt;(TERCERA CAÍDA)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con sudor frío y descalzo&lt;br /&gt;sigue andando el buen Jesús.&lt;br /&gt;Las fuerzas le van faltando.&lt;br /&gt;Ya no puede con su cruz&lt;br /&gt;y un hombre le va ayudando.&lt;br /&gt;(Nunca supo Simón el de Cirene,&lt;br /&gt;el humilde granjero de piel recia&lt;br /&gt;que aquél madero abierto a la agonía&lt;br /&gt;era el mundo pesándole en los brazos.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres veces cayó en el suelo&lt;br /&gt;y otras tres se levantó&lt;br /&gt;¿Quién consuela el desconsuelo&lt;br /&gt;del que en el suelo cayó,&lt;br /&gt;siendo rey de suelo y cielo?&lt;br /&gt;Loreto, madre de Dios,&lt;br /&gt;toma mis versos, mis preces,&lt;br /&gt;por tu Hijo el Redentor&lt;br /&gt;que a tierra cayó tres veces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres tropiezos, tres herías,&lt;br /&gt;tres golpes de sangre en flor,&lt;br /&gt;tres horitas de agonía,&lt;br /&gt;tres Marías y un amor,&lt;br /&gt;Cristo de las tres caías,&lt;br /&gt;levanta, levántanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi placita de San Roque&lt;br /&gt;con el de mis Penas dentro.&lt;br /&gt;¡Gracia y Esperanza! Casa,&lt;br /&gt;donde cuando paso, entro.&lt;br /&gt;(Aquí, ya, mi Gran Poder)&lt;br /&gt;Y de pronto, otra saeta&lt;br /&gt;que rasga la piel del cielo&lt;br /&gt;¿Es Mairena?… ¡Es Caracol!&lt;br /&gt;cantando desde el recuerdo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pinceles al viento...&lt;br /&gt;que no hay pintores que pinten&lt;br /&gt;la plaza de San Lorenzo,&lt;br /&gt;ni tu cara, Gran Poder,&lt;br /&gt;en tan profundo silencio”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sale el Señor de Sevilla.&lt;br /&gt;pasa “el paso” a paso lento&lt;br /&gt;y una muchedumbre ansiosa&lt;br /&gt;contiene, muda, el aliento.&lt;br /&gt;Dos filas de encapuchados&lt;br /&gt;–luto y esparto– viniendo,&lt;br /&gt;mientras que su capataz&lt;br /&gt;da en bronce tres golpes secos&lt;br /&gt;y lloran saetas hondas&lt;br /&gt;las cuatro esquinas del viento.&lt;br /&gt;(Gran Poder bendito,&lt;br /&gt;bendice a tu pueblo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cargado va con su Cruz&lt;br /&gt;el rey de los nazarenos,&lt;br /&gt;por espinas en las sienes&lt;br /&gt;lleva cinco o seis luceros.&lt;br /&gt;(Alumbra mi noche,&lt;br /&gt;sol de San Lorenzo.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre varales de plata&lt;br /&gt;con siete cuchillos dentro,&lt;br /&gt;bajo un palio de ocho estrellas&lt;br /&gt;y nueve lunas de un sueño,&lt;br /&gt;llorando a lágrima viva&lt;br /&gt;su madre lo va siguiendo.&lt;br /&gt;Mayor Dolor y Traspaso&lt;br /&gt;mayor no lo tuvo un pecho.&lt;br /&gt;(Vela por España&lt;br /&gt;Gran Poder del cielo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ninguno de los que no&lt;br /&gt;cumplen tus diez mandamientos,&lt;br /&gt;ni ninguno entre los once&lt;br /&gt;de los que no te vendieron&lt;br /&gt;o uno sí, un pueblo, uno&lt;br /&gt;quiere ser tu cirineo&lt;br /&gt;(Apoya en Sevilla,&lt;br /&gt;Jesús, tu madero.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que al rey de las doce tribus&lt;br /&gt;de Israel, al rey sin cetro,&lt;br /&gt;al joven que de sufrir,&lt;br /&gt;miradle, parece un viejo,&lt;br /&gt;Sevilla le va ayudando&lt;br /&gt;a llevar su cruz, un pueblo&lt;br /&gt;que quiere que reine en él&lt;br /&gt;aunque sea viernes el tiempo.&lt;br /&gt;(Oye esta plegaria&lt;br /&gt;Gran Poder eterno.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Madrugada en La Campana,&lt;br /&gt;cuando resuenan los ecos,&lt;br /&gt;cuando se afilan los fríos,&lt;br /&gt;cuando hasta se oye el silencio&lt;br /&gt;cuando una saeta hiriente&lt;br /&gt;se va clavando en tu pecho:&lt;br /&gt;alza tu mano gloriosa&lt;br /&gt;de ese pesado madero&lt;br /&gt;y bendícenos a todos&lt;br /&gt;mi Gran Poder nazareno&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con los cinco sentíos&lt;br /&gt;en su “Andalucía a compás”,&lt;br /&gt;por encima del gentío&lt;br /&gt;se siente el eco sentío&lt;br /&gt;del pregonero al gritar:&lt;br /&gt;El poder y el poderío&lt;br /&gt;por el mundo viene y va,&lt;br /&gt;siendo el Gran Poder el mío,&lt;br /&gt;el que en San Lorenzo está&lt;br /&gt;de moraíto vestío.&lt;br /&gt;(Jesús Despojado. Señor de las Penas.La Estrella.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya el Gólgota. Y Él arriba,&lt;br /&gt;erguido pero abatido,&lt;br /&gt;despojado, desvestido.&lt;br /&gt;Todo un Dios en carne viva;&lt;br /&gt;seco el labio, sin saliva,&lt;br /&gt;y alguien va y le ofrece hiel.&lt;br /&gt;El frío eriza su piel.&lt;br /&gt;Una cruz le van subiendo&lt;br /&gt;y una madre está pidiendo&lt;br /&gt;“Misericordia” por Él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre Jesús de la Penas&lt;br /&gt;en una piedra sentao;&lt;br /&gt;esperando en el Calvario&lt;br /&gt;para ser crucificao,&lt;br /&gt;vendío por treinta denarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Verlo me da escalofrío,&lt;br /&gt;mientras se juegan las prendas&lt;br /&gt;del Dios rey de los judíos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién era aquella doncella&lt;br /&gt;divinamente de duelo?&lt;br /&gt;¿Es la Virgen de la Estrella?&lt;br /&gt;Tenía en su mano un pañuelo&lt;br /&gt;y era tres mil veces bella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que una Estrella reluciente&lt;br /&gt;cruza el cielo de Sevilla.&lt;br /&gt;Ilumina a toa la gente.&lt;br /&gt;Más que sol y luna brilla&lt;br /&gt;y le dicen “La Valiente”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Recuerdo a la Niña de la Alfalfa)&lt;br /&gt;Tengo en mi mente grabada&lt;br /&gt;una promesa cantada.&lt;br /&gt;De niño la oí un vez.&lt;br /&gt;San Jacinto y madrugada&lt;br /&gt;“Niña de la Alfalfa” fue.&lt;br /&gt;En un balcón, su silueta,&lt;br /&gt;mano en vilo y pena quieta&lt;br /&gt;y la voz rota de llanto.&lt;br /&gt;De aquél día me acuerdo tanto&lt;br /&gt;que aún recito su saeta:&lt;br /&gt;“Madre mía de la Estrella,&lt;br /&gt;en ti yo tengo mi fe.&lt;br /&gt;Tu Estrella guía mi vía,&lt;br /&gt;por eso te cantaré&lt;br /&gt;tó los años este día”.&lt;br /&gt;Desde tu balcón del cielo,&lt;br /&gt;este año, cántale…&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;IX Los Cristos del Gólgota. –Exaltación– Poema de Las Siete Lágrimas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Y en otra piedra sentado&lt;br /&gt;ved, esperando al Maestro&lt;br /&gt;para ser crucificado.&lt;br /&gt;Divina crucifixión.&lt;br /&gt;Y sobre Sión te alzaron&lt;br /&gt;¡Cristo de La Exaltación!&lt;br /&gt;Alzado, exaltado, ¡Tú!&lt;br /&gt;centro del orbe. Alfa y Fin.&lt;br /&gt;Norte y Sur, Jerusalén.&lt;br /&gt;Cristocéntrico Jesús&lt;br /&gt;cantó Teilhard de Chardin.&lt;br /&gt;–“Cuando me alcen sobre el mundo&lt;br /&gt;todo lo atraeré hacia mí”.&lt;br /&gt;Esto se le oyó decir&lt;br /&gt;en suspiro tan profundo&lt;br /&gt;que nadie oyó su gemir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué noche en qué plazoleta&lt;br /&gt;sevillana y recoleta&lt;br /&gt;y qué Cristo le inspiró?&lt;br /&gt;¿Exaltación, Fundación,&lt;br /&gt;Redención o Salvación?&lt;br /&gt;¿Qué ideal crucificado&lt;br /&gt;le dictó aquella saeta&lt;br /&gt;que salió del corazón&lt;br /&gt;del pregonero poeta&lt;br /&gt;y se clavó en su costado?&lt;br /&gt;¿Qué rezaba aquél cantar?&lt;br /&gt;Enclavado en el madero&lt;br /&gt;de la mayor soledad,&lt;br /&gt;el hijo del carpintero&lt;br /&gt;con las dos manos clavás&lt;br /&gt;va abrazando al mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crucificados sedientos&lt;br /&gt;de amor y de sentimientos&lt;br /&gt;mientras sus ojos les brillan,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;pasan pasando tormentos&lt;br /&gt;por las calles de Sevilla:&lt;br /&gt;Cristo en sus Siete Palabras,&lt;br /&gt;eternos gritos de ayer;&lt;br /&gt;Santo Cristo de las Almas,&lt;br /&gt;Cristo santo de la Sed,&lt;br /&gt;Jesucristo el de las Aguas&lt;br /&gt;–guadalupano clavel–&lt;br /&gt;mira el dolor de tu madre&lt;br /&gt;arrodillado a tus pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Poema de las siete lágrimas.&lt;br /&gt;A Sebastián Santos Rojas)&lt;br /&gt;Caridad, mi Estrella bella,&lt;br /&gt;Señora de la Merced,&lt;br /&gt;Sol de la Carretería,&lt;br /&gt;Luna del Cerro. Mujer&lt;br /&gt;Dolorosa en San Vicente,&lt;br /&gt;la que Pena en San Andrés,&lt;br /&gt;mi Concepción, mi Refugio,&lt;br /&gt;mi Subterráneo, las diez&lt;br /&gt;Vírgenes con siete lágrimas&lt;br /&gt;que una a una os las conté;&lt;br /&gt;siete fuentes, siete joyas,&lt;br /&gt;lucecitas de la fe,&lt;br /&gt;siete cristalinas rosas&lt;br /&gt;que hoy yo quiero recoger&lt;br /&gt;en estos mis ojos secos&lt;br /&gt;ciegos ya de tanto ver;&lt;br /&gt;¡Ojos míos, lacrimarios,&lt;br /&gt;madreperlas de las diez!&lt;br /&gt;(Cristo de la Conversión y Montserrat&lt;br /&gt;La Lanzada. Poema de la Sed )&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristo de la Conversión,&lt;br /&gt;mi Cristo de la Salud&lt;br /&gt;en cruz y entre dos ladrones,&lt;br /&gt;bendito Cristo Jesús&lt;br /&gt;convirtiendo corazones&lt;br /&gt;y haciendo de sombras, luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre Dimas y Gestas&lt;br /&gt;crucificado,&lt;br /&gt;dime qué gesta es esta&lt;br /&gt;de un Dios clavado&lt;br /&gt;¿Juzgado un Dios,&lt;br /&gt;condenado por hombres,&lt;br /&gt;sin defensión?&lt;br /&gt;Y aún me sigo preguntando:&lt;br /&gt;¿Qué ley celeste&lt;br /&gt;es morir perdonando?&lt;br /&gt;¿Qué Dios es éste?…&lt;br /&gt;Y una gran voz rasgó los altos aires:&lt;br /&gt;¡Jesús de Nazareth!… moría la tarde&lt;br /&gt;y allá abajo, en penumbras, vigilantes,&lt;br /&gt;discípulos, mujeres… y una madre…&lt;br /&gt;Montserrat, madre bendita,&lt;br /&gt;quiero que sea risa el llanto&lt;br /&gt;de esa cara tan bonita,&lt;br /&gt;que si hoy es Viernes Santo&lt;br /&gt;el Domingo resucita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santo Cristo de las Aguas,&lt;br /&gt;Cristo vivo de la Sed,&lt;br /&gt;Cristo-Jesús de las Almas.&lt;br /&gt;¡Quién te diera de beber!&lt;br /&gt;¡Qué Remedios, qué Consuelos!&lt;br /&gt;podrá tu madre ofrecer,&lt;br /&gt;si aunque Virgen de las Aguas&lt;br /&gt;sólo tiene un agua amarga&lt;br /&gt;que es la fuente de sus lágrimas&lt;br /&gt;¿cómo te las da a beber&lt;br /&gt;si te aumentaría la sed?&lt;br /&gt;María de las Tristezas,&lt;br /&gt;virgen de lágrimas santas&lt;br /&gt;con sed tanta y penas tantas&lt;br /&gt;¿quién sacia su padecer?…&lt;br /&gt;(La Expiración del Museo)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por tu sagrada pasión&lt;br /&gt;sólo te pido un deseo,&lt;br /&gt;concédenos tu perdón,&lt;br /&gt;Santo Cristo del Museo,&lt;br /&gt;Cristo de la Expiración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién tu molde tiró al Río&lt;br /&gt;que al agua la hizo plata de luceros&lt;br /&gt;y navegó hasta el mar –qué escalofrío–&lt;br /&gt;a lomos de los peces costaleros?&lt;br /&gt;Pero tu original quedó presente.&lt;br /&gt;¡Oh Cristo del Museo!&lt;br /&gt;¡Oh Dios muriente!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasta santa de madera,&lt;br /&gt;¿de quién fue la inspiración&lt;br /&gt;que logró esa Expiración&lt;br /&gt;tan divina y verdadera?&lt;br /&gt;¿Fue el propio Marcos Cabrera&lt;br /&gt;o el propio aliento de Dios?&lt;br /&gt;¿Caería de rodillas&lt;br /&gt;como el poeta cayó&lt;br /&gt;una mañana en Sevilla&lt;br /&gt;glosando la maravilla&lt;br /&gt;de la anónima oración&lt;br /&gt;de qué Santos de Castilla?:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú que todo lo muerto lo renaces,&lt;br /&gt;abrázame Señor a tu costado.&lt;br /&gt;Pero cómo te digo que me abraces&lt;br /&gt;si estás para abrazar, crucificado.&lt;br /&gt;Tú que deshaces mundos y los haces&lt;br /&gt;convierte en largo llanto mi pecado&lt;br /&gt;y hasta ese mar de amor en el que yaces&lt;br /&gt;llegue mi amor a río desbordado.&lt;br /&gt;Que me puede Señor, que me tortura&lt;br /&gt;este verte morir y esta amargura&lt;br /&gt;bien me mueve mi Dios para quererte.&lt;br /&gt;Viviendo en Ti morirme es lo que pido,&lt;br /&gt;sin esperar a cambio de mi muerte&lt;br /&gt;ni el cielo que me tienes prometido.&lt;br /&gt;(El Cachorro y la Virgen del Patrocinio)&lt;br /&gt;El Señor está expirando&lt;br /&gt;y Sevilla es la oración&lt;br /&gt;que el poeta va rezando.&lt;br /&gt;Rezo por Juan de Mesa y Montañés&lt;br /&gt;por Roldán, Pedro Castro y por Cabrera,&lt;br /&gt;Vasallo, Ocampo y Llanes, por Castillo&lt;br /&gt;por Ruiz Gijón, aquel buril de Utrera.&lt;br /&gt;Permíteme, Cachorro, Cristo, ahora,&lt;br /&gt;dar gracias por mi Utrera, tu escultora.&lt;br /&gt;F ebril, vehemente, inquieto, así sería&lt;br /&gt;R ico de sí, si pobre entre la gente&lt;br /&gt;A sí fue el hombre, sí, artesanamente&lt;br /&gt;N iño en su barrio de Santa María.&lt;br /&gt;C omo un nuevo Jesús, carpinteando,&lt;br /&gt;I maginando lumbre imaginera&lt;br /&gt;S oñando su buril en la madera&lt;br /&gt;C achorros de Triana, así, soñando.&lt;br /&gt;O brero, ya maestro, ya en Sevilla&lt;br /&gt;R ubio aprendiz de aquél Andrés Cansino,&lt;br /&gt;Un escultor de Cristo, en el camino&lt;br /&gt;I nmortal de la Santa Maravilla.&lt;br /&gt;Z arzas o gubias hondas las heridas&lt;br /&gt;G loria al Jesús de los olivareros&lt;br /&gt;I a aquellos cireneos costaleros&lt;br /&gt;J unto a su Cristo de las Tres Caídas.&lt;br /&gt;O tro no hubiera en talla y corazón.&lt;br /&gt;N ació en Utrera y era Ruiz Gijón.&lt;br /&gt;¿Dónde está Manuel Mairena?&lt;br /&gt;que quiero que sea su voz&lt;br /&gt;la que cante mis saetas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo he visto y la voz la corro&lt;br /&gt;¡qué pena y qué maravilla!&lt;br /&gt;que hay un divino Cachorro&lt;br /&gt;que entre Triana y Sevilla&lt;br /&gt;se nos va muriendo a chorros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lirio abierto a la agonía&lt;br /&gt;sobre tu calvario en flor.&lt;br /&gt;Perdona mi vida impía,&lt;br /&gt;Cristo de la Expiración,&lt;br /&gt;Cachorro del alma mía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y dando un grito expiró:&lt;br /&gt;–“Toma mi espíritu Padre”&lt;br /&gt;y se le heló el sudor frío.&lt;br /&gt;Cristo va a morir. ¡Socorro!&lt;br /&gt;¡Cachorro mío, Cachorro,&lt;br /&gt;Cachorro, Cachorro mío!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y tu madre como está?&lt;br /&gt;¿Dónde está esa flor galana&lt;br /&gt;divina de tan humana?&lt;br /&gt;Azucena soberana.&lt;br /&gt;Trianera por Sevilla.&lt;br /&gt;Flor de la calle Castilla,&lt;br /&gt;Patrocinio de Triana,&lt;br /&gt;tras llorar tu destrucción&lt;br /&gt;te recreó, madre, el arte&lt;br /&gt;de Luis Álvarez Duarte,&lt;br /&gt;¡qué bien que te recreó!&lt;br /&gt;Quédate en mi corazón,&lt;br /&gt;–Virgen de mi devoción–,&lt;br /&gt;alba-luz de mi mañana.&lt;br /&gt;¡¡Bendíceme este pregón!!&lt;br /&gt;(Cristo muerto con su madre viva)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristo ha muerto. ¡Qué dolor!&lt;br /&gt;Ahí va el Cristo del Amor.&lt;br /&gt;Parece que pasa hablando.&lt;br /&gt;¿De qué ultracielos la voz?&lt;br /&gt;Descendí de mis brisas para verte&lt;br /&gt;y hasta herirme tu viento me fustiga,&lt;br /&gt;vino a traerte amor mi voz amiga&lt;br /&gt;y olvidando mi voz me diste muerte.&lt;br /&gt;Pero este inmenso amor y este saberte&lt;br /&gt;tan lejos de mi amor, a amor me obliga.&lt;br /&gt;Soy mosto de tu vid, pan de tu espiga&lt;br /&gt;y traigo al cambio un cielo que ofrecerte.&lt;br /&gt;Yo que vine sembrando primaveras,&lt;br /&gt;regando lluvias y encendiendo soles&lt;br /&gt;para que en tu verano recogieras.&lt;br /&gt;Hoy vuelvo a ti que abriste mi costado&lt;br /&gt;Cordero hasta tu altar porque me inmoles,&lt;br /&gt;Cristo Dios, por tu amor, crucificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí pasa mi Vera-Cruz&lt;br /&gt;“mi Vida, mi Verdad y mi Camino”.&lt;br /&gt;No que no es de porcelana,&lt;br /&gt;ni de cedro, ni de pino,&lt;br /&gt;ni de pasta sevillana,&lt;br /&gt;que este VeraCruz divino&lt;br /&gt;parece de carne humana.&lt;br /&gt;Capilla del Dulce Nombre,&lt;br /&gt;VeraCruz, mi Jesús yerto,&lt;br /&gt;mi saeta no es canción&lt;br /&gt;que es decirte, a grito abierto,&lt;br /&gt;Cristo muerto, mi oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la alta mar del gentío.&lt;br /&gt;Bajo un palio en negro y oro,&lt;br /&gt;verde y blanco el lucerío,&lt;br /&gt;va María de las Tristezas.&lt;br /&gt;Madre de Cristo Jesús.&lt;br /&gt;Hermosa talla entre flores&lt;br /&gt;detrás de su VeraCruz&lt;br /&gt;y mudos los ruiseñores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la Plaza La Campana,&lt;br /&gt;de Sevilla corazón&lt;br /&gt;detrás de un río enlutao,&lt;br /&gt;muerto de cruz viene Dios&lt;br /&gt;y abierto lleva el costado.&lt;br /&gt;Luna de la Parasceve,&lt;br /&gt;que alumbras mi Cristo muerto.&lt;br /&gt;Cristo mío del Calvario,&lt;br /&gt;pusiste a mi padre bueno,&lt;br /&gt;madrugá del viernes santo&lt;br /&gt;seré yo tu costalero.&lt;br /&gt;Y te cumplí mi promesa&lt;br /&gt;que te llevé en tu Vía-Crucis,&lt;br /&gt;a hombros por la Magdalena.&lt;br /&gt;De rodillas la saeta,&lt;br /&gt;el río y Sevilla entera,&lt;br /&gt;de rodillas la saeta.&lt;br /&gt;Toda Sevilla oración:&lt;br /&gt;que al borde de la mañana&lt;br /&gt;está mi Presentación,&lt;br /&gt;presente por La Campana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por San Benito grito y me emociono.&lt;br /&gt;Luz de Oriente en mi calle te pregono&lt;br /&gt;y en tu divina encarnación confío.&lt;br /&gt;Mi Cristo de la Sangre, te corono&lt;br /&gt;“Señor de las estrellas y los ríos”.&lt;br /&gt;Cristo del Desamparo y Abandono,&lt;br /&gt;de las Misericordias, ¡Cristo mío!&lt;br /&gt;“Señor mío y Dios mío”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jesús-Cristo acongojado&lt;br /&gt;sobre tu Gólgota en flor.&lt;br /&gt;¿De qué Longinos traidor&lt;br /&gt;la lanza te ha traspasado&lt;br /&gt;que te está manando –¡oh Dios!–&lt;br /&gt;sangre y agua del costado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristo ha muerto ¡qué clamor!&lt;br /&gt;Cristo de Burgos, Buen Fin,&lt;br /&gt;De la Caridad ya inerte,&lt;br /&gt;Santo Cristo del Calvario,&lt;br /&gt;Cristo de la Buena Muerte,&lt;br /&gt;–mi Cristo universitario–.&lt;br /&gt;¡Enseñadme a bien morir!&lt;br /&gt;Te lo pido por tu muerte,&lt;br /&gt;que otro año vuelva a verte,&lt;br /&gt;por mi vida te lo pido,&lt;br /&gt;dame salud, dame suerte,&lt;br /&gt;toma mis cinco sentidos&lt;br /&gt;y dame una buena muerte.&lt;br /&gt;Pídeselo tú, Señora&lt;br /&gt;virgen de la cara mustia,&lt;br /&gt;divina corredentora,&lt;br /&gt;soberana de la Angustia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pídeselo tú mi Guía,&lt;br /&gt;Diosa de la madrugada,&lt;br /&gt;Madre Hiniesta coronada,&lt;br /&gt;Virgen sagrada María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que sola y con mucha pena&lt;br /&gt;y en la Iglesia de San Pedro,&lt;br /&gt;hay una Palma morena&lt;br /&gt;que anda vestida de negro&lt;br /&gt;y parece una azucena.&lt;br /&gt;¿Qué mirar me da la calma?&lt;br /&gt;¿Qué Cristo mira hacia el suelo?&lt;br /&gt;¿Qué cara me arroba el alma?&lt;br /&gt;¡La que está mirando al cielo,&lt;br /&gt;madre de Dios de la Palma!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahora aquí mis letanías;&lt;br /&gt;letanías sevillanas&lt;br /&gt;con los nombres de María:&lt;br /&gt;De María de la Cabeza&lt;br /&gt;norte de mi Andalucía,&lt;br /&gt;Gracia, Esperanza y Amparo,&lt;br /&gt;Santa María del Buen Fin,&lt;br /&gt;soles, lunas, luces, faros&lt;br /&gt;para mi eterno vivir.&lt;br /&gt;María del Refugio,&lt;br /&gt;refúgiame&lt;br /&gt;en el Subterráneo&lt;br /&gt;de tu querer.&lt;br /&gt;Con todo Nisán a cuestas&lt;br /&gt;regresan en procesión&lt;br /&gt;las vírgenes de Sevilla&lt;br /&gt;traspasadas de Dolor.&lt;br /&gt;Salve Reina de los Ángeles,&lt;br /&gt;Caridad, Encarnación,&lt;br /&gt;voz de los Desamparados,&lt;br /&gt;Reina y Madre de la O,&lt;br /&gt;mi Guadalupe bendita&lt;br /&gt;mi Luz, mi Consolación.&lt;br /&gt;Que en el silencio,&lt;br /&gt;sin ruidos ni cantares,&lt;br /&gt;bajo del manto&lt;br /&gt;y entre los azahares,&lt;br /&gt;dejádme acurrucar mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;X Descendimiento del Señor. La Piedad. La Esperanza de La Trinidad. Los Dolores&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;–“DESCENDED a mi Jesús...&lt;br /&gt;despacio, poquito a poco...&lt;br /&gt;bajádmelo de esa cruz…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desclavadle las muñecas&lt;br /&gt;y desatadle los lazos&lt;br /&gt;y curarle las heridas&lt;br /&gt;de espinas y latigazos&lt;br /&gt;y ponérselo a María&lt;br /&gt;entre sus divinos brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Virgen de la Quinta Angustia&lt;br /&gt;vacíos los lacrimales,&lt;br /&gt;llaga viva del dolor,&lt;br /&gt;que en tus brazos maternales&lt;br /&gt;va muerto el hijo de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde está Heredia?¿y el Sacri?&lt;br /&gt;¿dónde está Pepe Valencia?&lt;br /&gt;¿y mi amigo Peregil?&lt;br /&gt;vuestras hirientes saetas&lt;br /&gt;me están traspasando a mí.&lt;br /&gt;Al Cristo del Baratillo&lt;br /&gt;siempre le vengo a peí,&lt;br /&gt;que nunca me desampare&lt;br /&gt;y tenga piedá de mí&lt;br /&gt;por la gloria de su mare.&lt;br /&gt;La corona del Señor&lt;br /&gt;está hecha de junquillos.&lt;br /&gt;Sevilla. Miércoles Santo.&lt;br /&gt;Mi Piedad del Baratillo.&lt;br /&gt;Hoy por ti canta mi canto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También porque hasta ti baja,&lt;br /&gt;mi Piedad de la Mortaja&lt;br /&gt;mi canto se me hace llanto.&lt;br /&gt;De la hermosura de tu llanto santo&lt;br /&gt;aprendí yo a llorar líricamente&lt;br /&gt;y a enjugar la tristeza de mi frente&lt;br /&gt;con la orla de luto de tu manto.&lt;br /&gt;Pañuelo quiero ser para tu llanto,&lt;br /&gt;del dolor de tu duelo yo doliente,&lt;br /&gt;tras tu penar penante penitente,&lt;br /&gt;y en tu paso de amor flor de amaranto.&lt;br /&gt;Déjame ser tu humilde pregonero.&lt;br /&gt;Señora del dolor más verdadero.&lt;br /&gt;¡Qué Sagrada Mortaja tu verdad!&lt;br /&gt;Estrella de su noche de agonía.&lt;br /&gt;Apiádate de mí, Santa María.&lt;br /&gt;Piedad. Perdón. Piedad. Perdón. ¡Piedad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(A la Trinidad)&lt;br /&gt;Cristo de las cinco llagas&lt;br /&gt;y las cinco mil herías.&lt;br /&gt;Padre de las cinco llagas.&lt;br /&gt;Si la culpa es solo mía&lt;br /&gt;y ná has hecho, ¿por quién pagas?&lt;br /&gt;¡Dímelo tú, madre mía!&lt;br /&gt;Gloria de la Trinidad,&lt;br /&gt;Esperanza salesiana,&lt;br /&gt;farera de la ciudad,&lt;br /&gt;sol Tú de la cristiandad,&lt;br /&gt;luna de la redención.&lt;br /&gt;Mírame con compasión,&lt;br /&gt;que hacia tu mar va mi río.&lt;br /&gt;Puerto del corazón mío.&lt;br /&gt;Puerta de mi salvación.&lt;br /&gt;En ti, Esperanza, confío.&lt;br /&gt;(Cristo de la Providencia.&lt;br /&gt;Los Dolores y la Santa Cruz.)&lt;br /&gt;En mi corazón querría&lt;br /&gt;tener grabadas a fuego&lt;br /&gt;las palabras de María.&lt;br /&gt;Quedó el Calvario desierto.&lt;br /&gt;–Hijo mío, ¿estás despierto?–&lt;br /&gt;Id… contempladme a María&lt;br /&gt;hablándole a su hijo muerto&lt;br /&gt;como cualquier madre haría.&lt;br /&gt;Capilla de los Servitas.&lt;br /&gt;¿Qué madre a diario grita?&lt;br /&gt;–Hijo de la Providencia&lt;br /&gt;la carne de mis fervores,&lt;br /&gt;la sangre de mis amores,&lt;br /&gt;¿a quién le pido clemencia?&lt;br /&gt;¿Quién me lo iba a mí a decir,&lt;br /&gt;Dios-hijo de mis entrañas,&lt;br /&gt;que profecías extrañas&lt;br /&gt;teníanse al fin que cumplir?&lt;br /&gt;Siempre tras de tu vivir&lt;br /&gt;–desde la cuna al Calvario–&lt;br /&gt;mi corazón, relicario&lt;br /&gt;fue ayer de tus nochebuenas.&lt;br /&gt;¡Pero hoy no son más que penas&lt;br /&gt;las cuentas de mi rosario!&lt;br /&gt;Yo en peregrina me erijo,&lt;br /&gt;mis dos manos para alzarte,&lt;br /&gt;mis brazos para abrazarte&lt;br /&gt;y en ti mis dos ojos fijos.&lt;br /&gt;Siempre abrazando a mi hijo&lt;br /&gt;como en los tiempos mejores.&lt;br /&gt;Espinas lo que ayer flores.&lt;br /&gt;Por dolerme su agonía&lt;br /&gt;me llaman desde aquél día&lt;br /&gt;la Virgen de los Dolores.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;XI La Santa Cruz&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;BAJÓ la Gloria al Infierno&lt;br /&gt;y subió a Tierra en tres días;&lt;br /&gt;quedó una cruz en el tiempo&lt;br /&gt;ensangrentada y vacía.&lt;br /&gt;Cruz inmortal, cruz ejemplo,&lt;br /&gt;cruz abrazo, Cruz de Guía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Quiero una cruz sola, escueta,&lt;br /&gt;hecha oración y saeta)&lt;br /&gt;Llena de ausencia y vacío&lt;br /&gt;¿qué hace esa cruz en el viento?&lt;br /&gt;verla me da escalofrío&lt;br /&gt;y siento que me arrepiento&lt;br /&gt;de los pecaitos míos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Mi Lignum crucis, mi infantil secreto&lt;br /&gt;lo grita hoy mi oración, hecha soneto)&lt;br /&gt;Abierta, así, de brazos a la vida&lt;br /&gt;de brazos a la muerte, así, de brazos,&lt;br /&gt;una Cruz nada más, sólo dos trazos&lt;br /&gt;donde abrazar al mundo deicida.&lt;br /&gt;Cruz nada más. Dolor. Madera herida.&lt;br /&gt;Sombra de vida muerta a latigazos.&lt;br /&gt;Alzada sombra de hombre, clavos, lazos.&lt;br /&gt;Que hablan de sangre y redención cumplida.&lt;br /&gt;Cumplida voz de un Dios, cumplida suerte&lt;br /&gt;de un hombre que a la cara de la muerte&lt;br /&gt;contigo jugó a todo contra nada.&lt;br /&gt;Llórala. Mírala para que llores&lt;br /&gt;con el sudario aún con los sudores&lt;br /&gt;sobre el cráneo de Adán –¡Padre!– clavada.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;XII El Santo Entierro y La Soledad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;TAL en Jerusalén la universal&lt;br /&gt;–la celestial, la inmortal, la pasional–&lt;br /&gt;y en una magna procesión nocturna,&lt;br /&gt;por la Avenida hacia la Catedral&lt;br /&gt;–mágico, lívido, rígido,&lt;br /&gt;entre oro y plata y cristal–&lt;br /&gt;ahí va el Hijo del Hombre en una urna&lt;br /&gt;que sus fieles lo llevan a enterrar.&lt;br /&gt;Y tras de Él, una madre taciturna,&lt;br /&gt;ya sin voz y sin llanto que llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo una vez lloré de niño,&lt;br /&gt;una saeta en mi pueblo.&lt;br /&gt;Hoy la recuerdo en Sevilla.&lt;br /&gt;Ingenua, estremecedora,&lt;br /&gt;cantaba así el saetero:&lt;br /&gt;“Vamos a hincarnos de rodilla&lt;br /&gt;que está pasando el entierro&lt;br /&gt;y dentro de ese sepulcro,&lt;br /&gt;ahí va el Hijo de Dios muerto,&lt;br /&gt;víctima de un pueblo inculto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cielo de luto está,&lt;br /&gt;la tierra parece abrirse&lt;br /&gt;y un pueblo, serio, detrás,&lt;br /&gt;velando a un muerto imposible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Virgen de la Soledad&lt;br /&gt;sin consolación ninguna.&lt;br /&gt;Virgen de la Soledad&lt;br /&gt;más solita que la una,&lt;br /&gt;nazarenita enlutá,&lt;br /&gt;por palio lleva la luna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luz de San Buenaventura,&lt;br /&gt;la de San Lorenzo hermosa,&lt;br /&gt;Flor de la Carretería,&lt;br /&gt;Rosa de Villaviciosa&lt;br /&gt;y en su Soledad, María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Virgen del alto duelo, madre mía,&lt;br /&gt;peregrina mujer desconsolada,&lt;br /&gt;abierto corazón a tanta espada,&lt;br /&gt;a tanta llaga de Hijo que moría.&lt;br /&gt;¡Qué soledad de ayer, de todavía!&lt;br /&gt;¡Cuánta lágrima tuya derramada!&lt;br /&gt;¡Dolorosa de lágrima sagrada!&lt;br /&gt;Romera de tan triste romería.&lt;br /&gt;Muerte tuya la muerte del Calvario.&lt;br /&gt;Sangre tuya la sangre redentora.&lt;br /&gt;carne tuya la envuelta en el sudario.&lt;br /&gt;¡Qué soledad la tuya madre ahora!&lt;br /&gt;¡Qué rosario de penas tu rosario!&lt;br /&gt;¡Viuda de Dios! ¡Madre de Dios! ¡Señora!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Dialoguillo triste entre la Virgen de&lt;br /&gt;la Soledad y el pregonero de Sevilla)&lt;br /&gt;A Joaquín González-Estrada&lt;br /&gt;–¿Qué buscas bajo la noche,&lt;br /&gt;con las tocas negras, madre?&lt;br /&gt;–Voy a llorar mi pena&lt;br /&gt;que no me siga nadie.&lt;br /&gt;–Déjame llorar contigo,&lt;br /&gt;madre...&lt;br /&gt;–El dolor es sólo mío&lt;br /&gt;como mía era su sangre.&lt;br /&gt;Su sangre derramada&lt;br /&gt;por el mundo, una tarde.&lt;br /&gt;Que no,&lt;br /&gt;que no me siga nadie.&lt;br /&gt;–¿Cómo te llaman Señora?&lt;br /&gt;Mi alma, madre, en esta hora&lt;br /&gt;llora por acompañarte.&lt;br /&gt;–Soledad es mi nombre&lt;br /&gt;y la noche lo sabe.&lt;br /&gt;Sólo la noche quiero&lt;br /&gt;que me acompañe.&lt;br /&gt;–Déjame seguirte al menos,&lt;br /&gt;madre...&lt;br /&gt;–Llorar, llorar quiero a solas,&lt;br /&gt;de negro por estas cales,&lt;br /&gt;por estas calles ¡Dios mío!&lt;br /&gt;que sólo era mía su sangre.&lt;br /&gt;–Te lo pido por Sevilla,&lt;br /&gt;madre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Anoche a la Soledá&lt;br /&gt;le vi una lágrima nueva&lt;br /&gt;de sus pestañas colgá).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De quién la voz que recita&lt;br /&gt;su canto en la madrugá?&lt;br /&gt;¡Consuélale tú sus cuitas,&lt;br /&gt;saeta de mi cantar!&lt;br /&gt;“Madre Soledad, marchita,&lt;br /&gt;no tengas pena ninguna,&lt;br /&gt;que tu Hijo resucita&lt;br /&gt;entre las doce y la una.&lt;br /&gt;¡Alégrame esa carita!”.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;XIII De la Resurrección del Señor&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;VAMOS a Santa Marina&lt;br /&gt;–Sepulcro del Redentor–&lt;br /&gt;a revivir los ayeres.&lt;br /&gt;¿Quién la piedra removió?&lt;br /&gt;¿Cuál de las santas mujeres&lt;br /&gt;a Santa Marina entró?&lt;br /&gt;No estaba el Rabbí. No estaba.&lt;br /&gt;Estaba un ángel y habló:&lt;br /&gt;–¿A quién buscáis entre muertos?&lt;br /&gt;¡Él vive! ¡Resucitó!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodaba la luna fría&lt;br /&gt;–duenda de la madrugada–&lt;br /&gt;por la tierra atormentada,&lt;br /&gt;desamorada y sombría.&lt;br /&gt;La alegría se extinguía.&lt;br /&gt;La esperanza vacilaba.&lt;br /&gt;El hombre, débil, dudaba.&lt;br /&gt;La santa mujer lloraba.&lt;br /&gt;Y de pronto, en esa hora,&lt;br /&gt;La gran noche se hizo Aurora.&lt;br /&gt;–Aurora, Reina y Señora–.&lt;br /&gt;¡Dios-Hijo resucitaba!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miradle ya, cielo arriba,&lt;br /&gt;como una llama en la luz,&lt;br /&gt;con las huellas de la Cruz&lt;br /&gt;en carne y en sangre viva.&lt;br /&gt;Ya no es la tierra cautiva&lt;br /&gt;de la sombra y del dolor.&lt;br /&gt;Que el Maestro del Amor&lt;br /&gt;por amor nos ha salvado.&lt;br /&gt;No es sólo el Resucitado&lt;br /&gt;sino el Resucitador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haz, Señor, que te imitemos;&lt;br /&gt;que del pecado mortal&lt;br /&gt;y de la muerte total,&lt;br /&gt;contigo resucitemos.&lt;br /&gt;Haz, Señor, que retiremos&lt;br /&gt;cada cual la losa suya&lt;br /&gt;y danos la mano tuya.&lt;br /&gt;–¡Resucitó!– Sí, Tu mano.&lt;br /&gt;Mi Dios, mi amigo, mi hermano.&lt;br /&gt;¡Resucitaste! - ¡¡Aleluya!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Oración al Resucitado)&lt;br /&gt;Para alzarme Señor del barro vengo&lt;br /&gt;a pedirte tus manos salvadoras,&lt;br /&gt;tus anchas, altas alas voladoras&lt;br /&gt;que siempre, a medio vuelo, me detengo.&lt;br /&gt;Dame, Jesús, tu luz, porque no tengo&lt;br /&gt;ni un oro de la luz que tú atesoras,&lt;br /&gt;sombras de noches cercan mis auroras&lt;br /&gt;y no alumbra la llama que sostengo.&lt;br /&gt;Mi voluntad me naufragó la frente.&lt;br /&gt;Me cuelgan ya los brazos, yertamente,&lt;br /&gt;y este barro me hunde las pisadas.&lt;br /&gt;Ya ni se qué te pido, ciego y loco.&lt;br /&gt;Dame, Señor, ¿No escuchas mis llamadas?&lt;br /&gt;De un ala o de una luz, de un algo, un poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;(DOMINGO DE RESURRECCIÓN EN SEVILLA.MI ESTACIÓN EN LA CATEDRAL)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;El mundo está de alegría.&lt;br /&gt;Dios-Hombre ha resucitado.&lt;br /&gt;Ha ascendido, levitado&lt;br /&gt;llama de amor y armonía.&lt;br /&gt;Los Haendeles celestiales&lt;br /&gt;cantando están al Mesías&lt;br /&gt;¿Cuándo para nosotros&lt;br /&gt;su Parusía?&lt;br /&gt;La Giralda ha festejado&lt;br /&gt;–volteado, repicado–&lt;br /&gt;por Él su campanería.&lt;br /&gt;¡Qué gozo, qué algarabía&lt;br /&gt;en la tierra y en el cielo!&lt;br /&gt;¿Dónde está el Jesús del vuelo?&lt;br /&gt;Se quedó en la Eucaristía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya es la hora vesperal&lt;br /&gt;y un hombre pide clemencia&lt;br /&gt;solo con su soledad&lt;br /&gt;y la voz de su conciencia,&lt;br /&gt;haciendo en la Catedral&lt;br /&gt;su estación de penitencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por tu amor, divino ensueño,&lt;br /&gt;Transfigúrame, Señor,&lt;br /&gt;junto de Ti en el pequeño&lt;br /&gt;Tabor de mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú, Señor de las Bienaventuranzas,&lt;br /&gt;para vencernos la desesperanza&lt;br /&gt;te hiciste testamento y despedida.&lt;br /&gt;Primero te partíste y repartíste,&lt;br /&gt;luego partiste pero regresaste&lt;br /&gt;sabiendo que era justo y necesario.&lt;br /&gt;Diste tu carne al pan y te nos diste&lt;br /&gt;y eternamente nuestro te quedaste,&lt;br /&gt;preso de amor, cautivo del Sagrario.&lt;br /&gt;Domingo en la Catedral,&lt;br /&gt;que es la fiesta universal&lt;br /&gt;de la Santa Eucaristía.&lt;br /&gt;Urbi et orbe la armonía.&lt;br /&gt;“¡Levantaos,vamos, ya!”&lt;br /&gt;¡Alegraos! ¡Alegría!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Catedral: Andalucía.&lt;br /&gt;Sevilla: Santo Sagrario.&lt;br /&gt;Mi corazón: Relicario&lt;br /&gt;de un Dios-Hombre hecho poesía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;XIV Oración final&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;OÍD la oración sencilla&lt;br /&gt;del poeta por Sevilla.&lt;br /&gt;Voz de la tribu, vocero,&lt;br /&gt;Torre de Dios, pregonero,&lt;br /&gt;pararrayos, rompeolas&lt;br /&gt;de eternidad&lt;br /&gt;como dijera Darío.&lt;br /&gt;Giraldillo sobre el río,&lt;br /&gt;poeta en la Catedral.&lt;br /&gt;¡Él resucitó! ¡Alegría!&lt;br /&gt;Tomad mi oración final,&lt;br /&gt;rezadla todos los días:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre de todos los mundos,&lt;br /&gt;yo te demando y suplico.&lt;br /&gt;Por los que fueron ayer&lt;br /&gt;y por los que nunca han sido,&lt;br /&gt;por los que serán mañana&lt;br /&gt;y por los que hoy son. Te pido&lt;br /&gt;que al igual que los abuelos&lt;br /&gt;de los padres de los míos,&lt;br /&gt;que mis hijos y los hijos&lt;br /&gt;de los hijos de mis hijos&lt;br /&gt;y los sucesivamente&lt;br /&gt;por los siglos de los siglos,&lt;br /&gt;en Ti busquen y en Ti encuentren&lt;br /&gt;el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Nueva acción de gracias)&lt;br /&gt;Que cada cosa ¡oh Dios! gracias te diga:&lt;br /&gt;gracias sí por el hombre y su destino,&lt;br /&gt;por cielo y mar, por árbol, por espino,&lt;br /&gt;por tierra y fuego y lluvia y sol y espiga.&lt;br /&gt;Gracias por la esperanza, por la amiga,&lt;br /&gt;por madre y por amor para el camino,&lt;br /&gt;por Hostia y Cruz, por pájaro y por trino,&lt;br /&gt;por toda voluntad que se te obliga.&lt;br /&gt;Por Sevilla y su fe, por la Purísima,&lt;br /&gt;por ser la tierra de María Santísima,&lt;br /&gt;por su ayer, su mañana y por su hoy.&lt;br /&gt;Por el sueño de paz del universo,&lt;br /&gt;por el hijo, Señor, y por el verso,&lt;br /&gt;por el barro con alas que yo soy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(La oración del “nunca es tarde”)&lt;br /&gt;Que éste que hoy ves aquí ya de regreso,&lt;br /&gt;náufrago de sí mismo a la deriva,&lt;br /&gt;el de la mano un día vengativa,&lt;br /&gt;el porque sí rebelde, el loco obseso;&lt;br /&gt;éste que hoy ves aquí de carne y hueso,&lt;br /&gt;en mentira y verdad, en alma viva,&lt;br /&gt;el que escupió en tu rostro su saliva,&lt;br /&gt;el que se fue de ti, el que hizo éso;&lt;br /&gt;el que su vida te cerró con llaves,&lt;br /&gt;el renegado, el que cumplió condena,&lt;br /&gt;ese soy yo que he vuelto con las aves.&lt;br /&gt;Te perdí en el gozar, te hallé en la pena,&lt;br /&gt;tarde te hallé Señor pero tú sabes&lt;br /&gt;que nunca es tarde si la dicha es buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Baje en silencio el telón&lt;br /&gt;de este renovado empeño&lt;br /&gt;de revivir la Pasión&lt;br /&gt;según Sevilla. ¡Qué ensueño!&lt;br /&gt;Despertad de vuestro sueño.&lt;br /&gt;Y acabe aquí mi pregón).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3530648457500377770-4923839316818241634?l=pregonesdesevilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/4923839316818241634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3530648457500377770&amp;postID=4923839316818241634' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/4923839316818241634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/4923839316818241634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/2007/03/2005-antonio-murciano.html' title='2005 - Antonio Murciano'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-9007849823904794669</id><published>2007-03-29T10:34:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T12:14:08.218-07:00</updated><title type='text'>2004 - Rafael De Gabriel</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(102, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2004. Pronunciado por D. Rafael De Gabriel Garcia en el Teatro de la Maestranza de Sevilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eminentísimo y Reverendísimo Sr Cardenal de Sevilla&lt;br /&gt;Excelentísimo Sr Alcalde&lt;br /&gt;Ilustrísimo Sr Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías&lt;br /&gt;Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades&lt;br /&gt;Cofrades de Sevilla&lt;br /&gt;Señoras y Señores:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;SANTA ÁNGELA DE LA CRUZ&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 4 de Mayo de 2003 quedará grabado para siempre con letras de oro en los Anales de la Muy Noble, Muy Leal, Muy Heroica, Invicta y Mariana Ciudad de Sevilla. Su Santidad El Papa Juan Pablo II canonizaba a Sor Ángela de la Cruz, a quien había beatificado aquella histórica mañana del 5 de Noviembre de 1982. Tras ser proclamada solemnemente Santa, volvía a salir a las calles de la Ciudad que tanto amó, a la que tanto socorrió, a la que tanto bien siguen haciendo las Hermanas de La Cruz. Grande privilegio tuvimos. Entre el silencio y oración del Pueblo y los cánticos limpios de las monjas, Santa Ángela de la Cruz nos dio a todos nueva Fuerza para la misión que Dios nos tiene encomendada. Imborrable para siempre quedará el recuerdo de las calles entre pétalos de flores, de la incesante visita de tantos miles de personas a la Catedral durante los días del Triduo de Acción de Gracias; de los Encuentros de Niños, Jóvenes, Religiosos y Religiosas con la nueva Santa, del Homenaje de las Hermandades y Cofradías, del Solemnísimo Pontifical y del Baile de los Seises ante Su Cuerpo Incorrupto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el regalo del Santo Padre a la Ciudad que visitó, a la que tanto ama. El Papa que oró ante la Virgen de los Reyes, que rezó en la Giralda, que nos habló desde el balcón del Palacio Arzobispal, que conmueve al mundo desde su esfuerzo alzando la Sagrada Forma. Trabajador incansable, uno de los hombres más importantes de la Historia. El Papa en la Cruz de Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Días después, la Virgen de la Amargura fue a visitar a Madre Angelita:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Al Convento te llevaron&lt;br /&gt;por que estuvieras con Ella,&lt;br /&gt;con la Madre de los Pobres&lt;br /&gt;y de los que nada esperan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santa Ángela te dijo&lt;br /&gt;cuando te tuvo a su vera:&lt;br /&gt;-Cómo me acuerdo Amargura&lt;br /&gt;de cuando vivía en la Tierra...&lt;br /&gt;Cada vez que te buscaba&lt;br /&gt;Tú me mandabas la fuerza&lt;br /&gt;cuando en San Juan de la Palma&lt;br /&gt;rezaba con Fe sincera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Satisfecha Estoy, Sor Ángela&lt;br /&gt;porque está siempre Tu Puerta&lt;br /&gt;abierta para el que pide&lt;br /&gt;el socorro, la asistencia,&lt;br /&gt;la ternura y el afecto,&lt;br /&gt;el consuelo y la paciencia.&lt;br /&gt;Está contento mi Hijo&lt;br /&gt;que Te quiere siempre cerca,&lt;br /&gt;por eso tu Santidad,&lt;br /&gt;porque estás siempre dispuesta&lt;br /&gt;para llegar con tus Hijas&lt;br /&gt;a acabar con la miseria,&lt;br /&gt;a donde falte el amor,&lt;br /&gt;donde los otros no llegan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo en silencio estaba.&lt;br /&gt;Sólo dialogaban Ellas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Déjame venir Señora&lt;br /&gt;para alegrar la tristeza.&lt;br /&gt;-No te preocupes Sor Ángela&lt;br /&gt;que te ayudaré de veras.&lt;br /&gt;Yo me vestiré de monja,&lt;br /&gt;Yo contigo puerta a puerta...&lt;br /&gt;Visitaremos al pobre&lt;br /&gt;y al enfermo en sus flaquezas.&lt;br /&gt;-¿Y cómo que tú, Señora&lt;br /&gt;Niña de la calle Feria&lt;br /&gt;quieres venirte conmigo&lt;br /&gt;a remediar tanta pena?&lt;br /&gt;-Yo Soy la Madre de Cristo,&lt;br /&gt;la Madre de Gracia Llena.&lt;br /&gt;Yo soy la Madre de todos&lt;br /&gt;los que sufren en la Tierra&lt;br /&gt;y quiero que tu me lleves&lt;br /&gt;a Mis hijos que me sueñan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Amargura descendió&lt;br /&gt;de las andas que trajera&lt;br /&gt;y la Virgen la miraba&lt;br /&gt;a Sor Ángela despierta&lt;br /&gt;y Madre se levantó&lt;br /&gt;de la cama en que se acuesta,&lt;br /&gt;besó la mano a la Virgen&lt;br /&gt;y se inclinó ante la Reina.&lt;br /&gt;-Hágase tu voluntad, Señora&lt;br /&gt;en mi humildad y obediencia&lt;br /&gt;y se haga como digas&lt;br /&gt;por espantar la pobreza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era el aire de Sevilla&lt;br /&gt;el testigo de la escena&lt;br /&gt;y lo contó a Giralda&lt;br /&gt;y lo contó a las estrellas&lt;br /&gt;porque lo supiera Dios&lt;br /&gt;que en estas cosas se alegra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuándo volverás, Señora?&lt;br /&gt;-Espérame en Primavera,&lt;br /&gt;Yo visitaré tu Casa&lt;br /&gt;con San Juan que me consuela.&lt;br /&gt;Llegarán mis nazarenos&lt;br /&gt;con cirios de blanca cera&lt;br /&gt;Yo vendré entre los bordados&lt;br /&gt;que hizo Rodríguez Ojeda,&lt;br /&gt;y Traeré la Corona&lt;br /&gt;que Sevilla Me impusiera&lt;br /&gt;hace ya cincuenta años&lt;br /&gt;para proclamarme Reina.&lt;br /&gt;-Yo te esperaré Amargura&lt;br /&gt;a que llegues a mi puerta.&lt;br /&gt;Será el más grande pasar&lt;br /&gt;que en los tiempos se recuerda&lt;br /&gt;y yo estaré en el zaguán&lt;br /&gt;para rezarte de cerca&lt;br /&gt;con mis Hijas que te adoran,&lt;br /&gt;con tantas novicias buenas.&lt;br /&gt;Y es que en mi Casa, Señora...&lt;br /&gt;¡Tú siempre serás la Reina!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;AL CARDENAL DE SEVILLA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue Nuestro Señor servido, Eminencia, de que ya en la Beatificación de Sor Ángela estuvieseis Vos en Sevilla, porque Dios os trajo para que fueseis el principal motor de la Canonización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eminencia, por un día en la vida, la voz del Pregonero es la voz del Pueblo de Sevilla, que os vuelve a felicitar por vuestra merecida Púrpura, que renueva hoy su testimonio de adhesión inquebrantable a Vuestra Persona, y que con cariño filial os dice que las cofradías de Sevilla siempre estarán a Vuestro lado, trabajando juntos por el Reino de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;AGRADECIMIENTO&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eterna gratitud al Ilustrísimo Sr Presidente y a la Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías, por haber confiado en mi persona designándome Pregonero de la Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi agradecimiento al Ilustrísimo Sr Teniente de Alcalde, Concejal Delegado de Fiestas Mayores del Excelentísimo Ayuntamiento, por sus distinguidas palabras de Presentación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a tantas buenas personas por sus oraciones, por tantas muestras de afecto y ánimo. Al Pueblo anónimo que paró en la calle a su Pregonero para hablar con él. Y a los Medios de Comunicación, que tan magnífico trabajo desarrollan llevando la Semana Santa a los enfermos, a los impedidos y a quienes están lejos de la Ciudad amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el Señor pague a todos esa ilusión, que hoy nos convoca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LLEGA LA SEMANA SANTA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué es la ilusión?... la ilusión es lo que brilla en los ojos de un niño que pasea de la mano de sus padres por el Parque de María Luisa... lo que lleva el repicar de las campanas de la Giralda, hermosa siempre la Torre de la Felicidad... lo que nos inunda al saber que el Domingo que viene –si Dios quiere- será Domingo de Ramos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué es la ilusión?, que aúna la Ciudad en estos días de espera entusiasmada que nos hacen retornar de nuevo a la niñez... Ahora somos tal como somos auténticamente, como si renovásemos nuestra Protestación de Fe en Dios y en Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Primavera está aquí, y con ella la llamada Divina que nos hace comprender que la vida toda es milagro. El aire y la luz que inspiraron a Velázquez se amalgaman y complementan en torno a la Cruz de la Cerrajería… El recuerdo de la claridad y del azul del cielo en una mañana deslumbrante de nuestra Primavera puede durar años... luz espléndida en la Plaza de España o en lugares escondidos de la Judería; luz magnífica que nos hace pensar tantas veces que nuestras calles están hechas para que el sol las inunde y para que anden por ella los pasos y los nazarenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada atardecer es prodigioso, cuando los naranjos en flor perfuman las plazas donde juegan los chiquillos, que las llenan de alegría con sus voces inocentes. La vida suena en las calles. Y resplandece en los Jardines del Alcázar, imperio del jazmín, del agua y del arrayán...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla... hermosa eres... y qué bien suena tu nombre... música parece en el habla de tus hijos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Oh, Sevilla!, impresionas en la magnitud gigantesca de Tu Catedral sin parangón, en tus Iglesias sin igual, en tus torres, palacios y casas notables, en la armonía de tus patios, en tus Corrales de Vecinos que cada día vencen al tiempo. Ciudad soñada. Ciudad anhelada, Regalo de Dios, Ciudad del Alma y de la Vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Campo de Mártires, Altar de las Santas Justa y Rufina. Enorme honra la tuya el que por ti comenzase la primera persecución de Nerón en España, Urbe insigne, por ser la que más públicamente confesabas a Cristo. Aquí floreció el Magisterio de San Leandro y de San Isidoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Devuelta fuiste al cristianismo por nuestro Invicto Patrón San Fernando. Tus calles pisaron Santa Teresa de Jesús, Fray Luis de León, Catalina de Ribera, Miguel de Mañara, el Padre Tarín, el santo Cardenal Spínola, el Beato Manuel González y Sor Bárbara de Santo Domingo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro espíritu se prepara en el sentido penitencial de la Cuaresma, y escuchamos la palabra de Dios evocando las predicaciones que hicieran en el Púlpito del Patio de los Naranjos de la Catedral San Vicente Ferrer, San Francisco de Borja, San Juan de Ávila, el Beato Fray Diego de Cádiz y el Venerable Fernando de Contreras. Ante la Puerta del Perdón meditamos que Jesús escogió la forma más humilde para morir. "Maldito el que cuelga de la Cruz", decían judíos y romanos; pero en esa humildad radica su fuerza. En la Cruz, Cristo hizo pasar al Mundo del Pecado a la Libertad. La Cruz va señalando el camino de nuestra Salvación. Es el símbolo esencial y central del cristianismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Primer Viernes de Marzo, en la Casa de Pilatos tiene lugar la celebración del Santo Vía Crucis, que antiguamente discurría las Estaciones que allí se inician y que llegan al Humilladero o Templete de la Cruz del Campo, de tan honda trascendencia para nuestra Fe cristiana. Hasta la Cruz del Campo fueron igualmente nuestros antepasados, por la misma Vía Dolorosa que marcan los Caños de Carmona, llevando en rogativas la portentosa Imagen del Santo Crucifijo de San Agustín, a quien tanto debemos por el remedio a tantas calamidades y aflicciones:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Sevilla siempre a Ti acudió anhelante&lt;br /&gt;por conseguir la Gracia perseguida&lt;br /&gt;pidiendo en rogativa enardecida&lt;br /&gt;a Tu Figura antigua y elegante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te vio de la epidemia Triunfante.&lt;br /&gt;Derramando la lluvia tan pedida.&lt;br /&gt;Por eso la Ciudad, agradecida,&lt;br /&gt;a Ti te puso siempre por delante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oh, Santo Crucifijo venerado&lt;br /&gt;en el viejo Convento de Agustinos&lt;br /&gt;por un inmenso cariño rodeado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelve Tus Llagas a nosotros. Dinos&lt;br /&gt;que aunque muchos te hayan olvidado&lt;br /&gt;Tú sigues protegiendo sus destinos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Las Vísperas de la Semana Mayor hacen afianzar el entusiasmo de los cofrades de Torreblanca, del Parque Alcosa, de Bellavista, del Carmen Doloroso y del Nazareno de la Corona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA CIUDAD, ESCENARIO DE LA PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DEL SEÑOR&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se decía siglos atrás que la mejor Fiesta que podía hacer Sevilla a sus Reyes era ofrecerles la solemnidad de una Semana Santa. En el esplendor de su Primavera, la Metrópoli fascinante –convertida en nueva Jerusalén- abrirá al mundo las viejas Puertas de sus muy centenarias Murallas, y a ella vendrán peregrinos desde todos los confines de la Tierra, seducidos por sus encantos, anhelantes de contemplar al joven Rabbí de Nazaret, Ése que nació en Belén en un Pesebre porque no hubo Posada, Ése que a los sordos hace oír, a los ciegos ver y a los mudos hablar, que sana a los enfermos y devuelve a los muertos la vida. Será Juzgado injustamente, condenado a Morir, pero al tercer día Resucitará. El Templo viejo de nuestro corazón será demolido, y vuelto a edificar por Él. En los Santos Lugares de Sevilla se volverá a vivir la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Y el Pueblo de la vieja Híspalis será una vez más el pañuelo de la Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año –si Dios Quiere- tendremos la suerte de poder admirar la solemnísima Procesión del Santo Entierro Grande: Evangelio y Catequesis Viva, Cronología de la Pasión, Lección Teológica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Será momento de admirar nuevamente el magnífico paso de la Urna, tras el que nos preguntaremos si los Soldados Romanos que rinden honores al Cristo Yacente serán acaso de la Legión Primera, llamada también Socorredora, cuyos componentes eran casi todos de Itálica, entre ellos el Centurión San Cornelio, o si vendrán de la Legión Duodécima, denominada Lanza Rayos, cristianos sus soldados en tiempos del Emperador Marco Aurelio, y en la que fue Tribuno el hispalense creyente Sexto Julio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La conmemoración del ciento cincuenta Aniversario de la Proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción supone para la cofradía del Silencio –y a través de ella para nuestra Ciudad- gloria inmensa, ya que –siendo Hermano Mayor Tomás Pérez- en Cabildo General celebrado el veintinueve de Septiembre de 1615, los cofrades –primeros en el mundo en realizarlo- hicieron voto y juramento de defender que la Santísima Virgen María fue Concebida Sin Pecado original, y acordaron construir y alzar una bandera con la inscripción "¿Quién como María Madre de Dios Concebida Sin Pecado?"... Trascendental significación este año en el Cirio y la Espada que reafirman el acuerdo de aquel histórico Cabildo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calle Cuna. Avanzan los ciriales. Justas las voces en el capataz. Suena el golpe seco del llamador y el paso se detiene. Gesto de sufrimiento por nosotros en Jesús Nazareno, abrazando la Cruz de Carey. Cómo nos duelen las Espinas de Su Corona. Silencio total. El Silencio. En el Silencio se oye mejor la voz de Dios. Quedará atónita el alma ante la contemplación de La que Es Virgen Inmaculada, La del palio que huele a azahar. Todo será breve, tan breve que hasta parecerá invertirse el tiempo y convertirse en eternidad. Cofradía ejemplar y modélica, desde la bicentenaria Cruz de Guía iluminada por morados cirios hasta la lámina, rescatada de otra época, del preste y su compaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Jueves Santo, que reluce más que el Sol, Día del Amor Fraterno y en el que Cristo instituyó la Eucaristía, tendrá -por el Dogma- especial relieve este año para la antiquísima cofradía de Los Negritos, que regaló a Sevilla el orgullo de que dos cofrades de color –Pedro Francisco Moreno y Fernando de Molina- se vendieran como esclavos para poder costear así la Hermandad una Función a la Inmaculada. Gesto magnánimo, como no menos lo fue el del Caballero Veinticuatro Don Gonzalo Núñez de Sepúlveda, que enterado del particular los compró en doscientos ducados, dándoles instantáneamente la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver una cofradía en la calle es algo maravilloso que deseamos fervientemente tras cruzarnos el primer nazareno el Domingo de Ramos. Imaginad si no el momento en que vemos la primera Cruz de Guía bajo el Sol y rodeada por el pueblo, o el instante en que oímos por primera vez los tambores y las cornetas. Más de una vez se nos saltaron las lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando salga La Borriquita, el Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén, entre Palmas y Ramas de Olivo nos hará meditar Sus Palabras: "Quien no reciba el Reino de Dios como un niño no entrará en él".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mediodía la Semana Santa tiene colores indescriptibles bajo el Sol. Brilla el blanco de la cal, que refleja la luz mientras rezamos a Jesús Despojado de Sus Vestiduras. Absortos quedamos cuando avanza majestuoso el Misterio del Beso de Judas con la espadaña de la Iglesia de Santiago como dosel, mientras viene al recuerdo la brillante personalidad eclesiástica de D. Eugenio Hernández Bastos. Momento inolvidable de la Semana Santa al mediodía es la Salida de San Esteban. Quien no vio la Salida de la Virgen de los Desamparados nunca podrá imaginar el esfuerzo titánico de los costaleros superando la ojiva que sucumbe ante el mandar del capataz ni la expresión en el rostro de quienes allí se congregan apretadamente desde mucho tiempo antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Torre de San Marcos y el exquisito grupo escultórico que forman el Santísimo Cristo de la Providencia y Nuestra Señora de los Dolores, de la cofradía de Los Servitas, dejarán honda huella bajo el Sol en nuestro espíritu.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Miércoles Santo iremos, a primerísima hora de la tarde, hasta el Barrio de San Bernardo, donde el aire se remansa y parece tomar cuerpo en forma de macetas dormidas rebosantes de flores, en humildes balcones que se asoman sobre las fachadas en calles donde se respira la intimidad y por donde cada año se forma un modelo insuperable de devoción con tantas mujeres tras el Cristo de la cofradía que empezó como empiezan las cosas más de verdad que pueden hacerse en este mundo, entre niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Cuando el Miércoles es luz,&lt;br /&gt;en el cenit de la tarde,&lt;br /&gt;cuando el sol está en lo alto&lt;br /&gt;encumbrándose radiante&lt;br /&gt;por calles de San Bernardo&lt;br /&gt;hoy no está dormido el aire.&lt;br /&gt;Que sale la cofradía,&lt;br /&gt;que hoy es el día grande,&lt;br /&gt;parece que todo ha vuelto&lt;br /&gt;a ser como era antes&lt;br /&gt;y las esencias toreras&lt;br /&gt;de pronto resucitasen&lt;br /&gt;porque en un rayo de sol&lt;br /&gt;un paseíllo de ángeles&lt;br /&gt;ha bajado al mediodía&lt;br /&gt;y vuelan pegando pases.&lt;br /&gt;Al aire dan molinetes&lt;br /&gt;y a la brisa naturales&lt;br /&gt;y en las calles se recrean&lt;br /&gt;y se adornan dando lances.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Puerta de la Parroquia&lt;br /&gt;como un capote se abre&lt;br /&gt;y surge la cofradía&lt;br /&gt;de más duende y de más arte&lt;br /&gt;que hubiera nunca en Sevilla,&lt;br /&gt;por la Gracia de Dios Padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Qué revuelo en Gallinato,&lt;br /&gt;y por calle Ancha, madre!&lt;br /&gt;que el Cristo de la Salud&lt;br /&gt;ya está pisando sus calles&lt;br /&gt;mientras su Muerte Dormida&lt;br /&gt;dialoga con el aire&lt;br /&gt;bajo el azul y la luz&lt;br /&gt;mientras la saeta arde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando pasa todo alegra&lt;br /&gt;y detrás viene Su Madre,&lt;br /&gt;que da Salud al que pide&lt;br /&gt;y al que quiera Refugiarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Cristo de San Bernardo&lt;br /&gt;sube el Puente como nadie,&lt;br /&gt;con andares costaleros&lt;br /&gt;que a Sevilla pura saben&lt;br /&gt;como el natural de frente&lt;br /&gt;que pegó Manolo Vázquez&lt;br /&gt;en una tarde de ensueño&lt;br /&gt;y de despedida grande.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo te pido, Cristo mío&lt;br /&gt;desde el verso que hoy me sale&lt;br /&gt;que a Sevilla nunca olvides,&lt;br /&gt;te pido que nos ampares&lt;br /&gt;y te pido por el barrio&lt;br /&gt;que en el cenit de la tarde&lt;br /&gt;resucita las esencias&lt;br /&gt;que perviven en su aire.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Olerá a incienso en las calles. El tiempo irá avanzando. Unas cofradías irán haciendo su recorrido penitencial e iremos encontrando nazarenos que van hacia sus Templos. Recorreremos la Ciudad, sus callejones -tantas veces solitarios- llenándolos de vida. Iremos de una parte a otra, sin descansar, buscando la cercanía de Cristo y de Su Bendita Madre. Habrá quien pase por calles que no haya pisado en todo el año. A veces no nos detendremos ni con el amigo... bastará una mirada para denotar el cansancio lleno de vivencia, y para entender que cada uno va a ver una cofradía por distinto sitio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tras salir del callejón nos hallaremos en ese enclave único donde viviremos ese instante irrepetible, en ese recóndito rincón sevillanísimo. Ese momento que ya nunca olvidaremos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, en la calle Real de la Carretería veremos el paso de Cristo de la Hermandad de las Tres Necesidades, que parece imposible salga cada año. El transcurrir silente y señorial de la cofradía de San Isidoro será razón de peso para volver a la calle Cuna. Honda reflexión mantendremos ante el Cristo de la Humildad y Paciencia entre los naranjos de la calle Doña María Coronel, donde buscaremos la Grandeza de La que es inconfundible, La que va en uno de los pasos de palio más geniales, con claveles rosas cada Semana Santa; esa Virgen del Subterráneo a la que rendiremos pleitesía viviendo de forma especial el Cincuentenario de la Proclamación de Su Realeza, mientras la música suena en pos de sus faroles de cola...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atravesaremos el Guadalquivir, Jordán de nuestro Nuevo Bautismo cada Domingo de Ramos. La Ciudad será como un niño, como un nazarenito de la Estrella… alguno –tan feliz dando caramelos- ni siquiera llegará a Sevilla, y se dormirá –entre deseo de globos y garrapiñadas- en los brazos de su madre, que con él hará la corta –pero recordada para siempre- primera Estación de Penitencia… Iremos a ver a La Estrella, la Virgen Guapa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Por ver salir a la Estrella&lt;br /&gt;van llegando hasta Triana&lt;br /&gt;gentes de toda Sevilla&lt;br /&gt;para mirarle a la Cara,&lt;br /&gt;para remediar el Llanto&lt;br /&gt;de esta Reina Coronada;&lt;br /&gt;La de las Manos Perfectas&lt;br /&gt;y las Penas más amargas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y Sevilla la recibe...&lt;br /&gt;y de noche la Giralda&lt;br /&gt;la observará detenida&lt;br /&gt;por paredes reflejada&lt;br /&gt;cuando ya por el Postigo&lt;br /&gt;venga regalando Gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reina y Madre de la Estrella&lt;br /&gt;las lágrimas se me escapan&lt;br /&gt;cuando recuerdo tu paso&lt;br /&gt;regresando hacia Triana.&lt;br /&gt;Y quisiera estar allí&lt;br /&gt;poder escuchar las marchas&lt;br /&gt;entre el olor de azahar&lt;br /&gt;que en la noche se derrama,&lt;br /&gt;y poder besar la flor&lt;br /&gt;que rebosa en cada jarra,&lt;br /&gt;ver la saya y el tocado&lt;br /&gt;y rendirme ante Tu Gracia&lt;br /&gt;cuando vienes bajo Palio&lt;br /&gt;por el Dolor Traspasada&lt;br /&gt;recortada la silueta&lt;br /&gt;por las luces encantadas&lt;br /&gt;surgidas de blanca cera&lt;br /&gt;en candeleros de plata&lt;br /&gt;y en cirios de nazarenos&lt;br /&gt;envueltos en blancas capas&lt;br /&gt;que llenan de contraluces&lt;br /&gt;a la noche sevillana.&lt;br /&gt;Debajo del antifaz&lt;br /&gt;una plegaria se escapa,&lt;br /&gt;bajo las trabajaderas&lt;br /&gt;una Salve de Triana&lt;br /&gt;llegando de nuevo al barrio&lt;br /&gt;y a la noche se le clavan&lt;br /&gt;en los costados del arte&lt;br /&gt;rejones de fría plata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cuatro manigueteros&lt;br /&gt;son ángeles que hacen guardia&lt;br /&gt;al Resplandor de la Virgen,&lt;br /&gt;que torna la noche clara.&lt;br /&gt;Ya los niños se han dormido&lt;br /&gt;pero su ilusión temprana&lt;br /&gt;la trae consigo la Virgen&lt;br /&gt;en forma de muchas llamas&lt;br /&gt;que van alumbrando el paso,&lt;br /&gt;ascua de luz soberana.&lt;br /&gt;Portento de Dolorosa&lt;br /&gt;estampa de filigrana,&lt;br /&gt;eres Faro que nos guía&lt;br /&gt;en la tempestad mundana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su paso llega a la Puerta&lt;br /&gt;la última saeta salta,&lt;br /&gt;poquito a poco va entrando&lt;br /&gt;–como los cánones mandan-&lt;br /&gt;la última del Domingo&lt;br /&gt;ya Lunes de Madrugada.&lt;br /&gt;¡ Virgen Guapa de la Estrella&lt;br /&gt;concédenos Tú la Gracia!&lt;br /&gt;que al pasar un año entero&lt;br /&gt;podamos verte la Cara&lt;br /&gt;cuando vayas a Sevilla&lt;br /&gt;–Primavera ilusionada-&lt;br /&gt;otro Domingo de Ramos&lt;br /&gt;brillando más que la nácar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Mas buscando a Cristo nos encontramos en San Lorenzo con la Soledad de María. La soledad es lo que queda cuando todo se ha perdido, cuando no se halla la respuesta. La Virgen Sola con sus cofrades, que tratan de remediar la Soledad de La que Sufrió al pie de la Cruz. Desde el recuerdo emocionado hacia Ramón Pineda Carmona, hacia Ella salta nuestro cantar, a manera de interrogante, evocando la visión que tuvimos de Su paso en una lejana Semana Santa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;¿Qué pena se devanaba&lt;br /&gt;entre camelias dormidas?&lt;br /&gt;¿cuál sería el interrogante&lt;br /&gt;que en tristeza la sumía?&lt;br /&gt;qué becqueriano momento&lt;br /&gt;entre las luces que brillan&lt;br /&gt;llegando del Aljarafe&lt;br /&gt;por el Bajondillo arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cristales de los cierros&lt;br /&gt;aéreo fulgor desprendían&lt;br /&gt;que llegaba a la Alameda&lt;br /&gt;por ambiente que suspira&lt;br /&gt;porque llegue la Señora&lt;br /&gt;que entre Soledad transita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella lejana tarde&lt;br /&gt;de un Sábado de Sevilla&lt;br /&gt;llegó Su Paso dorado&lt;br /&gt;que de la Plaza salía&lt;br /&gt;entre incienso y entre gente&lt;br /&gt;que entristecidos venían&lt;br /&gt;al hilo de Su Dolor,&lt;br /&gt;y es que todo allí sufría&lt;br /&gt;en el silencio del barrio,&lt;br /&gt;por sus lágrimas heridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Cruz y las Escaleras&lt;br /&gt;avanzaron suspendidas&lt;br /&gt;y yo juro que escuché&lt;br /&gt;el trinar de golondrinas&lt;br /&gt;que llevaban en sus picos&lt;br /&gt;las puntas de las espinas&lt;br /&gt;de la Corona de Cristo,&lt;br /&gt;que la Señora traía&lt;br /&gt;en Sus Manos Temblorosas&lt;br /&gt;de Madre tan Afligida.&lt;br /&gt;¿Qué pena se devanaba?&lt;br /&gt;que el mismo Cielo quería&lt;br /&gt;bajar hasta San Lorenzo&lt;br /&gt;aquella tarde tristísima,&lt;br /&gt;más nadie supo decirle&lt;br /&gt;ni una palabra de vida&lt;br /&gt;ni Su Pena consolar&lt;br /&gt;mientras Su Paso seguía&lt;br /&gt;por calle Conde Barajas&lt;br /&gt;para atravesar Sevilla...&lt;br /&gt;Solos nos quedamos todos&lt;br /&gt;y la Soledad se iba&lt;br /&gt;con Su Pena devanada&lt;br /&gt;entre camelias dormidas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Cristo es la Razón y la Esencia de la Semana Santa. Se hizo igual a nosotros para Padecer y redimirnos del Pecado. En los barrios se vive la dimensión humana de Cristo; allí donde Sacerdotes y cofrades trabajan codo con codo para llevar la Felicidad al hombre. Barrio y cofradía son inseparables. Cada barrio tiene su Cristo y su Virgen, a quienes implorar Protección. Allí está la fuerza de la Iglesia. Ésa que viene cada Martes Santo desde el Cerro del Águila, con una cofradía que se ha ganado un sitio por méritos propios en la Semana Santa de Sevilla, por su compostura y buen gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Barrios benditos, fundidos con sus cofradías, claro ejemplo de las cuales es la de San Gonzalo, atenta siempre a las demandas de su entorno parroquial...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caerá la tarde. Entre dos luces sonará por Las Dueñas la campanilla del Muñidor avisando que viene Nuestro Padre Jesús Descendido de la Cruz en el Misterio de Su Sagrada Mortaja. La callada Espadaña del Convento de La Paz y la redonda Luna anuncian la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la noche encontramos otra dimensión de la Semana Santa. Trascendentales instantes... ver pasar al Cristo de Burgos por las singularidades de la Alcaicería de La Loza , sustentado sobre policromados relieves tallados y hasta diríanse horadados en pétrea caoba; oír en la calle Francos el rachear de las alpargatas de los costaleros del portentoso Cristo del Amor y las marchas que suenan tras el monumental paso de la Virgen del Socorro; recrear el alma ante la cofradía de las Penas de San Vicente entre los sevillanísimos naranjos de la calle Cardenal Cisneros y allí meditar –entre los sones de la música de Capilla- que Nuestro Padre Jesús de las Penas Cayó al suelo para demostrar al hombre que Él está con los que no son capaces de levantarse; o buscar a la cofradía del Baratillo ante las murallas del Alcázar, impresionándonos su mensaje de Caridad, Piedad y Misericordia, bases fundamentales para combatir la Soledad humana. Noche para admirar en la calle Zaragoza la crestería del palio de la Virgen de Montserrat, una de las cosas más excepcionales que pueden verse en la Semana Santa de Sevilla. Para ir al encuentro de la cofradía de San Roque, intensísima bajo la Luna en las calles Imperial, Calería y Juan de La Encina, asombrando a todos el canasto del paso del Señor de Las Penas y el sonido de las bambalinas del palio de la Virgen de Gracia y Esperanza. Noche en los Jardines de Murillo, donde –acompañada por cofrades de honda devoción- la Virgen que tiene nombre de Luz –La Candelaria- llevará la claridad a nuestra existencia tantas veces sombría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noche en que la calle Castelar es testigo del alba ante el crujir impresionante de la caoba del paso del Cristo del Calvario, mientras nos parece oír aquella saeta que le cantaban desde el suelo y el alma se conmueve:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Te veo en el Calvario, calumniado&lt;br /&gt;injuriado por todos y ofendido&lt;br /&gt;maltratado y hasta incomprendido&lt;br /&gt;triste y solo en la Cruz, abandonado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo sé que Tú, Crucificado,&lt;br /&gt;desde el momento del postrer latido&lt;br /&gt;Eres Fuente de Amor siempre vivido&lt;br /&gt;con cariño a nosotros derramado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso, Cristo, en Tu Pueblo; que te quiere,&lt;br /&gt;que de Tus Manos algo siempre espera...&lt;br /&gt;que si no estás con él, hasta se muere.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso en fin, en Tu Vida Verdadera&lt;br /&gt;en Tu Frente, en la Espina que te hiere,&lt;br /&gt;Rey Eterno de nuestra Primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Cada amanecer de Viernes Santo, oramos en la misma calle Castelar oyendo las primeras golondrinas mientras la Virgen de la Presentación se aleja llevando tras de sí sus penitentes, en uno de los más bellos instantes que pueda ofrecernos la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche depara el triunfal regreso de la guapísima Virgen de Guadalupe, ante la que sentimos en nosotros las palabras que dijo la Señora en México al Santo Indio Juan Diego: "Yo soy Tu Madre, y Quiero Tu Felicidad".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noche para ir al encuentro de la personalísima cofradía de La O, ya exhaustos, apagada la calle Castilla, con la Luna tras Jesús Nazareno – el primer Cristo Trianero que fue a la Catedral, entonces por la vieja Puente de Barcas- y extasiarnos ante la luz de la candelería de la Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento mágico, cuando comprobamos la maestría de su capataz y la miramos a Ella, le damos gracias por permitirnos llegar hasta allí un año más.¡Cómo se sienten entonces alegres y consolados nuestros corazones ante La Virgen de La O!. En nuestra mente el reflexionar acerca de la importancia y profundidad de nuestra Semana Santa, y de la ilusión que ponemos en vivirla plenamente, al igual que hicieron nuestros mayores, que nos enseñaron la Fe en Jesucristo… La Fe que está y reside en el Pueblo, que es Pueblo de Dios en Camino, atravesando en estos días santos la no sin fundamento denominada Jerusalén de Occidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA FE CRISTIANA, FUERZA IMPULSORA DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Fe es un don de Dios. Es la alegría de ser cristiano. Es lo que alentó el esfuerzo de grandes cofrades que nos enseñaron que el espíritu de servicio es la razón primera por la que estar en las cofradías, en la Iglesia y en la sociedad. Inolvidables personas a las que debemos agradecimiento perpetuo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Fe cristiana es la Fuerza Impulsora de la Semana Santa de Sevilla. En la Fe está el Amor a Dios a través de nuestras Sagradas Imágenes, que llevan en sus manos y en sus pies el beso de tantos sevillanos que están ya en el Cielo... Únicamente la Fe pudo hacer posible que Juan Martínez Montañés regalara al Orbe la imponente escultura de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, manifestación física de la perfección misma, ante la que tantas veces oró la egregia persona de Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, que tanto amó siempre a este trozo de la Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años de Historia significan años de Fe. Gracias a la Fe se cumple un siglo de la aprobación de las primeras Reglas de la Hermandad de Santa Cruz, cuya Estación de Penitencia de este año tendrá sin duda especial vivencia en el itinerario mágico donde es imponente rezar al Cristo de las Misericordias. Un siglo también del estreno del paso que sirve a la sobriedad, el clasicismo y la perfección del fabuloso Misterio de la Quinta Angustia, cofradía que es modelo en el buen hacer y ejemplo en la calle, moviendo siempre a una gran edificación e invitándonos al examen de conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Fe nos lleva a buscar al amigo nazareno –casi hermano nuestro- en la noche estrellada del señorial barrio de San Vicente y a compartir con él cansancio, oración y vivencia ante el romántico paso del Cristo de las Siete Palabras, plenísimos de azahar los naranjos de la secreta Plaza de Doña Teresa Enríquez, que cada Miércoles Santo quisieran ver la Salida de la cofradía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;La flor del azahar derrama esencia&lt;br /&gt;al barrio que Te espera tan ferviente&lt;br /&gt;ansía el corazón tener presente&lt;br /&gt;el incienso que anuncia Tu Presencia.&lt;br /&gt;Cómo desgrana el capataz su Ciencia&lt;br /&gt;dominando a la Puerta en San Vicente&lt;br /&gt;unido y congregado te presiente&lt;br /&gt;el pueblo todo afirmando su creencia.&lt;br /&gt;De blanco y carmesí una gran Historia&lt;br /&gt;precediendo al Misterio que afamado&lt;br /&gt;nos lleva a la niñez en la memoria.&lt;br /&gt;Sin igual candelabros y dorado.&lt;br /&gt;Siete Palabras Salvación y Gloria&lt;br /&gt;en Tu Calvario siempre recordado.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los caminos de Dios son invisibles a sus criaturas. El Señor llama a cada uno a su cofradía. En la Fe está la razón que nos induce a hacernos cofrades y a vestirnos de nazareno. Así , cada Martes Santo volvemos a dar gracias a Nuestro Padre Jesús Ante Anás por regalarnos estar cerca de Él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio en la Plaza de San Lorenzo. Suena la Marcha Real. En el pebetero del paso se consume el incienso, ofrenda a Dios. Nubes bíblicas de incienso de la antigüedad... incienso de las caravanas de los Libros Sagrados, que invitan a la oración... El aroma y el humo confieren espiritualidad y hondo significado a la visión del Misterio... Cara al Tribunal, prevalece la Mirada Valiente de Jesús... El Hombre ante el hombre, defendiendo la Verdad, enhiesto y recto como un metal que nunca se dobla, ni fatiga ni falla. Jesús Ante Anás, sin más nombre que el del Salvador del Mundo; Cristo, Ayer, Hoy y Siempre. Al salir el paso, San Lorenzo Mártir, desde el frontispicio de la Parroquia, mira cara a cara al Señor. Jesús ante el que fue uno de sus mejores soldados en la Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras discurrir la Plaza, el paso avanza grandioso en el corazón del barrio, entre las dificultades de Cardenal Spínola. Rezamos sus cofrades bajo el antifaz. Meditamos el origen de la cofradía, consistente en Amparar y Socorrer a las Niñas Huérfanas. No se nos va el Señor de la mente. El Misterio de la Bofetá es la voz de nuestra conciencia. Cuántas veces el hombre amarra las manos al hombre y lo golpea, sin darle siquiera una oportunidad de expresarse, con la anuencia de los falsos acusadores, ante el influyente Anás de cada día, diciendo desde la soberbia "¿así respondes al Pontífice?". Jesús Ante Anás es la mayor demostración contra la violencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresará a la Parroquia el Cuerpo de blancos nazarenos con la Cruz Trinitaria, que parece especialmente concebido para encajar en el contexto de la noche primaveral, como brotado del pincel de García Ramos, Hohenleiter o Bacarisas. Y será llegado el momento de esperarla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche sevillana halla en Ti su más especial expresión. Madre Nuestra ¿será posible tanta maravilla? ¿será posible el Color Moreno de Tu Cara al entrar tu formidable paso de palio?. Será el momento de mirarte... será el momento de contemplar esos Ojos que embrujan, que se agrandan en la calle, que miran con maternal comprensión... Habrá merecido la pena ir lejos de Ti en la Estación de Penitencia para haber esperado simplemente el instante en que la luz de la cera gastada en la candelería ilumina Tu Rostro incomparable... ¡entonces Tus Ojos parecen tener vida!... Reina del Dulce Nombre...¡qué Guapa Eres!... merece la pena vivir para esperar que entres en San Lorenzo. Quien la vio en esos momentos sensacionales ya la recordará siempre, sabiéndose desde entonces bajo la Protección de Su Manto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus cofrades volveremos a casa, avanzada ya la noche, deseosos de verla al día siguiente, con la Cara aún más Morena y las velas aún más agotadas; más este nazareno enamorado siempre evocará aquella vez en que un Miércoles de Pasión, llegando la Semana Santa, vivió la dicha increíble de entrar en San Lorenzo y encontrarse totalmente solo ante Ella, Testimonio Sublime de la Fe de Antonio Castillo Lastrucci...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Qué Sola estaba la Virgen&lt;br /&gt;esa tarde en San Lorenzo...&lt;br /&gt;la Virgen estaba Sola&lt;br /&gt;y yo le tiraba besos,&lt;br /&gt;estaba sola la luz&lt;br /&gt;que inundaba los adentros,&lt;br /&gt;sólo el hierro de las rejas&lt;br /&gt;y los óleos en el lienzo&lt;br /&gt;sólo se escuchaban trinos&lt;br /&gt;de gorrión, y jaleo&lt;br /&gt;de chiquillos en la Plaza&lt;br /&gt;más grande del Universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sola estaba Su Mirada&lt;br /&gt;solo Su Color Moreno;&lt;br /&gt;Sola estaba con San Juan,&lt;br /&gt;conmigo y con mis anhelos.&lt;br /&gt;Solo Su Manto bordado&lt;br /&gt;sus hilos y terciopelo&lt;br /&gt;el palio juanmanuelino,&lt;br /&gt;los borlones y sus flecos.&lt;br /&gt;Estaba sola la cera&lt;br /&gt;y solos los candeleros,&lt;br /&gt;los candelabros de cola&lt;br /&gt;y sus codales enteros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un Miércoles de Pasión&lt;br /&gt;no había nada en San Lorenzo...&lt;br /&gt;ni tan siquiera piropos&lt;br /&gt;ni azahar, ni nazarenos&lt;br /&gt;ni gente arremolinada&lt;br /&gt;ni sudor de costalero,&lt;br /&gt;ni pequeños monaguillos,&lt;br /&gt;ni ciriales, ni el incienso,&lt;br /&gt;ni pobres ni personajes&lt;br /&gt;ni razón ni entendimiento,&lt;br /&gt;ni latir de corazón&lt;br /&gt;ni voces, ni pensamientos,&lt;br /&gt;ni llamas de cirios blancos&lt;br /&gt;ni los rumores del viento,&lt;br /&gt;ni promesas ofrecidas,&lt;br /&gt;ni encendidos juramentos;&lt;br /&gt;ni música que tocara,&lt;br /&gt;ni tan siquiera su eco,&lt;br /&gt;no había claveles rosas&lt;br /&gt;para en las jarras ponerlos,&lt;br /&gt;ni la voz del capataz,&lt;br /&gt;ni compás de saetero&lt;br /&gt;ni gente en la Sacristía&lt;br /&gt;ni cuatro manigueteros&lt;br /&gt;para escoltar Su Presencia&lt;br /&gt;ante los respiraderos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Hernán Cortés a la Plaza&lt;br /&gt;todo era un sumidero&lt;br /&gt;que recogía el sonido,&lt;br /&gt;tornando todo en silencio.&lt;br /&gt;Estaban solas las naves&lt;br /&gt;y solitario el crucero,&lt;br /&gt;solos solos los altares,&lt;br /&gt;y los mármoles del suelo;&lt;br /&gt;oscuro quedaba el coro&lt;br /&gt;y mudo el órgano viejo.&lt;br /&gt;Allí sólo estaba Ella&lt;br /&gt;con mi prosa y con mi verso&lt;br /&gt;que brotó del corazón,&lt;br /&gt;y cuando hoy lo recuerdo&lt;br /&gt;siento como en la garganta&lt;br /&gt;un nudo se hace mi verbo&lt;br /&gt;cuando pienso en aquel día&lt;br /&gt;imborrable en San Lorenzo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Solo con Su Dulce Nombre,&lt;br /&gt;creí que estaba en el Cielo!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Semana Santa es la expresión de la Fe cristiana del pueblo de Sevilla. La Fe hace surgir artes que enriquecen el Patrimonio de esta Ciudad. Nos acordaremos del gran Manuel Guzmán Bejarano al contemplar la talla del paso del Cristo de las Almas en su callado, profundo y ascético recorrido. El arte de vestir imágenes –siempre sentido en maestros inolvidables como Paco Morillo y Fernando Morillo- se hace delicadeza en las manos que visten a la Soledad de San Buenaventura. La imaginería alcanzó altas cotas con Luis Ortega Brú, que entregó el amor de su sangre esculpiendo al Santísimo Cristo de la Caridad en Su Traslado al Sepulcro, eje fundamental del espléndido Misterio de la Cofradía de Santa Marta. La música, que tanta Fe atesora en quienes ensayan hasta pasando frío, nos hará recordar especialmente este año acompañando a la Virgen de las Aguas el cincuentenario de Su fantástica Marcha, una de las grandes composiciones de la Semana Santa de Sevilla, interpretada tantas veces años atrás por la Banda del Regimiento de Infantería Soria nº 9, que nos hizo soñar tras el Manto de la Señora por la antigua calle de Armas, haciéndonos decir que no hay nada más sevillano que un paso de palio yéndose, visto desde atrás. Horas altas de la noche del Lunes Santo ante la cofradía del Museo, en que será obligado agradecer la enamorada entrega de ese gran cofrade que fue Filiberto Mira.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes tienen el difícil arte de encender nos harán siempre revivir la capacidad y experiencia de Antonio Santizo, de Manolo El Labio o de Alberto Gómez. La Fe se desborda en floristas, orfebres, plateros, doradores –siempre viva la memoria del maestro Curro-, bordadores –Esperanza Elena Caro siempre en el recuerdo-, esparteros, restauradores y cereros; teniendo éstos el privilegio de fabricar los cirios en distintos colores -expresión de matices de la Pasión de Cristo- que portarán los nazarenos de Sevilla como permanente ofrenda desde la Fe a las Sagradas Imágenes de su particular devoción. Mas si queremos admirar la conjunción de las artes será obligado ir a buscar los pasos de la cofradía de la Exaltación, que atesora uno de los mejores Misterios de Sevilla, y cuyo paso de palio nos quedaremos mirando fijamente, llenándose nuestros corazones de agradecimiento a la desinteresada entrega de Ricardo Comas Facundo en bien de sus hermanos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Lágrimas tengo en mi alma dolorida&lt;br /&gt;rendido ante el candor de tu fragancia&lt;br /&gt;Tú derramas el Gozo en abundancia&lt;br /&gt;a quien busca lo cures de su herida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gerona: brillo, Sol, atardecida...&lt;br /&gt;servir a la ternura, ser sustancia&lt;br /&gt;caminar sin que importe la distancia&lt;br /&gt;costal, trofeo de amor, la frente henchida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu Manto colosal Sevilla entera&lt;br /&gt;contempla cuando vuelves cada esquina&lt;br /&gt;y cae sobre cristal la blanca cera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuánto amar en la vara y la bocina&lt;br /&gt;morado el antifaz, ¡vaya solera&lt;br /&gt;con la Reina de Santa Catalina!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Semana Santa de Sevilla existe, primero por que Dios quiere, y segundo gracias a la Fe cristiana de tantos hermanos anónimos que dejaron este mundo habiendo contribuido con su generoso esfuerzo al diario engrandecimiento de las cofradías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Hermandades son las mismas que siglos atrás en fines e ideas, pero adaptadas en la Fe al tiempo histórico que les toque vivir, manteniendo siempre la fidelidad al Papa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El encanto y la personalidad de la Virgen de la Encarnación, el barroquismo del Cristo de la Sangre y el monumental Misterio de la Sagrada Presentación de Jesús Al Pueblo nos hablan del acertado peregrinar en la Fe de los cofrades de la Hermandad de San Benito, cuyas primeras Reglas fueron aprobadas por el cardenal D. Fernando de Valdés hace cuatrocientos cincuenta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el siglo XIX -de duras pruebas para las Hermandades-, la Fe impulsó a José Bermejo y Carballo y a Félix González de León, cofrades de hondas creencias, a escribir sendas historias de las cofradías, que han llegado a nuestros tiempos como auténticos tesoros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al divisar en la lejanía el soberbio paso de Cristo de la Hermandad de Los Panaderos, ante la Bondad que destila infinitamente la Imagen de Nuestro Padre Jesús del Soberano Poder en Su Prendimiento, comprenderemos que en Getsemaní se manifiesta la Encarnación del Hijo de Dios. Cuando el imponente paso de Misterio se acerque a nosotros sentiremos que estamos allí gracias al tremendo valor de proclamar la Fe que tuvieron los cofrades a quienes tocó superar difíciles avatares de la Historia, aquellos en quienes vemos consumados los Objetivos del Jubileo que marcó la entrada al Tercer Milenio: el Fortalecimiento de la Fe y el Testimonio de los cristianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;EL TESTIMONIO DE LA FE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Fe en Jesucristo es, ante todo, manantial inextinguible de solidaridad y es aquello por lo que las cofradías llevan a cabo su misión evangelizadora, porque la Iglesia tiene como razón primera la Evangelización. La solidaridad no es un concepto del mundo moderno; Cristo nos lo enseñó hace dos mil años. Hemos de considerar -como dice el Concilio Vaticano II- "la noble obligación de trabajar para que el mensaje divino de la Salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de la Tierra". Tenemos que apagar la Sed del hombre. Cristo también tuvo Sed, como la tuvieron unos sevillanos en el barrio de Nervión que fundaron una ejemplar cofradía que –desde el recuerdo a la fecunda labor de Don Fernando Isorna- conmemora los veinticinco años de su primera Estación de Penitencia a la Santa, Metropolitana y Patriarcal, y cuyo paso de Cristo supone una de las principales aportaciones que se han hecho modernamente a la Semana Santa de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre debe ser hombre de su época. No puede volver la espalda a la realidad del mundo. Es imprescindible dar testimonio de la Fe cristiana, llevando la Esperanza a los que sufren tantos problemas de la humanidad: paro, droga, enfermedad, marginación, incomprensión, hambre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que dar ejemplo a los jóvenes, semilla del futuro. Teniendo como modelo la oración de tantos Conventos de Clausura a los que tanto debe Sevilla, en la noche del Sábado Santo dirigiremos nuestras oraciones con universalidad a la Perfección Sublime de la Esperanza Trinitaria. Nos habremos situado con tiempo para verla llegar triunfalmente en la calle Sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando nos hallemos ante la Virgen de la Paz... Única... con ese clasicismo, esa serena elegancia y ese estilo tan cautivador del paso de palio todo blancura y personalidad; en las preciosas calles del barrio del Porvenir rezaremos por la Paz del mundo, para que el hombre sea capaz de dialogar antes de llegar a la guerra y para que cese el terrorismo, que no siente respeto ni por la libertad del hombre ni por sus creencias. Rezaremos para que cese esta plaga y para que entren en razón quienes con su apoyo o con su ambigüedad alientan en cualquier parte del mundo sucesos execrables, como fueron los del pasado día once. Sus responsables deberán responder ante el Altísimo por las muertes de tantos pobrecitos inocentes. Nunca se puede atentar contra la vida, y menos en nombre de Dios, porque Dios es Amor. ¡Que la Justicia Divina caiga implacable sobre los enemigos de la Paz, de la convivencia y de la vida!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero este pueblo bendito había de tener algo más para expresar sus oraciones, y por eso surgió la saeta, cante indefinible que nos hace vibrar y soñar en tantos rincones de la Sevilla íntima, que expresa la hondura de la Fe desde la profunda inspiración; esa que tuvieron Vallejo, Centeno, Manuel Torre, Naranjito de Triana, La Niña de la Alfalfa, Trini Villa, Pepe Valencia o Antonio Mairena. Saetas para cantar la Hermosura indefinible de la Virgen del Valle, ante una originalísima disposición de la candelería y un excelso exorno floral que únicamente podrían ser pensados para Ella; para la Curvatura Inconmensurable de Su Llanto, que es como una cascada… para Ella, que cada vez que pasó ante nosotros en la calle, hizo que todo nos fuera ajeno entre varales, y que sólo fuéramos capaces de fijarnos en Su Cara, y en la luz que a la vez que reflejaba, suya hacía… Su Cara, dueña de nosotros y nuestras almas, nuestras pasiones, oración y sentimientos, grabándose para siempre en la mente aquel encuentro en aquella esquina inolvidable; en la mente y hasta en nuestra forma de ser, porque todo cambió en nosotros cuando cruzamos nuestra mirada con la dirección de la Suya perdida… ¡Qué Señorío el de la Virgen del Valle!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas nuestras oraciones no han de excluir a quienes desempeñan cualquier función en el campo laboral. Estamos en la sociedad que se llama a sí misma "de las nuevas tecnologías". Recemos para que el hombre recuerde que Dios las puso a su alcance para que estén a su servicio, y no el hombre al servicio de las mismas. Pidamos al Padre Celestial que todo aquel que desarrolle su labor lo haga en condiciones tales que eviten el que haya pérdida de vidas humanas. Oremos sin olvidar el lamento de nuestros hermanos que claman respeto a su puesto de trabajo. En estos tiempos tan especiales para la Hermandad, iremos con más ilusión que nunca hasta la Fábrica de Tabacos, a orar ante la Virgen Dulce y Guapísima, gozo eterno para el alma. Y rogaremos encarecidamente cuidado infinito a aquellos que La pasean en una Sevilla inigualable y espléndida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Mira cómo trae los Ojos&lt;br /&gt;mira cómo trae la Cara&lt;br /&gt;no la he visto más bonita...&lt;br /&gt;ni el Sol cuando sale al alba&lt;br /&gt;ni la Luna por la noche&lt;br /&gt;cuando parece de plata&lt;br /&gt;ni los reflejos del Río&lt;br /&gt;a mediodía en Triana.&lt;br /&gt;La tarde del Jueves Santo&lt;br /&gt;tiene en Sus Ojos la Gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras el Pendón de Castilla&lt;br /&gt;viene la Belleza Clara&lt;br /&gt;qué amor en sus costaleros&lt;br /&gt;y qué tristeza en las ramas&lt;br /&gt;florecidas de azahar&lt;br /&gt;y a Su Pasar desmayadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué belleza, imaginero&lt;br /&gt;qué bien te salió, qué Guapa&lt;br /&gt;¿dónde bebiste, escultor?&lt;br /&gt;¿en qué fuentes, de qué agua?&lt;br /&gt;bien que saciaste tu sed&lt;br /&gt;de inspiración honda y clara:&lt;br /&gt;Victoria tan Dolorosa&lt;br /&gt;pero Victoria tan Guapa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cien años ya, Madre mía&lt;br /&gt;cien años de que jurara&lt;br /&gt;ante Tu Augusta Presencia&lt;br /&gt;las Reglas el Rey de España.&lt;br /&gt;El que presidió dos veces&lt;br /&gt;Tu Esplendor que lo llamaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel Rey que en Primavera&lt;br /&gt;hasta Sevilla bajaba.&lt;br /&gt;Aquel que fuera feliz&lt;br /&gt;tan cerca de lo que amaba;&lt;br /&gt;aquel que pasó revista&lt;br /&gt;a los Armaos en Su Alcázar,&lt;br /&gt;el que concedió la Venia&lt;br /&gt;en los Palcos de la Plaza,&lt;br /&gt;aquel que oyó a Rafael,&lt;br /&gt;cuando a caballo tocaba&lt;br /&gt;el clarín de Artillería&lt;br /&gt;mientras Sevilla soñaba&lt;br /&gt;y lo mandara llamar&lt;br /&gt;para ascenderlo a Brigada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el Rey Alfonso XIII&lt;br /&gt;recordaba en la distancia&lt;br /&gt;toda la Felicidad&lt;br /&gt;que atrás se quedó en la Patria,&lt;br /&gt;acaso Virgen María&lt;br /&gt;acaso, Madre, soñara&lt;br /&gt;ser Jueves Santo en Sevilla&lt;br /&gt;y que él te acompañaba.&lt;br /&gt;Y seguro que Tus Ojos&lt;br /&gt;en la Roma tan lejana&lt;br /&gt;le animarían a vivir,&lt;br /&gt;seguro que Tu Mirada&lt;br /&gt;fue consuelo para él&lt;br /&gt;cuando su vida cansada&lt;br /&gt;se apagó en la lejanía&lt;br /&gt;acordándose de España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No olvidas a quien te quiere&lt;br /&gt;en Tu Pureza Sin Mancha...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año Tu Hermosura&lt;br /&gt;sé que lleva Pena amarga.&lt;br /&gt;Cuánto sufres por sus hijos,&lt;br /&gt;esos que Justicia claman ,&lt;br /&gt;protégelos, Virgen Reina,&lt;br /&gt;bajo Tu Manto que Salva.&lt;br /&gt;Sufres Tú por su trabajo&lt;br /&gt;por la Paz en cada casa,&lt;br /&gt;por el calor del hogar&lt;br /&gt;por la alegría diaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No llores Tú, Madre Buena&lt;br /&gt;la de la Cara más Guapa&lt;br /&gt;la de los Ojos más tristes&lt;br /&gt;esos Ojos que derraman&lt;br /&gt;esencia de flores nuevas,&lt;br /&gt;-la más Honrada y más Santa-&lt;br /&gt;no llores tú Cigarrera&lt;br /&gt;que nos destrozas el alma!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Testimoniar nuestra Fe supone entusiasmar al hombre de principios del siglo XXI con un mensaje de Fe y Cultura que debe suponer tracción suficiente para hacer salir al mundo de todos los subdesarrollos. Un mensaje con altura de miras, que tenga en cuenta la dignidad humana. El ímpetu para conseguirlo hemos de buscarlo cuantos integramos la cofradía de la Universidad –bajo la ayuda inestimable de la Virgen de la Angustia e imitando el testimonio de Juan Moya García y Salvador Diánez Leal- en el Cristo de la Buena Muerte, cuyo tránsito por nuestras calles es Tesoro del Pueblo, Inspiración para el Sentimiento, Recuerdo inextinguible, Olor de Santidad, Faro de Luz; Raíz, Tronco y Árbol del Paraíso de la Fe y Música callada que brota en el alma y que hay que escuchar con el alma, mientras todo es Primavera en torno a Él en tarde de Martes Santo, bajo celestial y dorada pirámide de luz; momento solar en el que cabrá preguntarse ante la perfección de Su Cuerpo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;¿Quién encargó al escultor?&lt;br /&gt;¿Quién le diría que lo hiciese?&lt;br /&gt;¿De qué bosque sacarían&lt;br /&gt;la madera para hacerte?&lt;br /&gt;¿y qué pájaros cantaban&lt;br /&gt;en aquel árbol –aún verde-&lt;br /&gt;que ni siquiera sabía&lt;br /&gt;que serviría a las gentes&lt;br /&gt;para mirar al Señor&lt;br /&gt;y al Misterio de Su Muerte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué sintió Juan de Mesa&lt;br /&gt;cuando la orden le diesen&lt;br /&gt;de hacer un Crucificado&lt;br /&gt;de traza clara y valiente?&lt;br /&gt;¿En qué salmo de David&lt;br /&gt;de todos los que leyese&lt;br /&gt;o en qué verso de Isaías&lt;br /&gt;encontró como ponerle&lt;br /&gt;nombre a Obra tan Bella,&lt;br /&gt;a Imagen tan Excelente?&lt;br /&gt;qué inspiró a aquel cordobés&lt;br /&gt;-imaginero eminente-&lt;br /&gt;¿qué Ángel se le apareció&lt;br /&gt;en un sueño que tuviese&lt;br /&gt;para dejarle la musa&lt;br /&gt;que le sirvió para verte&lt;br /&gt;para dictarle a la gubia&lt;br /&gt;por do había de meterse&lt;br /&gt;ahondando en los maderos&lt;br /&gt;que esperaban impacientes&lt;br /&gt;servir al Cuerpo de Cristo&lt;br /&gt;y a Su Contorno Doliente?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué sintió el imaginero&lt;br /&gt;cuando en sus manos tuviese&lt;br /&gt;la Cabeza de Aquel Cristo&lt;br /&gt;y acariciara Sus Sienes...?&lt;br /&gt;¿Cuántas lágrimas saldrían&lt;br /&gt;de sus ojos de creyente&lt;br /&gt;cuando terminó los brazos,&lt;br /&gt;pies y rodillas inertes...?&lt;br /&gt;cuando miraba el costado&lt;br /&gt;que parecía encenderse&lt;br /&gt;de tanto amor que le puso&lt;br /&gt;a la Figura que hiciese,&lt;br /&gt;a aquella Imagen soberbia&lt;br /&gt;de aquel siglo diecisiete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Imagen de Juan de Mesa&lt;br /&gt;resultó tan imponente&lt;br /&gt;que arranca toda oración&lt;br /&gt;hacia el aire que posee&lt;br /&gt;a la traza dolorida&lt;br /&gt;que al mundo entero sostiene,&lt;br /&gt;a la traza que proclama&lt;br /&gt;ante tantos penitentes&lt;br /&gt;que Tu Infinita Bondad&lt;br /&gt;es refugio del que cree,&lt;br /&gt;del que busca la verdad&lt;br /&gt;y del que corazón tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tarde de Martes Santo&lt;br /&gt;me acordé de quien Te hiciese&lt;br /&gt;y del dilema que tuvo&lt;br /&gt;cuando nombre fue a ponerte,&lt;br /&gt;y comprendí que al mirarte&lt;br /&gt;un nombre sólo se viene&lt;br /&gt;a lo hondo del cerebro&lt;br /&gt;cuando Tu Morir se entiende.&lt;br /&gt;Seguro que Juan de Mesa&lt;br /&gt;no dudó como ponerte&lt;br /&gt;cuando Te miró a la Cara,&lt;br /&gt;Cristo de la Buena Muerte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;EL COMPROMISO DE LA FE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La existencia tiene una finalidad. Ayudar al hombre a llevar la Cruz ofreciendo a Dios nuestra entrega. Eso aprendimos los jóvenes que llegamos a la Vera+Cruz hace treinta años, gracias a cofrades que nos recibieron desde la profundidad de la Fe, la seriedad en la Formación y la claridad en la escala de valores. El espíritu de la Hermandad se resume en la inscripción sobre la Cruz de Guía: "TOMA TU CRUZ Y SÍGUEME".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Somos muchos los que tenemos que agradecer a la Hermandad de la Vera+Cruz el habernos enseñado que con Amor todo es posible, que sólo potenciando la Caridad desde la Acción Social en todas sus formas pueden hacerse realidad las palabras del Evangelio de San Mateo: "cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos". A la Hermandad debemos un estilo de vida, que nos hace afirmar con orgullo: "SOY DE LA VERA+CRUZ".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen de las Tristezas -Humilde, Sencilla y Clara; como Compás de Convento de Clausura- nos enseña a superar las dificultades de la vida. Subirá la estrechez de Placentines. Parecerá imposible... pasará en silencio, dejando una estela de meditación, y de sobriedad en el sello inconfundible de su vestir, en los bordados de las bambalinas y en el color negro del Manto y del Techo de Palio... Serán instantes cruciales en los que la estrechez se hace emocionante en menos de dos milímetros de distancia a un cierro, a un farol, a un balcón... allí, cuando las cales se iluminen por la candelería cercanísima, será cuando el capataz desgrane su sabiduría y los que van debajo trabajen callados, todos a una por servir a la Señora... que no se mueva un varal, que no se mueva una cintura... pocas voces y mucha vista en los contraguías, sirviendo sin ser vistos, viviendo lo insospechado en la noche... cuando terminen esos momentos de dificultad, cuando suene ya la saeta que todos los años brota llegando a la anchura de la calle; entonces, entenderemos que con la ayuda de Ella todo se consigue. Bien lo sabemos sus cofrades. A Ella nos encomendamos siempre, teniendo presente que Él, Cristo de la Vera+Cruz, joya del Arte Hispalense, la más antigua Imagen de cuantas procesionan en nuestra Semana Mayor, es la razón de nuestra existencia y de nuestra lucha diaria...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Impresiona percibir Tu Color indescriptible en el Compás de la Capilla cuando declina la tarde, y pensar que estamos viendo algo que era igual hace siglos...¡Cuantos milagros has hecho, Cristo de la Vera+Cruz! ¡Cuánto bien sigues haciendo en el hombre! ¡Cuántos salieron de tu Capilla habiendo encontrado el Camino! Y cuántos que no te conocían te encontraron para siempre al contemplar los lirios bajo Tus Pies y el brillo de Tus Potencias bajo la noche de Sevilla, como en la famosa fotografía de Luis Arenas; entre los hachones de cera verde; momento para reflexionar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Cuánta Sevilla, Señor&lt;br /&gt;ante Tu Imagen señera,&lt;br /&gt;cuánta gente en oración&lt;br /&gt;cuánta alegría y tristeza&lt;br /&gt;cuánto callado sufrir&lt;br /&gt;cuánta ilusión honda y nueva&lt;br /&gt;cuántas Gracias imploradas&lt;br /&gt;cuánta súplica directa&lt;br /&gt;cuánta oración sostenida&lt;br /&gt;cuánta petición intensa&lt;br /&gt;cuánta vivencia diaria&lt;br /&gt;cuánto amor hacia Tu Esencia,&lt;br /&gt;cuánta vida tan distinta&lt;br /&gt;producto de cada época.&lt;br /&gt;Ante Tu Devota Efigie&lt;br /&gt;el hombre con sus problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuántos años contemplaron&lt;br /&gt;arrodilladas sinceras&lt;br /&gt;a las gentes de Sevilla&lt;br /&gt;implorando tus Grandezas.&lt;br /&gt;Qué ilusiones te pondrían&lt;br /&gt;como flor de Primavera&lt;br /&gt;nuestros hermanos antiguos&lt;br /&gt;–Estación de Penitencia-&lt;br /&gt;haciendo la disciplina&lt;br /&gt;o portando luz de cera&lt;br /&gt;en noches de Jueves Santo&lt;br /&gt;por la vieja calle Génova.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Convento de San Francisco&lt;br /&gt;entre pinturas de Herrera&lt;br /&gt;de Pacheco y de Murillo&lt;br /&gt;entre lámparas argénteas&lt;br /&gt;al viejo Cristo rezaban&lt;br /&gt;principales en nobleza&lt;br /&gt;y los humildes de entonces&lt;br /&gt;para ganar indulgencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas cuando el tiempo pasó&lt;br /&gt;resquebrajando riquezas&lt;br /&gt;olvidado en San Alberto&lt;br /&gt;sobre Tu Cruz de Madera&lt;br /&gt;te llegaste a ver, Dios mío,&lt;br /&gt;siendo Tú la Vida Eterna.&lt;br /&gt;Mas la ilusión floreció&lt;br /&gt;como en semillas que esperan&lt;br /&gt;y unos jóvenes cofrades&lt;br /&gt;con la ilusión por bandera&lt;br /&gt;sintieron en su interior&lt;br /&gt;en lo hondo de las venas&lt;br /&gt;que les hablaba el Espíritu&lt;br /&gt;-que es el que guía a la Iglesia-&lt;br /&gt;y fueron a congregarse&lt;br /&gt;como si fueran estrellas&lt;br /&gt;alrededor de la Luna&lt;br /&gt;en noche de Primavera&lt;br /&gt;y Tu devoción alzaron&lt;br /&gt;como una gloriosa enseña,&lt;br /&gt;de San Alberto salió&lt;br /&gt;el Cristo antiguo que es Fuerza&lt;br /&gt;y hasta la calle Jesús&lt;br /&gt;vino a sanar almas nuevas,&lt;br /&gt;llevaron a resurgir&lt;br /&gt;a la cofradía vieja&lt;br /&gt;la de más rancio abolengo&lt;br /&gt;de las que en Sevilla hubiera&lt;br /&gt;y otra vez, Señor, clavado&lt;br /&gt;sobre Tu Cruz Verdadera&lt;br /&gt;los sevillanos buscaron&lt;br /&gt;el abrigo en Tu Presencia,&lt;br /&gt;ante Tu Antigua Escultura&lt;br /&gt;de devoción tan inmensa,&lt;br /&gt;ante Tu Sangre Preciosa&lt;br /&gt;que cayó sobre la Tierra. .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristo al que antaño rezaron&lt;br /&gt;generaciones enteras,&lt;br /&gt;Cristo Cósmico Central&lt;br /&gt;del Universo que rueda&lt;br /&gt;el Inicio y el Final&lt;br /&gt;de toda la convergencia,&lt;br /&gt;Cristo Eterno e Infinito&lt;br /&gt;y Dios y Hombre de veras,&lt;br /&gt;Hijo de María la Virgen&lt;br /&gt;del que hablaron los Profetas;&lt;br /&gt;Señor, Salvador, Ungido&lt;br /&gt;que Sufrió por faltas nuestras,&lt;br /&gt;Mesías que Dios al hombre&lt;br /&gt;en lo antiguo prometiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuánta Sevilla, Señor&lt;br /&gt;ante Tu Imagen Austera&lt;br /&gt;ante la severidad&lt;br /&gt;de Tu Muerte tan cruenta&lt;br /&gt;comprendió que Tú en la Cruz&lt;br /&gt;Eres Verdad, Vida Cierta&lt;br /&gt;Segura Resurrección&lt;br /&gt;y la Salvación más plena,&lt;br /&gt;Cristo de la Vera+Cruz,&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Señor del Cielo y la Tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;"El fruto de la Fe es el Amor", dice Madre Teresa de Calcuta. Cristo es un derecho de cada hombre. El que quiera amar a Dios que sirva a su hermano. Ante los muros de azúcar de San Antonio de Padua, rogaremos a la elegancia del Santísimo Cristo del Buen Fin y a la distinción señorial de la Virgen de la Palma que sigan haciendo brotar los frutos del Centro de Estimulación Precoz, cuya semilla fue dichosamente plantada hace años por la Hermandad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vosotros, cofrades del Buen Fin, sí que entendisteis que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El secreto de la Felicidad está en compartir la Fe amando al prójimo. Modelo encontramos en tantas cuadrillas de costaleros –germen para las de hoy- que llenaron páginas imborrables en cada cofradía comprometiendo y compartiendo su Fe desde la honradez, el orgullo, la casta , la emoción y la amistad, porque aquella gente de abajo como "El Balilla" y "El Oliva", que lo daba todo y salía toda la Semana Santa, hizo un esfuerzo verdaderamente épico, mientras en los llamadores mandaba la categoría de capataces como Manolo Santiago, Vicente Pérez Caro, Ariza El Viejo y su hijo, El Tarila, Adame, Palacios, Angelillo, los Borrero, Canela, Pascual, Machuca, Eduardo y Manolo Bejarano, Manuel López Moreno, Rafael Franco Rojas, Rafael Franco Luque, Salvador y los Rechi... ¡Cuánto debe a todos ellos la Semana Santa de Sevilla!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;LA TRANSMISIÓN DE LA FE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermosa es nuestra Fe. Es como una candelería siempre encendida. Gracias a ella vivimos instantes maravillosos, y nada nos parece imposible. Por ella brotaron lágrimas de emoción en tantos cofrades. Debemos la Fe a cada una de nuestras familias; a nuestros padres, que para nosotros pidieron el Bautismo. La Fe cristiana se transmite en la familia, núcleo esencial de la sociedad, donde compartimos la alegría y aprendemos el espíritu de sacrificio. A nuestros mayores debemos la Fe. Si alguien ha enseñado al mundo qué es el respeto a los mayores, ése es el Pueblo Gitano. De los mayores hemos aprendido quienes pertenecemos a la Hermandad que no se puede separar a los Pobres y al Evangelio, que cuando las Angustias invaden al hombre hay que llevarle la Salud. Eso hace la Hermandad, atendiendo zonas marginales y colaborando con la Pastoral Gitana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La elegancia, la maravilla, la figura y la clase del Cristo de los Gitanos inunda de Salud a cuantos llevan la sinceridad en el corazón. Él la hace brotar en cada interior cuando avanza en la Madrugada y en la Mañana del Viernes Santo… Él; Lirio Morado entre Judea y Sevilla, Clavel que aroma el amanecer, Cristo mismo hecho Hombre que Camina Descendido de los Cielos... Él pone un interrogante en nuestro corazón, y nos ofrece siempre la posibilidad de renovarnos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Mira cómo va el Señor&lt;br /&gt;partiendo la Madrugada;&lt;br /&gt;mira cómo va mi Cristo&lt;br /&gt;Bronce Moreno Su Cara&lt;br /&gt;El que soporta la Cruz&lt;br /&gt;con más Arte y con más Gracia&lt;br /&gt;en la humanidad entera,&lt;br /&gt;que se rinde ante Sus Plantas.&lt;br /&gt;Mira cómo va el Señor&lt;br /&gt;cuando entra en la Campana&lt;br /&gt;mira cómo va ese paso,&lt;br /&gt;si parece que no anda;&lt;br /&gt;poquito, poquito a poco&lt;br /&gt;avanzan las alpargatas&lt;br /&gt;de los buenos costaleros&lt;br /&gt;bajo el frío de la mañana.&lt;br /&gt;Va sobre andares gitanos&lt;br /&gt;y parece que no anda,&lt;br /&gt;todos los cuerpos derechos&lt;br /&gt;cortas, cortas las llamadas&lt;br /&gt;el pasito racheao,&lt;br /&gt;cortito, que no se vaya,&lt;br /&gt;qué despacito lo llevan,&lt;br /&gt;con el corazón trabajan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del Valle viene la gente&lt;br /&gt;y es su arte filigrana,&lt;br /&gt;siendo costaleros son&lt;br /&gt;alarifes de la Gracia&lt;br /&gt;paseando a Jesucristo&lt;br /&gt;Bato de la mejor raza,&lt;br /&gt;que camina bajo Él&lt;br /&gt;por ver Su Cruz aliviada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Figura de un Gitano&lt;br /&gt;ha dejado en la Campana&lt;br /&gt;olorcito a hierbabuena&lt;br /&gt;y preguntas en el alma&lt;br /&gt;de por qué no nos miramos&lt;br /&gt;cara a cara toda raza&lt;br /&gt;para estrecharnos la mano&lt;br /&gt;bajo Su Mirada Santa.&lt;br /&gt;La Figura de un Gitano&lt;br /&gt;ha dejado la Campana&lt;br /&gt;y va con Su Cruz a cuestas&lt;br /&gt;por Sierpes para la Plaza,&lt;br /&gt;Sus Manos son Miel y Bronce&lt;br /&gt;y Su Cuerpo Espiga clara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los corazones cabales&lt;br /&gt;que no distinguen de razas&lt;br /&gt;le rezan un Padrenuestro&lt;br /&gt;al Nazareno que pasa&lt;br /&gt;derramando la Salud&lt;br /&gt;que al mundo hace tanta falta…&lt;br /&gt;El Cristo de los Gitanos,&lt;br /&gt;El que no entiende de razas,&lt;br /&gt;Padre de la Cristiandad,&lt;br /&gt;de tantas voces calladas,&lt;br /&gt;El que da cobijo a todos,&lt;br /&gt;El que a nadie niega nada&lt;br /&gt;va atravesando Sevilla&lt;br /&gt;sobre pisadas de plata&lt;br /&gt;de costaleros gitanos,&lt;br /&gt;que valentía derraman.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sale de la Catedral&lt;br /&gt;y se alegra la Giralda;&lt;br /&gt;que en esa Mañana Grande&lt;br /&gt;todo es embrujo y es magia&lt;br /&gt;por su Regio Señorío,&lt;br /&gt;que en Viernes se derrama&lt;br /&gt;porque pasó ante nosotros&lt;br /&gt;un Gitano que llevaba&lt;br /&gt;la Cruz de nuestros pecados&lt;br /&gt;como si nada llevara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando regresa a Su Templo&lt;br /&gt;los balcones son un ascua,&lt;br /&gt;de bronce es la multitud&lt;br /&gt;y mil saetas le cantan&lt;br /&gt;con el arte de los primos&lt;br /&gt;de aquel que un día fundara&lt;br /&gt;hace dos siglos y medio&lt;br /&gt;una cofradía en Triana:&lt;br /&gt;aquel Gitano tan bueno&lt;br /&gt;-Sebastián Miguel de Varas-&lt;br /&gt;que desde la Gloria ve&lt;br /&gt;los Viernes Santo en el alba&lt;br /&gt;el Caminar de su Cristo&lt;br /&gt;cuando entra en la Campana&lt;br /&gt;llevado por costaleros&lt;br /&gt;que saben cómo se anda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La Semana Santa tiene la dimensión humana que trasciende en el contacto con lo Divino, y desde chicos sentimos a Cristo y a María como algo muy cercano. En Sevilla hay niños pequeños que aún no hablan ni andan, pero que - en brazos de sus padres "ya le tiran un besito al Señor y a la Virgen". Esos niños se duermen muchas veces al son y compás de marchas procesionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vivencia de la Fe conservando nuestras tradiciones encontramos la verdadera medida de la grandeza de nuestro Pueblo. La Semana Santa se transmite de padres a hijos. Nazarenos, costaleros y acólitos de una misma familia irán juntos a confesar y comulgar antes de hacer la Estación de Penitencia. Gracias a la familia seguimos viendo cofradías en sitios donde nuestros padres nos llevaron de la mano en Semanas Santas lejanas que nos definieron tal como somos, forjando nuestra personalidad... Esperar en la calle Trajano al Señor de la Oración en el Huerto y a la distinta, Señorial y personalísima Virgen del Rosario, embelesándonos el airoso pliegue de Su Manto y los famosos Rosarios en los varales... Dominar la visión grandiosa de la cofradía de La Hiniesta entre las muy antiguas Columnas de la Alameda de Hércules... Y recordar allí mismo a la Banda de la Policía Armada tras el único paso que llevaba entonces la sevillanísima cofradía de La Sagrada Lanzada, cuyo Crucificado fue magistralmente esculpido por Antonio Illanes hace tres cuartos de siglo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a la familia, guardamos vivencias sentidas que nos dejaron un hondo recuerdo. Y es que –bien lo sabéis- en Semana Santa hay momentos que son iguales cada año, no dejando por ello de ser recordados con idéntica nostalgia… pensad en la mañana del Viernes Santo en la calle Arfe, entre el embrujo seductor de la cofradía que ya regresa hacia Triana. Todo allí será igual, desde la cara del acólito semicongelada y casi poseída por el sueño a los codales que vienen ya gastados en ciriales y en los candelabros del paso del Señor de las Tres Caídas… todos, en ese instante querremos a Cristo por encima de ideas y sentimientos… todos, hasta el mismísimo romano, que se abriga con la capa bajo el relente mañanero; ese romano que –a base de tanto tiempo en Triana- tomó un día, de pleno derecho, la ciudadanía trianera, y ya no habla al Señor con voces de mando, sino que le dice que lleve la Cruz despacito, con cuidado de no dañar Su Santo Cuerpo; despacito y alegre, porque en Triana lo espera Su barrio para dedicarle los más bellos piropos del mundo y trenzarle la mejor de las oraciones; y al Cirineo le dice que sea Su ayuda clara y de verdad, que si no él mismo se bajaría del caballo y cogería la Cruz, porque Jesucristo no sufriese en la inmensidad de la mañana trianera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la calle Arfe nos quedaremos a esperar a Aquella que nos emocionó a cuantos La tuvimos cerca en el Traslado a Su Besamanos. Emociona ver de cerca tanta Belleza indescriptible. ¡ Y qué Ojos Tiene la Esperanza!. Cuando se besan Sus Manos se piensa en cuantos lo hicieron –desde el mismo Amor que nosotros- en una Triana y una Sevilla tan distintas a la de hoy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nosotros únicamente somos uno más en el devenir de las cosas. Al besar Sus Manos se siente una gratitud sin límite. Sus Ojos Perfectos -¡ay, los Ojos de la Esperanza de Triana!- hacen sentir Su Amor Infinito de Madre y el dolor por cuantas faltas hayamos cometido en la vida. Se experimenta una incontenible sensación de querer ser bueno. Se percibe que la Bondad nace ante Su Augusta y Clara Presencia llena de Majestad, Maternidad, Empaque y Señorío. ¡Qué Guapísima Es! Ella nos convocó a Su Presencia para que entendiéramos que el Señor nos llama a cada uno a una misión trascendente, pero sin dejarnos solos, que Ella –Su Madre- es también la nuestra y está con nosotros, dándonos su cariño incomparable. A través de Ella nos llega la Fuerza de Dios, la Fuerza de la Fe, la que sirve para seguir adelante y afrontar la vida... Eterno agradecimiento al noble gesto de la Hermandad, invitándonos a compartir aquellos instantes inolvidables para siempre junto a Aquella que ostenta el Almirantazgo Mayor, que tan felices nos hizo en las aguas de Su Pleamar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;En la amanecida fresca&lt;br /&gt;un barco hace su entrada&lt;br /&gt;por el Arco del Postigo&lt;br /&gt;el Viernes después del Alba&lt;br /&gt;lo va capitaneando&lt;br /&gt;la Esperanza de Triana,&lt;br /&gt;en el río suenan salvas&lt;br /&gt;de corbetas y fragatas,&lt;br /&gt;los galeones de Indias&lt;br /&gt;disparan sus andanadas&lt;br /&gt;y por Arfe se estremecen&lt;br /&gt;sentimientos y miradas&lt;br /&gt;cuando suenan los cañones&lt;br /&gt;de la Belleza y la Gracia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Tú pasas, Morena&lt;br /&gt;de camino hacia Triana&lt;br /&gt;todo el Postigo se queda&lt;br /&gt;solo como una explanada&lt;br /&gt;en la que no hubiera nadie&lt;br /&gt;que sin tristeza se hallara&lt;br /&gt;pero le queda el consuelo&lt;br /&gt;al Arco y Atarazanas&lt;br /&gt;de haber grabado en sus muros&lt;br /&gt;la sombra de Tu Esperanza.&lt;br /&gt;Y te esperarán seguro&lt;br /&gt;aguardando Tu llegada&lt;br /&gt;para poder recibirte&lt;br /&gt;entre salvas y andanadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, por el Baratillo&lt;br /&gt;a los sones de las marchas&lt;br /&gt;bajo las trabajaderas&lt;br /&gt;se mece toda la Gracia&lt;br /&gt;y todo el mundo se queda&lt;br /&gt;con el nudo en la garganta&lt;br /&gt;cuando pasa para el puente&lt;br /&gt;la Dueña de la Mañana.&lt;br /&gt;Bonita y Guapa le dice&lt;br /&gt;de lejos la Maestranza,&lt;br /&gt;mira la Torre del Oro&lt;br /&gt;-lo cuenta a la de la Plata-&lt;br /&gt;cómo va la cofradía&lt;br /&gt;despacito hacia su Entrada.&lt;br /&gt;Del cielo blanca neblina&lt;br /&gt;ha bajado hasta las aguas&lt;br /&gt;por recibir la caricia&lt;br /&gt;del Manto de la Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está el Paso del Caballo&lt;br /&gt;cerca de la calle Larga&lt;br /&gt;el Altozano es un mundo&lt;br /&gt;y el mundo entero es Triana&lt;br /&gt;y en la cara de Belmonte&lt;br /&gt;se adivina congelada&lt;br /&gt;una sonrisa torera&lt;br /&gt;bajo el sol que ya se alza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despacio la Virgen viene&lt;br /&gt;por el Puente, entre plegarias,&lt;br /&gt;bendito el que la vistió&lt;br /&gt;que le colocó la Saya&lt;br /&gt;con el arte y el pellizco&lt;br /&gt;de siguiriyas gitanas.&lt;br /&gt;Arcángeles alfareros&lt;br /&gt;la van llevando en volandas&lt;br /&gt;pasa el Puente poco a poco&lt;br /&gt;y cuando entra en Triana&lt;br /&gt;desde los Cielos sonríen&lt;br /&gt;San Joaquín y Santa Ana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marineros Celestiales&lt;br /&gt;han soltado las amarras&lt;br /&gt;y han desplegado las velas&lt;br /&gt;de la Nao de la Gracia&lt;br /&gt;que va surcando por mares&lt;br /&gt;de piropos y alabanzas&lt;br /&gt;que se dirigen a Ti&lt;br /&gt;por ser Divina Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el barco toma el rumbo&lt;br /&gt;que le dicta Tu Mirada&lt;br /&gt;pétalos y colgaduras&lt;br /&gt;te siguen, rindiendo armas&lt;br /&gt;y repitiendo a porfía&lt;br /&gt;como canción que te alaba:&lt;br /&gt;¡Dios te Salve, Marinera&lt;br /&gt;Lucero de la Mañana&lt;br /&gt;Ilusión de nuestra vida&lt;br /&gt;Esperanza de Triana!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tarde del Viernes Santo iremos a buscar al Cachorro. El ayer se nos hará un nudo en la garganta, recordando aquellas señoras mayores sentadas al sol del invierno por las tardes a la puerta de sus casas en la calle Patrocinio, que entonces tenía vida tan distinta a la de hoy, y que vivía para Aquella a quien amorosamente llamábamos "La Señorita" como si fuera un ramo de claveles rosas que estuviera permanentemente a Sus Plantas. Esas señoras mayores con tanta Fe profunda, que hablaban del Cachorro como si fuera su Hijo. En el pensamiento la vivencia de esas Salidas de la cofradía en la niñez, toda la familia junta, que nunca olvidan los que por allí vivieron, que siempre vuelven a Él en Viernes Santo. Buscaremos al Santísimo Cristo de la Expiración...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Cachorro de mi sentir&lt;br /&gt;que se extasía al contemplarte&lt;br /&gt;por las calles de Triana&lt;br /&gt;Dueño inmenso de los aires&lt;br /&gt;desgarrados por Tus brazos&lt;br /&gt;que desde la Cruz nos abres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro del corazón&lt;br /&gt;y Cachorro de mi sangre&lt;br /&gt;y Cachorro de mi gente&lt;br /&gt;y Cachorro de la tarde&lt;br /&gt;y Cachorro de mi vida&lt;br /&gt;-de los claveles granates-&lt;br /&gt;y Cachorro de mis penas&lt;br /&gt;y mis lágrimas que arden&lt;br /&gt;y Cachorro de mi alma&lt;br /&gt;y Cachorro de mis males&lt;br /&gt;para quitármelos todos&lt;br /&gt;y desde la Cruz sanarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro que da la vida&lt;br /&gt;Cachorro para admirarse&lt;br /&gt;de que aún te queden fuerzas&lt;br /&gt;hasta para perdonarme,&lt;br /&gt;Cachorro para Morir&lt;br /&gt;sin de ninguno olvidarse…&lt;br /&gt;Cachorro de las dolencias&lt;br /&gt;de muchos que se debaten&lt;br /&gt;entre la vida y la muerte,&lt;br /&gt;Cristo para encomendarse…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro del viejecito&lt;br /&gt;que vino a verte esta tarde&lt;br /&gt;salir desde Tu Capilla&lt;br /&gt;con recuerdos imborrables&lt;br /&gt;de cuando fue costalero&lt;br /&gt;y te llevaba arrogante…&lt;br /&gt;Cachorro de la niñez&lt;br /&gt;que resucita al mirarte…&lt;br /&gt;de la nostalgia escondida,&lt;br /&gt;Cachorro de los tejares,&lt;br /&gt;del río Guadalquivir,&lt;br /&gt;Cachorro de los corrales&lt;br /&gt;Cachorro de las dos Cavas&lt;br /&gt;Cachorro para cantarte&lt;br /&gt;soleás y martinetes&lt;br /&gt;con la voz del cante grande&lt;br /&gt;y saetas bien templadas&lt;br /&gt;para desgarrar la tarde&lt;br /&gt;y hasta el brillo de la Luna&lt;br /&gt;de la noche delirante…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro del Viernes Santo&lt;br /&gt;¡Tú en la Cruz Resucitaste!&lt;br /&gt;Cachorro, Tú Eres la Fe&lt;br /&gt;que a todos lleva adelante&lt;br /&gt;por las sendas de la vida&lt;br /&gt;y por eso Tus Andares&lt;br /&gt;van llenos de valentía&lt;br /&gt;bajo estrellas fulgurantes&lt;br /&gt;porque Tú Eres la Agonía&lt;br /&gt;de la que la vida nace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro que está en el Puente,&lt;br /&gt;en Triana, en todas partes&lt;br /&gt;¿qué tienes?, que cuando pasas&lt;br /&gt;se nos hiela hasta la sangre&lt;br /&gt;y hasta se vuelve silencio&lt;br /&gt;nuestra mirada anhelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro para pedirte&lt;br /&gt;y con fervor suplicarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro de los chiquillos&lt;br /&gt;Cachorro para abrazarte&lt;br /&gt;cuando se acabe mi vida&lt;br /&gt;y con mi vida arrancarte&lt;br /&gt;los clavos que te laceran&lt;br /&gt;los pies y manos sangrantes…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro para volar&lt;br /&gt;hasta el Cielo, hasta encontrarte&lt;br /&gt;–ya sin llevar alpargatas;&lt;br /&gt;que no hacen falta en el aire-&lt;br /&gt;y que entonces me igualaran&lt;br /&gt;los antiguos capataces&lt;br /&gt;con los costaleros viejos&lt;br /&gt;que hasta Tu lado Llamaste&lt;br /&gt;–que para andar por la Gloria&lt;br /&gt;de Triana te llevaste-&lt;br /&gt;y allí ponerme el costal&lt;br /&gt;y por el Cielo llevarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;En la familia aprendimos a amar, porque nos lo enseñó nuestra Madre. Una Madre es lo más grande que hay en la vida, y nada hay más Hermoso que su Amor. ¿Cómo sería la Virgen para que Dios la eligiera para ser Madre de Su Hijo?. Pues perfecta: La Macarena. Qué fácil es todo cuando acudimos a Su Gracia. Cuando a uno le dicen delante de La Macarena que La abrace se paraliza. Es tener la oportunidad de estar en contacto con lo que uno aspira al final de la existencia: el Cielo; ese Cielo en el que ya están nuestros antepasados, que sintieron hacia Ella lo mismo que nosotros. Se piensa en la multitud que la rodea cuando Ella Está en la calle haciéndonos tanto bien y dándonos la alegría para que sigamos adelante; en las veces que le dijimos "no pases tan rápido, quédate con nosotros un poquito más"... en lo felices que fuimos en ese instante fugaz en que brotó la lágrima sin buscarlo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estar cerca de La Macarena es ser la persona más afortunada del mundo. En Su Bajada para el Besamanos, junto a Ella se vive lo inimaginable. El hombro izquierdo siente sobre sí todo el peso de Su Dulzura Infinita y las manos tienen el privilegio de coger Su Cintura... ¿qué se puede encontrar mejor que ésto?. Caminar junto a Ella son los pasos más extraordinarios desde que se aprende a andar de muy niño. Es ayudar a Caminar a Tu Madre y llevar su peso...¡cuánto pesa el Amor! Es sentirse elegido, recibiendo tan Sublime Gracia del Padre Celestial. En esos instantes sobrenaturales se ve claramente que toda la vida tiene sentido por llegar hasta allí, y se comprende entonces su significación: que Dios nos ponga en sitio y lugar determinados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos de hacer su Santa Voluntad con alegría. Quien así no lo entienda, no entenderá la existencia nunca ¡Ella no nos dejará de Su Mano! Abrazando a la Macarena se aprende que todo tiene una explicación, que todo sucede por algo. Tú, Esperanza Nuestra, Eres la Estrella de la Mañana en nuestras noches oscuras, y nos ayudas a entender a Dios, a señalarnos Sus Caminos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces la vida –dice Juan XXIII- es "dejarse devorar por el sufrimiento y la Muerte para luego resurgir". ¡Qué importa sufrir si Ella está con nosotros!... ¡Cuánto bien haces a Sevilla, Madre nuestra!... Cuida siempre a los sevillanos; a los enfermos, a los niños, a los mayores, a los que están lejos de aquí; y a los que aquí han encontrado su vida...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rezábamos el Rosario ante Ella encontrando gran consuelo a nuestras diarias preocupaciones, y las lágrimas brotaban sin querer. Rendidos cortesanos, enamorados peregrinos éramos los congregados en su Santa Presencia. Allí sucedía realmente algo sensacional... Su expresión Maternal, llena de Belleza y Vida. Verdaderamente estábamos en presencia de la Madre de Dios, de la Reina de las Reinas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo era apoteosis. Lo más fascinante que los ojos puedan ver nunca. Su Expresión fabulosa. Su actitud. Su Juventud. Su Cintura. Y Su Cara... la Cara de la Macarena... El que lo vio y lo vivió proclama que Ella no es de este mundo, que ha venido del Cielo para ser nuestra Madre y Ayuda Perpetua... que Ella es – y hay explicación- el rumor del Pueblo, la Esperanza para continuar, el por qué de la multitud que la busca para tenerla cerca, la razón infinita de que muchos hasta lloren de alegría, emocionados, cuando la Virgen pasa ante ellos, o si tienen la dicha de que le paren delante a la Macarena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias al inolvidable ofrecimiento de la Hermandad, desde aquella noche única habrá siempre un antes y un después. Aquí os traigo la voz emocionada, que apenas es capaz de describir Lo que soportó este hombro, Lo que abrazó este brazo, Lo que cogieron estas manos, y Lo que vieron estos ojos que habrán de convertirse algún día en cenizas, en la Esperanza de la Resurrección Futura... ¡Cuánto premio en la Tierra!... ¡Qué difícil, Señor, me lo pones para entrar en el Cielo!: Pregonero de la Semana Santa y habiendo abrazado a La Macarena....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Dicen que hace muchos años&lt;br /&gt;cerquita de la Alameda&lt;br /&gt;–entre la Europa y El Barco,&lt;br /&gt;donde la Correduría empieza-&lt;br /&gt;cantaba desde un balcón&lt;br /&gt;que estaba en Las Siete Puertas&lt;br /&gt;saetas El Niño Gloria&lt;br /&gt;al pasar la Macarena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el recuerdo encendido&lt;br /&gt;de aquella Sevilla vieja,&lt;br /&gt;desde el sincero Homenaje&lt;br /&gt;a los viejos que lo cuentan&lt;br /&gt;que se acuerdan de los cantes&lt;br /&gt;que en las fotos color sepia&lt;br /&gt;nos muestran una Sevilla&lt;br /&gt;que quizá ya nunca vuelva,&lt;br /&gt;y que pensando, pensando&lt;br /&gt;hasta musitan las letras&lt;br /&gt;que los viejos cantaores&lt;br /&gt;ponían a sus saetas&lt;br /&gt;yo quisiera componer&lt;br /&gt;en esta hora que suena&lt;br /&gt;un cantar para la Virgen,&lt;br /&gt;un cantar que sea ofrenda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo quisiera componer&lt;br /&gt;a Tu Gracia algún poema&lt;br /&gt;pero yo no sé cantar&lt;br /&gt;esa Gracia que es Bandera&lt;br /&gt;de la Sevilla de siempre,&lt;br /&gt;de la Ciudad en que Reinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera ser bordador&lt;br /&gt;de la saya que Tú llevas&lt;br /&gt;quisiera ser el orfebre&lt;br /&gt;que repujara las piezas&lt;br /&gt;de paso tan prodigioso&lt;br /&gt;que pasea Tu Realeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera ser el que hizo&lt;br /&gt;las esmeraldas ya viejas&lt;br /&gt;que regalara Gallito&lt;br /&gt;Príncipe de la Alameda&lt;br /&gt;genio de la torería&lt;br /&gt;y devoto de Tu Esencia.&lt;br /&gt;Quisiera ser yo, Señora,&lt;br /&gt;capataz de Tu Belleza,&lt;br /&gt;de Tu Mirada perdida&lt;br /&gt;que a nada ni a nadie encuentra,&lt;br /&gt;quisiera ser costalero&lt;br /&gt;bajo Tus Plantas señeras&lt;br /&gt;y que me mandara Alfonso&lt;br /&gt;diciendo "Al Cielo con Ella".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera rezar la Salve&lt;br /&gt;ante Tus Ojos de estrellas&lt;br /&gt;y pedirte en oración&lt;br /&gt;por toda Sevilla entera&lt;br /&gt;que Tú le des la Esperanza&lt;br /&gt;a los que nada ya esperan,&lt;br /&gt;al que pide que lo saques&lt;br /&gt;de las oscuras tormentas,&lt;br /&gt;al que suplica callado&lt;br /&gt;por la enfermedad cruenta&lt;br /&gt;y al que lleva en las entrañas&lt;br /&gt;el dolor que le acrecientan&lt;br /&gt;las espinas de la vida,&lt;br /&gt;que se le clavan con fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera ser Madrugada&lt;br /&gt;y una voz que describiera&lt;br /&gt;el Viernes por la Mañana&lt;br /&gt;entre Sor Ángela y Feria.&lt;br /&gt;Quisiera ser candelero,&lt;br /&gt;jarra, candelabro y vela,&lt;br /&gt;túnica juanmanuelina,&lt;br /&gt;zanco de Tu parihuela,&lt;br /&gt;quisiera ser el incienso&lt;br /&gt;que se guarda en la naveta&lt;br /&gt;el humo del incensario&lt;br /&gt;que es presagio e inminencia,&lt;br /&gt;humo de vaho encendido&lt;br /&gt;por el fuego que despierta&lt;br /&gt;el rumor de Tu Pasar&lt;br /&gt;en todos los que te esperan.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Quisiera ser Relator,&lt;br /&gt;el suelo de calle Feria,&lt;br /&gt;balcón de calle Amargura&lt;br /&gt;y colgadura de seda,&lt;br /&gt;un farolito del Arco,&lt;br /&gt;de la Muralla una almena,&lt;br /&gt;color de la Barbacana&lt;br /&gt;y las Torres de Defensa,&lt;br /&gt;y el éxtasis desbordado&lt;br /&gt;en el barrio que te sueña...&lt;br /&gt;Esperanza, Torrigiano...&lt;br /&gt;callejones que te esperan&lt;br /&gt;desde hace tantos años&lt;br /&gt;para aclamar a Su Reina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera ser multitud&lt;br /&gt;que agolpada te contempla,&lt;br /&gt;ser un trozo de Tu Manto,&lt;br /&gt;de algún faldón una hebra,&lt;br /&gt;el brillo de Tu Corona,&lt;br /&gt;clavel que se consumiera,&lt;br /&gt;quisiera ser un Armao&lt;br /&gt;del Señor de la Sentencia&lt;br /&gt;y convencer a Pilatos&lt;br /&gt;porque Tú ya no sufrieras;&lt;br /&gt;quisiera ser un varal&lt;br /&gt;que con ángel se meciera,&lt;br /&gt;quisiera ser techo palio&lt;br /&gt;y poeta ser quisiera&lt;br /&gt;por narrar el entrecejo&lt;br /&gt;que hace hablar hasta a las piedras&lt;br /&gt;y con voz de viejecito&lt;br /&gt;componerte una saeta&lt;br /&gt;pa que la cantara El Gloria&lt;br /&gt;–balcón de Las Siete Puertas-&lt;br /&gt;y le dijese a Sevilla&lt;br /&gt;que no existe más Pureza&lt;br /&gt;que la que tiene una Flor&lt;br /&gt;que está siempre en Primavera&lt;br /&gt;que dicen vive en San Gil&lt;br /&gt;y se llama Macarena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;CRISTO VIVE&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Han pasado veinte siglos, que no son nada ante Él. Ha cambiado la concepción del mundo y han surgido nuevas ideas, pero ninguna ha podido sustituir a Cristo. Su Mensaje sigue inmutable y vigente. CRISTO VIVE. La Resurrección de Jesús es el hecho más importante y trascendente de la Historia. Toda la Semana Santa no es sino reflejo de la Absoluta Inmensidad y Grandeza de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que los títulos de nuestras hermandades no sean timbre de vanagloria, sino llamada a la perfección evangélica. Vivamos nuestra Fe con alegría, ayudando a que actúe el Espíritu Santo. Que todo cuanto hagamos sea en Alabanza de Cristo, trabajando – a imitación de aquel Párroco Ejemplar que fue Don Antonio González Abato– "POR UN MUNDO MEJOR", lema de apostolado de la cofradía de Santa Genoveva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor del Gran Poder, que nuestra Semana Santa siga siendo modelo de convivencia en las calles, que sepamos conservar y transmitir el valioso legado de nuestros mayores, que nos entusiasme la idea perenne de construir una Sevilla Justa, un Milagro bajo el Sol: LA CIUDAD DEL AMOR AL PRÓJIMO. Que los sevillanos tengamos siempre –por encima de ideas- afán de superación ante la adversidad, que nunca la Ciudad pierda su esencia, que ilusionemos a la Juventud; que nos recuerden por la honradez, el amor, las buenas maneras y la concordia; que pasemos por esta vida haciendo el bien, viviendo el verdadero sentido de la Cruz de Cristo y propagando la devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, Señor, por haber dispuesto que yo naciera en Sevilla, por haberme regalado vivir en mi barrio y disfrutar la Plaza de San Lorenzo, lugar de encuentro con mis amigos; por haberme dado a mis hijas, a mi mujer, a mis padres, a mi familia, a las cofradías y a la Iglesia de la que forman parte desde la Fe, esa Fe cristiana que es el único fundamento de la Semana Santa de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor, hecho está el servicio que me encomendaste. Danos Tu Bendición. Sólo Tú Eres Eterno. AQUEL QUE TODO LO PUEDE. Aquel que al amanecer del Viernes Santo, hace florecer el examen de conciencia en la mente humana:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Puerta de las Capuchinas&lt;br /&gt;-entre el humo del incienso-&lt;br /&gt;viene Andando el Gran Poder,&lt;br /&gt;firme y fuerte como el hierro.&lt;br /&gt;Fíjate en Su Valentía&lt;br /&gt;bajo el aire mañanero&lt;br /&gt;que corta como cuchilla&lt;br /&gt;fría como los aceros.&lt;br /&gt;En la Plaza de las Plazas&lt;br /&gt;de la Sevilla de ensueño&lt;br /&gt;lo espera todo el gentío&lt;br /&gt;que lo divisa de lejos,&lt;br /&gt;que lo siente ya acercarse&lt;br /&gt;porque todo está en silencio;&lt;br /&gt;la brisa se va llenando&lt;br /&gt;de sentidos Padrenuestros,&lt;br /&gt;de petición sostenida&lt;br /&gt;de mentes que están en rezo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los faroles, encendidos&lt;br /&gt;perfilan Su Cuerpo enhiesto&lt;br /&gt;que es musa de los poetas,&lt;br /&gt;que ven en Él al Soneto.&lt;br /&gt;Viene luchando el Señor&lt;br /&gt;con el peso del Madero,&lt;br /&gt;viene luchando el Señor,&lt;br /&gt;y aunque luchando, sereno;&lt;br /&gt;Su Andar es largo, de frente,&lt;br /&gt;y en Su Andar no existe miedo.&lt;br /&gt;Mira Su Cara Llagada&lt;br /&gt;inundada por los besos&lt;br /&gt;de sinceros corazones&lt;br /&gt;y del arrepentimiento&lt;br /&gt;de todos, porque en Sevilla&lt;br /&gt;para el Señor hay respeto&lt;br /&gt;porque sabe todo el mundo&lt;br /&gt;que Tú, Señor, Eres Bueno;&lt;br /&gt;porque Tú Eres a Sevilla&lt;br /&gt;lo que las letras al verso&lt;br /&gt;lo que el sol al horizonte&lt;br /&gt;lo que la nieve es al hielo&lt;br /&gt;lo que el agua es a la lluvia&lt;br /&gt;la tersura al terciopelo&lt;br /&gt;lo que al molino las ruedas&lt;br /&gt;lo que la sal al océano&lt;br /&gt;lo que la arena a las dunas&lt;br /&gt;y las dunas al desierto,&lt;br /&gt;lo que el viento a la veleta&lt;br /&gt;y la tempestad al trueno.&lt;br /&gt;Lo que el gozo a la alegría,&lt;br /&gt;como el saber a los viejos,&lt;br /&gt;los Viernes a nuestra vida&lt;br /&gt;y la Plaza a San Lorenzo;&lt;br /&gt;lo que a los cirios la cera&lt;br /&gt;y la plata al candelero,&lt;br /&gt;el alba a la amanecida&lt;br /&gt;el amarillo al albero&lt;br /&gt;los ojos a la mirada&lt;br /&gt;y el valor a los toreros,&lt;br /&gt;la flor a la Primavera&lt;br /&gt;y a la noche los luceros;&lt;br /&gt;el pincel a los pintores&lt;br /&gt;y a los pintores el lienzo,&lt;br /&gt;el brillo de las estrellas&lt;br /&gt;lo que las llamas al fuego&lt;br /&gt;lo que las gentes al barrio&lt;br /&gt;y lo que el habla es al verbo,&lt;br /&gt;el cartón al capirote&lt;br /&gt;y éste a los nazarenos,&lt;br /&gt;el esparto al cinturón&lt;br /&gt;y lo que el escudo al pecho,&lt;br /&gt;el latido al corazón&lt;br /&gt;y el razonar al cerebro.&lt;br /&gt;Lo que el sol es a la luz&lt;br /&gt;del mediodía más pleno,&lt;br /&gt;lo que la raíz al árbol&lt;br /&gt;y la verdad al sincero,&lt;br /&gt;la sangre para las venas,&lt;br /&gt;la Templanza y el sosiego,&lt;br /&gt;la cadencia de la música,&lt;br /&gt;lo que el barro al alfarero&lt;br /&gt;lo que el pigmento al color&lt;br /&gt;y lo que el aire es al viento,&lt;br /&gt;lo que el espíritu al alma&lt;br /&gt;y lo que el alma es al cuerpo&lt;br /&gt;lo que el sonido a la fuente,&lt;br /&gt;lo que a la forja es el hierro,&lt;br /&gt;el agua al Guadalquivir&lt;br /&gt;y lo que el frío al Invierno.&lt;br /&gt;El repique a las campanas&lt;br /&gt;el andar al costalero&lt;br /&gt;el camino al peregrino&lt;br /&gt;lo que al camino el sendero&lt;br /&gt;lo que a las hojas el tallo&lt;br /&gt;lo que a las aves el vuelo&lt;br /&gt;el olor al azahar&lt;br /&gt;y a la vejez el recuerdo;&lt;br /&gt;lo que la voz a los cantes&lt;br /&gt;y a los cantes el requiebro,&lt;br /&gt;lo que el ruán a la túnica&lt;br /&gt;que a tantos viste de negro,&lt;br /&gt;lo que la hora al reloj,&lt;br /&gt;el sentir al sentimiento&lt;br /&gt;lo que al fruto la semilla&lt;br /&gt;lo que el azul es al cielo&lt;br /&gt;y la Giralda a la vista&lt;br /&gt;bajo estrellas en un sueño&lt;br /&gt;porque Tú Eres, Gran Poder,&lt;br /&gt;la Esperanza y el Consuelo&lt;br /&gt;la Fuerza para seguir&lt;br /&gt;la Esencia de San Lorenzo,&lt;br /&gt;Alivio para las penas,&lt;br /&gt;Salud para los enfermos,&lt;br /&gt;la Devoción que sustenta&lt;br /&gt;a Sevilla los cimientos&lt;br /&gt;y Señor de esta Ciudad&lt;br /&gt;que cada día es un ruego&lt;br /&gt;ante Tu Hombro Dolido&lt;br /&gt;por la Cruz de Tu Tormento&lt;br /&gt;subiendo por la escalera&lt;br /&gt;–que va derecha hasta el Cielo-&lt;br /&gt;para pedirte con Fe&lt;br /&gt;porque todos te queremos,&lt;br /&gt;y por eso en el Talón&lt;br /&gt;de Tu Santo Pié derecho&lt;br /&gt;Sevilla deja su Amor&lt;br /&gt;cada Viernes en un beso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HE DICHO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3530648457500377770-9007849823904794669?l=pregonesdesevilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/9007849823904794669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3530648457500377770&amp;postID=9007849823904794669' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/9007849823904794669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/9007849823904794669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/2007/03/pregon-de-la-semana-santa-de-sevilla.html' title='2004 - Rafael De Gabriel'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-1551858826003728070</id><published>2007-03-29T10:22:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T10:34:36.915-07:00</updated><title type='text'>2003 - Fco. Javier Vázquez</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(102, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2003. Pronunciado por D. Francisco Javier Vazquez Perea en el Teatro de la Maestranza de Sevilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;INTRODUCCIÓN&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como una marea creciente, como una riada que empujase hasta nosotros, en aluvión, los menudos nazarenos de la Borriquita, nos dispusimos tu y yo a compartir -ya era Domingo de Ramos- el privilegio insólito de la primera Cruz de Guía de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tus ojos -solo tenías año y medio, eras casi de mi sangre- intentaban abarcar todo aquel júbilo desbordado que provenía del Salvador y que acrecentaba el tuyo. Sobre la escasa altura de aquella algarabía de capirotes blancos, se podía divisar, lejana, difusamente, la palmera cimbreante que los apremiaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para buscarte, sólo para buscarte, el paso cruzó la larga calle Cuna, en cuyo final nos encontrábamos. Tan increíblemente fugaz, que apenas lo tocaron, entre la sombra de las fachadas, las espadas de sol que asomaban por las bocacalles... Tu naricilla espesó en medio de un botín de caramelos, el humo dulzón de las dalmáticas. Neblina de incienso que fue la última barrera vencida por aquella mole de oro y de suaves acuarelas rosas, antes de que te apropiaras de ella... Así llegó el misterio hasta nosotros, cobijándonos bajo su oasis de palmas oscilantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diré que no te asustó el vigoroso embate al aire de las cornetas y tambores, cólera batiente que parecía desprenderse a jirones del soberbio canasto. Pero que preferiste entregarte -amorosamente- a los humildes sonidos que circulaban entre los candelabros: al clamor de hosanna tallado en los labios quietos de las figuras, a la sonrisa de los niños hebreos, brazos en alto con brotes de olivo, al hacha de Zaqueo de penca en penca hostigando la yedra y, muy especialmente, a las modestas campanitas del borriquillo, dulce Platero que acompañaba al Señor de la Sagrada Entrada en Jerusalén. Porque en su bondad, calmaste el sobresalto que te había dejado el paso inmenso al abrirse sitio para avanzar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diré que no fue extraño que tus ojos alucinados se quisieran desasir de mí, increíblemente abiertos, perdidos en ese panorama de infantiles sorpresas: era tu prematura iniciación a esta fiesta. Ignorabas ¡claro, nunca las habías vivido! que pudieran hacerse tan reales aquellas imágenes que ya te habían hipnotizado en los videos de casa, que pudiesen tocarse con las manos, sumergirte en su colorido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en ese descubrimiento tuyo comprendí que también ha de ser así, la misma reacción de asombro, lo que sintamos nosotros cuando como tú, Gonzalo, comprobemos, pero ya al terminar nuestras vidas, que tampoco era una ficción soñada nuestra Semana Santa. Que este evangelio hermosamente proclamado cada año es el anuncio cierto de una futura realidad tangible que ya conocen quienes nos precedieron. Lo proclama esta parábola de fe, esta plenitud de gozo, este mensaje que nos alumbra, este amor sin trabas que quiere abrazarnos durante siete días para traer su gloria a nuestras manos. La fiesta de una promesa. La esperanza de una eternidad. Me lo desvelaron tus ojos ante el primer paso de tu vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuánta grandiosidad en idioma tan sencillo. Ésta es la confesión que pretendo repetir hoy públicamente. La que repetimos en nuestra intimidad, impacientes, tantos sevillanos, tú también muy pronto, llegado este final de cuaresma, dentro de una semana… cuando esa palmera, esos niños de blanco y esa dulce borriquita se nos vuelvan a hacer verdad, ¡en el único Pregón que importa, el que cada uno se escucha dentro de sí mismo al rezar!:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Otra vez&lt;br /&gt;el tiempo ha regresado&lt;br /&gt;la luz&lt;br /&gt;de las cosas que se fueron,&lt;br /&gt;las que creí perder&lt;br /&gt;pero quedaron&lt;br /&gt;rebeldes al olvido&lt;br /&gt;en el recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Otra vez estoy aquí,&lt;br /&gt;recuperando&lt;br /&gt;cuanto he vivido yo,&lt;br /&gt;cada momento,&lt;br /&gt;de mi vida&lt;br /&gt;de niño,&lt;br /&gt;de joven,&lt;br /&gt;de inexperto,&lt;br /&gt;de la vida de aquellos&lt;br /&gt;que me amaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conjugo en presente&lt;br /&gt;lo pretérito&lt;br /&gt;porque llega otra vez&lt;br /&gt;lo más sagrado,&lt;br /&gt;corazón de mis íntimos&lt;br /&gt;anhelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y otra vez,&lt;br /&gt;si busco,&lt;br /&gt;hallo&lt;br /&gt;mi memoria feliz&lt;br /&gt;entre lo eterno...&lt;br /&gt;y otra Semana Santa,&lt;br /&gt;al fin,&lt;br /&gt;entre mis manos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;DEL DESEO, DEL RECUERDO Y DE LA REALIDAD&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo&lt;br /&gt;Excmo. Sr. Alcalde.&lt;br /&gt;Ilma. Sra. Teniente de Alcalde&lt;br /&gt;Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías&lt;br /&gt;Excmas. e Ilmas. Autoridades&lt;br /&gt;Cofrades, Sevillanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Agradezco vivamente a la Delegada de Fiestas Mayores la habilidad y la amabilidad con que acaba de disimular mis carencias. Lo que ya no sé cómo agradecer -dejemos que sea el día a día de mi vida, más que unas breves palabras- es este honor que me ha sido concedido. Porque menudo privilegio es éste del Pregón, el de poder alcanzar lo que el poeta sólo acertó a soñar desesperadamente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Mi voz buscaba el viento para tocar tu oído".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi voz surca el aire para acariciarte, Sevilla. Para que la atmósfera iluminada de esta mañana la confirme. En tantos hogares donde resbalar, con unción, por la tersura planchada de unas túnicas dispuestas. En tantas vitrinas huérfanas de enseres, ya colocados en los pasos. Porque es indiscutible que la piel de nuestros Cristos y Vírgenes ya demanda un poco de sol inaplazable y una dosis inmediata de amor en plena calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi voz trae la curiosidad de la mano de un niño sobre el paño de una bocina que pasa. Y el deseo de apretar esa otra mano abatida por la enfermedad sobre una sábana, convertida como el Gólgota de Cristo, en luz a la que ha de llegarle su liberación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi voz quisiera sonar en la celda de una cárcel donde comprenda lo que fue la prisión de Jesús. Y en una parada de autobús, en un mercado, en la tertulia de un bar, en un taxi, en la oficina, en algún aula. Porque allí quisiera morir cuando se calle... soñando convertirse en la espadaña que despierte la memoria común.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es mi propia memoria quien la encuentra, detenida, en una vieja fotografía, de la mano de mi madre con un fondo de capirotes de los Javieres saliendo de la calle Jesús del Gran Poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O por Reyes Católicos, donde San Gonzalo marcha amplia, ocupando de acera a acera. Caifás con humilde jamuga como trono: sólo en eso ya se nota la vida pujante de esta Hermandad, engrandecida hoy con la fuerza con que la oímos nombrar, con que la sentimos venir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es nostalgia, es que tenía razón quien apuntó que lo que sucede una vez se queda sucediendo para siempre… y es tan actual hoy en nuestras retinas el palio de Dolores y Misericordia encendiendo de resplandores el Postigo como aquel que llegaba desde San Bartolomé a la Campana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Crece nuestra túnica a nuestro ritmo, dobladillo a dobladillo, como si continuase siendo la misma que te probaron al salir una tarde, muy niño, del colegio.&lt;br /&gt;Y están los dos nazarenos de farol y fondo rojo del programa "Orientación" colgado ya en los quioscos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aun brilla el palio que era blanco de Resurrección, de la Esperanza Trinitaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Virgen del Buen Fin de la Lanzada deposita su ingenuidad de niña sobre la canastilla de su misterio, cerrando el Miércoles Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abundan todavía devotos de promesa del Gran Poder vestidos de morado y cordón amarillo, varas cruzadas de luto en los respiraderos y penitentes dispensados de capa.&lt;br /&gt;Todo sigue sucediendo. Nunca dejará de ser nuestro aquel balcón de la Campana que hace tiempo que perdimos. Ni se desvanecerán esos Viernes Santos ocasionales de lluvia, o de gripe que nos permitieron ver salir la Carretería, cenitalmente, desde el balcón de unos amigos. Aquel portalón abierto a la mitad y los pasos ajustados como un guante a los muros de la Capilla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O la Sagrada Mortaja –Santa Marina- de perfecta armonía entre el moldurón de claveles y el oro viejo del canasto, de espejo de antigua casa nobiliaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O la costanilla de San Isidoro, copiada en la pendiente del monte del Señor de las Tres Caídas. Más que Cristo que tropieza y se desploma, Cristo que quiere bendecirnos con su mirada, y al apoyar en tierra los cinco dedos de su mano, abre el surco de las cinco calles que parten de su parroquia, creando el primer trazado de la Sevilla más antigua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada es perdurable sino la emoción que sostiene vivo el ayer en nuestros corazones. Ved a la Virgen de la Victoria, en los Remedios, pero conservando sobre el bordado de su palio los ecos de su calle San Fernando, sus cables de tranvías, las verjas del foso, las infinitas palmeras y el rostro de sus viejas cigarreras escoltándola. Todo permanece igual, todo es diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, porque el tiempo muda toda soberbia, hay que reconocer que llegan los grandes días que conmueven a toda Sevilla, es cierto, pero no a todos lo sevillanos. Y asumida esta realidad, rechazar sin embargo ese nuevo tópico intelectual, que culpa de todos los males de nuestra ciudad a su espíritu festivo, y especialmente a las cofradías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Llevan razón esas voces? Cuando nuestro deber solo persigue la sinceridad del mejor culto posible a Dios, avalado por un ansia de conocerle y una caridad sin paternalismos, un darse a los demás que se mira en quienes, como en el verso de Benavente, huyen "del yo, del mí, para mí, a mi entender, en mi opinión. Porque solo los que aman saben decir tú".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así lo vive y entiende esa Sevilla numerosa y real que es la que construye la ciudad a cada día y se postra ante el único Señor a quien reconoce grandeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la sublime figura del Gran Poder, todo es invitación y ánimo a seguir adelante. Nos cogemos de su mano porque sabemos de su omnipotencia divina que cura las heridas humanas, creciéndonos con El y en El. Habría que escudriñar dentro de cada sevillano para conocer de veras al Gran Poder. Su gesto lo acabó de tallar Sevilla, lapidando su policromía original, con la huella de tragedia que le dejaron, al aprender a caminar por la vida, tantos que llegaron a la madurez solo después de recibir su animosa lección de fuerza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habrá a quienes esta fe le parezca algo caduco. Pero de ella sólo vemos salir vigor y fortaleza emprendedora, aspiración a lo alto, porvenir y futuro. ¿Sería mejor Sevilla si no tuviera el Gran Poder para afrontar el reto de caminar decididamente hacia delante, sin excusas? ¿Sería mejor Sevilla sin las cofradías? ¿Es sobre el sitio de las tradiciones donde se debe construir el edificio de la prosperidad que nos falte? ¿Hacia donde avanzaría entonces la ciudad, negándose a sí misma?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fácil es de comprobarse, en su camarín. Allí está su talón gastado, con las vetas al aire dejando asomar la madera de aquel tiempo lejano en que su efigie dormía sin tallar dentro del árbol. Sin saberlo más que el cielo, sin besarlo más que los pájaros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiempo de calma que nos transmite cuando hoy besamos nosotros ese talón: arriba su figura agigantada, abajo nuestros ojos jugando -a ras de su pisada- a convertirnos en piedras de su calle de la Amargura. Así, como en los versos de León Felipe: "Así es mi vida / piedra, / como tú; como tú, / piedra pequeña; / como tú, / canto que ruedas / por las veredas, guijarro humilde…" Unos escalones más abajo, nos encontramos en el Sagrario el cofre de su corazón, bombeando vida, en íntimos latidos. Y a unos pasos, colgada del muro, su vieja Cruz de tantas madrugadas, al alcance de nuestro abrazo, para fundir el sufrimiento que nos abruma con el suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso en la Madrugada no es que se eche a andar el Gran Poder. Es que detrás se lleva a Sevilla. Un verdadero éxodo de esparto y ruán le precede. Un Mar Rojo se abre a su Cruz de Guía. Trae la autoridad de Yahvé guiando a su pueblo. Pisa la calle y alrededor de su divina planta se forma, como cuando pisamos arena mojada, un devoto cerco de respeto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Podrá doler su Cruz y su martirio, su espalda menguada, su cintura rota. Pero sus pies, su zancada nunca la veremos doblegarse ni desfallecer. Esta es la mayor grandeza en que Sevilla humildemente se reconoce. Por eso nadie en quien confiar nuestros humanos esfuerzos en pos de la prosperidad como en este Dios de la urgente carga. Por eso nada mejor que seguirte el paso, que caminar a tu vera, como lo hace Sevilla, Señor, cuando te declara:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Ahora se por qué te creo.&lt;br /&gt;Porque tu amor es tan cierto&lt;br /&gt;como cierta es tu zancada,&lt;br /&gt;que nos lleva a San Lorenzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque se agarra a lo nuestro&lt;br /&gt;la firmeza de tu planta.&lt;br /&gt;Tú caminas el primero&lt;br /&gt;por tu senda de esperanza.&lt;br /&gt;Dios que se hace sendero,&lt;br /&gt;no solo Dios de palabras&lt;br /&gt;sino de pies en el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se por qué te quiero&lt;br /&gt;¡Camino tan verdadero&lt;br /&gt;hacia una dulce morada!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora se por qué es mi alma&lt;br /&gt;Gran Poder, tu cirineo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;ENCUENTRO CON EL ESPÍRITU: LOS DETALLES&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de una semana, Gonzalo, vas a volver a encontrarte con todo ese mundo de detalles que causó tu fascinación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recréate en ellos, rebúscalos en los increíbles respiraderos de la Virgen de la Aurora pero también en el suspiro que se tarda en subir al Cristo de la Sed tras su salida.&lt;br /&gt;Ten presente que detrás de cada detalle siempre hay una entrega voluntaria de sensibilidad, declaración en miniatura que busca rompernos el alma. Es en los detalles donde el corazón se nos enreda con más facilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fíjate en el llamador de la Exaltación que reproduce su paso de misterio en clave eucarística, y en los platillos de cristal de la candelería de su Virgen: no se vaya a perder ni una sola de las lágrimas que componen su nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese es el lenguaje que nos verás utilizar. El que encierra tanto amor oculto a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Rito comunitario que llama a las puertas de cada uno. Por eso no se trata de una puesta en escena, sino de una experiencia verdaderamente religiosa. Por eso decimos que hay tantas Semanas Santas como personas la vivan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detalle es la finura exquisita de la nueva urna del Cristo amurallado del Santo Entierro y es de igual modo acompañarlo de las postrimerías de la Santa Caridad, en el paso de la Canina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vienes, Gonzalo a una época donde reinan las mayorías de audiencia y los volúmenes macroestadísticos. Agradece por eso la emoción pensada en lo pequeño. Porque así hablaba Jesús a la muchedumbre: asomándose al interior para sanar la herida exacta que a cada uno le sangraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Distinguirás en el idioma de amor de los detalles quiénes acuden a vivir estos días con ojos limpios. Ojos que sepan reconocerse grabados en las pupilas bellísimas de Guadalupe, igual que se grabó el indio Juan Diego en los de su hermana mejicana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O que se planten ante los de la Virgen de Monserrat con su intensa blancura. Me lo dijo un día desde su azulejo en la puerta, Fray Escoba, pulcro portero de su capilla: colócate un Viernes Santo delante de su paso y vete alejando. Sus ojos se te clavarán como un faro de luz. Morirá en la distancia el resplandor de su candelería antes que la sensación deslumbradora del blanco -más que del iris precioso- de estos ojos. Así tuvieron que ser los ojos vivos y verdaderos de María. Disfrútalos como si al rezarle "vuelve a nosotros esos tus ojos…" los tuviéramos otra vez delante, tan llenos de su blanca pureza, ay, Virgen bendita de Monserrat.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decididamente, mi Semana Santa es la de los detalles. Porque mientras Sevilla esté para detalles, será capaz de distinguir en el ruido actual la voz franciscana de Dios. Verás salir el misterio de los Panaderos, no te fijes en la antorcha, fíjate en sus candelabros, en ese vuelo de golondrinas –casi desapercibido- que ciñe el perímetro de este paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oscuras golondrinas que vuelven cada Miércoles Santo para jugar con sus alas en los cristales de los guardabrisas. Mira dentro del esplendor con que avanza este barco del Prendimiento. Es el trozo más rural de la Semana Santa, aroma de olivar, de salmuera y de almazara. Vienen los romanos con sus lanzas a varear el olivo, más que a prender a Cristo. Sus plumas blancas imitan la danza de brisa y mecida del frondoso ramaje. Y el estrépito de los sayones en la noche despierta a esos humildes pájaros de los que te hablo, tan predilectos de Cristo en sus parábolas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fíjate por qué están allí, porque ellos fueron su única compañía confortadora entre la violencia de sus enemigos, y el abandono y la traición de sus amigos. Ellos proclaman por las azoteas de Sevilla que nunca habrá más libertad que en esas manos extendidas, a punto de soga, que acaban de instituir la eucaristía, tahona panadera de sencillez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por cierto, ¿no hay un claro paralelismo entre estas golondrinas del blanco rabí del Soberano Poder, infinitamente dulce y pacífico de expresión galilea, y aquel príncipe dorado de los cuentos de Dickens, a cuya estatua los vencejos -acaso igual que éstos- le iban robando el pan de oro para repartirlo a los necesitados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si te acoges a esta filosofía del mimo y del detalle serás capaz de identificar, seguro, de qué hablamos cuando escuches decir que una rosa –una sola rosa, entre tantas flores- cruza por Sevilla. Pensarás de seguida en un brazo inerme sobre ella y en una comitiva camino del Sepulcro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuerpo vencido del Cristo de la Caridad de Santa Marta. Que guarda por el Arenal su precedente, cuando el Jesús yacente del Baratillo es ungido por el mejor bálsamo imaginable, el de la contemplación de su Madre de la Piedad, en gesto de infinita ternura para un momento tan propenso al grito y la desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero antes, el Lunes Santo, los acólitos de Santa Marta esparcirán ante el paso del Traslado al Sepulcro una borrosa nube de incienso que el último rayo de sol irá espesando en cúmulos de formación casi meteorológica. Esa cortina la rompe la rodilla de Nicodemo. Y Nicodemo, por un segundo, se queda a solas, en primer plano, junto al Cristo, recordando aquella frase del Maestro que aun le atormenta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Hay que nacer de nuevo, Nicodemo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Brota, sí, el detalle de una rosa roja entre los lirios pero junto a ella brotan más pétalos de sangre del resto de sus llagas… que caen hasta nosotros por el tobogán de sus pies y también nos repiten:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Hay que nacer de nuevo, sevillanos".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queremos nacer de nuevo si es nacer contigo y desde tu sueño, Señor. Porque nos da miedo verte así "tan temprano rodando por el suelo", a tí que fuiste siempre nuestra última esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queremos nacer de nuevo y en la comba de tu sábana tejer un futuro, más allá de este vivir al momento en el que nos hemos instalado, sin sentir que el mañana empieza hoy, cargado de cosas mejores.&lt;br /&gt;Queremos nacer de nuevo guiándonos de la verdad. No de la verdad por la que se odia, sino por la que se ama. No por la que se mata sino, como tu, por la que se da la vida. No la que crea intransigencias o imposiciones sino una verdad de convencimiento y de respeto. La verdad que nos exige a nosotros, no la que le exigimos al otro. La verdad de un cristianismo por estrenar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gonzalo, mira este Cristo mío. Siente ante El lo que escribiera Rafael Montesinos: amo las cosas que se lleva el aire. Y díle conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amo, Santísimo Cristo de la Caridad, esa sensación de brisa que nos dejas al pasar. Eso que parece remediar toda promesa rota, toda separación, todo desamor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amo ver tus cirios azules llevárselos el aire, anunciando que acabas de salir y nos traes contigo la dosis de idealismo que perdimos. ¡Y en clave entendible para todos!... de gesto y de caricia, de rosa y, sobre todo -¿lo ves?- de detalle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cristo de la Caridad, amo querer nacer de nuevo, si es contigo cada Lunes Santo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;ENCUENTRO CON LA BELLEZA: DE LA CERA Y DE LA MUSICA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro de una semana, Gonzalo, vas a volver a encontrarte también, además del detalle, con la belleza. Si vienes de mi mano, te insistiré, de todos lo sentidos, en el de la luz, en la luz de la cera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si tuviera que reducir mi Semana Santa a una sola estampa escogería sin dudarlo la de un paso de palio en lejanía, ese volumen de fuego en el que se vislumbra el calor de María. Así le rezo yo a la Virgen de la O, mientras los dos cruzamos a la vez el río, de regreso, pero por distintos puentes. No importa la distancia que nos separa, la acerca mi deseo desde aquel fulgor que escribe su luz sobre el renglón silencioso de San Telmo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cera es miel. Hay pasos que exceden su condición de altar peregrino para convertirse en monumentos rebosantes, como el de Gracia y Esperanza, cera sin complejos, derramando la advocación de la Virgen entre el gracejo en que se dispone su geometría de líneas convergentes hacia la Dolorosa -es decir, la candelería que se le rinde- y el color verde que está y no está presente en su palio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cera es capricho. Crea ilusiones visuales: mira cuando el paso de la Virgen del Rocío, encendido en la noche, se levanta al martillo y la inercia del tirón, agachando la llamitas, produce un apagón instantáneo, que Ella aprovecha para parpadear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cera es calor. A la Dama del Dulce Nombre, cortejada más que consolada por San Juan, nos resulta difícil encontrarle el callejón por el que admirar su cintura. Porque todos sus candeleros se han agolpado delante de su peana, cerrando filas para abrigar tanta belleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cera es luz. De día el interior del palio es un cobijo de sombra que oculta en oscuridad el interior de las bambalinas. De noche, la luz pasa a recogerse dentro, como caja de resplandores, y son las caídas interiores las que ahora se iluminan, dejando fuera la tiniebla. Eso que gana el rostro de la Virgen, que ya es hoguera por sí solo y que cuando divisa de vuelta San Nicolás no sabes si prefieres llamarla Candelaria o como también le cuadra entre la claridad de sus nazarenos, Santa María de la Luz, Santa María la Blanca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la cera también es ternura. Enrojecen las copas de los naranjos de Mateos Gago cuando a la vuelta les pasa revista el Cristo crucificado de Santa Cruz. Porque en sus candelabros, arrebujados de frío, sobrenada una luz trémula, temerosa de ver al que era la Luz del Mundo elevarse como un hilo humeante que asciende, pabilo que se apaga, dejándonos un eco de oboe, fagot y clarinete que alimenta las esquinas secretas de su barrio y las de nuestras almas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la cera más elocuente no es la que se derrama en el suelo de la carrera oficial sino la que también van dejando caer las Hermandades, silenciosamente, sobre la ciudad, todo el año. Yo propondría que alguna vez los programas sustituyeran el nombre tradicional de las cofradías por el de su principal proyecto social, para darnos cuenta real de su labor: "A qué hora llega la del centro de estimulación precoz", "ha recuperado el retraso la de los hospitales del Sahara", "mil quinientos nazarenos saca la de los niños bielorrusos afectados por la radiación", "han cambiado el capataz a la de la guardería infantil", "volveremos a tiempo de ver el misterio de la del economato"… y así nombrarlas a ésta la de los campamentos de verano, aquella la del Patronato benéfico, o la de la Fundación para desempleados, la de rehabilitación social de la Alameda, la de los talleres ocupacionales y las de tantas otras obras y miles y miles de euros destinados a ser solidarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las Hermandades tienen muy claro su camino en este sentido, pero por muy lejos que lleguen sus afanes, siempre procurarán añadir algo más. Lo pregonan los nazarenos de San Esteban en sus capas, rodeando la lección de belleza y piedad de sus Sagradas Imágenes, Salud y Buen Viaje, Desamparados, con esa leyenda que suele ser lema asistencial de todas las cofradías: "y qué más puedo hacer yo por vosotros".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas instituciones gozan de su omnipresencia en el entramado geográfico para conocer las heridas de nuestra ciudad y acudir a ellas. En el frontispicio de una casa hermandad del Aljarafe leí un día la mejor manera de lograrlo: "no digas lo que hay que hacer, hazlo". Así daremos por bien empleado nuestro cirio al consumirse, con cera ganada a pulso día tras día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tramos de niños nazarenos del Buen Fin, bomboncitos franciscanos, son insignias vivas de aquellos otros que tal vez no vistan la túnica pero que constituyen la osadía de esta Hermandad, cambiarle nada menos que la advocación a su Cristo: Cristo del Buen Inicio, para las vidas de esos pequeños con dificultades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Basta pensar que es posible y hacerlo. Es imaginar a los armaos en el Hospital Infantil y ponerlos allí el pasado Jueves Santo. No lo viví pero sí que presencié a la centuria, poco antes, recogiendo a su capitán en la plaza de los Carros. Y nunca me pareció tan satisfecha y orgullosa, nunca tan cerca de las lágrimas, convertidas en gozo, de su Señor de la Sentencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el valor profundo de la cera. De la suya va formando San Bernardo una hermosa senda cada Miércoles Santo, y desde Rodrigo Caro hasta Madre de Dios traza el mismo exacto camino por el que a mi me llevaron tantas veces de niño hasta el cielo. Hasta ese convento de dominicas donde la cofradía se suele detener, y donde una tía abuela, de imborrable recuerdo, Sor Cecilia, encarnó mi ideal de bondad y espiritualidad. A ella quieren regresarme las filas moradas y negras de la Virgen del Refugio, cuando ya la tarde cae, cuando el Cristo de la Salud propicia chicotá a chicotá un encuentro de Emaús que nos hace arder con su compañía. Y que al no encontrar ya en aquel convento a tan entrañable monja, me invita a seguirlo hasta su barrio, cumpliendo lo único que ella quería: que Dios reinara siempre en nuestros corazones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el valor de la cera. Procurad, hermanos del Museo, que esté encendida toda la de vuestro palio para que leamos bien esas letras de oro que dicen: venid a mí los sedientos. Porque la que va delante tiene dentro de mí un sitio preferente, heredado de mi padre. Tuvimos un amor del que guardamos lo mejor. Yo envejezco y Ella es cada día más niña. Lleva su nombre en su manto, Aguas, cascada blanca y azul. Declaro mi sed como un enamorado. Sus manos parecen señalarme donde posar mis labios secos. Y en cuanto puedo, rompo mi Lunes Santo para ser solo suyo, cuando baja la temperatura y cristaliza la noche, cuando la saeta se arranca con aquello de "a la voz del capataz" y el martillo levanta por última vez su paso en la plaza... se inicia su marcha, consciente el pico de sus bambalinas de que es la última mecida, mientras el umbral se encoge para no dejarla entrar. Qué sequía verla desaparecer, qué último sorbo intuir sus varales por los ventanales: no nos los cerréis porque es obra de misericordia dar de beber al sediento, y clamor en la figura de la Sagrada Expiración de su Hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa es la luz. A ti, Gonzalo sé que te va mejor la música. Estás de suerte porque es de lo último en apagarse cuando nos atenaza el Sábado Santo con ganas de llorar sin llanto. Iremos rebañando música por las esquinas de San Marcos. Ese adiós nuestro que no sabe a donde dirigirse y acude a la Piedad Servita o a esa lágrima horizontal que hizo más bello el semblante de su Dolorosa bajo palio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escucha el Viernes Santo en Carlos Cañal "Soledad Franciscana", e imagina, por no tener que esperar el desierto de otro año entero hasta una nueva Semana Santa, que es al Amparo a quien se la están tocando, en Noviembre, saludando a la Virgen de San Buenaventura, diciéndose una a la otra, en las postrimerías de las procesiones de Gloria: hasta pronto, Madre, hasta el llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oye, siente y descubre, descúbrete en cada marcha. Te contaré que cierto Jueves Santo terminaba de sonar "Virgen del Valle" en la plaza de San Francisco y ya subíamos en grupo hacia el Salvador intentando alcanzar Montesión en Francos. Una chica que nos acompañaba, se giró repentinamente. Le advertimos de la prisa. Pero ella, clavados los piés, la mirada perdida, nos respondió, herida por su propia emoción: "no he escuchado una música tan triste en mi vida". Tuvimos que respetarla, estaba en el trance de asumir la devastación interminable y sin horizonte de esta Reina del Jueves Santo. Estaba estrenándose en la devoción a la Virgen del Valle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo la luz, tú la música. Da igual. En un momento de silencio, de indecisión de la luz, aprovechará a salir a la calle el Cristo universitario de la Buena Muerte. Suprema demostración de cómo puede conmover la belleza. Con tal serenidad concentrada a su alrededor que parecerán dormir de pie los apóstoles de las esquinas del paso, en su elegancia renacentista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay algo de Belén todavía en la desnudez de este Cristo, algo de aquella bondad, de aquella sencillez de la noche remota de la Natividad, calor de carne recién parida que después de 33 años encuentra aquí su último temblor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya la cera le dice a la luz que tome el relevo de mimar a este Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;No requiere la muerte ser lamento&lt;br /&gt;ni hay batalla que no ganen los vencidos,&lt;br /&gt;contemplad entre hachones el ejemplo&lt;br /&gt;en la muerte silenciosa de este Cristo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con El muere la tarde y es su lecho&lt;br /&gt;vertical y suave y sin latido,&lt;br /&gt;sujeto de un altísimo universo&lt;br /&gt;que anticipa la noche entre sus lirios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Buen morir el del atardecer del cielo,&lt;br /&gt;oculto el sol, por sombras malherido...&lt;br /&gt;pero se va para renacernos luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igual sucede con este Dios dormido,&lt;br /&gt;Buena Muerte que sueña ¡y va despierto!&lt;br /&gt;a la cita de Amor de su destino.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;ENCUENTRO CON SEVILLA: SEVILLA CON SEVILLANOS&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vas a encontrarte, Gonzalo, amén del detalle y la belleza, contigo mismo, como sevillano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sudor de sangre padecido por Cristo en Getsemaní fue producto, principalmente, por la visión de los avatares de la humanidad hasta el final de los tiempos. Es decir, tú y yo estuvimos presentes en la extrema angustia de su rostro que el ángel conforta. Es decir, el pasado, el presente y el futuro de Sevilla están apresados en la mirada de Nuestro Padre Jesús de la Oración en el Huerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso dan ganas de preguntarle: ¿Hacia dónde va Sevilla, Señor, esta Sevilla que pronto coronará a tu Madre del Rosario? ¿Seguirá convirtiéndose en templo para ese tránsito vuestro que predica el valor de la oración? ¿O nuestras cofradías se limitarán a sortear sus rincones más turbios, como dos mundos aparte? Si las cofradías expresan en la calle la vida interior que han cultivado durante el año, también Sevilla se nos muestra últimamente en estos días sagrados como hija de los vicios y virtudes del momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero seamos optimistas, atendamos a la pujanza de los nuevos tiempos. Todas esas nuevas hermandades y agrupaciones que están floreciendo ahora como reacción a la expansión urbana reciente de nuestra ciudad, parecen a simple vista descomponer el equilibrio y la medida que caracterizaban la Semana Santa. Pero constituyen un hecho fiel a nuestra historia. Lo preocupante sería lo contrario, que gran parte de Sevilla nos diese la espalda. Hermandades del Cristo de la Corona, Torreblanca, Carmen Doloroso, Heliópolis, Pino Montano, San Ignacio de Loyola, Sol, Bellavista, Polígono San Pablo, Parque Alcosa, tantas otras… ya se encontrará la fórmula de acogida que evite una Semana Santa paralela pero que no falten motivos para decir que Dios sale a buscar a todos los sevillanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que decir, pues, que aquí cabe todo sevillano… y no sevillano. Basta el mínimo, imprescindible respeto que está en la base de toda convivencia. Basta sentir ante el Cristo de Burgos, o el de las Siete Palabras o la Vera Cruz que la tosca cruz y el cuerpo desnudo simbolizan la humildad de Jesús esperándonos sin condiciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oirás decir: Sevilla, sin sevillanos, qué maravilla. No lo aceptes nunca. Porque no solo se la estarías negando a los demás sino también a ti mismo. ¿Qué razón tiene de ser Sevilla deshabitada?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amarás de Sevilla sus piedras y sus jardines, sus leyendas y su historia. Amarás sus costumbres y esa fina sensibilidad que desprende su vieja sabiduría. Pero ama siempre más a tu hermano, el hombre que la habita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla con sevillanos. Si no, sería imposible la Semana Santa. Rechaza los tópicos y las etiquetas, te hablarán de ortodoxos y heterodoxos, de capillitas y descreídos, de críticos y furibundos, acógelos a todos poniéndote en la mirada de Dios porque no venimos a juzgar sino a dar. Y acércate con misericordia a quien te golpea, porque solo Cristo es tu modelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y acuérdate de los que faltan. Tengo que decirte, lo siento, que de vez en cuando, experimentamos una sensación de separación y lejanía por un ser querido que se ausenta. Daríamos toda la vida por estar un minuto más junto a el. Pues esto es en lo que creemos. Que volveremos a recuperar su compañía cuando entreguemos nuestra vida. Míranos cuando todo esto esté a punto de concluir: ya no estará Cristo entre nosotros. Y no es a El, seguros estamos de su Resurrección, sino a la Madre a quien perseguimos por las últimas esquinas de San Lorenzo, Soledad del adiós y de la luna. Soledad del manto cuadriculado por las escalas que caen de su Cruz. Soledad fugaz. Dentro de unos minutos ya no será Semana Santa ni ella será tampoco Soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla con sevillanos, si no, no habría derecho. Ámalos. Verás multitud de símbolos, medallas, cordones, túnicas, insignias, estandartes, escudos pero está escrito: sólo por un distintivo reconocerán que sois mis discípulos: si os amáis. Ese amor es el que justifica que existan cofradías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese amor es el que da fuerzas a los costaleros. Porque al levantar las Sagradas Imágenes movieron nuestros ojos a lo alto. Porque sigo viendo en ellos, sobre todo, generosidad. Al salir el Cautivo de Santa Genoveva el racheo de su cuadrilla dibuja una brisa de Jerusalén en los pliegues de su túnica y nosotros parecemos sentir esa brisa, aire tan escaso allá abajo y que encima parecen regalárnoslo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese amor es el que te hará nazareno cuando llegue tu momento. No habrá nada más grande. A un viejo cofrade, artista y diseñador de multitud de obras geniales le preguntaron un día que qué era lo más importante que había hecho. Y fue claro: coger un cirio y ponerme en una fila de nazarenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sevilla con sevillanos, clave fundamental de la Semana Santa. Aunque cada sevillano sea un mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez por eso, entre tantos sevillanos, hay un hombre que se mira las manos. Nació hace unos 400 años. Pero su rostro no lo envejeció esa edad sino la Cruz que le hicieron cargar desde el principio. Y con esa Cruz no para de aliviar las cruces de los demás sevillanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada Jueves Santo abandona su casa, en la plaza del Salvador, para recorrer la ciudad y buscar las caras de quienes no suelen ir a verle. Es sin duda una de nuestras mayores cumbres religiosas de estos días. Porque nuestros pasos en la calle no buscan la emoción de los sentidos, sino la conmoción del alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos días al año le quitan su Cruz, para su Besapié, y El se queda como en el último trecho del camino al Gólgota mientras Simón llevaba su madero. Porque cuando le quitan su Cruz El se queda... mirándose las manos. Como queriendo tomar con ellas las manos de todos los hijos de esta ciudad para unirlas bajo su amor sin medida. Esa era su misión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso me gusta tanto verle cuando le quitan su Cruz. Con su prodigiosa cabeza recogida en su pecho, fijos los ojos verticalmente en sus manos abiertas. Llenas de milagros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando cada tarde de Jueves Santo vuelvo a verlo venir me miro mis propias manos, y las escondo avergonzado ante su presencia. Y solo veo manos a su alrededor, las manos de los suyos que le preceden, manos de apretarse el escudo mercedario sobre el pecho, manos salpicadas de cera roja sobre las manchas de la piel veterana, manos de escolta para esa compañía que nunca les falló. Manos que desembocan en las divinas manos del Señor reflejadas sobre los cierros de Álvarez Quintero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Pasión! Tu eres el Cristo que se mira las manos. ¡Pasión! Dulce orilla para el oleaje encrespado en que nos ahogamos. ¡Pasión! aplaca con la mansedumbre de tus manos esta marejada, y desde tu barca de plata sálvanos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cómo atrevernos a pensar en una Sevilla sin sevillanos. Sería quedarnos sin ti, Jesús de la Pasión. Tu, el primer sevillano, el de las nobles manos…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Había una vez un hombre que se miraba las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;ENCUENTRO CON LA CASA DE DIOS: LA CATEDRAL&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vamos a encontrarnos, Gonzalo, también con la Catedral. Nos lo mandan nuestras papeletas de sitio. Epicentro Espiritual de Sevilla. Nada de "montaña hueca", como se la denomina en bellísima metáfora. Más bien solar de conversión del que disfrutan, de forma privilegiada, los cofrades del Jueves Santo y de la Madrugada al encontrarse allí con la presencia de Dios en el Monumento. Se abre la puerta de San Miguel para la Cruz de Guía de los Negritos, y en lugar del polvo húmedo de siglos que suele flotar en sus espacios, se hallan envueltos del olor a Pascua recién vivida, latido caliente que reblandece el fúnebre ataúd del Cristo de la Fundación, radicalmente muerto en la atmósfera de ascética severidad de estas naves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero comprobadlo mejor, por contraste, con esas otras cofradías populosas que al acceder a la Catedral parecen renunciar –no es cierto- al clamor que las rodea. Traspasa el umbral de la Avenida la Esperanza de Triana y aunque deje atrás su banda, una música le sigue acompañando, de tanto gozo acumulado en su techo de palio. Parece más ancha su parihuela, más horizontal su universo en movimiento, ese macizo paraíso que la cobija y nos hipnotiza. Princesa de los dragones y delfines de su paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quién ha dicho que en el silencio catedralicio pierde la Esperanza su forma de ser expresiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso no vibró aquí su historia cuando fue coronada?¿Acaso deja de ser Ella misma en la intimidad silente de su vestidor, desposeída de todo menos de su gracia, donde yo he visto brotar lágrimas que la calle no conoce? Igual de callada que entonces pero igual de viva, pega el tirón de la chicotá del trascoro, oyéndose Ella sola sus mismos pasos, orgullosa entre los pilares, rendidos los altares ante el esplendor victorioso de sus lágrimas, los santos centenarios saludándola tras de las rejas como presos del Pópulo. Un golpe de llamador, como un portazo de bronce, la detiene en el Monumento. Y sale a flote su sacramentalidad permanente, de cera roja, de corpus chico, del sabor a comunión que me dejó, cuando me fue entregado, bajando de su altar, el Señor de las Tres Caídas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Catedral resguarda a la Esperanza del frío cortante de la noche, y ya suele ser de día cuando la abandona. Dudan las vidrieras si es el ruiseñor quien canta o si es la alondra. Ya la reclama la fuente de la plaza de la Virgen de los Reyes con su niebla celeste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adorada capitana, en la despedida de tu último instante de intimidad catedralicia, recompuestas tus filas nazarenas, capas recogidas al brazo, quisiera dirigirme a ti, como nieto de un marino que llegó a ser nazareno entre tus filas. Cuya casa trianera aun conservamos como reliquia, a espaldas de tu capilla. Porque nuestro origen siempre se mantuvo a tu vera, en Pagés del Corro y en Pureza… y sin ser cofrades tuyos siempre te reconocimos como emperatriz de nuestra pequeña patria, guardiana de tantas generaciones cuya cercanía me devuelves cuando te veo partir y te repito:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;He de rezarte una Salve y no sé el modo&lt;br /&gt;capaz de poner a tus plantas tanta vida&lt;br /&gt;como corre por mi sangre agradecida,&lt;br /&gt;caudal de amor que en tu vientre desemboco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentir tu barrio soñando cada esquina&lt;br /&gt;en la inmensa primavera de tu rostro,&lt;br /&gt;y cruzando mi mirada con tus ojos&lt;br /&gt;volver de nuevo a aquella tarde herida:&lt;br /&gt;peso de ángel tu ser sobre mis hombros,&lt;br /&gt;peso frágil de nido y niña tu barbilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que rezarte una Salve y no sé cómo,&lt;br /&gt;queriendo a tu memoria rescatarle&lt;br /&gt;la huella más remota, los más viejos rescoldos&lt;br /&gt;de mi historia y mi raiz sobre tus calles.&lt;br /&gt;Y te hallo atenta, amor, cuando te imploro,&lt;br /&gt;a ese ayer de mi gente en tu paisaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque mejor que una salve… es una nana,&lt;br /&gt;pues te encuentro en el origen de mi gozo,&lt;br /&gt;en mi antiguo parentesco con Santa Ana,&lt;br /&gt;en la madre a la que rezan mis piropos,&lt;br /&gt;en el aire que lleva tu nombre: Esperanza&lt;br /&gt;y en la cuna de donde venimos: Triana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Seguimos absortos en la Catedral. Los pilares suben, llenos de nervaduras infinitas, hasta cruzarse en las altas bóvedas, grises, tristes y lejanas, como suspendidas del tiempo en que fueron levantadas. Es una sensación de trascendencia y de misterio, como de estar observándonos Dios por algún secreto agujero de estos techos que parecen desde dentro empujar la cúpula del cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estamos en la noche concepcionista por excelencia. Al Dios del Sagrario, las cofradías de la Madrugada le traen la ofrenda de la Inmaculada que tan inseparable le resulta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en lo alto del crucero componen entre todas el lienzo de la Apoteosis Concepcionista que sabemos fue pintado por Grosso hace cincuenta años pero que en verdad es compendio de los más sagrados símbolos de estas seis hermandades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Esperanza regala el mejor Guadalquivir de nuestra historia, visto desde la azotea de su Capilla, lleno de galeones, cargando en sus bodegas, rumbo a América, la luz de la fe concepcionista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Gran Poder aporta la figura del cardenal Spínola con las vigencia de sus obras, este año con la concordia ya centenaria. El Silencio va más lejos. Desde que la crestería de plata de la Virgen de la Concepción asoma en San Antonio Abad, su paso camina como en busca de alguien que la reclama. Es la Catedral que quiere pedirle a su larga memoria el recuerdo de aquel Papa Pío IX, que proclamó el dogma que los primitivos nazarenos, intuyeron los primeros –Sevilla se le fue detrás-, y a uno de ellos, de ruán negro, portando la bandera del voto de 1615: "Quién como María sin pecado concebida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta noche hay una sensación de cielo que borra la duda de si estamos dejando marchitar tan dulce creencia mariana en la realidad diaria de Sevilla. Por eso pasan en un suspiro los pasos del Silencio, porque no persiguen sólo la contemplación sino dejarnos la corazonada de que aun perdura el espíritu sensible de esta ciudad. Capaz de mostrar a Cristo sacrificado con la suntuosidad de un Rey David vestido de la belleza de los lirios y a María de Nazaret transfigurada en perfume, aroma, esencia que nos limpia y purifica como un jardín que nos creciera dentro y responde: "Nadie como María sin pecado concebida".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y qué entregan los Gitanos. Un par de seises, los dos más guapos que quedaron prendidos a su banderín de la Coronación y cada año se renuevan y pasan de la insignia al lienzo, con la misma emoción y el mismo candor con que bailaron ante la Virgen de las Angustias el día que exaltaron su Realeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mirad cómo cruzan la ciudad desde las Dueñas, haciéndonos rezar con la agrupación musical que acompaña al Señor de la Salud. Parece que va entre himnos hacia la tierra prometida. No en vano a este Jesús de manos morenas sus promesas siempre se les cumplen. Aseguró que reedificaría el templo levantándolo de las ruinas y ahí tuvo a sus hermanos de San Román, que no descansaron hasta ver su nueva Casa en pié, como no cejan hasta ponerlo cada Jueves Santo de dulce entre sus cuatro faroles. Esta es la tierra prometida. Le sobran versos a la saeta para definir la única verdad que los guía, basta con la soleá que resume lo que sienten y les mueve, aquello que les escuché un día, tan rotundo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Angustias no llores tu&lt;br /&gt;que se va a morir de pena&lt;br /&gt;el Cristo de la Salud.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;¿Y el Calvario? El Calvario presta al cuadro el amanecer más bello de los que cubren el final de su estación de penitencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que la madrugada parece disolver en su fondo negro la tétrica oscuridad de la Cruz que sostiene a este Cristo, hasta hacerla desaparecer a nuestros ojos. Queda entonces solo el contraste claro y marfileño del cuerpo crucificado sobre el firmamento. El Cristo pasa a ser Cuerpo y Cruz al mismo tiempo, sin leño entre la noche y El, colgado de sus propios brazos en travesaño, su espalda sin apoyo, sus manos desclavadas, suspendidas por la rigidez de la muerte en el aire helado, manos ya olvidadas por su voluntad y su memoria entre los balcones, olvidado el dolor, muerte sin sueño, solo silencio. Se ha parado el corazón de Dios... pero una vira morada de amanecer que cruza tibiamente el horizonte aclarando la negritud del cielo nos devuelve su Cruz que reaparece glorificada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si algún día fuera cierto que te desprendieses de tu Cruz, oh Jesús del Calvario, volvería al trascoro de tu Parroquia, cueva fría de mármol que el hogar de tu madre enciende, para pedírtela avariciosamente –uno más entre muchos- como tu mejor reliquia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Será por ese vacío&lt;br /&gt;fúnebre de tus párpados.&lt;br /&gt;Será porque mueres joven&lt;br /&gt;con apariencia de anciano.&lt;br /&gt;Será porque con lo negro&lt;br /&gt;se siente el mundo angustiado.&lt;br /&gt;O tal vez porque esa muerte&lt;br /&gt;rehuye cualquier milagro.&lt;br /&gt;O será por lo que pienso&lt;br /&gt;cuando miro tu costado&lt;br /&gt;que mi ser quiere seguirte&lt;br /&gt;y mis pies darte de lado...&lt;br /&gt;Será porque tu lo quieres&lt;br /&gt;por lo que siempre te clamo:&lt;br /&gt;ponme tu Cruz en la frente&lt;br /&gt;-ceniza sobre pecado-&lt;br /&gt;como una nueva cuaresma&lt;br /&gt;que me despierte en tus brazos&lt;br /&gt;y me alimente el alma,&lt;br /&gt;Cristo muerto del Calvario.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Sólo resta entre las ofrendas, la de la Macarena. Entre las demás han creado la orla perfecta de la apoteosis inmaculista: Spínola, Pío IX, el nazareno abanderado del Silencio, los seises concepcionistas, la banda del río, el fondo del amanecer… el cuadro está casi completo pero necesita la figura central de María, y la remata el rostro de divina Esperanza de la Macarena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Macarena, te ruego en vísperas del siglo y medio de la definición dogmática del Misterio Concepcionista, que nos ayudes a mantener esta ciudad en su secular marianismo. Que tantas energías como se pusieron en pie para conseguir el reconocimiento de esta confortadora creencia siga viva, constituyendo signo de luz y defensa apasionada, frente a una realidad diaria indiferente a la riqueza que irradia el 8 de Diciembre. Que no quede huérfana del soporte popular -todo el mundo en general- que la hizo su bandera y lo cantó y lo proclamó a voces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque Tu puedes y quieres, luego lo harás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te haces de rogar y tardas en llegarnos. No es tu devoción lo único que multiplica tus nazarenos. Es que tu nombre te obliga a mantenernos expectantes. No vale ir a buscarte, se nos exige el esfuerzo de esperarte: que el pecho cuente los pasos de nuestra respiración, como secundero anhelante. Que nuestra sangre viva tu demora, que seas un cielo ganado a pulso, y una conquista acogerte al fin en nuestras retinas. Que seas primero deseo, luego sueño, imaginación, duda de abandono, reafirmación en el ansia, presentimiento, espejismo y desde que los cirios dejen de ser completamente blancos, lejanía que reconstruye tu cara en nuestros ojos semicerrados, ascua de estrella que se dirige hacia nosotros, fuego de impaciencia, distancia eterna, lentitud en poseerte, desbordamiento del río que te precede, y hasta desconcierto que arrastra hacia Ti, en vez de hacerlos andar, la resistencia embelesada de tus cirios verdes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santo cielo, cómo tuvo que sentirse Dios cuando la imaginó, como el epílogo de su creación. Es lo que sentimos cuando la vemos, cuando la veamos, Dios mediante, este año una vez más, después de tanta espera. Ella es el omega porque…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Ni fue el sol ni aquella luz primera&lt;br /&gt;que rompió en el infinito&lt;br /&gt;el espíritu de las tinieblas,&lt;br /&gt;ni fue la luna, el firmamento&lt;br /&gt;ni fueron, que no, las estrellas.&lt;br /&gt;A estas obras, de su mano,&lt;br /&gt;las fue Dios dando por buenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco fue el mar,&lt;br /&gt;ni los ríos ni la tierra,&lt;br /&gt;ni las plantas ni las frutas,&lt;br /&gt;ni las aves ni las bestias,&lt;br /&gt;que según dice la Biblia:&lt;br /&gt;todo salió obra perfecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue el hombre cuando vino,&lt;br /&gt;cuando vino junto a Eva&lt;br /&gt;que de su misma costilla&lt;br /&gt;y de su misma miseria,&lt;br /&gt;perdieron su libertad&lt;br /&gt;por cuestiones de obediencia.&lt;br /&gt;Así que aquel paraíso&lt;br /&gt;dió de fruto almas en pena.&lt;br /&gt;Así que quedó pendiente&lt;br /&gt;borrarle a Dios su tristeza,&lt;br /&gt;y añadir a lo creado&lt;br /&gt;una Esperanza, sin tregua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al séptimo no descansó,&lt;br /&gt;coge el Padre la faena,&lt;br /&gt;remueve su corazón&lt;br /&gt;buscando nuevas ideas&lt;br /&gt;que el amor por esta vez&lt;br /&gt;quiere romper sus fronteras.&lt;br /&gt;Se vuelve loco de amar&lt;br /&gt;y entrega al Hijo en cruenta&lt;br /&gt;muerte de clavo y cruz,&lt;br /&gt;forma la más violenta&lt;br /&gt;y también la más absurda&lt;br /&gt;de sentenciar la inocencia.&lt;br /&gt;Pero hace falta una madre,&lt;br /&gt;otra mujer, otra Eva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez la saco yo&lt;br /&gt;de mi costilla, esto piensa&lt;br /&gt;y enamorado imagina&lt;br /&gt;el modelo en el que sueña.&lt;br /&gt;Pura y Limpia, desde luego,&lt;br /&gt;con un poquito de pena&lt;br /&gt;para que el hombre que sufre&lt;br /&gt;se sienta cerca de Ella&lt;br /&gt;y otro tanto de sonrisa&lt;br /&gt;para que sea yerbabuena,&lt;br /&gt;y sol y cielo y aurora&lt;br /&gt;y luz y agua y marea&lt;br /&gt;y noche y día y mañana&lt;br /&gt;y tarde y techo de estrellas&lt;br /&gt;y horizonte de montaña,&lt;br /&gt;nieve blanca, verde sierra,&lt;br /&gt;la cumbre más elevada,&lt;br /&gt;la más lejana pradera,&lt;br /&gt;todos los bosques inmensos,&lt;br /&gt;las inexploradas selvas,&lt;br /&gt;los misterios más ocultos&lt;br /&gt;que encierra nuestro planeta.&lt;br /&gt;Todo lo que hizo Dios,&lt;br /&gt;todo con su belleza,&lt;br /&gt;encerrada en expresión&lt;br /&gt;que no se olvide aunque quiera.&lt;br /&gt;Todo lo que Dios soñó,&lt;br /&gt;toda la creación en Ella,&lt;br /&gt;superada y más sucinta,&lt;br /&gt;en solo una cara perfecta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vió Dios que esto era bueno,&lt;br /&gt;sonó su voz a sincera,&lt;br /&gt;esta vez estaba el mundo&lt;br /&gt;del Paraíso más cerca,&lt;br /&gt;a pesar de la barbarie&lt;br /&gt;de la historia y de sus guerras,&lt;br /&gt;por eso dejó sus manos&lt;br /&gt;de tanta esperanza llenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vio Dios que era tan bueno,&lt;br /&gt;lo que enviaba a la tierra,&lt;br /&gt;el remate de su Creación&lt;br /&gt;su obra de mujer nueva,&lt;br /&gt;que puso inicio al descanso&lt;br /&gt;cumplida su mejor promesa,&lt;br /&gt;cuando tronando su voz,&lt;br /&gt;como un he dicho, ahí se queda,&lt;br /&gt;se oyó por el universo&lt;br /&gt;que baja hasta calle Feria:&lt;br /&gt;¡Hágase la que es mi madre!&lt;br /&gt;¡Hágase la Macarena!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Se puede ser trianero y macareno a un tiempo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba prevista una clínica de Triana, pero no había camas. Y el coche cruzó ligero la ciudad, predestinando mi corazón, para llevarme desde San Jacinto a nacer allá en Capuchinos junto a la muralla. Por eso yo así lo siento. Soñar por igual con las dos, soñar con tenerlas frente a frente. Y recordar que fue cierto, que sucedió hace pocos años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pienso que se hablaron las Esperanzas aquel amanecer en el interior de la Catedral -si, de la Catedral, ¿lo veis?, lugar de emoción, nada de montaña hueca-; Macarena y Triana frente a frente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;-¿Me oyes? Soy tu hermana&lt;br /&gt;o tú misma en otra cara&lt;br /&gt;mas con la misma esperanza&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tú aquí? ¿Al fín? ¿Lo sueño?&lt;br /&gt;¿Ocultaba lo que veo&lt;br /&gt;el trasfondo de mi espejo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y que yo tan trianera&lt;br /&gt;pueda ver que tu belleza&lt;br /&gt;la envidia mi tez morena&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues macarena que soy&lt;br /&gt;anuncio que desde hoy&lt;br /&gt;a tu hermosura me doy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Con lo distintas que somos...&lt;br /&gt;y sin pretender enojos...&lt;br /&gt;¡que el cariño vuelve loco!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tu y yo hoy en un mismo ser&lt;br /&gt;frente a frente, y parecer&lt;br /&gt;que es posible por la Fe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que de un solo corazón&lt;br /&gt;Dios nos reparte a las dos&lt;br /&gt;embajadas de su Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya que estamos, que se abracen&lt;br /&gt;las llamas en que nos arden&lt;br /&gt;candelabros y ciriales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y una salve que se entone&lt;br /&gt;que dé memoria a emociones&lt;br /&gt;y sangre a los corazones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La historia apunte esta hora&lt;br /&gt;que juntas bajo la aurora&lt;br /&gt;confundimos nuestra gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y da igual lo que se diga&lt;br /&gt;¿Que en el cielo no lo explican?&lt;br /&gt;Lo entiende ¡y basta! ... Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;ENCUENTRO CON DIOS: LA TRASCENDENCIA&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y lo más trascendente, Gonzalo: vamos a encontrarnos, por encima del detalle, de la belleza, de Sevilla, de su Casa de Dios... vamos a encontrarnos con Dios mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí Dios es una lucecilla intuida e inconstante. Imprescindible, pero a veces hoguera, a veces rescoldo. Por eso rezo el Credo como un acto de fe y también de sinceridad: "Creo que creo en Dios Padre, todopoderoso…" Dame Tú, Cristo del Desamparo y Abandono del Cerro, la fe de tu centurión para gritar que eres el Hijo de Dios. Los brazos insolentes que cruzan tus verdugos a tus espaldas certifican el temblor de la tierra y el eclipse del cielo de aquel momento decisivo. Dame, Señor, la fe de tu barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que creo en Dios porque una noche en San Jacinto, víspera de estrenarme como padre, vislumbré en los ojos amilanados de la Estrella -que esconden el infinito donde vienen y van nuestras almas- el rostro de mi primera hija, poco antes de poder contemplarlo. ¿Puedo ignorar entonces tanto amor como tengo atrapado desde niño entre las bambalinas azules de esta Imagen, la más sublime, la más luminosa Reina de gracia concebida?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y creo que Sevilla cree en Dios porque mantiene intacto el aroma sagrado del Jueves Santo, al bajar delicadamente de las alturas –como lo hace un cáliz ya consagrado- al Cristo del Descendimiento, para depositarlo en el bellísimo catafalco de bronce y de madera de su paso. Cuesta no caer arrodillados, no creer que nuestras manos sujetan un pico de la sábana… duele comprobar que el misterio se aleja… Al cabo, ha descendido a la sima de nuestros pequeños infiernos, y la tarde que lo sabe, sí se ha puesto de hinojos, reverentemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sobre todo proclamo una certeza: que agradezco a las cofradías que avivaran esa fe recibida de mis mayores, alentada siempre por el testimonio anónimo de tanta gente de buena voluntad de la que rebosan las cofradías. Generosamente dispuesta, extremadamente afectiva, modesta, enamorados de su Cristo y de su Virgen, sin esperar nada a cambio. A quienes identificábamos, curiosamente, al oír en nuestras canciones de juventud: "Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros que luchan un año y son mejores. Pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles". Bienaventurados los cofrades de corazón sincero porque forman silenciosos batallones que actualizan y hacen presente a Dios en la Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los he visto en San Julián, cortando el raso de sus túnicas de un paño de cielo azul intenso, de mediodía de Domingo de Ramos. Mirando tras del antifaz a su Cristo de la Buena Muerte como lo hace la Magdalena, es decir, arrodillados bajo su cabeza, para que Cristo parezca lo que es, un regalo bajado de las alturas. Padre Nuestro que estás en el cielo, fruto bendito del vientre de la Hiniesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y qué pueden hacer los cofrades, dentro de la Iglesia, por este mundo angustiado. Donde Oriente y Occidente se desencuentran en nombre de Dios. Pero tampoco se entienden el Sur con el Norte. Ni las naciones dentro de ellas mismas, ni entre los mismos hermanos… ¿no será ese el mayor síntoma del rechazo a Dios, porque Dios implica paz y amor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que este Domingo de Ramos, al coger la rama de olivo, nos sintamos tan portadores de Paz como aquella paloma que la proclamó de cielo en cielo convertida en su símbolo. Dice el Señor: "vete, haz primero la paz con tus hermanos y luego vuelve con tu ofrenda". Si lo tendremos claro que esta ofrenda a Dios como representa nuestra Semana Santa no comienza hasta que una rosa blanca del Parque nos abre sus pétalos y se convierte en bandera de Paz, derramada sobre los primeros nazarenos que inundan la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ahí nuestros días santos consistirán en una plegaria desesperada para que Dios levante de su postración y de sus conflictos este mundo fatigado. Acudid a San Vicente, ante Nuestro Padre Jesús de las Penas. Viéndole tan vencido, podría pensarse en la victoria de los enemigos de Dios. Pero cuando está en la puerta y le tocan su marcha y llega ese pasaje tan entrañable que empapa su mirada de una inmensa melancolía, como de amor perdido, nos descubre su plenitud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Viéndote caer parécenos de plomo&lt;br /&gt;el aire que pesa en tus espaldas,&lt;br /&gt;bajo la viga de este cielo roto&lt;br /&gt;que es tu Cruz, contigo derribada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El surco de tus dedos nos señala&lt;br /&gt;que ya eres tierra, barro, lodo...&lt;br /&gt;que horizontal, tu condición humana,&lt;br /&gt;abatido Jesús, ya toca fondo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero también es ver adelantada&lt;br /&gt;tu sombra en pié irguiéndose del polvo&lt;br /&gt;y soñarte Dios otra vez, mientras te alzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que el cuerpo al alma le es estorbo&lt;br /&gt;y tras caer te levanta tu mirada&lt;br /&gt;que es luz, refugio, amor, lo es todo.&lt;br /&gt;¡Si!... el cuerpo tantas veces al alma le es estorbo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Dicen de Juan Pablo II que debería renunciar ya, que su capacidad física está en entredicho para guiar a la Iglesia del siglo XXI. Pero el continúa siendo testimonio de esperanza. Le sobraban razones al defender que este nuevo siglo que parecía abocado al agnosticismo había de ser, ante todo, el del entendimiento universal en la idea de Dios, un Dios de paz para todos los pueblos. Yo os solicito, cofrades sevillanos, que os unáis a mí en un gesto admirado de reconocimiento hacia Su Santidad, para testimoniarle que las cofradías sevillanas, como Iglesia que son, siguen prontas a servirle, especialmente en estas horas de su sacrificio físico, de brazos y de pies, de manos y de voz. Transmítaselo así, señor arzobispo, con todo nuestro afecto, y dígale de nuevo, que aquí seguimos estando a su disposición. Que como siempre, Santo Padre, aquí nos tiene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Presentar la figura de Dios con tibieza, desprovista de toda su fuerza liberadora, es el mayor crimen de un cristiano. Lo saben los hermanos de San Benito, redimiendo las expresivas manos de Pilatos para identificarse en ellas, y para que sirvan de pórtico no al condenado del Pretorio sino al mejor de los nacidos del barrio de la Calzada. Ecce Homo, he aquí el hombre, he aquí a Dios. Dios está aquí, venid adoradores, evoca también la música que sigue a la Virgen del Subterráneo. Aquí está, en el pan que reposa sobre la mesa de su paso de misterio, cuando se anuncia en la Campana que el canasto de la Cena asoma por la arboleda del Duque.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ninguna representación sevillana de Dios más excelsa que la del retablo mayor del templo del Salvador. Cada atardecer del Domingo de Ramos manifestaba toda su divinidad. Aparecía el Cristo del Amor en la puerta, lleno de majestad, para convertirse en Monumento Eucarístico, su Cruz en lo más alto de aquel grandioso altar que formaban las gradas de la escalinata, el cortinón de la inmensa fachada, el dosel de la puerta, los naranjos como jarras. El esplendor refulgente de su singular policromía dorada se acrecentaba con los reflejos de la canastilla y los guardabrisas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parecía en verdad un ostensorio en manifiesto, presencia viva de Dios. Esta es su carne, pregonaba el pelícano. Esta es su sangre, los claveles como gotas vertidas por sus venas. Imitábamos su cabeza rendida, postrándonos ante su nombre que lo dice todo. El mismo nombre de su Padre, el único nombre de Dios: Amor. Por eso al salir el Amor -¿cuando volveremos a presenciarlo?- desde el Retablo Mayor de la Parroquia se oía siempre la voz del Eterno reconociéndolo en este Crucificado de Juan de Mesa, como en el Jordán: este es en verdad mi Hijo muy amado, en quien yo me complazco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apurad tanto Dios que encierran nuestras imágenes. Obra de imagineros pero, en igual medida, o más, de aquellos de cuya mano nos fueron mostradas. Por eso mi Cristo trianero de la Expiración, más que de Francisco Antonio Gijón, siempre me pareció salido del alma de quienes me dieron la vida y como parte fundamental de ella, me unieron El y a su más alta enseñanza, que es la de mostrarse como retrato del Dios verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cabeza, la proa de su barba, el hacha afilada de su nariz, recogen todo el cielo en la súplica de su cara. Como el Yavé de las escrituras, cuenta el número de las estrellas y las llama a cada una por su nombre. Eso hace el Cachorro, fundiendo en sus ojos la certeza de que esta es la hora de la eternidad.&lt;br /&gt;Su pecho es algo más que pulmón ansioso de aire. Se le hincha entre las costillas el corazón hasta no caberle, ensanchando el tórax, acogiendo sus suspiros y los nuestros. Es la hora del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus brazos hacen saltar los garfios que lo cosen a la cruz ante nuestro deseo de abrazarle. Es la hora de la amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cintura atrae el viento que dibuja su inconfundible silueta con el sudario abierto a la derecha, paño y cordel drapeando en sus muslos como lo hace el levante en las azoteas de Cádiz. Es la hora de la tragedia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sus pies. Que sostienen el cuerpo gravitando en los clavos para no derrumbarse, igual que una bandera izada hasta el tope del mástil, pabellón de un ideal que defender. Es la hora de la Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cachorro inmortal. Mi Cachorro. Lástima que el gran poeta no alcanzara a comprenderlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Siempre con sangre en las manos,&lt;br /&gt;siempre por desenclavar,&lt;br /&gt;no se morirá jamás&lt;br /&gt;nuestro Cachorro expirando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque sabe a eternidad&lt;br /&gt;su corazón solitario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque se enreda al sudario&lt;br /&gt;la muerte que viene y va.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque su pecho es milagro,&lt;br /&gt;coraza de batallar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque no tiene final&lt;br /&gt;tanto amor apasionado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque Dios hizo el Calvario&lt;br /&gt;para esperar algo más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué corto es el Viernes Santo,&lt;br /&gt;qué largo es agonizar,&lt;br /&gt;qué lejos se echa a volar&lt;br /&gt;junto a cada sevillano:&lt;br /&gt;cada alma un candelabro,&lt;br /&gt;cada mirada un cirial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El luto pierde la edad&lt;br /&gt;y cubre el negro de blanco,&lt;br /&gt;y a la gente de su barrio,&lt;br /&gt;la capa le va nevando&lt;br /&gt;la noche de su antifaz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque Dios se hace regazo&lt;br /&gt;más que triste funeral,&lt;br /&gt;se hace madre, se hace abrazo,&lt;br /&gt;se hace luz sacramental,&lt;br /&gt;se hace voz del que no está,&lt;br /&gt;retrato de Dios verdad&lt;br /&gt;con perfil de ser humano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay Cristo crucificado!&lt;br /&gt;por no morirte jamás&lt;br /&gt;-aunque te sangren las manos-&lt;br /&gt;consigues que en ti veamos,&lt;br /&gt;Cachorro siempre inmortal,&lt;br /&gt;no al del madero enclavado&lt;br /&gt;sino al que anduvo en la mar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 204, 0);"&gt;FINAL: ENCUENTRO CON LA SEMANA SANTA INTERIOR&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay que terminar, Gonzalo. Estos encuentros que te he presentado y en los que creo que consiste nuestra Semana Santa son como mandamientos que pudieran reducirse a uno solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deja que el corazón te guíe. Dejad, sevillanos, que el corazón os lleve.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ahora me lleva a mí a la calle Castilla, a esas manos de rosa de la Virgen del Patrocinio que resurgieron de la ceniza para que no se perdieran mis piropos de niño, engarzados a la mantilla de oro de su palio, que este año veremos recuperada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me lleva a San Andrés, a su espadaña de adagios, a la carne desnuda del Cristo de la Caridad, Cristo durmiente al que pronto besará esta nueva primavera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y me lleva, en fin, a San Juan de la Palma. De donde ya casi viene el misterio de Nuestro Padre Jesús del Silencio. Fijaos, va preso del refranero – de Pilatos a Herodes, de Herodes a Pilatos- repartiendo entre ambos la longitud de su paso. Para Herodes, la trasera, podio de mármoles y caras torcidas. Pero la delantera es de la jurisdicción de Pilatos, de sus legionarios y sus lanzas. Lo llevan de nuevo ante el procurador, calle Feria abajo, camino de la Resolana. Pero al llegar sus ciriales a la esquina de Torrejón, la poderosa cuadrilla les recuerda que todavía es Domingo de Ramos y manda el izquierda alante hacia la Campana, que hay un cauce de ternuras abierto por las blancas túnicas, blanca locura nazarena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con propósito de enmienda por haber desobedecido hoy tu lección de silencio regresaré esta tarde junto a ti, Señor despreciado. A comulgar el sabor a pan ácimo de tu túnica. A reconocerte ya herido en el silencio de tus labios, que es como sangre coagulada –tu primera sangre- en la dolorosa llaga de tu boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volver a San Juan de la Palma, sí. A pronunciar tu nombre, Amargura. Allí permanece vivo cada instante de tu historia, desde aquella tarde adolescente en que prometí fidelidades a tu tristeza, hasta ese momento –ya mismo los cincuenta años- en que te impusieron el sol de oro de tu majestuosa corona. Desde entonces reúnes en tu persona los tres presentes de la Epifanía: el oro de tu corona, el incienso que anuncia tu presencia y la mirra, resina amarga, que impregna tu nombre y tu universo de aflicción. No encierra menor gloria la corona que también te fueron labrando los poetas, ascendiendo por tus lágrimas, curso fluvial para los versos de Adriano del Valle… o de Aquilino Duque: "Saetas pido arqueros de Sevilla", Felipe Cortines: "tu nombre viene del mar…" o Juan Sierra: "qué amargura la tarde sin tu amargura"... Cincuenta años también de aquel soneto de Antonio Murciano en la tercera de ABC: "Nieve viva sintiéndose morena, / luz de luna volviéndose de cirio, / azucena poniéndoseme lirio, / soberana señora de la pena".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la plaza, la oscuridad rotunda demuestra que se ha rendido el Domingo de Ramos. Desde Alcázares, el itinerario es un recorrido conventual. Espaldas de Santa Inés, Zaguán de Sor Ángela, Fachada del Espíritu Santo, Clausura del regreso a casa. La evocación de Madre Angelita es inevitable. También ella sigue allí, igual de viva, a través del tiempo. En la puerta de su convento se confunden pueblo, comunidad y cofradía. Pero yo la aguardo más adelante. En el altar en que la veneramos en nuestra Iglesia, a cuyos pies se organizó la cofradía. Ella nos instruyó en el sentido de nuestra conducta nazarena, ella nos despidió al echarnos a la calle y ahora, al regreso, ella pasa revista a nuestras tribulaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos ve derrotados alcanzar la rampa, apagar los cirios y devolverle a ella -¿a quién si no?- las cruces. Nos observa emocionados en la última interpretación de la marcha, pisándose el platillo final y el golpe de cerrojo. Nosotros absortos en el palio, otra vez enteramente nuestro. Es la Semana Santa que se recoge hacia dentro y se interioriza. Es la Semana Santa según Sor Ángela. La que todo el año reproduce en las calles el misterio de nuestro Cristo en sus hermanitas en pareja, una siempre callada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Salen de dos en dos&lt;br /&gt;y una sola es la que habla,&lt;br /&gt;la otra silencio guarda&lt;br /&gt;pues por dentro habla con Dios.&lt;br /&gt;De las dos es la que calla&lt;br /&gt;la que más alza la voz:&lt;br /&gt;le pasa como al Señor&lt;br /&gt;que no necesita palabras&lt;br /&gt;para hablarnos del amor&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Ojalá nos sirva la definitiva subida a los altares de Sor Angela para recuperar este modo suyo, tan íntimo, de vivir la Semana Santa. Ejemplo sobre todo de cómo dirigirnos a la Virgen para mudar en sonrisa –ella lo consiguió- esa expresión de nuestra Amargura, el nubarrón de su pecho encogido, su gesto de oscuro túnel sin salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el interior cerrado del templo, como de costumbre, unas manos amadas pondrán sobre mis manos el punto y final a la separación que nos impuso la estación de penitencia. Las mismas manos que cada año en el Pregón, se apretaban contra las mías reconociendo en la marcha de Font de Anta la banda sonora de una vida en común, de una herencia recibida y destinada a prolongarse. Todo eso que un día habremos de explicar a Blanca y a Leticia para que entiendan lo que ha sucedido hoy y por qué ese infinito amor que les tenemos lleva impreso el sagrado nombre de Sevilla. Y el tuyo, Amargura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy sé, Madre mía, que ya no habrá vuelta atrás en la mutua seducción que compartimos desde mi adolescencia. Que fijos mis ojos en tu paso, imaginándolo anclado de nuevo junto a tu camarín, venciendo un solo clavel a toda tu candelería, Sor Angela de único testigo, volverán a brotar las palabras de despedida con las que renovamos allí nuestro amor duradero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Cómo refleja tu paso la blancura&lt;br /&gt;y se rinde la plata a tu pureza,&lt;br /&gt;aureola de luz con que me endulzas&lt;br /&gt;el paladar con tu nombre y con tu pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por hacerme tu celoso centinela&lt;br /&gt;comparé mis adentros con tu espuma...&lt;br /&gt;una brújula apuntó la calle Feria,&lt;br /&gt;San Juan me dio su Cruz y Tu ternura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la escala del clavel y de la cera,&lt;br /&gt;por la senda de lo cierto y de la duda,&lt;br /&gt;por la vida, que será hasta que Tu quieras,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ordeno mi existencia con tu música,&lt;br /&gt;procuro santidad en mi tarea&lt;br /&gt;y vivo… porque acabe… Tu Amargura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como termina el evangelio de San Juan, igual cabe añadir: muchas otras cosas podrían contarse… pero para ello el Pregón se renueva cada año y una voz distinta presta su pulso a este atril, del que yo ya me separo, dejando reposar en él, al despertar, mi más maravilloso sueño. Sólo me resta, pues, decirte, ciudad mía, lo único que quisiste oír de mis labios para empezar la Semana Santa. Ahí va: sevillanos ¿Estáis preparados? ¿Estáis puestos? ¿Puedo llamar cuando quiera? Ni un minuto más de espera, Sevilla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;… ¡ A ésta es ¡&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3530648457500377770-1551858826003728070?l=pregonesdesevilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/1551858826003728070/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3530648457500377770&amp;postID=1551858826003728070' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/1551858826003728070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/1551858826003728070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/2007/03/2003-fco-javier-vzquez.html' title='2003 - Fco. Javier Vázquez'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-6281508401279285499</id><published>2007-03-29T10:10:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T10:19:59.102-07:00</updated><title type='text'>2002 - Francisco Ruiz</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(102, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2002. Pronunciado por D. Francisco Ruiz Torrent en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, el dia 17 de Marzo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la memoria de mis padres.&lt;br /&gt;A Marta, mi mujer, y a mis hijas.&lt;br /&gt;A mi primer nieto, Curro,&lt;br /&gt;deseando que el contenido de este Pregón&lt;br /&gt;pueda servirle algún día de estímulo&lt;br /&gt;para su formación como hombre de fe&lt;br /&gt;y buen sevillano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, Sevilla, no estás soñando. Has oído bien. Son los compases de "Amargura" los que han llegado hasta tus sentidos para hacerte despertar de ese letargo latente en el que has vivido durante todo un año, durante toda una Cuaresma, y hacer que hoy, justo a la llegada de una inminente primavera, junto al azahar recién brotado, la cal nueva y la voz que a este Pregonero tú le has prestado, anunciemos por las esquinas de tus barrios más señeros la llegada de los días del máximo gozo para los sevillanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, Sevilla, no sueñas. Has oído la oración más profunda que uno de tus hijos compusiera en forma de música, que es como a ti te gusta rezar, para consolar entre susurros a una bella y compungida mujer que cada atardecer de un Domingo de Ramos recorre las estrechuras de la calle Feria acompañada de un joven de barba incipiente, que ya no encuentra palabras de consuelo para calmar su dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, sí, con la emoción contenida de siempre gustamos vivir esos momentos, mezclados en la apretura del gentío que acude solícito a consolarla llevando tan sólo el compás de esta partitura musical, en tanto los labios musitan una oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es allí cuando, aun sin querer, tenemos que caminar de espaldas durante unos momentos, porque nuestros ojos se resisten a dejar de mirarla y nuestra palabra pone letra a la música y se convierte en plegaria. Es allí donde nuestra mirada se cruza con la de ese nazareno amigo que un día ya lejano nos enseñó a quererla y que ahora parece decirnos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–"Ahí la tienes, es toda tuya".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Y allí es precisamente donde una y otra vez...&lt;br /&gt;Me tengo que volver para mirarte&lt;br /&gt;y descubrir en tus ojos mi camino,&lt;br /&gt;y el sentir en mi dudoso desatino&lt;br /&gt;el aguijón humano de olvidarte.&lt;br /&gt;Me tengo que volver, y adivinarte&lt;br /&gt;que deseas intervenir en mi destino&lt;br /&gt;y sentirte detrás, que sin respiro&lt;br /&gt;me dices quedo, que mi amor compartes.&lt;br /&gt;¿Por qué dudar entonces, si es certeza&lt;br /&gt;lo que mi pobre corazón desvela&lt;br /&gt;cuando distingue el dolor en tu belleza?&lt;br /&gt;Locura por tu amor es mi cordura,&lt;br /&gt;y es que mi anhelo es aliviar tu pena,&lt;br /&gt;añadiendo amor a tu Amargura.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Excmo. y Reverendísimo Sr. Arzobispo.&lt;br /&gt;Excmo. Sr. Alcalde de la Ciudad.&lt;br /&gt;Ilmo. Sr. Presidente y Junta Superior del Consejo General&lt;br /&gt;de Hermandades y Cofradías de Sevilla.&lt;br /&gt;Dignísimas Autoridades.&lt;br /&gt;Cofrades de Sevilla.&lt;br /&gt;Sras. y Sres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún dormía la ciudad. Por las blancas azoteas tendidas de prendas multicolores, por tejados florecidos de amarillos jaramagos, por la torre cercana rematada de azulejos, se reflejaban los primeros rayos de un tímido sol que iba rompiendo poco a poco el celeste grisáceo del amanecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un levísimo aroma procedente del jazmín del patio se filtraba a través de las rendijas entreabiertas de la ventana. Sí, era un Domingo de Ramos cuando, casi al alba, despertaba tras un profundo sueño un niño de Sevilla. Niño de barrio, de un barrio cualquiera, donde se respiraba durante todo el año el aire de sus devociones más profundas, de sus tradiciones y de la más pura gracia de nuestra tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel niño de no más de siete u ocho años, que jugaba con pasitos realizados sobre cajas de zapatos y nazarenos de cartón, había recibido el más maravilloso regalo que se le podía hacer y que venía a colmar, dentro de su pequeño mundo, el no va más de sus apetencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padrino, conocido cofrade y Prioste de aquel tiempo, le había confeccionado un pequeño paso con una imagen de barro de la Virgen, cubierta de manto de raso verde pintado de purpurina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño había soñado con lo que diariamente gustaba de soñar despierto: ser algún día, como su padrino, Prioste de su Hermandad. Y así se vio retratado en su sueño, figurando en una imaginaria cofradía como diminuto nazareno en la delantera de su pequeño paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en su fantasía, aparecieron ante él fachadas de chillones colores y balcones cubiertos de geranios, muchos de ellos desvencijados, con cristales rotos, y desiertos. Veía niños, infinidad de niños, unos vestidos de nazarenos de la mano de sus padres, otros vestidos de fiesta y que sostenían globos al aire, en tanto pedían caramelos a unos nazarenos de negras capas y túnicas moradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veía señoriales casas de cancel as y patios de mármol, adornados por infinidad de cinerarias moradas, rosas o azules, en cuyas puertas grupos de graves señores vestidos de oscuro hablaban muy quedamente bajo los naranjos que festoneaban las aceras y que, a veces, cuando el paso se acercaba, desaparecían mágicamente entre las etéreas volutas del incienso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los estilizados nazarenos se movían en silencio como figuras fantasmagóricas en la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan sólo se oían los compases de una marcha fúnebre queriendo acompañar el llanto de aquella Dolorosa de manto negro y ojos perdidos hacia el cielo de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se vio ante una vieja Iglesia, en la que a través de una ventana podía contemplarse cada día la imagen de un Cristo que lloraba amargamente. Allí pudo ser testigo de la pericia de unos costaleros que, sorteando las pétreas agujas de una pequeña puerta ojival, hacían posible el milagro de sacar el palio de una Virgen, que al contacto con el sol de la tarde inundaba el entorno de bellas tonalidades celestes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veía, veía y veía. Hasta que de pronto sus ojos asombrados se encontraron con la estrechura de una encalada calleja donde racimos de geranios acariciaban, desde los balcones, los varales de su palio. Ella era prácticamente igual a las demás Vírgenes. Sin embargo, era distinta. No sabía apreciar bien si lloraba o sonreía. Un fruncido ceño sobre sus cejas daba a su rostro un singular y característico gesto que la hacía inconfundible. Era su Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La de su particular y queridísimo pasito. La del  manto verde y oro. La de las piedrecitas de esmeraldas pintadas sobre el pecherín. La de la risa entre lágrimas... ¡Dios mío, qué hermosa era! Realmente aquello tenía que ser un sueño o una celestial aparición, porque él jamás la había visto anteriormente, tan sólo en estampas. Ella salía de madrugada, en esas horas en las que los niños de entonces no estaban en la calle. Sin embargo, la había reconocido, era Ella...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–"Pararla ahí", exclamó dirigiéndose al capataz con toda la autoridad que le daba aquel cargo de pequeño e idealizado fiscal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquel niño despertó sobresaltado y con su corazón latiendo a ritmo de tambor. Su primera mirada fue para el pequeño paso que se encontraba a escasos metros de su cama. La segunda, para la túnica que colgaba de una percha en un rincón de la habitación. No correspondía, por supuesto, a la túnica que momentos antes vestía junto a la Virgen de sus sueños. Pero la miró con ilusión, con esa ilusión que los niños de Sevilla sienten por vestir la túnica nazarena. No obstante, en aquel momento el niño sintió deseos irreprimibles de poder vestir algún día, cuando fuera mayor, la túnica de sus sueños para acompañar en una Madrugada a la Madre de Dios por las calles de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel niño salió aún durante unos años con el antifaz levantado, formando filas en la Cofradía de su barrio junto a su padre, junto al resto de los miembros de su familia que por devoción y tradición ancestral formaban parte de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie conocía los designios del Señor. Y así nuestro niño, cuando apenas había llegado a la adolescencia, sintió la tremenda sacudida de una muerte cercana. Cual si de un nuevo sueño se tratara, vio como su padre, al que desde que tenía uso de razón había acompañado vestido de nazareno, salía un día sin él, para emprender la última y definitiva estación, vistiendo los colores de su Hermandad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquel niño, a partir de entonces, decidió bajar para siempre el antifaz y cubrir su rostro.&lt;br /&gt;Nunca más jugó con pasitos y nazarenos de cartón. Comprendió que había dejado de ser niño y entraba en una nueva etapa de su vida. A pesar de su edad temprana, el mundo y las cosas cambiaron para él y, con ellas, el concepto que había tenido hasta entonces de lo que realmente significaba la Semana Santa y la propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y al igual que tantos y tantos sevillanos, aquel joven convirtió a su Cristo en espejo y bandera de su vida. Mirándose en Él, llevándolo consigo noche y día, llegó a escudriñar cada palmo de su anatomía, la expresión de su rostro y cada síntoma de su escalofriante agonía. Fue así como llegó a familiarizarse íntimamente con la muerte de aquel Cristo, hasta el punto de perder el miedo y encontrarla hermosa. Porque llegó a la conclusión de que la muerte de su Cristo no se consumaría nunca en su totalidad, que existía una especial transición que él se negaba a aceptar como muerte, porque aseguraba que Sevilla nunca dejaría de aportar esa brizna de aire que parecía faltarle para continuar con vida eternamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decían los antiguos de su Hermandad que aquel Cristo, en su interminable agonía, hablaba cada año y descubría los insondables misterios sobre la muerte a los manigueteros que le acompañaban. Y él soñaba, soñaba con alcanzar algún día una de las cuatro maniguetas de su Cristo moribundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al adentrarnos ya de lleno en lo que ha de ser la trama de este Pregón, quisiera vuestra benevolencia para levantarme el antifaz por unos instantes e identificarme con ese niño de nuestra historia, y poder así proseguir a sabiendas de que este Pregón será la narración de las vivencias de un simple cofrade sevillano, igual que todos y cada uno de vosotros, con la sola excepción de que Sevilla un día, sin mérito alguno que lo justifique, decidió señalarlo con el dedo y convertirlo en Pregonero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta consolador para un hombre pensar que cuando llegas a ese momento de la vida en el que crees que ya no puedes ser útil para muchas cosas, Sevilla, siempre amorosa, oportuna y sensible, haga honor a su lema alfonsino, y no sólo te demuestre que no te ha dejado sino que corresponda a ese amor que le has profesado siempre, concediéndote el honor y el privilegio mayor que se puede ofrecer a un sevillano de fe y a un cofrade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias, Señor, por haberme permitido nacer en Sevilla. Gracias, Sevilla, porque tú me enseñaste la Luz. Gracias, Sr. Arzobispo, Sr. Alcalde, Sr. Presidente y Junta del Consejo de Cofradías, por la confianza depositada en mi persona. Gracias, Sra. Teniente Alcalde-Delegada de Fiestas Mayores, por sus palabras de presentación un tanto exageradas, pero que no obstante son estímulo para continuar en esta mañana de auténtica y sevillana Pasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, este Pregonero vuelve a echarse el antifaz, toma su cirio y ocupa su tramo en esa interminable Cofradía que viene a formar Sevilla desde la primera Cruz de Guía del Viernes de Dolores al último nazareno del Domingo de Resurrección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sería imposible pretender enumerar a todas y a cada una de ellas. Describir esos momentos que sabemos estáis esperando cada cofrade y cada sevillano, en el que tan sólo se nombre y se exalte la belleza, la emotividad que despierta ese misterio o esa imagen de vuestra devoción en su triunfal recorrido por la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué más quisiera este Pregonero que llegar al oído de cada uno de vosotros, aquí presentes o en vuestros hogares, y poder comunicaros ese Pregón que esperáis, el vuestro, el de tu Cristo y tu Virgen que en definitiva es lo que de verdad te llega al alma. El de vuestro mundo, esos pequeños mundos particulares que formáis los costaleros, imagineros, orfebres, bordadores, músicos, tallistas, doradores o floristas, y que juntos sois los auténticos artífices de la armonía y la estética de nuestra Semana Santa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué más quisiera este Pregonero que contar con la satisfacción de que sus palabras hubieran llegado hasta ti, antiguo vecino del Barrio de San Bernardo, que naciste y viviste durante más de media vida en esa casa ya desaparecida de la calle Campamento, desde donde saliste tantos Miércoles Santos camino de la parroquia para acompañar a tu Cristo de la Salud y ahora vives en la continua nostalgia de esa calle, en un barrio lejano en el que aún te sigues encontrando extraño. Qué más quisiera yo, que mis palabras calaran en lo más hondo de tu alma sevillanísima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué más quisiera este Pregonero que al término de su Pregón sentir el consuelo de que sus palabras hubieran llegado hasta ti, joven del Tiro de Línea, que te dueles y sufres como un Cristo vivo, en la cama de un hospital, y tu juventud siente que se revela, porque posiblemente este año no puedas acompañar en su salida a ese Cristo Cautivo en tu corazón desde que eras niño. Daría, créeme, lo que no tengo, porque mis palabras fueran el bálsamo milagroso que cicatrizara tu herida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué más quisiera este Pregonero que sus palabras pudieran servir de estímulo a esa queridísima Hermandad de los Dolores del Cerro, cuya encomiable labor ha sido reconocida por la propia Iglesia de Sevilla, concediéndole el privilegio de coronar canónicamente a su imagen titular, o a esas otras de más reciente creación que, en un sacrificio para muchos desconocido, dan diario testimonio de autenticidad cristiana y espíritu evangelizador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quisiera que entendiérais que este Pregonero no pretende otra cosa que, en nombre de Sevilla, anunciaros la anual llegada de Dios a la ciudad, y transmitiros un mensaje, un mensaje de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien me comentó en estos días previos al Pregón, algo tan bello y confortador como que el Pregón lo dictaba Dios, lo escribía Sevilla y lo decía el Pregonero. Por ello, y en nombre de Dios y de esta Sevilla que me obliga, quisiera aprovechar la oportunidad del momento para enviar, a través de mis palabras, un mensaje de Paz, de Paz y de Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo barrio donde hace más de veinte años vive el Pregonero, separada tan sólo de su casa por un muro flanqueado de jardines donde florecen las rosas y se arrullan sus blancas mensajeras, las palomas del Parque de María Luisa, habita la Paz. Una blanca y delicada Señora a la que no hay más que mirar para saber quién es y qué es lo que regala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella es mi más querida y cercana vecina. Con Ella hablo de mil cosas. A Ella acudo a pedir consejo o el pan y la sal de cada día. A Ella quisiera dirigirme hoy desde aquí, y en nombre de Sevilla solicitar su intervención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señora: resulta obligado en estos momentos, en los que pregonamos a Sevilla la Muerte y Resurrección de Cristo, y por tanto la gran Esperanza de la humanidad, recordar la muerte de esos Cristos vivos de nuestro tiempo, víctimas de esa obsesiva locura que es el terrorismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Centrar nuestra atención por unos instantes, y recordar el drama humano que conmocionó al mundo hace unos meses y en el que miles de criaturas vinieron a sumarse trágicamente a las que a diario son inmoladas por la cobardía de los hombres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y toda esta barbarie llevada a cabo por unos fanáticos que matan en nombre de Dios...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabemos a qué Dios se refieren, porque Dios es, ante todo, Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sabemos qué Dios, porque Dios, y a pesar de su Soberano y Gran Poder, se hizo hombre y precisamente Expiró en una cruz para darnos la vida...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dios y Señor de Sevilla, perdónalos, porque o no te conocen o realmente no saben lo que hacen.&lt;br /&gt;Dulce Señora de la Paz, haz que un día no lejano podamos dirigirnos unos a otros, como a diario lo hacemos los hombres de buena voluntad. Como lo vienen haciendo esas palomas blancas que anidan y revolotean alrededor de tu casa. Utilizando, como mensaje, tan sólo tu nombre, y como único símbolo, el blanco pañuelo y la rama de olivo que portan tus manos. Paz, Señora, Paz... Que tu Paz esté con todos nosotros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel niño soñador de ayer, hoy Pregonero y viejo cofrade sevillano, sigue viviendo y soñando con la Esperanza. Con una Esperanza que al ser componente del alma va más allá de su propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mediado el Adviento, cercana ya la Navidad, hay un día en el que Sevilla es visitada de manera muy especial por la Esperanza. Ella baja en ese día hasta Sevilla y desde distintos puntos de la ciudad tiende su mano para que la besemos y, al besarla, sintamos que su mirada se funde con la nuestra. En ese día, todo sevillano de fe puede decir que ha alcanzado con su mano la Esperanza. En maternal correspondencia, Ella nos regala eso que ya no consideramos tan siquiera virtud, sino algo natural, y que hace que la llamemos en nuestro propio lenguaje, con toda la familiaridad del mundo y el entrañable apelativo que corresponde a cada barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que una leve sonrisa se dibuja en su rostro. Hay quien asegura que fue un requiebro de Sevilla; otros, que un piropo de Triana; alguien, que una sentida oración allá por La Trinidad o la simple Gracia de Sevilla, que la acompaña, la que transmite a su rostro dolorido la misma Esperanza allá por la antigua Puerta Osario o por la plaza de San Martín. Aunque siempre, y por encima de todo, Esperanza, Esperanza de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde sus años de adolescente, siempre tuvo el Pregonero un concepto algo especial con respecto al hecho de pertenecer a una Hermandad. Serían incontables las ocasiones en las que, aun deseándolo, tuvo que rechazar el ofrecimiento de hacerse hermano de la cofradía de algunos de sus más allegados amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mis años de colegio, allá en la calle Jesús del Gran Poder, en ese Colegio de los Hermanos Maristas en el que me inculcaron el espíritu Mariano de la Congregación y que aún perdura en mí, fue donde a través de mis más íntimos compañeros, aquel joven soñador de ayer, cofrade y hoy Pregonero, madurado a base de experiencias y años, aprendió a amar a distintos rincones y barrios de Sevilla, y con ellos a las benditas imágenes de sus respectivas hermandades, cuya devoción llegaron a transmitirle junto con su amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solía ser motivo de entusiasmo en mis años de niño. Solía ser tema de mis sueños infantiles cada vez que visitaba la casa del poeta de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De una de sus paredes pendía un bellísimo cuadro realizado a principios de siglo por un conocido pintor costumbrista de la época. La escena representaba una tarde de Domingo de Ramos en pleno barrio de San Julián, donde sobre un fondo de modestas casas de bajos y floridos balcones, aparecía rodeado de una sinfonía de azules nazarenos el palio inconfundible de la Virgen de la Hiniesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años, y el cariño y generosidad de la viuda de aquel espíritu enamorado de Sevilla, quiso corresponder al fervor que yo sentía por el sevillanismo de aquel inolvidable espíritu, y por la misma Virgen de la Hiniesta, cuya devoción me había sido transmitida a través de aquella escena, regalándome aquel cuadro entrañable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es, desde entonces, como una permanente ventana abierta en el salón de mi casa hacia ese rincón sevillano que es el barrio de San Julián. A través de esa ventana, la Semana Santa y el recuerdo de uno de sus más brillantes Pregoneros están siempre presentes en mi casa y en mi pensamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces me gusta sentarme ante ella, e imaginar que el lienzo y el óleo cobran vida, haciendo llegar hasta mí la brisa de la tarde, el clamor del gentío, el cante profundo de una saeta, e incluso el eco lejano de los compases de una marcha que me indican que de nuevo se ha levantado el paso de la Señora, para reanudar lenta y graciosamente su triunfal recorrido por el barrio de San Julián.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frecuentaba desde niño la calle Santa Clara, calle de cales y espadañas, de clausuras y casas importantes, de patios y jardines donde como tímidas novicias florecían cada primavera macizos de calas y rosales. Fue allí donde oí por primera vez repicar las campanas de San Lorenzo. Fue allí donde me enseñaron a querer como a un amigo más al Señor de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Árbol quemado, cuyas raíces, como vivos tentáculos, sostienen en pie a toda la ciudad. Su rostro renegrido es una caverna de padecimiento y virilidad a la que se accede bajo el dintel de la roca de su corona de espinas y entre las gruesas madejas de sus mechones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Culmen de la tragedia suprema es el rostro del Gran Poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Sales a la noche y eres Tú la noche&lt;br /&gt;y tu rostro condensa madrugada&lt;br /&gt;y aunque camines hacia el alba clara&lt;br /&gt;negro es el reflejo en que te escondes.&lt;br /&gt;Dios de las sombras de tu cara&lt;br /&gt;piel de minero y nubarrones&lt;br /&gt;carne sellada de tizones&lt;br /&gt;Hijo increíble de María Inmaculada.&lt;br /&gt;Una apariencia fatal de pobre hombre&lt;br /&gt;soporta entre penumbras tu zancada&lt;br /&gt;al perderse en la tiniebla que recorre.&lt;br /&gt;Mas... qué luz tan grande de tus ojos mana&lt;br /&gt;al abrir entre lo oscuro un horizonte&lt;br /&gt;que da paso, Gran Poder, a la mañana.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Hasta allí acudía cada mañana de Viernes Santo a la amanecida, bajo un trinar de pájaros y un cielo ceniciento, para extasiarme y hacer volar mi espíritu ante el repeluco largo y cansino de sus pasos entre la silenciosa y escasa compañía de unas cuantas mujeres ateridas y unos hombres con los cuellos de sus chaquetas levantados, que contemplaban con cara de madrugada la entrada del Señor en su Iglesia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres negros nazarenos salían por la puerta trasera que da a la calle Hernán Cortés, dirigiéndose Santa Clara arriba hasta aquella casa donde aprendí a rezar al Gran Poder y donde, pasado el tiempo, pude ver cómo el mayor de aquellos nazarenos vestidos de ruán negro emprendía su última estación de penitencia. Años después, otro de ellos, que se trasladaba cada Viernes Santo desde lejos para acompañar al Señor, se instaló definitivamente en Sevilla para tenerlo más cerca, llegando a ser su Mayordomo y amigo mío para siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocos meses hace que, tras una auténtica pasión y plenamente enamorado de esta ciudad y de su Cristo, se presentó con su definitiva papeleta de sitio al que fue su único Señor, el Señor de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, aquella casa del barrio de San Lorenzo se convertía en punto de reunión para vivir el ambiente del entorno el Martes y Miércoles Santo, en los que el barrio se echaba a la calle y se vestía de fiesta para poner su nota de color en las salidas de la Bofetá y El Buen Fin. De nuevo aparecía esa escena para mí siempre entrañable de la Virgen acompañada de San Juan, de ese joven en el que el Pregonero gusta encontrar reflejada a la juventud cofrade, siempre dispuesta a mimarla y piropearla con la misma vehemencia y ardor cual si de una Purísima novia se tratara. ¿Qué joven cofrade sevillano no soñó por una noche de Martes Santo hacer de San Juan para susurrar de cerca la finura y suave elegancia de la Virgen del Dulce Nombre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo creo que San Juan debió nacer en Sevilla, e incluso me atrevería a asegurar que sigue viviendo allá por algún lugar cercano a la calle Feria o San Lorenzo, ocupando, por qué no, el cargo de Prioste de alguna de nuestras hermandades más señeras. Siempre nos sugirió una especial ternura el cargo de Prioste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Pendiente de sus anhelos,&lt;br /&gt;pendiente de su quebranto,&lt;br /&gt;pendiente de ese pañuelo&lt;br /&gt;que con tanto mimo y celo&lt;br /&gt;coloca sobre sus dedos&lt;br /&gt;para que enjugue su llanto.&lt;br /&gt;¡Ay Señora, quién pudiera&lt;br /&gt;al menos por unas horas&lt;br /&gt;ser Prioste en Primavera&lt;br /&gt;y como el cirio que llora&lt;br /&gt;fundirme siempre a tu vera!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Cruzaba el puente, justo delante de aquella antigua casa situada al comienzo de la calle Oriente. Era lugar de privilegio para ver subir la cofradía del Barrio de la Calzada. Hasta allí solía acompañar en mis años de niño a unos amigos que cada Martes Santo tenían por costumbre ir a merendar a casa de su abuela y ver transcurrir la cofradía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La visión desde aquel balcón resultaba algo espectacular y digna de ser plasmada en un cuadro. Teniendo como fondo el viejo acueducto, y entre un mar de colores, avanzaba la caballería seguida de todo el entusiasmo infantil del barrio. Globos y bastones, pregones de vendedores ambulantes, trompetas y tambores... allí Pilato nos parecía más romano que nunca cuando pasaba ante las arcadas de las antiguas ruinas. Detrás, la Señora de la Encarnación, la bella Palomita de Triana que venía a recordarnos que también Ella había nacido en nuestro barrio, hasta que un día emprendió el vuelo y anidó para siempre en el de la Calzada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En pleno centro de la ciudad, en la collación de San Pablo, allá por la calle Zaragoza, vivía otra familia amiga, cuya casa fue y aún sigue siendo lugar donde durante todo el año se mantiene latente el recuerdo de su Hermandad de la Quinta Angustia. Hogar donde cada Jueves Santo aún la abuela, heredera por años y tradición de un arte singular, continúa sujetando el chantillí a la peina y colocando los pendientes de pera a su larga descendencia femenina, dando las debidas instrucciones de cómo ha de llevar la mantilla una mujer sevillana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, y anteriormente en mis años de colegio, me transmitieron el cariño y devoción hacia ese sobrecogedor Misterio del Descendimiento de Cristo en la Cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante muchos años he acudido, incluso, a los Oficios del Jueves Santo en la Magdalena, aunque últimamente los he alternado con la intimidad conventual de las Mínimas de Triana o de mi propia Hermandad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno u otro lugar, hemos gozado de la presencia viva del Señor, del ceremonial barroco y solemne de aquél o de la sencillez litúrgica de unas monjas que, entre azucenas, celindas y macetas de "pilistras", conmemoran el momento de la instauración de la Eucaristía y la Última Cena del Señor. "Cantemos al amor de los amores", entonaban las monjas tras la reja de su clausura, y al llegar a la estrofa de "Dios está aquí..." mirábamos a nuestro alrededor y percibíamos, entre el silencio que venía del patio, el canto de un canario, el aroma de la flor y las voces de aquellas vírgenes ocultas que, sin duda alguna, hacían que la presencia de Dios se hiciera tangible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero volvamos al compás de San Pablo, donde entre las sombras verdinegras de los árboles y la luz rosa y morada del atardecer, aparece la trágica escena de Cristo descendiendo de la Cruz, sostenido por la sábana que desde unas escaleras deslizan entre sus manos José de Arimatea y Nicodemo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a Él iba siempre uno de mis más queridos amigos y hasta él me acercaba ya al regreso por el Postigo o Castelar para, con la mayor discreción, cruzar una mirada o tal vez dos escuetas palabras: ¿Necesitas algo? Él acostumbraba a devolverme la visita al día siguiente, cuando vestido de nazareno yo atravesaba el puente de Triana acompañando a mi Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí se repetía la misma escena y se cruzaba idéntico diálogo. Y así fue como nos despedimos y nos vimos por última vez. Ésas fueron sus últimas palabras conmigo, ya que días después, en un absurdo accidente de carretera, su cuerpo, roto como el de su Cristo, fue recogido, posiblemente por distintos Arimateas y Nicodemos, para ascenderlo en esta ocasión a los   cielos de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso sigo acudiendo cada Jueves Santo al encuentro de ese Cristo, mío también desde entonces y por el que, gracias a Él, sigo manteniendo vivo el recuerdo de mi amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calle de Zaragoza, Doña Guiomar y Molviedro, donde la muerte del Cristo del Calvario se hace presente junto al repeluco de una madrugada a punto también de expirar. Crujir de nobles maderas, sordo acompañamiento del esparto de unas alpargatas sobre el suelo, silencio y saeta que van pregonando por Sevilla la muerte de un lirio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Donde el Calvario se eleva,&lt;br /&gt;su cabeza se rebaja,&lt;br /&gt;su desnudez nos congela&lt;br /&gt;y su muerte nos desangra.&lt;br /&gt;Sólo un silencio nos deja&lt;br /&gt;a solas bajo sus plantas,&lt;br /&gt;y ahogados por su presencia,&lt;br /&gt;ya muy cerca de su casa,&lt;br /&gt;decimos: Señor, despierta&lt;br /&gt;la conciencia de mi alma.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Las primeras salidas en pandilla, por aquellas edades de hombrecitos que estrenábamos pantalón largo y fumábamos nuestros primeros pitillos, nos llevaban en estos días de Semana Santa a un hotel de la calle García de Vinuesa, en el que los hijos del propietario, compañeros de Colegio, nos reunían cada tarde de Miércoles Santo para degustar las primeras torrijas y vivir de cerca el ambiente del barrio del Arenal. En aquella casa, cuya devoción en realidad era la Hermandad de la Exaltación, aprendimos a familiarizarnos y a conocer los íntimos secretos y todo el duende del barrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún me sigue estremeciendo la escena de la Piedad del Baratillo. Me enternece la visión de esa Virgen tan joven, más bien en edad de apretujar contra su regazo a un recién nacido al compás de una nana, que de sostener el cuerpo inerte del hijo. Aquellos pañales que ayer sirvieron para envolver su tierno cuerpo sonrosado, el tiempo los ha cambiado por sudario mortuorio, para servir de mortaja a la muerte temprana del Hijo de sus entrañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tanto ella, en su dolor inconsolable de madre niña, parace estar acunándole y cantando entre sollozos: "A la nana nanita nanita ea..." y Jesús se ha dormido. Bendito sea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Posteriormente, ya en otras edades y pasados los años, nos transmitieron desde distintos lugares del barrio, siempre a través de buena gente amiga, devoción y cariño hacia el resto de las hermandades que allí radican, de manera especial a esa Hermandad de Las Aguas de orígenes trianeros, a la que recordamos en nuestros años de niño cuando salía de San Jacinto con un solo paso, compuesto por aquel bellísimo Calvario que venía a poner una nota de melancólica tristeza e inundaba a Triana de profundos sabores antiguos. Seguimos acudiendo al Arenal cada Lunes Santo, y gustamos deleitarnos hoy ante esa otra Niña del barrio, de nombre Guadalupe, que le acompaña, muy joven para llorar y en la que se aprecia que fue esculpida por la gubia amorosa de un adolescente, quien le infundió todo el candor y la virginal inocencia de una quinceañera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que el amor se acaba, que con el tiempo llega a olvidarse...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo debo ser excesivamente romántico o demasiado inocente, porque tengo otro concepto distinto del amor o del cariño, qué mas da...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí, el amor con amor se paga, como nos lo viene enseñando en Sevilla la imagen de un Cristo muerto por Amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue precisamente por el cariño demostrado durante toda una vida por una familia sevillana, que me transmitió y dio a conocer el mensaje de su Cristo, por lo que aún hoy gusto de ir a su encuentro a la anochecida del Domingo de Ramos para verlo venir por calle Cuna, volver a observar y meditar sobre el símil amoroso del pelícano dando de comer su propio cuerpo a sus polluelos y escuchar sobrecogido la voz apagada de alguien que en la noche susurra: Ahí va el Amor, el Amor Crucificado de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde esa antigua y tradicional calle Cuna, calle de tiendas con sabor añejo y casas palaciegas, aun sin que nos lleve la mano de nadie, nos conduce nuestra sensibilidad sevillana en diversos momentos concretos de estos días, para encontrarnos en la mayor intimidad de un Lunes Santo con el regreso de la impresionante escena del misterio de Santa Marta, de esa Hermandad siempre ejemplar que va transmitiendo a Sevilla toda la Caridad y el recogimiento que emana la imagen de su Cristo conducido al sepulcro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí mismo, hace ya unos años casi en la madrugada del Jueves, nos gustaba encontrarnos con el regreso de la Hermandad de los Panaderos para deleitarnos ante la forma de andar de ese paso de misterio y la clásica belleza de la Virgen de Regla, la divina Panadera de San Andrés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por aquel mismo entorno de la calle Cuna, tan sólo unas horas después, he visto caminar a Dios por la ciudad. He sentido todo el peso de su cuerpo macerando mi hombro en más de una ocasión, cuando por privilegio de sus hermanos, que también son los míos, lo he portado hasta ese Sagrario de plata en el que es conducido la noche del Jueves Santo por Sevilla. He sentido su pie acariciando mi mejilla y sus ojos taladrando mi cuello. ¡Ay Señor de Pasión!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como en una fugaz a parición hemos visto de cerca el rostro de Dios. Quedamos impregnados por su aroma, ese aroma que apenas nos deja terminar una oración. En la estrechura de la calle, ya en lontananza, adivinamos su silueta que se aleja... Ya ha pasado por Cuna el Señor de Pasión. Un año más Dios se dispone a recorrer la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en el silencio de la noche, un negro penitente con escudo mercedario al pecho y una cruz sobre el hombro, irá musitando muy quedamente: ¡Pasión de Cristo, confórtanos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, en las inmediaciones del Salvador y Cuna, también me he emocionado más de una vez en la mañana del Viernes Santo ante esa Gitana guapa de las Angustias, que no puede negar que también nació en Triana, a la vera de la mismísima Cava, donde los Puyas y los Canela, los Vargas o los Moreno aventaban los últimos rescoldos de las fraguas al son del martinete y las seguiriyas del señor Manuel Cagancho. Cómo podría olvidarte, si como Tú llevo sobre mí eternamente la sombra imborrable de tu Madre Señá Santa Ana, esa que desde el techo de tu palio aún sigue acompañándote, porque cree todavía que eres demasiado niña para dejarte salir sola en una Madrugada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por el Patio Banderas se entraba a la casa de Joaquín Romero Murube, situada en el mismo apeadero de los Reales Alcázares. En aquella misma casa vivió por unos años mi hermano mayor, casado con una hermana del poeta. Allí nacieron mis primeros sobrinos, casi de mi misma edad y con los que conviví durante un largo período de mi infancia correteando por los jardines y aposentos bajos del regio recinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Cristo de las Misericordias era el titular de la cofradía del barrio, y aunque en aquella casa se respiraba el aire de San Lorenzo y una especial devoción hacía la Virgen de la Soledad, la mayoría del vecindario pertenecía a la Hermandad de Santa Cruz y hacía que cada Martes Santo acudiéramos a la esquina de la Plaza del Triunfo con la Alcazaba para contemplar el tránsito de esta señera Hermandad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Martes Santo de 1970, tan sólo unos meses después de la muerte del poeta y de mi marcha a Madrid, llegábamos a Sevilla para pasar la Semana Santa y, cómo no, acudimos directamente a esa esquina de la Alcazaba, bautizada ya en rótulos trianeros con el nombre de Joaquín Romero Murube. Un grupo de familiares esperábamos emocionados el paso del Cristo de las Misericordias. El paso se encontraba en esos momentos arriado en el suelo y las manos del Cristo parecían buscar el rótulo de la calle para acariciarlo. El Cristo de Santa Cruz nos daba a entender que aquel espíritu de nuestro admirado poeta, aquel que continuamente había llevado a Sevilla en los labios y en su corazón, había recuperado al fin los cielos que él creía perdidos y gozaba ya de esa Sevilla celeste y soñada que tanto había amado y de la visión de su Virgen de la Soledad, la más triste y solitaria de las Vírgenes sevillanas, pero a la que sin duda alguna sigue consolando y acompañando desde entonces como su más fiel y enamorado amante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy cerca, por Miguel de Mañara, buscando la penumbra del anochecer, salimos al encuentro de la cofradía de los Estudiantes. La severidad de la caoba y el lirio hacen lecho perfecto para que descanse su cuerpo dormido, más que muerto. Por muy buena que sea, me resisto a llamar por su nombre al sueño dulce y vivificador del Cristo de los Estudiantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aun dormido, quiero interpretar la tremenda y magistral lección que nos dicta cada año desde la cátedra de su Cruz. Por eso, a la anochecida de cada Martes Santo, Sevilla se transforma tras ver pasar al Cristo de los Estudiantes. No se harán precisas las palabras, tan sólo Dios sabe cómo tocar el alma de los sevillanos. Tan sólo Dios sabe abrir esa Puerta a la Esperanza, esa Puerta desde la que la imagen de la Buena Muerte de Cristo va transmitiendo a Sevilla esperanzas de vida eterna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Momentos después, aquel mismo lugar –contrastes de Sevilla– transformará la angustia en la que nos hemos sumido, por la alegría desbordante, los blancos nazarenos, la música y, sobre todo, la luz, la luz cegadora del palio azul y plata de la Candelaria, que va rodeando las almenas del viejo Alcázar para adentrarse en la espesura de unos jardines y prender fuego de amores a los vecinos de la vieja judería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no quisiera terminar este paseo por la ciudad en el que he querido testimoniar mi más emocionado recuerdo a muchos de los amigos, a través de los cuales llegué a conocer y a amar a nuestra Semana Santa, sin haber logrado transmitiros el sentimiento que ha acompañado a este Pregonero, que no ha sido otro que el pretender os hayáis visto retratados en él como cofrades y sevillanos. Por ello, no puedo dar por finalizado este recorrido sin detenerme en la antigua casa de unos viejos conocidos, allá por Alfonso XII, esquina a la calle hoy del Silencio, desde donde solíamos vivir el comienzo de esa Madrugada única de Sevilla. Ese momento en el que una saeta rasga el aire anunciando que la Cruz de Guía, la primera Cruz que inició y dio origen a nuestra Semana Santa, está en la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio guarda Sevilla ante la sola aparición de esa Cruz. Ese Silencio que tan sólo sabe guardar Sevilla en los momentos importantes y en los que ni el aire se atreve a mover una hoja de los naranjos que perfuman la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi sin darnos cuenta ha aparecido en el dintel de la puerta la imagen del Nazareno. Otra muda lección que tan sólo la sensibilidad de Sevilla es capaz de captar y ante la cual toda la ciudad queda sumida a su paso en una profunda sensación de romántica nostalgia, en elocuente Silencio, roto a veces por las notas del fagot y el oboe que acompasan el canto de unas antiguas coplas que entristecen el alma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una ligera brisa de azahar ha impregnado la Madrugada que comienza. Es la Virgen de la Concepción, que también en silencio y de lejos le sigue junto a San Juan, para acompañarlo hasta ese Calvario que Sevilla, por amor, ha transformado en vergel de naranjos florecidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa misma calle, desde el Convento de San Gregorio, auténtico panteón familiar donde yace durante todo el año el cuerpo de Cristo, veremos salir el Sábado el impresionante cortejo del Santo Entierro. Veremos a una ciudad sumida en el tremendo vacío de la ausencia de Cristo vivo por sus calles. Ese Cristo, cuyo recuerdo de su sombra reflejada en nuestros balcones y fachadas nos llevará hoy hasta la Trinidad y a las proximidades de San Marcos, para contemplarlo a punto de ser descendido de la Cruz o en los brazos de su Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en la tarde que declina, una Sevilla añeja y de luto acompañará, junto a los más fieles discípulos, el duelo y la soledad de la Virgen de Villaviciosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Soledad, en la más absoluta y desconsolada Soledad, volverá María hasta su casa de San Lorenzo. Allí, antes de que la losa negra de su puerta se cierre, una voz romperá el aire de la medianoche despidiéndola con una saeta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;De la pasión dolorosa&lt;br /&gt;de tu divino Jesús&lt;br /&gt;sólo te quedan tres cosas:&lt;br /&gt;Tu Soledad, una Cruz&lt;br /&gt;y unas espinas sin rosa.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Aun cuando pasaron tantos años, lo sigo recordando. Era un pasito precioso. Las bambalinas pintadas de purpurina caían airosas sobre los pequeños varales recubiertos de papel de plata. El manto verde pálido con graciosos recortes dorados, y en su pecherín pintados cinco puntos verdes que pretendían emular las mariquillas de esmeraldas que la hacían inconfundible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entre clinios y "pilistras" yo lo hacía recorrer cientos de veces el patio de mi casa, en tanto canturreaba entre dientes los compases de "Pasa la Macarena".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque nunca pude hacer realidad mi sueño y acompañarla vestido de nazareno, he seguido buscándola despierto... para volver a soñar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y mire usted lo que son las cosas... ¡quién me iba a decir a estas alturas de mi vida que me encontraría con Ella, hasta el punto de tocarla con mis manos, abrazarla por el talle y sentir el roce de sus mejillas con las mías! Realmente no es tópico ese privilegio de los Pregoneros de Sevilla de poder llevar entre sus brazos su imagen, en esa noche mágica del 14 de diciembre. Debo confesar que creí por unos instantes que estaba soñando de nuevo, o bien que había llegado mi hora y me encontraba ya definitivamente ante Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y es que sigo convencido que el encontrarse con Ella cara a cara es soñar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso me gustó siempre, para recrear mis sentidos y hacer más dilatada su presencia, situarme en los lugares más amplios para verla venir de lejos e ir adivinándola poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para averiguar alguna vez de dónde viene y a dónde va. Si realmente es cierto que salió al filo de la media noche de un barrio de Sevilla o, tal y como yo pienso, abandona por unas horas ese lugar desconocido del que tan poco sabemos los mortales y el que tan sólo su nombre puede descubrírnoslo algún día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa la Macarena... y a verla pasar acudimos en una mañana de Viernes Santo, entre el ambiente único de una calle ancha de la Feria, donde entre pregones callejeros, racimos de globos, humos de los puestos de calentitos, oleajes de plumas blancas y un bosque de capirotes verdes que nos hacen ponernos de puntillas una y otra vez, la vemos al fin llegar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sensibilidad de Sevilla puso música a ese momento. Y es que ese momento no se puede acompañar de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa la Macarena y nuestros sentidos quedan invadidos por un extraño eco musical de aromas y colores, de una sensación de gozo incontenido que nos hace reír y llorar a un tiempo y ganas irreprimibles de salir de nuevo a su encuentro para volver a mirarte en Ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa la Macarena y Sevilla, como aquel niño soñador de nuestra historia, queda convencida de haber visto andar por sus calles a la mismísima Madre de Dios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa la Macarena y este Pregonero, ahora más que nunca, tendrá que dirigirse a Ella para decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Ya he tocado con mis manos tu Esperanza.&lt;br /&gt;Ya has hecho realidad mi larga espera.&lt;br /&gt;No te marches, con la música que pasa&lt;br /&gt;quédate aquí... o llévame contigo, Macarena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Sin pretender sentar cátedra alguna, ni desviarme del auténtico sentido de lo que debe ser un Pregón, convirtiéndolo en un sermón o presentando a este mundo nuestro como un mundo de místicos santurrones que está muy lejos de ser realidad, sí quisiera aprovechar esta oportunidad para recordar lo que deben ser actualmente nuestras hermandades y el verdadero objetivo que persiguen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creemos que había que ir desterrando de una vez para siempre esos conceptos trasnochados de algunos, que hacen aparecer a las hermandades como simples lugares de tertulia o afición, y a las cofradías como un bello y anacrónico espectáculo que atrae la atención del turismo y convierte simplemente en fiestas mayores de la ciudad la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, y a pesar de que haya aún quien comparta esa opinión, nosotros los cofrades de Sevilla sabemos de la existencia, en todas y cada una de nuestras hermandades, de grupos de auténticos hombres y mujeres comprometidos, con las ideas muy claras y que saben perfectamente el camino que han de seguir, que no es otro que el de vivir la fe de Cristo durante todo el año, transmitirla a sus hermanos, y un día, el de su estación de penitencia, dar público testimonio de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cofrade actual debe ser consciente de su misión evangelizadora y conocer íntimamente el mundo marginado de hambres y miserias cercano a esta sociedad en la que vivimos, y a veces de nuestras propias hermandades, para convertir la Caridad en nuestro principal estandarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resulta alentador comprobar el grado de compromiso de muchas de nuestras hermandades, y la unión que existe entre ellas al asociarse en fundaciones y cometidos que atienden determinadas funciones de tipo social en beneficio de los más necesitados. Considero obligado citar y alabar públicamente la labor llevada a cabo por ese Centro de Estimulación Precoz de la Hermandad del Buen Fin. Objetivos como éste son lo que realmente engrandecen a nuestras hermandades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es así en esa interminable Hermandad que recoge la tarde del Viernes Santo, desde la Cruz de Guía de la Carretería al último penitente de la Sagrada Mortaja. Gracias a esa fraternal relación se logra transmitir el auténtico espíritu de Viernes Santo, traducido en atender las necesidades y la soledad de unos hombres y mujeres que viven en un mundo aislado y del que pocos se acuerdan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquí quisiera recordar a esos hermanos nuestros y recrear mis sentidos ante el romanticismo barroco del Misterio de las Tres Necesidades. Extasiarme ante el llanto compungido de la Soledad. Echarle una mano y poder servir de Cirineo al Nazareno de La O.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trasladarme a cielos perdidos de Sevilla, ante la emotiva aparición del Cristo de las Tres Caídas por la Costanilla de San Isidoro. Meditar ante la ternura siempre esperanzadora del Cristo de la Conversión, y agudizar mis oídos para escuchar el tañido triste y melancólico del muñidor que anuncia en la anochecida que Cristo ha muerto, y que allá por Bustos Tavera su Madre amortaja entre sus brazos el cuerpo tronchado de su Hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no puedo olvidarlos, aunque a decir verdad los haya contemplado en la calle contadas veces en mi vida, pero ellos son mis más cercanos hermanos, los que junto a mi Hermandad del otro lado del puente damos testimonio de fe, en esa tarde única de cielos grises y violetas en la que Dios muere por Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ya con un cirio negro entre sus manos, señal inequívoca de una madurez dentro de su Hermandad y de la propia vida, este nazareno comienza su particular estación de penitencia, a través de la cual gusta meditar sobre las principales escenas de la Pasión, dedicando unas palabras de consuelo a María, representada por las imágenes de ese rosario de advocaciones con que la ciudad la venera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta especial meditación suelo traducirla en un rosario que comienzo nada más pisar la puerta de San Miguel. Es el momento crucial de la estación de penitencia, y donde la cofradía adquiere su mayor dimensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La música, la saeta, el rumor de la gente, quedan atrás como apagado eco de un tiempo pasado. Sentimos el frío intenso del mármol que pisamos, el chocar metálico de la vara sobre el suelo, las campanadas estridentes del reloj, y el paso racheado de los costaleros al compás tan sólo de la voz ronca del capataz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es Viernes Santo y contemplo, por tanto, los misterios dolorosos. El primero de ellos, la Oración del Señor en el Huerto, me lleva instantáneamente hasta el rumor y el colorido de la tarde en plena calle Feria, donde, nada más comenzar el "Padre Nuestro", recordamos la imagen de Cristo postrado ante el Ángel que le ofrece el cáliz de su Pasión. Y con el primer avemaría, aparece Ella, convirtiendo el dolor en gozo, como en gozo transforma Sevilla el dolor de la Virgen del Rosario de Montesión, nada más percibir el tintineo de sus rosarios acariciando musicalmente los varales de su palio, y soñando con esa corona que Sevilla desea colocar sobre sus sienes benditas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El segundo misterio nos lleva ante la Flagelación del Señor Atado a la Columna, y nuestra mente, al repetir ese "Llena eres de gracia", no puede remediar el dirigirse a la gracia sevillana y clásica de la Virgen de la Victoria que, aunque con nombre y añoranzas de una Reina de España, se hizo trianera buscando los antiguos aromas y recuerdos de las viejas cigarreras que aún quedan por Triana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en el tercer misterio, tras contemplar imaginariamente la Coronación de Espinas, nuestros ojos buscarán los ojos verdes y el rostro quebrado de la Virgen del Valle. Y este nazareno sentirá deseos de seguir rezando, porque ante la Virgen del Valle no caben piropos ni requiebros. Sólo un respeto a su dolor y deseos irreprimibles de prestar su propio pañuelo para enjugar las lágrimas que corren por sus mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año tendremos que salir a su encuentro el Jueves Santo, para mirarnos una vez más en sus ojos y felicitarla junto con esta Sevilla, que al fin decidió hacer realidad un sueño y, aunque por un día, cambiar las espinas que como mofa y escarnio coronaron a su Hijo, por esa otra corona de Reina que la ciudad le ofrecerá el próximo otoño como prueba de amor, para intentar calmar su pena y convertir ese Valle de lagrimas, por el que parece caminar, en Valle florecido de claveles rosas sevillanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el cuarto misterio de este rosario doloroso, en el que contemplamos a Jesús con la Cruz a cuestas, gustamos recordar la imagen de los Nazarenos de Sevilla, y con ella la de todas esas advocaciones de Vírgenes que le acompañan. Nos detenemos unos instantes ante la Virgen de Gracia y Esperanza, Dolores de San Vicente... y tantas otras que como invisibles cirineos van siguiendo los pasos de su Hijo por las calles de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al llegar al quinto y último misterio, nuestra mirada, como movida por un automático resorte, se vuelve hacia atrás buscando los ojos moribundos de mi Cristo, y recuerda, cómo no, los de ese otro que exhala su último suspiro allá por el Museo en la tarde de un Lunes Santo. Y nuestro consuelo va para esa Madre de las Aguas que le acompaña con los ojos perdidos en la noche, queriendo buscar entre las estrellas, a través de la celosía de su palio, el reflejo del último estertor de su Hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas si cruzamos la Puerta de los Palos, la cofradía adquiere de nuevo su peculiar ambiente al encontrarse con la sinfonía del ruido, el eco de la multitud, los olores y el color negro y plata de la noche. Como un lejano rumor musical, llega a nosotros el momento en el que nuestra Virgen entra en la Catedral. Nunca podemos verla en la calle, y así, como siempre, tenemos que imaginárnosla: esplendorosa, con toda la candelería reflejada en sus ojos a punto de romper el llanto. A Ella dirigimos a manera de letanía nuestros más encendidos piropos llamándola: Santa María, Brisa del Gualdalquivir, Causa de la eterna alegría sevillana, Repique de Giralda, Clavel rosa de Triana, Mata de romero, Flor de la albahaca, Moña de jazmín... ¡Madre y Señora del Patrocinio, ruega por nosotros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún con esa pared que nos separa por medio, cierro los ojos y te veo, guapa y graciosa, acariciada y dejándote besar por el río, tu eterno amante. Ese río que, recién nacido allá por tierras de Jaén, desvió su curso misteriosamente para hacerse sevillano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, hasta el otro lado del puente me veo obligado a cruzar en estos momentos, porque allí me parió mi madre y sus brazos me acunaron por primera vez. Ahí, en tu cielo purísimo, junto al espíritu de mis padres –que vaya usted a saber si continúan reboloteando por las blancas espadañas del Patrocinio o la calle Pureza–, desearía dormir por una eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay Triana, Triana... Siempre en mi corazón y en mi pensamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calle de San Jacinto, humos de tejares, olor a pan caliente. Sirenas de la Hispano Aviación marcando el diario laborar y el trajín del barrio. Bullicio y trasiego de mujeres con la alegría pintada en el rostro camino del mercado, santiguándose ante el azulejo de la Virgen del Rocío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como casa grande de vecindad, gustamos comparar a aquel templo donde vivían tres de las vecinas más queridas y populares del barrio: Estrella, Esperanza y Rocío. Tres nombres de mujer que junto a Salud, Victoria, La O y Patrocinio sujetan esos cuatro puntales que desde siglos vienen sosteniendo a Triana: San Jacinto, Los Remedios, La O y Señá Santa Ana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A escasos metros de San Jacinto nació el Pregonero. Allí se despertaron sus primeros amores de adolescentes hacía aquellas guapas vecinas con las que compartió durante media vida sus diarios problemas y secretos, hasta llegar a tal punto que sus nombres se mencionaban en la casa como el de cualquier otro miembro de la familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿A qué hora sale la Estrella? Y nos referíamos a Ella como si se tratara de mi propia hermana, que tuviera plan de salir aquella tarde para ir de compras o simplemente visitar a una de sus amigas del otro lado del puente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Imposible olvidar por aquellos años en los que vivimos Sevilla en la distancia, un Domingo de Ramos en el que mediada la tarde de un día gris y lluvioso, una locutora de excepción, mi propia madre, nos llamaba por teléfono desde su casa trianera... ¿Ha salido ya la Estrella?, preguntamos emocionados, queriendo adivinar lo que durante todo el día habíamos tenido presente en nuestra imaginación. Ahí la tienes hijo mío, fueron sus únicas palabras. Con los ojos nublados y el corazón palpitando, pudimos percibir los aplausos del gentío que saludaba a la Señora. No podíamos creerlo. Estábamos oyendo "Estrella Sublime", y la Virgen entre mecidas y piropos nos la imaginamos en aquellos momentos enfilando la calle San Jacinto, mientras la Niña de la Alfalfa remataba las últimas estrofas de una saeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También en aquellos momentos le susurré muy quedamente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Adiós mi rosa temprana.&lt;br /&gt;Adiós mi bella alfarera.&lt;br /&gt;Aunque lejos de Triana,&lt;br /&gt;yo siempre estaré a tu vera,&lt;br /&gt;Estrella de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Al fondo de la calle San Jacinto, frente a la antigua cochera de los tranvías, una Triana nueva empezaba a surgir, y con ella, para dotarla de personalidad propia y de todos los ingredientes que según Sevilla debe tener un barrio, una nueva cofradía: San Gonzalo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La más joven y modesta de todas por aquel entonces, pero que con el tiempo fue conquistando al resto del viejo arrabal hasta convertir a la Señora en la dulce y blanca Enfermera por la que suspiran y a la que siguen aferrándose los ancianos y enfermos de las vecinas Residencias y Hospital de la Cruz Roja, suplicando aquello que por edad y sufrimientos se les escapa de las manos: la salud. Salud, Señora, claman un montón de voces desde la soledad de sus últimos años. Salud, Señora, le solicitan desde las ventanas entreabiertas del antiguo Hospital. Y la que es Salud de Triana prosigue su caminar hacia el puente, dejando tras de sí todo un reguero blanco de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si el símbolo teológico de la Esperanza es un ancla, la imagen del ancla nos traslada a la calle Pureza, a la que todas las metáforas marineras le han sido cantadas, como versos y joyas que luce su tocado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí se respira ya un aire de salinas y de esteros. Huele a brea y a redes recién sacadas a orear al sol de la mañana. Allí, cerca de la casa donde habita Señá Santa Ana, su madre, vive ahora la Esperanza. Sí, la Esperanza, la que junto a Estrella y Rocío, como otras muchas vecinas del barrio, tuvieron que dejar su antigua casa de vecindad y buscarse un apaño más reducido, pero al fin y al cabo suyo, para vivir tranquilas y en paz con su numerosa prole y a la misma vera de su Madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capilla de los Marineros, casa de la Esperanza, aunque a decir verdad su casa es toda la calle Pureza, donde cada hogar es una nave desde cuya borda Triana reza y habla cada día con la que es su vida y única Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay una noche en Triana en la que la calle Pureza se transforma en río, en río humano y de verdes aguas por el que navega la Esperanza. Desde uno de sus bajeles empavesados, una singular tripulación la aguarda cada año. Allí están todos los viejos trianeros que a través de sus vidas hicieron la historia. Ángeles marineros que a los compases de una marcha y bajo lluvia de pétalos de flores la piropean hasta enronquecer y caer rendidos a sus pies. A tus plantas, Señora, se arrodilla Triana... y Triana se entrega, se sumerge en las aguas de ese río humano, para dejarse llevar a la deriva guiada en la lejanía por la luz de un faro, el faro de la Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mediada la tarde, cuando Triana, sumida aún en el profundo letargo de una madrugada en vela, se concentre de nuevo en ese Calvario nuestro que es el Altozano, para comprobar un año más si realmente existe la Esperanza y ese Cristo al que veneran expira o no definitivamente..., una voz del pueblo se alzará entre la gente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;La tarde que ya era rosa&lt;br /&gt;se ha vuelto color ceniza.&lt;br /&gt;El río, que era de plata,&lt;br /&gt;ondas de azabache riza.&lt;br /&gt;En frío helado de muerte&lt;br /&gt;se ha convertido la brisa,&lt;br /&gt;porque un hombre desde el puente&lt;br /&gt;en una cruz agoniza.&lt;br /&gt;Un gitano de la Cava&lt;br /&gt;desde el Altozano grita:&lt;br /&gt;"Aguanta Manué, mi arma,&lt;br /&gt;toma mi aliento y respira,&lt;br /&gt;mientras aventan las fraguas&lt;br /&gt;y cantan por seguiriyas&lt;br /&gt;pa que el aire de Triana&lt;br /&gt;dando calor a Sevilla,&lt;br /&gt;te preste el soplo que falta&lt;br /&gt;pa llegar a la otra orilla".&lt;br /&gt;Y por la calle Pureza&lt;br /&gt;Señá Santa Ana y su hija&lt;br /&gt;envueltas en sendos mantones&lt;br /&gt;van como despavoridas...&lt;br /&gt;¡Ay que no llegamos, Madre!&lt;br /&gt;que se me muere, deprisa.&lt;br /&gt;Siendo tú nuestra Esperanza&lt;br /&gt;¿por qué sufres vida mía?&lt;br /&gt;Precisamente Triana&lt;br /&gt;desde hace siglos confía,&lt;br /&gt;y espera ver a tu Hijo,&lt;br /&gt;por muchos años con vida.&lt;br /&gt;La tarde se ha vuelto rosa&lt;br /&gt;y en el río la plata brilla,&lt;br /&gt;porque en sus aguas reposa&lt;br /&gt;como una frágil barquilla,&lt;br /&gt;esa silueta hermosa&lt;br /&gt;que une a Triana y Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Fondeada en el río como una vieja galera, la Iglesia de la O. Templo donde Triana venera a su dulce Nazareno y a esa otra Esperanza del barrio, la primera que cruzó el puente de barcas para llevar a Sevilla el aire, los sentimientos y la fe del viejo arrabal. Lleva consigo sabores añejos que le han dado tantos siglos junto al río, en aquel primitivo Hospital de Santa Brígida y después en su propia Iglesia. Es la última virgen trianera que en la noche del Viernes Santo dejará por Sevilla todo el aroma de un barrio y la Expectación que tan sólo su nombre irradia a su paso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esperanza, Triana siempre apostando por la Esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y llega para este Pregonero y cofrade sevillano el momento más difícil de su intervención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de presentarme ante Él y ante Ella, y a sus plantas tratar de sintetizar en pocas palabras este Pregón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como cualquier otro sevillano de fe, puesto que sin ella, al menos para mí, no tendría sentido alguno nuestra Semana Santa, tan sólo he pretendido anunciar a la ciudad, a través de la historia o las vivencias de un simple cofrade, el por qué y para qué de esta conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. De esta celebración que el pueblo de Sevilla, dotado de una finísima sensibilidad y una alegría innata, convierte en fiesta, al conocer de antemano el final de la historia, de una historia que sabe que acaba bien, con el triunfo de la vida sobre la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del triunfo de la Esperanza de Sevilla a la que nos hemos venido refiriendo desde el sueño de un niño, a la madurez de un hombre que basa su vida en la contemplación de la eterna agonía del Cristo de su devoción. De un Cristo que va anunciando al mundo su Muerte y proclamando a un tiempo su inminente Resurrección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ante Ella y ante Él quiero llegar, allá en los confines de la calle Castilla, donde Triana se pierde en el infinito del campo y donde a veces se nos antoja soñar con el eco del martillo sobre el yunque o el quejío lastimero de un martinete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me he dirigido a Él a través de Ella, y así quisiera hacerlo hoy. A Ella, que fue joven conmigo, que compartimos amores y confidencias y en lo mejor de su vida voló de entre nosotros, dejándonos tan sólo el vacío de su ausencia, el recuerdo de su cara y un clavel rosa tronchado y renegrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señorita de ayer, Madre y Señora de hoy, que resurgiste como Ave Fénix de entre las cenizas convertida ya en mujer madura, más cercana a nuestro tiempo para mejor entendernos y poder hablar así de nuestras cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy ya sé que has bajado hasta el suelo de Triana para estar aún más cerca de Él y recibir el beso de tu gente. Hasta allí me acercaré al atardecer, antes de que el sol se oculte y deje en penumbra el horizonte, para darte un beso y contarte las emociones de esta mañana de Pasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta allí me acercaré, y a tus pies, cual si de una carta de amor se tratara, dejaré este Pregón para que seas Tú quien lo entregues a tu Hijo, y bajo tu Patrocinio pidas disculpas por mi torpeza, si no he conseguido expresar con palabras lo que Él me ha venido dictando durante toda una vida. Cierro los ojos y te veo, con tu cabeza inclinada y esos ojos a punto de llorar, entre la flor y el incienso, entre rezos y piropos... Parece que no pasaron los años por ti... ¡Qué guapa estás, Señorita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por fin llego hasta ti, Señor. Después de tantos años ya no encuentro palabras nuevas, ni obras distintas que pudieran servirte de consuelo. ¡Te dije ya tantas cosas...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paso a paso. Desde el pequeño cirio junto a la cruz de guía a la vara de un joven diputado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el cirio negro de tu escolta a una presidencia, he venido poco a poco acercándome a ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero se llega a un momento de la vida en el que las fuerzas te flaquean y necesitas agarrarte a algo. Tener un punto de apoyo donde descansar. Y Tú, mi buen Maestro de Triana, después de dictarme cada año los distintos temas que van más allá de la vida y de la muerte, vienes ofreciéndome en esta hora del atardecer de nuestros días, el báculo de tu manigueta para hacer más suave tu lección y así poder escucharla atentamente. Ya sé, Señor, que no se puede ir más cerca de ti. El próximo paso será el definitivo para estar contigo, fundido en ti. No obstante, a pesar de tantas lecciones recibidas, me temo que no fui discípulo aventajado y continúo caminando de espaldas a ti. Oyendo, sí, tu palabra, sintiendo incluso el jadear de tu respiración angustiosa que como frío helado de muerte recorre mi espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aun así, Señor... cuántas y cuantas veces tus palabras se escaparon perdidas en el aire... junto a la saeta, el redoble del tambor, y el violeta de la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Qué duro y difícil resulta, Señor, poder seguirte&lt;br /&gt;siempre de espaldas, y sin poder mirarte&lt;br /&gt;qué escalofrío me causa estar tan cerca&lt;br /&gt;y sentir tu aliento que de mí se aleja.&lt;br /&gt;Qué pena más honda, Señor, y qué tristeza&lt;br /&gt;no poder conservar alegremente,&lt;br /&gt;esa antigua y trianera papeleta&lt;br /&gt;que me permita estar contigo eternamente,&lt;br /&gt;asido a mi soñada manigueta,&lt;br /&gt;aunque tenga que volverme para verte.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;HE DICHO&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3530648457500377770-6281508401279285499?l=pregonesdesevilla.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/feeds/6281508401279285499/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3530648457500377770&amp;postID=6281508401279285499' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/6281508401279285499'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3530648457500377770/posts/default/6281508401279285499'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://pregonesdesevilla.blogspot.com/2007/03/2002-francisco-ruiz.html' title='2002 - Francisco Ruiz'/><author><name>Andrés Ruiz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/12804065089709330799</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3530648457500377770.post-3134478750123686128</id><published>2007-03-29T09:54:00.000-07:00</published><updated>2007-03-29T10:10:09.832-07:00</updated><title type='text'>2001 - Carlos Herrera</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(102, 255, 153);"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 102, 204);"&gt;Pregon de la Semana Santa de Sevilla del año 2001. Pronunciado por Carlos Herrera Crusset en el Teatro de la Maestranza de Sevilla.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo no voy a acordarme del día en que volví a verte, después de tantos años, siendo yo un adolescente?. No creas, mi amor, que esas cosas se olvidan. Lucías tú una clara mañana de verano, de amaneceres que no mienten, de esas mañanas de luces blandas que te hacen gloriosa. La luz se había levantado a eso de las seis. Recién habías despertado y en tu rostro encalado se dibujaba la dulzura de los cuerpos tibios. Yo vestía de blanco, tenía veintiséis años menos y el corazón a medio escribir. Ni siquiera podía imaginar que algún día fueras a fijarte en un muchacho que se presentaba ante ti con una maleta, tres tebeos y el rostro atontado por una larga noche de tren, siempre el tren.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creí, al verte, que el nuestro estaba condenado a ser eternamente un amor de perfil, porque no me sentía con fuerzas de aguantarte la mirada, ese dulce tiroteo de tus ojos. Sólo tenía una vergüenza apocada y un viento que me la esparcía por toda el alma. ¡Hubiera querido decirte tantas cosas!. Que llevaba años deseándote, que por qué haber esperado tanto, que ya iba siendo hora, amor, de darnos lo soñado, que vendería mis años al peso, por uno solo de tus suspiros, que... pero solo me salieron arrullos de mansedumbre. Si acaso, adornados por aquellos vencejos que se empeñaban en hacer jeroglíficos en el cielo, pero poco más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empezaba entonces nuestra historia pequeña, la que sabemos tú y yo. "Pasa, hay sitio" y pasé. Me acomodé en uno de tus rincones en los que la vida transcurre lenta, a velocidad de óleo, dispuesto a rondarte cada noche desde las tinieblas de cualquier bocacalle. Me propuse quererte desde la fiebre que me consumía, desde el grueso de la muchedumbre que te ama, desde el silencio atronador de mis pulsos, desde la lágrima y el sobresalto. Y así fuimos creciendo, tú en tus cosas y yo... también en las tuyas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba a diario a ver el árbol de hojas lentas por el que se te muere la tarde, a mojar mis dedos en el agua bendita con la que te santiguas, a cargarme como tú con el aroma de las horas, a beberme la sal de tu llanto, a mecerme al cobijo de ese viento tuyo que arrastra su calderilla de hojas como quien descorre una cortina. Soñaba con tomarte de la cintura y pasearte a la antigua, con el paso pegajoso de los veranos; soñaba con acariciarte esos labios con los que modulas el almíbar de tu acento; soñaba la aurora de tu mirada mientras se desdibujaba el día tras la ventana de las cosas. Iba a encontrarte en el fondo de los ojos de La Candelaria. Soñaba, mi amor, con presentarte a mis padres, y a mis amigos, y al mundo entero. Y después echar a correr gritando tu nombre por los callejones de la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando supe que había nacido a ti. Que ya nada tendría sentido sin ti. Que solo con el favor de una mirada yo podría construir todo un búcaro de rosas. Que de golpe desaparecía tanto polvo acumulado en los labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me besaste discreta y quedamente una de esas noches en las que el amor se te hace grande y ya tengo desde entonces el corazón vestido de festejo mientras se van desprendiendo, uno a uno, todos mis pétalos de ceniza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, mi amor, tras los años, tenemos tantos golpes que ya ni de pie cabremos en la muerte. A veces pienso, como dijo el poeta, que solo nos falta la miseria para ser invencibles. Sin embargo, sigo amándote con la misma imprudencia de siempre, como si fueres solo mía, como si nadie más pudiera amarte con la furia de los tímidos o la impericia de los adolescentes. Sigo abrigando una tortuosa senda de sentires que me lleva, inevitablemente, ante ti. Y ante ti estoy, al igual que aquél otro día en el que el soplo de tu gracia golpeó mi rostro adormecido. He vuelto para quererte y para decírtelo pausadamente, masticando cada palabra y cada verso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Soy, mi amor, lo que queda de un abrazo&lt;br /&gt;El vaivén de tibias manos en la cuna&lt;br /&gt;Ese gozo que cabe en tu regazo&lt;br /&gt;Cuando un niño está rezándole a la luna.&lt;br /&gt;Soy un hombre feliz porque te amo&lt;br /&gt;Porque espero que tu entraña se entreabra&lt;br /&gt;E ir sembrando, quedamente, tramo a tramo&lt;br /&gt;Tanto amor recriado en mi palabra&lt;br /&gt;No me mueve más la risa que el lamento&lt;br /&gt;Ni a ti la multitud. Una cuadrilla&lt;br /&gt;Te es bastante, te sobra, te da aliento&lt;br /&gt;Soy la sombra, tú la luz, eres Sevilla&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;EXCELENTÍSIMO Y REVERENDÍSIMO SEÑOR ARZOBISPO, EXCELENTÍSIMO SEÑOR ALCALDE, EXCELENTÍSIMAS E ILUSTRÍSIMAS ATORIDADES, ILUSTRÍSIMO SEÑOR PRESIDENTE Y JUNTA SUPERIOR DEL CONSEJO GENERAL DEHERMANDADES Y  COFRADÍAS, SEÑORAS Y SEÑORES, SEVILLANOS, COFRADES Y AMIGOS TODOS.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Debo comenzar por devolverle a mi presentador, Don Juan Ortega, el mismo afecto y cariño que ha volcado en sus palabras. Gracias querido Juan. Eres un señor y honras este atril como honras la política con tu presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy que faltan pocos días para que comience la melancolía, me asomo a este balcón de madera a contaros lo que vosotros sabéis mejor que yo. ¡Qué osadía!. No habrán caído unas lunas cuando ya la luz del mediodía cachee las túnicas de los primeros nazarenos. La melancolía nace en el alma como una azalea y resguarda sus disimulos en un repliegue del corazón. Empieza a tender trampas al verso y acaba por abrazarnos como un castigo inevitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habiendo cerrado ya las puertas de la Cuaresma, el sol empieza a escribir en las azoteas sus lecciones de Primavera. Hoy, asomado a la cancela de esta Primavera que se me antoja una princesa caminando de puntillas, os llamo a lo mismo, a la costumbre; os llamo al plateado dolor de Pasión, al encaje del pañuelo de Caridad, a la sevillanía insobornable de Las Cigarreras, al atronador silencio pálido del Calvario, al dolor gótico del Santo Entierro, a la silente Misericordia de Santa Cruz, a la muerte inacabada en San Julián, al angustiado compás de los Gitanos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En poco más de seis días, el tiempo empezará a ser descontable, justo cuando se eche a la calle esa vista aérea de Dios que es una cofradía. La Alfalfa de azulejo ha visto pasar a los que serán nazarenos a la búsqueda de un capirote nuevo, como si les hiciera andar aquél sonámbulo discurrir de la infancia; los comercios de cinta métrica y cartón han visto aglomerarse a sus puertas la paciencia de la espera; la Alcaicería nunca ha sido tan transitada por almas con papeleta de sitio; hasta el nazareno del Siglo Sevillano parece haber vuelto a contar los días en su esquina de Alvarez Quintero. Empieza ya a saber a incienso la palabra, se empiezan a soñar capirotes en bandada sobre la penumbra de las calles, se oyen tambores a lo lejos, se quitan los dedos su pátina de ceniza y cruza las esquinas la sombra de una parihuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En poco más de seis días, el nazareno volverá a su vértigo de soledad, a su encierro de tela, a su sueño de ojos entreabiertos. El nazareno es un llanto de lucero que expurga penas de cera y penitencias de asfalto. Igual que vuelve el paisaje con su delantal de flores, vuelve el nazareno a abrir senderos hacia el llanto definitivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y marcharemos a la Gloria, por un camino de cera. Y volveremos a ser niños asombrados ante la Majestad de un Dios que ha bajado a vernos otra vez, al igual que en aquellos años llenos de aroma de vida recién estrenada, mucho antes de ese día en que parten de verdad los barcos de juguete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os llamo a la Gloria, a la Gloria, sevillanos, a la Gloria de una semana que cuenta el tiempo al revés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;A la Gloria, sevillanos, a la Gloria&lt;br /&gt;Con un sol entre las manos&lt;br /&gt;Y a lomos de un borriquillo&lt;br /&gt;Por el Domingo de Ramos&lt;br /&gt;Viene Dios hecho un chiquillo&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;Que salen y entran dos veces&lt;br /&gt;Los suspiros que se elevan&lt;br /&gt;Cuando se vence y florece&lt;br /&gt;La piedra de San Esteban&lt;br /&gt;A la Gloria, a la Gloria&lt;br /&gt;Suspiros de mi Sevilla&lt;br /&gt;Dad forma a esa canastilla&lt;br /&gt;del Arenal hasta el cielo&lt;br /&gt;Dos ladrones y un Mesías&lt;br /&gt;Lleva mi Carretería&lt;br /&gt;Entre azul de terciopelo&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;Que Caifás se da de bruces&lt;br /&gt;Con su barrio y con las luces&lt;br /&gt;De San Gonzalo y su alarde&lt;br /&gt;Viene Jesús jadeante&lt;br /&gt;Que se ha llevado toda la tarde&lt;br /&gt;Con la izquierda por delante&lt;br /&gt;A la Gloria, a la Gloria, Sevillanos&lt;br /&gt;A la altura de Rocío detenida&lt;br /&gt;Por la voz del capataz en desafío&lt;br /&gt;De Rocío hasta la voz no habrá medida&lt;br /&gt;De la voz hasta Rocío solo hay Rocío&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;Que un simple beso le nombra&lt;br /&gt;Y un Prendimiento se encarta&lt;br /&gt;Cuando a Jesús le da sombra&lt;br /&gt;Un olivo en San Andrés.&lt;br /&gt;A la vera, en Santa Marta&lt;br /&gt;Larga sombra da un ciprés&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;Que va la Gloria rendida&lt;br /&gt;Que va Dios ¿no lo estáis viendo?&lt;br /&gt;En una sola caída&lt;br /&gt;Y está tres veces cayendo&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;Si se ha caído a tus pies&lt;br /&gt;Tres veces, y se arrodilla&lt;br /&gt;¡coge sus brazos, Sevilla!&lt;br /&gt;Y levántalo otras tres&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;No será Semana Santa&lt;br /&gt;Si va ese Dios andaluz&lt;br /&gt;Bajo el peso de la cruz&lt;br /&gt;Y tu amor no lo levanta&lt;br /&gt;A la Gloria, sevillanos&lt;br /&gt;¡que no sé como no lloro!&lt;br /&gt;Al verte cruzar a oscuras&lt;br /&gt;Tu calle de la amargura&lt;br /&gt;Señor de San Isidoro&lt;br /&gt;A la Gloria de cien hombres altaneros&lt;br /&gt;La Centuria deja un barrio conmovido&lt;br /&gt;Y enhebrando un laberinto de senderos&lt;br /&gt;Resucita una Sentencia del olvido&lt;br /&gt;Y desparrama estelas de luceros&lt;br /&gt;A la Gloria, pues, Sevilla, a la Gloria&lt;br /&gt;A la lágrima sin fin ni escapatoria&lt;br /&gt;A la fe que cada vértigo proclama&lt;br /&gt;Mientras Dios va derramándose en el día&lt;br /&gt;Y la tarde en jilgueros se derrama&lt;br /&gt;A la Gloria hecha toda cofradía&lt;br /&gt;A la Gloria, a la Gloria&lt;br /&gt;Y a Maria&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Y a El Salvador iremos a ver a Dios. A tratarle de tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres, Señor de Pasión, la última esperanza de quienes han llenado su vida de sueños fugitivos. Están ahí, a la vuelta de la esquina, viven en esos sitios en los que la realidad está en guerra con los pájaros. Para ellos Dios es poco más que una mano con dedos nudosos. Son, Señor, esos hijos tuyos desechables y miserables a los que ojos egoístas recriminan la existencia desde cualquier ventana. Son paridos día a día a la intemperie, fantasmas de países desangrados que jamás son invitados a la gran fiesta de la humanidad. No van a verte. Suele ser gente de pocas cosas y mal explicadas. Hay tipos a los que comulgar les da acidez. A otros les duelen los dientes al rezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero son hijos también de tu Pasión, de esa palabra tuya que habla de amor. Pero ¿qué mayor amor hay hoy que la justicia? ¿Dónde está, Señor, la justicia que esperan los que mueren por llegar al norte, los ahogados de cansancio, los que no tienen ni padre, ni madre, ni patria, ni casa, ni silla para sentarse, los que no tienen familia, los que no tienen ni tumba?. Si levantamos la piel al mar, veremos a muchos de ellos allá abajo. Cuando la soledad se queda a vivir de madrugada en los semáforos, cuando se hace el silencio en el rostro demudado del miedo, cuando los fantasmas siguen el releje que les lleva a donde no hay ciudad, cuando los puños robustos de la pena apalean a los indefensos, es cuando más necesario eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;E iremos a San Lorenzo, a ver a Nuestro Señor, para llevarle allá donde mueren los que no son capaces, al frío mundo de los indolentes, a las fronteras que no cruzamos por temor a encontrarnos con la verdad reseca de los que no tienen nada. Señor del Gran Poder, hay que tomar tu palabra y hacerla social y cotidiana, traducirla a los hechos de este siglo que empieza y que, como los anteriores, amenaza con dejar almas violadas en los cementerios. Mientras alguien mire al pan con envidia, el trigo no podrá dormir, oí decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los católicos nos sienta bien la caridad. Pero como cristianos, convendría que buscáramos justicia, que no es lo mismo, aunque tenga mucho que ver. En el fondo, a los católicos nos convendría ser un poco más cristianos de lo que somos. Pero ese es otro debate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos tiempos que tanto se parecen a una fiesta de cuervos, mi pregunta, esa que lleva persiguiéndome tantos años, no deja de ser una forma de súplica. Tú eres, Señor, el último flotador de un barco que nunca acaba de hundirse. Danos la Fe, que cuando un hombre tiene Fe, nunca está solo. Y ayúdanos a quitarnos tanto Judas de encima, tanto visitante de la muerte, tanto odio sobre Sevilla, tanta fiereza de pistolas negras sobre su gente, tanta navaja afilada por sabinos enloquecidos y calentada al fuego de las hogueras por acólitos de no sé qué independencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque asombra, Señor, que, vistas las cosas, después de dos mil años, en ciertos lugares siguen vitoreando a Barrabás, al que salvan de cualquier castigo y al que entronizan como héroe popular. Por cada Barrabás que coronan, aquí muere un cristiano. Y tanta muerte harta de tal manera que la ira se apodera de nosotros y nos conduce a donde no queremos ir. Quinientos judas sevillanos han preferido a Barrabás y cuando eso ocurre en una tierra hastiada de poner la otra mejilla, uno se pregunta si hay que dejarse llevar por la furia o hay que seguir manejando inútilmente la templanza y la espera de tiempos mejores. Yo no lo sé, pero me malicio que quienes tienen que saberlo, tampoco lo saben. Entretanto, vamos conociendo la cara negra de la muerte, ese saurio esquelético que tiende su red pegajosa y blanda, que llega a ti vestida de frío como un luto anticipado y seguimos rindiendo honor a la memoria de los inolvidables Alberto y Ascen, o a la del recientemente muerto Antonio Muñoz Cariñanos, por no citar a aquellos que han tenido que dejar su tierra, su casa, su gente, amenazados por las balas y el odio inexplicable, o a aquellos que le hemos devuelto el saludo a la muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace pocos días, envuelto por el aire franciscano de San Antonio de Padua, frente al Señor del Buen Fin, oí hablar de paz. Y sumé mi voz al eco de San Francisco de Asís cuando pedía paz para los hombres, para los pájaros, para todas las cosas. Paz. Pido también paz para la hermana luna, para el hermano sol, para la Tierra. Pero también pido paz para Sevilla, paz para los hijos de Sevilla, paz para los vivos y los muertos, paz para los amenazados, paz para nosotros. Paz, paz, paz y solo paz. ¡Dejadnos en paz!.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor, en tu inmenso Gran Poder, tal vez tu mano esté hastiada de encalar el firmamento, pero nosotros, Señor, somos el único error que nos podemos permitir, y nuestra estatura crece en el desastre. Los que aquí estamos, hijos de alguna resaca de plegarias, conocemos demasiado bien nuestras cicatrices. Toda primavera, Señor de Sevilla, cuenta con sembrados que fracasan, la luna tiene pedregales y el aljibe presuroso de las aguas de mayo acumula estiércol y gañanía. Lo sabemos. Pero el hombre merece un salario de esperanzas. Aquí tienes nuestras manos, vueltas sus palmas hacia el cielo, mustias como campanarios abandonados, tremulantes, como mis palabras suplicantes al aire de San Lorenzo, temiendo contagiar la penumbra o la pesadumbre. Mis manos y estas manos son las manos de tus hijos. Son las manos de los que mueren. No las de los que matan. Son manos pacientes. Manos de sangre sevillana. Danos, Señor del Gran Poder, el soplo de esperanza que deja en el viento tu andar cansino hacia el Calvario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Ten mi llanto sujeto y altanero&lt;br /&gt;y el despertar sereno de mi aurora&lt;br /&gt;mi mano temblorosa y ten ahora&lt;br /&gt;Este amor desmedido y pregonero&lt;br /&gt;Y de mi boca el rezo del sosiego&lt;br /&gt;de mi ayer, porvenir de mis regresos&lt;br /&gt;de mis labios, perfil de algunos besos&lt;br /&gt;Y ten mi devoción por si la quieres luego&lt;br /&gt;Cruzo y recruzo, amor, para ir contigo&lt;br /&gt;Con este soplo de Fe y de amanecer&lt;br /&gt;Ve la sangre de mis labios cuando digo&lt;br /&gt;¡Salva siempre a Sevilla, Señor del Gran Poder!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Pero, ¿por qué caminan los Cristos en Sevilla?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuánto de innatural y extraño se esconde en el lento avance de un Crucificado que recorre nuestras calles con el paso firme y verdadero, pero a la vez dulce y lleno de consuelo, de un hombre que agoniza sobre una Cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaréis de acuerdo con este pregonero en que cada paso de Cristo en la Cruz que camina por Sevilla es mucho más que un altar de madera con una dramática estampa de Jesús.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sabéis, lo sabemos todos, que se trata de Dios, el mismo Dios hecho hombre caminando ante nuestros ojos en una imagen repetida desde niños. ¿Qué otra cosa sino a Dios acertáis a ver, decidme, cuando contempláis al Cristo del Amor alejarse Cuna abajo en una anochecida de primavera mientras el eco de la esquila de una espadaña resuena por las amorosas azoteas de vuestra infancia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidme si no es a Dios a quien veis cuando el Cristo de las Almas, el de la Fundación, el de La Veracruz, el de la Conversión, el de las Siete Palabras, el de la Exaltación o el de la Sed derraman en el dulce atardecer del Centro su letanía de pasos contados bajo un cielo de vencejos que ponen música al silencio triste de Jesús crucificado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por más que miremos bajo un paso de Cristo y sepamos de la presencia de los sufridos costaleros, a nosotros no nos engañamos. En un Crucificado de Sevilla vemos caminar a un hombre al que llaman Jesús en la Cruz de su Buena Muerte, en la señorial oscuridad de San Gregorio con los Estudiantes o en la mansedumbre inerte del de la Hiniesta a la misma hora subiendo Placentines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí va Dios, lo podéis ver, atravesado de un dolor vertical que apunta al Cielo y de otro horizontal que democratiza su agonía y la convierte en un asunto íntimo y de todos a un tiempo.&lt;br /&gt;Por qué caminas, Señor, si agonizas en la Cruz? ¿Adónde llevas tus músculos deshechos por el sufrimiento? ¿Por qué vienes hacia nosotros Santísimo Cristo de la Salud, de la Sagrada Expiración, de Burgos y del Calvario? ¿A qué moverte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Déjame que te acompañe. Quiero ver tu rostro más de cerca. Quiero poner mi mano y sentir la piel todavía tibia de tu cuerpo. Permíteme, Señor, que apoye mi frente a los pies de la Cruz. Quisiera sentir la última vibración de tu respiración cansada, arrancar tus clavos, besar tus heridas, apaciguar tu dolor, que es el nuestro, y seguir a tu lado mientras trato de descifrar todo el misterio de ese largo camino al Cielo... por la señal de la Santa Cruz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa forma tuya de morir.Expiras. Y mueres. Y no acabas de morir. Y en el Museo vives otra tarde en la muerte curvada de tu figura y en el Patrocinio vuelves a vivir para volver a morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Te veo venir de lejos&lt;br /&gt;Y ya estoy viendo venir tu muerte&lt;br /&gt;Me voy a tu encuentro&lt;br /&gt;Pausadamente&lt;br /&gt;Como tantos, absortos, perplejos.&lt;br /&gt;Qué solo estás Cachorro,&lt;br /&gt;con tanta gente&lt;br /&gt;Qué solo en tu cortejo.&lt;br /&gt;A quien estás llamando con los ojos&lt;br /&gt;Si solamente un viento te acompaña&lt;br /&gt;Que se da mucha más saña&lt;br /&gt;En aventar tus despojos&lt;br /&gt;Que en calmarte la agonía&lt;br /&gt;Que está dejando vacía&lt;br /&gt;Tu mirada de congojo.&lt;br /&gt;Te veo venir desde lejos&lt;br /&gt;Y no sé si son tus ojos&lt;br /&gt;Los que están mirando al cielo&lt;br /&gt;O es el cielo que es tan viejo&lt;br /&gt;que le ha puesto a tu reflejo&lt;br /&gt;una pena y un desvelo&lt;br /&gt;Y si estás muerto&lt;br /&gt;¿por qué te siento?&lt;br /&gt;Si no vives,&lt;br /&gt;¿quién me habla?&lt;br /&gt;De quién son esas palabras&lt;br /&gt;Que caídas de una cruz&lt;br /&gt;Me cortan como un lamento&lt;br /&gt;Con ese sagrado acento&lt;br /&gt;De Jesucristo andaluz?&lt;br /&gt;Eres Dios o eres madera?&lt;br /&gt;Eres hombre, eres cualquiera?&lt;br /&gt;O eres solo primavera&lt;br /&gt;Que Triana a su manera&lt;br /&gt;No ha dejado que muriera?&lt;br /&gt;No lo sé&lt;br /&gt;¡Si yo supiera!&lt;br /&gt;Sabría que hacer con mi pena&lt;br /&gt;Con tu agonía,&lt;br /&gt;tu quebranto&lt;br /&gt;Y con el duelo&lt;br /&gt;Y la condena&lt;br /&gt;De morirte siempre tanto&lt;br /&gt;Sabría que no te me mueres&lt;br /&gt;Que nunca mueres&lt;br /&gt;Cachorro&lt;br /&gt;Que esta entre mis menesteres&lt;br /&gt;Seguirte&lt;br /&gt;hasta donde eres&lt;br /&gt;Cristo, mi Fe y mi socorro&lt;br /&gt;Y entre tanto yo me asomo&lt;br /&gt;A tu puente&lt;br /&gt;y lo recorro&lt;br /&gt;De la duda al abandono&lt;br /&gt;Tu te estás muriendo a plomo&lt;br /&gt;Cachorro de Dios, Cachorro&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Cristo agoniza en Sevilla con el lamento de hombre en los labios, como si supiera lo que está dejando atrás. El de Sevilla es un Dios cercano representado con majestad divina pero con semblante humano. Su rostro es el rostro de cualquiera de nosotros, que es lo que Dios quiere para su representación. Desde Jesucristo, Dios ya no es igual. Otras tradiciones tan lejanas como hermosas representan a un Dios inasumible, difuso, distante. Sevilla, en cambio, quiere que el cristiano vea a Dios como si se estuviera viendo a sí mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco podía imaginar Juan de Mesa la trascendencia de los giros de su gubia cuando daba forma al Señor de Sevilla en su inmenso poder y en su inmensa ternura. Siglos después, su aspecto apesadumbrado, humano y sencillo sigue conmocionando a los fieles que, sin ser místicos, le aman y, sin idolatrarle, le veneran. Cuando el sevillano se acerca a una imagen, a su imagen, lo hace como aquél que llega a casa de un familiar querido, con mezcla de veneración y proximidad, pues siendo Dios el poder, también es la ternura. Ese Dios que los diferentes artistas sevillanos nos han ido legando a través de los siglos ha sido Un Dios del que se muestra su Pasión en toda su crudeza, pero también con toda la mansedumbre que un personaje excepcional como Jesús exhibió a lo largo de su vida. Poder, pero Amor; Divinidad, pero humanidad; Dolor, pero serenidad. Y humildad, y paciencia, y clemencia, y salud, y desamparo, y abandono. Es la muerte, pero la Buena Muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Dios de Juan de Mesa, el de Martínez Montañés, el de Ocampos, el de Roldán, el de Gijon. El Dios al que el sevillano reza simplemente contemplándolo. La contemplación piadosa, en Sevilla, es una forma de oración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el Dios al que Dubé de Luque representa en el Sagrado Decreto cuando decide darnos a su hijo. El Dios que entra triunfal, a horcajadas, en Jerusalén, a lomos de un simple borrico. El Dios que ora en su agonía en el huerto de Montesión; el Dios manso y humilde que solo dice "yo soy" cuando lo prenden en San Andrés; el Dios cautivo, erguido, dolido por su propia sangre en Santa Genoveva; el Dios que ante Anás soporta el manotazo saduceo y el que ante Caifás dice "yo soy el Mesías" mientras le mece la hombría de bien de San Gonzalo; el Dios vestido de blanco, como los locos, en silencio, pudiendo haber hablado ante el desprecio de Herodes; el Dios que Paco Buiza ata a la columna o el que, en la Anunciación, es coronado de espinas; el Dios que sufre escarnio en San Esteban y vierte lágrimas de cristal; el Dios que oye decir al pueblo ¡crucificadle! y que es presentado en San Benito; el Dios al que Castillo Lastrucci hace escuchar la Sentencia ante el desentendimiento de Pilatos; es ese Dios al que Sevilla siente más que suyo que nadie, ese gran Dios de los adentros, ese Dios mayúsculo de las pequeñas cosas, el mismo Dios al que entregan la luz en el Porvenir y al que amortajan entre dieciocho ciriales en el Convento de la Paz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese Dios que hace que toda Sevilla sea una nueva Cirene y que todo sevillano quiera ser Simón, subir al gólgota y llevar su cruz, aliviarle del peso de la muerte, lavar su rostro con el tibio paño de unas lágrimas y sustentar con el robusto paso de su Fe cada una de las tres caídas que le esperan más allá de la calle Pureza, o de San Isidoro, o de San Vicente. Cae Dios tres veces y otras tantas le levanta Sevilla. Pierde Dios sus vestiduras y Sevilla le arropa desde Molviedro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ora Dios sus penas en San Jacinto y Sevilla le acompaña en su inmensa soledad. Muere el Dios de Ortega Brú en Santa Marta y toda Sevilla le traslada al Sepulcro. Sevilla es Nicodemo, y José de Arimatea ante la Quinta Angustia de su madre, María Santísima. Y Sevilla es quien resucita con él cuando con la Aurora primera del domingo recibe a un Dios victorioso sobre la muerte y el descreimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es Sevilla, Señor, Sevilla, quien te tiene y te mantiene, Sevilla quien muere contigo y contigo mira al cielo en la hora nona, Sevilla quien sangra tu sangre y se corona de espinas, Sevilla quien siente en sus pulsos el hierro de tres clavos, quien tiene sed, quien se siente abandonada, quien bebe el último vinagre y quien recibe la lanzada en San Martín. Es Sevilla, Señor, que no quiere que nada tuyo le sea ajeno, que resucita contigo, que se echa a la calle a verte, a llorarte, a rezarte. Sevilla, que sufre y canta, que goza y llora. Que te espera en cada esquina, que va en tu busca siete días y que siete días te saca a cuerpo. Mira a tus hijos, Señor, porque en pocos lugares podrás ver una prolongación de Ti de la misma manera que en esta casa tuya en la que sigues reinando, por los siglos de los siglos, amén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y se hará el silencio en Sevilla. Y se escuchará crepitar el ruán, y arder la cera, y acariciarse el asfalto. La calle será una bóveda y la noche una selva muda y se podrá escuchar la memoria de cada uno. Volveremos a soñar porque volveremos a callar. Y sólo hablará Jesús Nazareno con el griterío celestial de su mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Largo silencio de plata&lt;br /&gt;cruza unos labios callado&lt;br /&gt;por una muerte inmediata&lt;br /&gt;con un habito morado&lt;br /&gt;Qué está pasando, qué suena?,&lt;br /&gt;Que aun siendo noche temprana&lt;br /&gt;Hay un silencio que truena&lt;br /&gt;Mas allá de La Campana?&lt;br /&gt;No sabéis?&lt;br /&gt;Un hombre va hacia el martirio&lt;br /&gt;Víctima de extraña ley&lt;br /&gt;Lo veréis&lt;br /&gt;va sobre un lecho de lirios&lt;br /&gt;y lleva Cruz de Carey&lt;br /&gt;Es un pobre Galileo&lt;br /&gt;Que apenas nadie había visto&lt;br /&gt;Antes de que fuera reo&lt;br /&gt;Y al que llaman... Jesucristo&lt;br /&gt;Fijaos bien en esos ojos&lt;br /&gt;Su mirada es un volcán&lt;br /&gt;Arropada por manojos&lt;br /&gt;De suspiros de ruán&lt;br /&gt;No va solo hasta el Calvario&lt;br /&gt;Frente por frente a su faz&lt;br /&gt;En Jerusalén tiene a un sicario&lt;br /&gt;Y en Sevilla a un capataz&lt;br /&gt;Y le acompaña también&lt;br /&gt;Y hasta le mece, y le arrulla&lt;br /&gt;la turba en Jerusalén&lt;br /&gt;Y aquí en Sevilla una bulla&lt;br /&gt;Cuatro faroles de plata&lt;br /&gt;Dan luz desde cada esquina&lt;br /&gt;A esa larga caminata&lt;br /&gt;De una Cruz por Palestina&lt;br /&gt;Así llega a calle Cuna&lt;br /&gt;humilde, como salió&lt;br /&gt;Poco después de la una&lt;br /&gt;Cuando Sevilla calló&lt;br /&gt;Vuelve de nuevo a su templo&lt;br /&gt;Entre el silencio feroz&lt;br /&gt;Del que Sevilla da ejemplo:&lt;br /&gt;Hablar sin dar ni una voz.&lt;br /&gt;En tus ojos penitentes&lt;br /&gt;Brilla una luz de centeno.&lt;br /&gt;Sevilla, devotamente&lt;br /&gt;Ve pasar mi Nazareno&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Una luz me sobreviene cada martes, cuando tú, Señora de San Nicolás, te conviertes en un velero de amor que navega sobre un mar de cabezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando te asomas a encontrarte con esas hebras de sol de media tarde son muchos los corazones que te esperan y que parecen querer huir del pecho. Te esperan pupilas llenas de cal y un cielo de zafiro por el que revolotean bruscamente, como un tijeretazo sobre el agua, un puñado de aves de primavera. Sales, Candelaria, con la luz y con la luz vuelves porque la luz eres tú. Voy a tu vera, Señora, como todos estos años. Estamos aquí todos aquellos que construimos altares distintos día a día y que nos prestamos al baile melancólico de tu ausencia. Aquí estamos, Candelaria, peleando contra la insolencia del olvido y esperando tomar nota de las enseñanzas de tu hijo, aquél que llenó de Dios el pan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemos esperado un año entero, largo año como un bostezo de gato, para que el aire de tu ternura se meta por nuestras venas como un río silencioso e imparable. Han sido, Madre, días de pétalos y úlceras, bien lo sabes. Pero un paréntesis parece abrirse cuando el último sol del Martes Santo y tú os encontráis a esa hora en la que se trazan luces largas sobre la alfombra de asfalto de tu barrio. Parece encapotarse de palios el cielo de primavera mientras que a la calle le brotan capirotes blancos de dos en dos entre arrullos de gorriones y carcajadas de palomas. Una voz te lleva mecida y una cuadrilla de corazones palpita en tu madera. Vas derramando Gracia como quien siembra ese trigo que se peina con los vientos de poniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo hemos vencido al tiempo. De nuevo el nazareno, sorteando el pellizco de la soledad, cuenta los años que han pasado desde que alguien le puso sobre los hombros la dulce carga del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que aunque no quisiera verla, dejo que me lleve el viento, y el viento siempre me lleva a donde vive ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esa plaza del querer donde pasan los años sin que nadie los cuente, donde la vida parece una paseo de la niñez, donde los corazones abren sus cancelas de sangre, donde cabe la soledad entre la muchedumbre, donde el llanto es un río interior irremediable, donde el sol se pulveriza y derrama gotas de brillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un kilómetro cero de la Semana Santa de Sevilla, la Alfalfa, un nudo de ese manojo de cables tendidos al aire que son los itinerarios de las cofradías, está ahí, como lo está el Postigo, como el Altozano. La Alfalfa, plaza de la Sevilla que se resiste a marchar, donde conviven coches y caracoles, panes y jabones, persianas y anteojos, es plaza que ve pasar al hijo de Dios camino del Calvario, o lo ve venir muerto, o agonizante, en compañía de la Magdalena, o presentado al pueblo por Pilatos, o en su Cena postrera o llorando entre sayones. Plaza de saetas, de cuando los señores aún no usaban relojes de pulsera, de adolescentes, aparcacoches y señoritos, de jaulas de domingo, de capirotes de cuaresma. Plaza llena de esos tipos cuyo carraspeo es un recitado o de esos otros que creen que un hogar solo es un sitio del que se puede salir sin fianza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Deja la Candelaria su Alfalfa y cree que ya ha salido de la provincia. Y llega a sus jardines y es ya un fuego presentido, un manotazo sordo sobre un corazón acolchado. Y parecen volver los silencios imposibles, los fotógrafos minuteros de antaño, los antiguos soldados de la guarnición arrimados a las niñeras, el merendero del domingo, el cine de verano y los tenderetes de chumbos con tallitas de La Rambla para el agua fresca. Los Jardines. Y la noche que ya viste su camisón de Miércoles. Y los ojos de los niños como dos pellizcos de cena pocha en la que anidan los pájaros del sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veo a lo lejos, con la satisfacción de la melancolía cumplida, a mi Cristo de la Salud virar hacia casa recogiendo las miradas desparramadas de los buscadores de perlas. Y la callé San José parece, entonces, el largo pasillo de la casa de mi infancia. Y el Templo, a lo lejos, parece el regazo de mi madre esperándome de anochecida con su particular acopio de madrugadas atadas a la memoria. Quisiera tardar, pero me empuja el acordeón presuroso de la hora. ¿No puedes recrearte, Capataz, para que yo llegue más tarde? ¿No puedes doblarle la mano al minutero?.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arría el Paso. Mécelo luego, interminablemente, hasta que el dolor de María se transforme en un dulce sueño de recogida. Deja que se consuma lentamente la candelería en imposibles lágrimas. No te la lleves capataz. Déjamela a mí. Déjame que me la lleve otra vez a hombros de la ternura. Ella se merece su barrio, la capilla de la calle, el templo acogedor de una noche de abril. Deja que me la lleve a la Gloria, capataz, a la Gloria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Pongamos que esta noche te hago un trato&lt;br /&gt;Tú pones Candelaria esa tu gracia&lt;br /&gt;Yo si acaso pondré toda la audacia&lt;br /&gt;De llamar a llorarte en arrebato&lt;br /&gt;Una blanca pasión escribe lenta&lt;br /&gt;Por esta hermosa noche de sereno&lt;br /&gt;En la que yo hurgo en el amor ajeno&lt;br /&gt;Y alcanzo corazones en tormenta&lt;br /&gt;Amor en la mirada, ese amor ciego&lt;br /&gt;Amor en la razón y en la locura&lt;br /&gt;Alivio entre la pena y la amargura&lt;br /&gt;Consuelo de mi voz y de mi ruego&lt;br /&gt;La luz de un mundo hosco y sin camino&lt;br /&gt;Referencia de brillo en la tiniebla&lt;br /&gt;Norte de claridad entre la niebla&lt;br /&gt;Candelaria alumbrando mi destino&lt;br /&gt;Yo soy gozo, tú mirada dolorosa&lt;br /&gt;Vivo libre aunque parezca maniatado&lt;br /&gt;Y sobrevuelo el tránsito cansado&lt;br /&gt;Que une las acacias entre rosas&lt;br /&gt;Ve clavadas las astillas del fracaso&lt;br /&gt;En la triste soledad de tanta gente&lt;br /&gt;una lágrima vidriosa, impunemente&lt;br /&gt;Va camino a los labios del ocaso&lt;br /&gt;La quietud dolorosa, sorda y ciega&lt;br /&gt;Solo tiene salida en la tristeza&lt;br /&gt;El perfil de tu beso, tu belleza&lt;br /&gt;Y el dispendio de luz en la refriega&lt;br /&gt;Entregarse al amor y a tu plegaria&lt;br /&gt;Es igual que entregarse sin medida&lt;br /&gt;Es regalarte un alma arrepentida&lt;br /&gt;Y cobrar con tu luz indumentaria&lt;br /&gt;Es lágrima sin pena y sin horario&lt;br /&gt;Una luz vigorosa y solitaria&lt;br /&gt;Una voz, un jardín, un escenario&lt;br /&gt;Una madre de Dios, la Candelaria&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Un hombre de planta gallarda y de aspecto moreno porta una Cruz y camina por Sevilla. Es un gitano. Le acompaña el pueblo, un remolino acompasado y pasional que le abriga hasta su última revirá, una cuadrilla de hombres valientes, un capataz con voz arenosa y una Madre de Dios que solo olvida sus Angustias si Alberto Gallardo es quien la mece y le habla desde el amor de su recia voz de mando. Así desde 1759.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz sincera del celador que pedía la venia había olvidado las palabras de ceremonia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- La Real y Fervorosa... no; la Hermandad pide al Consejo... no; ha llegado en Estación de Penitencia la Archicofradía... no, tampoco. En fin, "que los Gitanos quieren pasar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando pasan ellos, ya nada es igual. Detrás de Nuestro Señor de la Salud, ese viento de componente sur que derriba voluntades, nos queda un fuego en el sueño, invadiéndolo todo. Y año tras año, emocionándome con su larga, sobria y sincera chicotá por La Campana, vuelvo a reflexionar acerca de cómo la historia de la Hermandad va indisolublemente unida a la del pueblo gitano. Los gitanos han errado por la ciudad en busca de su sede definitiva. ¡De cuantos sitios no se han tenido que ir!. Nacieron en Triana, en 1753, y ya del Convento del Espíritu Santo se tuvieron que ir al volver allí las Tres Caídas. Siguieron en el Templo agustino de Nuestra Señora del Pópulo, desde donde ya realizaron estación de penitencia a la Catedral. Y siguieron errando a San Nicolás, a San Esteban, a San Román, Santa Catalina. Como buenos gitanos se van de allá donde no les quieren, y de San Román tuvieron que marchar también. No hay pereza para emprender el camino. Y no hay pereza para emprender una obra que habrá de asombrar a Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Gitanos, ellos y quienes quieren a esa Hermandad –gracias, Cayetana--, levantaron las paredes derruidas de un Templo con el que nadie sabía qué hacer. Ellos lo supieron, lo hicieron. Trabajaron, arriesgaron, expusieron... y ahí está: la Hermandad errante tiene su casa de la que nadie habrá de venir a echarlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que tome nota la ciudad, que le conviene. Gracias en nombre de Sevilla, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental, Animas Benditas y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el segundo pliegue de una cartera, bajo un plástico rayado el sevillano lleva a una Virgen. O la guarda en su mesita de noche, donde pasan los sueños el purgatorio, o la cuelga en la pared de su recibidor. O transita las hojas de su agenda. El sevillano lleva una virgen en la guantera de su carro o en el anverso del parasol. Retratada en una vieja estampa, el sevillano lleva su pequeño corazón mariano como el que lleva la foto de una madre, de una hija o de un secreto amor. Vírgenes mocitas nacidas de las manos virtuosas que van del taller de Roldán a los de Luis Alvarez Duarte o Juan Manuel Miñarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vírgenes de Sevilla. Tan hermosas. Sueños de cabecera. Mujeres y niñas que os mecéis al vaivén dorado de una secreta esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Una Gracia por San Roque&lt;br /&gt;Soledad por San Lorenzo&lt;br /&gt;Una Victoria en el puente&lt;br /&gt;Y una Esperanza al comienzo&lt;br /&gt;De una noche de relente&lt;br /&gt;Trinidad por la Campana&lt;br /&gt;Una Regla en San Andrés&lt;br /&gt;Soledad, Buenaventura&lt;br /&gt;Hay una Aurora temprana&lt;br /&gt;Una Virgen tiene Sed&lt;br /&gt;Porvenir, Paz y ventura&lt;br /&gt;Y otra que yo bien lo sé&lt;br /&gt;Candelaria en San José&lt;br /&gt;Una Gracia y un Amparo&lt;br /&gt;Un Dulce Nombre de Dios&lt;br /&gt;San Esteban, Desamparo&lt;br /&gt;Que esa madre dice adiós&lt;br /&gt;A una Urna y un Decreto&lt;br /&gt;Y en San Isidoro, Loreto.&lt;br /&gt;Hiniesta de San Julián&lt;br /&gt;Misericordia, Dolores&lt;br /&gt;Cada cruz lleva su muerte&lt;br /&gt;La una santa y de ruán&lt;br /&gt;La otra lenta entre estertores&lt;br /&gt;Mi Salud por San Gonzalo&lt;br /&gt;Dolores en los Servitas&lt;br /&gt;En el Baratillo, Piedad&lt;br /&gt;Y en su capilla un regalo&lt;br /&gt;Para las almas benditas&lt;br /&gt;Vestida de Caridad&lt;br /&gt;Amargura en tu semblante&lt;br /&gt;Lirios para Concepción&lt;br /&gt;San Benito, Encarnación.&lt;br /&gt;Lágrimas que caen punzantes&lt;br /&gt;De tus ojos a tu talle&lt;br /&gt;Clavado en un crucifijo&lt;br /&gt;A María Santísima del Valle&lt;br /&gt;Se le está muriendo un hijo.&lt;br /&gt;Guadalupe por sus aguas&lt;br /&gt;Patrocinio sobre el río&lt;br /&gt;Una niña en Calle Parras&lt;br /&gt;Y el suave bombardeo&lt;br /&gt;Del llanto de escalofrío&lt;br /&gt;De Las Aguas del Museo.&lt;br /&gt;Pasa María de La Palma&lt;br /&gt;Pasa Merced de Pasión&lt;br /&gt;Lágrimas de Exaltación&lt;br /&gt;Rezo de mansa calma&lt;br /&gt;de Rosario en Montesión&lt;br /&gt;Y Refugio en San Bernardo&lt;br /&gt;Presentación, Magdalena&lt;br /&gt;Y un sorbo del pozo amargo&lt;br /&gt;De quien muere por condena&lt;br /&gt;Y por ella se enajena&lt;br /&gt;Sevilla hoy te acompaña&lt;br /&gt;Hasta el monte del calvario&lt;br /&gt;Pisando sangre y arena&lt;br /&gt;que el hijo de tus entrañas&lt;br /&gt;rodeado de falsarios&lt;br /&gt;Va a la muerte, Macarena&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Es muy común entre aquellos que acuden a Sevilla a deleitarse el espíritu contemplando la SS, una cierta desorientación cuando de identificar Vírgenes bajo Palio se trata. Lo cual es, por otra parte, perfectamente lógico. Muchos se esfuerzan en diferenciar matices o detalles claros que identifican a una u otra imagen, pero también los hay quienes, a la tercera cofradía, ya suelen preguntarte, así haya un poco de confianza, si de veras importa mucho que una sea de aquí o de allí si luego son todas iguales. En ese momento empieza ese repetido pasaje en el que un sevillano se ve obligado a explicar lo obvio una vez más. Es cuando se explica, en menor o mayor medida --y según lo harto que se esté de andar de guía turístico--, que la Virgen es una, que varias son sus advocaciones y que ellas se distinguen por todo lo que llevan detrás y por detalles nimios que son, en realidad, un mundo. Un pequeño distingo en la posición de las manos o en la inclinación de la cabeza es una fuente inagotable de matices. Por no decir aquellos elementos que, siendo los mismos, varían en apariencia y consistencia, desde la corona al manípulo y de la mantilla de blonda a la toca de sobremanto. Por no seguir hablando de los mantos y las sayas, que son más evidentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque siempre está el que no acaba de entenderlo porque no sabe bien a lo que venía y nos ha tocado a nosotros en suerte. Sin ir más lejos a mí me correspondió en mi lote el pasado año a un divertido norteño que se sorprendió muchísimo el Lunes Santo de que no volvieran a Salir todas las imágenes del Domingo de Ramos ya que creía que los pasos eran los mismos todos los días de la semana. Hube de advertirle que no sería de buen gusto que una Hermandad le dejara a otra a su Virgen como si fuera un futbolista cedido para jugar amistosos. Lo entendió, claro. Tanto que a la altura del Miércoles estaba entusiasmado y daba vivas a Sevilla y a los sevillanos por tan hermosa manifestación popular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema vino cuando llegó el Jueves y después la Madrugá y observó que buena parte de los pasos no llevaban música. Por mucho que le expliqué que la severidad del día aconsejaba que determinados misterios anduvieran entre un respetuoso silencio, no hubo manera de convencerle de que el Calvario, por ejemplo, no transcurriría mejor con la marcha de Campanilleros como él sugería. Así y todo, marchó entusiasmado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra íntima y querida amiga que se estrenaba en Semana Santa preguntó cuanto costaría conseguir la concesión de un servicio de catering con camareros en los palcos y con servicio de almacenaje debajo de estos. Catalana ella, me decía con su enternecedor acento: "siempre se podría sacar algo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Sevilla no acabamos de ponernos de acuerdo acerca de la conveniencia de atraer a forasteros a nuestra Semana Mayor. Hay quien piensa que mejor y con más sitio estaríamos solos y hay quien cree que siempre enriquece conocer y que te conozcan. Yo tengo cosas de ambos bandos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero como les decía, entre aquellos que vienen a vernos en Semana Santa, están muchos sinceros amantes de Sevilla que siempre son bienvenidos. Entre ese grupo podría estar mi compadre Alvarito, de quien me voy a permitir la licencia de contar una breve historia. Andaba este hombre debatiéndose entre un par de dramas, hace de esto muchos años, de los que no acababa de salir y que le estaban costando el carácter. Supe de su estado y le invité, una vez más, a conocer la SS, como ya había hecho otras veces aunque sin éxito. Esta vez aceptó y ya no me dijo lo de todos los años:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--que quieres que te diga, a mí la religión y las vírgenes no me convencen ni me dicen nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sencillamente tomó un avión desde Barcelona y vino a caer en mis territorios un miércoles de atardecida. Quiso la casualidad que en ese momento estuviera revirando muy cerca de mi casa la impresionante canastilla del Cristo de la Salud de San Bernardo, el cual pareció abalanzarse sobre mi amigo con el imponente realismo de su rostro recostado y la Fe desbordante de su gente. Aquél primer impacto causó su primera mueca de emoción, pero esta ya se desbordó hasta el llanto, como una auténtica Magdalena, cuando vivió en primera fila el impresionante derroche de fuerza y amor que se gasta la gente de la Lanzada en subir la cuesta del Bacalao.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando empezó la banda a interpretar La Saeta de Serrat, en arreglo de Guillermo Fdz Ríos, ya no pudo más, se rindió de rodillas ante lo que estaba viendo y su llanto se transformó en auténtico jadeo. Yo, conocedor de su pasado, solo fui capaz de decirle:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Si estás a disgusto, dímelo, hijo mío, que nos vamos a otro sitio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni que decir tiene que este hombre siguió viniendo año tras año hasta nuestros días, dándose la circunstancia de que al segundo o tercer año de pasar una Semana Santa de auténtico "jartible", viendo llegar un paso de una cofradía de barrio conocido por sus andares vistosos y su irresistible personalidad, observé que mostraba signos de disgusto en su expresión y que, levemente, decía que no con la cabeza mientras entornaba displicentemente los párpados. Me extrañó esa reacción pues sé que era de sus cofradías recientemente favoritas y le pregunté por lo que ocurría. ¿Quieren ustedes creer lo que me contestó?. Me señaló al Paso y entre circunspecto e indignado me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Vaya como viene botando ese patero derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero dijo más, mientras yo enmudecía comprobando que tenía razón:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- O cuidamos nuestras cosas o acabamos con esto en cuatro días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es decir, me estaba riñendo. Yo me santigüé y volví mi vista a la Virgen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero de todos los casos paradigmáticos del irresistible imán de Sevilla yo me permitiría citarles el de quién hoy es mi esposa y madre de dos sevillanos que ya se han estrenado en los trámites nazarenos. Por si no lo saben, mi mujer es de origen navarro. Cuando yo le hablaba, recién ella llegada, además, de muchos años de residencia en la América Hispana, me preguntaba a mí mismo hasta qué punto estaba yo dispuesto a sacrificar mi Semana Santa en el caso de que llegaramos a más y a aquella muchacha no le entrara la Pasión por nuestras tradiciones, que, de hecho, es algo que a veces pasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De modo que aquél primer año en el que ella se llegó a Sevilla por Domingo de Ramos, les aseguro que procuré que disfrutara de la Semana Santa más excepcional que ser humano alguno haya conocido. Hablé con los capataces amigos para que le dedicaran las chicotás más emocionantes, diciéndoles si era necesario que se trataba de una pobre muchacha enferma que no acababa de recuperarse, alguno hubo que la miró, me miró a mí y me dijo "¿de recuperarse de qué, miarma?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le hice ver los misterios desde los mejores balcones, escuchar a saeteros emocionantes uno por cada lado, asistir desde rincones privilegiados a los momentos más enternecedores, presenciar desde su capilla la salida de algunos pasos y la recogida de otros... en fin, pasar una Semana que muchos sevillanos tal vez no conozcan. La cosa funcionó ya que desde aquel año se ha convertido en una sabia y prudente cofrade. Aunque el momento en el que comprobé que la Semana Santa había entrado en sus venas de forma irremediable ocurrió al cabo de tan solo un par de años, cuando, ya yo tranquilo sabiendo que no me iba a proponer que nos fuéramos a Benidorm o a Matalascañas, estábamos asistiendo en el balcón de un amigo al paso de una de las cofradías de su preferencia. Ella, aunque no se lo crean, estaba escuchando las transmisiones radiofónicas que Fran, Juanmi, Luis, Víctor, Araceli o Charo bordan en Canal Sur Radio y, en un momento determinado, hizo un gesto de manifiesto desacuerdo y enfado, ese al que me refería antes y que consiste en decir muchas veces que no con la cabeza. Cuando me interesé por lo que pasaba, temiéndome algo malo, ella, parsimoniosamente, se retiró un auricular de su oído y me espetó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¿Que qué ha pasado? Que la cofradía ha entrado con dieciocho minutos de retraso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y añadió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- ¿Hay derecho a esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Les aseguro que desde ese momento estuve mucho más tranquilo. Supe que, para siempre, yo y mis generaciones venideras, seguiríamos siendo cofrades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y por qué no irnos a los barrios?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ir a los barrios, a nuestros barrios más sevillanos, en Semana Santa yo me suelo limpiar mis zapatos como si fuera a pasar revista en mi antigua unidad de ferrocarriles. Y me los limpio al sevillano modo, cepillando y abrillantando hasta que en ellos pueda mirar, cuando la emoción me secuestra y el respeto me achanta la cabeza, la candelería de un palio como si fuera un pulido espejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los barrios. Un respeto, señores, que estamos en los repelucos de Sevilla, en la sagrada tierra extramuros de la vieja ciudad, donde las hermandades más alejadas van a poner su cruz de guía rumbo al corazón de Sevilla para decir bien fuerte, a los cuatro vientos de la veleta del Giraldillo, que hasta aquí hemos venido porque así lo sentimos, así somos, así nos queremos y así os vamos a enamorar con nuestros mejores andares, con nuestras más perfumadas flores, con nuestras más veneradas creencias. Son las gentes del barrio León y del Cerro del Aguila, de Nervión y del Tiro de Línea. Son las Sevillas de lejos que tan cerca del corazón las sentimos cuando pasan por delante de nuestros ojos, llevando el orgullo de sus barrios con la misma elegancia y soberanía con la que suelen llevar sus pasos. Y detrás de ellos, siempre, siempre, me puso el repeluco a la altura del cuello, esos otros pasos interminables, ¿perdidos quizás?, de tantas y tantas mujeres, lloradas de cera, rezando tras sus palios a favor de no sé qué contraria pena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un respeto, que vienen los barrios, los barrios de la Sevilla más nueva, de la Sevilla que se saltó las murallas porque dentro ya no se cabía, porque se llevaron más allá del río y más allá del Cortijo Maestro Escuela a la Sevilla de siempre, la Sevilla que hoy aquí nos congrega. Un respeto porque nos van a embelesar con su alegría, nos van a poner un poco de azúcar en la hiel de una Pasión tan sentida, para que podamos sobrellevar los pellizcos del corazón de una semana tan grande con el relevo, con el respiro que cualquier cuerpo mortal necesita para una tarea tan abrumadora. Una alegría rara, especial, muy sevillana porque nos va hacer llorar. ¿Se puede llorar de alegría viendo al Cerro? Escúchame bien: si no lo has hecho haztelo mirar. Es un sentimiento confuso donde la emoción se nos escapa en una inteligible multiplicidad de sensaciones que tiene algo que ver con los niños vestidos de fiesta, con el tío de los globos de los pokemon, con el viejo amigo reencontrado en el mismo lugar de todos los martes santos, con ese barrio volcado en las calles, con ese, en fin, júbilo desbordante que nos contagia para serenarnos y emocionarnos a la vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esos barrios les quiero dar su sitio, el sitio que ellos mismos han sabido conquistar en un territorio tan exigente para sus cosas como es Sevilla. Y ahí están. Por derecho propio. Mejor dicho, por esa izquierda "adelante" y esa derecha atrás. Que es su mejor cuerpo jurídico. Su más encastada argumentación judicial. Os espero este año como siempre os he esperado. Con las puertas de la sorpresa bien engrasadas para vivir con la intensidad que sabéis transmitir lo más hondo de una Pasión según los barrios, mis barrios de Sevilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mi me gusta ir a Triana a otear sus sombras fugaces. Me gusta ese rumor de ángeles que surge de sus rincones. Me pongo de puntillas desde este lado del río para mirarla en secreto, para asomarme en ese momento en el que se cambia el vestido, justo al atardecer. El viento, en Triana, se hace sinfonía en los callejones y la luz me sigue por los escondites secretos. Me dejo ir, que es la mejor forma de sujetarse a uno mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adónde va esa Estrella que cruza como un escalofrío por entre niños y globos palmas en estado asombro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;De qué firmamento ha huido para hacerse mujer en Triana?&lt;br /&gt;Que hijos del cielo la están llevando a hombros&lt;br /&gt;Qué extraña y temblorosa filigrana&lt;br /&gt;Danza en mis labios cuando la nombro?&lt;br /&gt;Va a Sevilla.&lt;br /&gt;Viene de San Jacinto y a San Jacinto mira&lt;br /&gt;Quiere volver, atravesar su Altozano&lt;br /&gt;Y una cava y una calle.&lt;br /&gt;Y tantas vidas&lt;br /&gt;tanto planeta temprano&lt;br /&gt;que la espera de recogida&lt;br /&gt;Quien dijo que una Estrella&lt;br /&gt;era un brillo lejano&lt;br /&gt;Nacido en alguna huella&lt;br /&gt;De un firmamento quebrado?&lt;br /&gt;Quién dijo que están remotas&lt;br /&gt;De Sevilla las estrellas&lt;br /&gt;Si aquí hay una que alborota&lt;br /&gt;Con su cara de doncella&lt;br /&gt;Con su nombre de lucero&lt;br /&gt;De esos que el cielo regala&lt;br /&gt;las noches en las que espero&lt;br /&gt;Con los sentidos en danza&lt;br /&gt;Se me abalance la luna clara&lt;br /&gt;Y la luna no se abalanza.&lt;br /&gt;Con ese llanto que alcanza&lt;br /&gt;La espalda de una emoción.&lt;br /&gt;Lágrimas de redención&lt;br /&gt;De este largo laberinto.&lt;br /&gt;Es el llanto de una estrella&lt;br /&gt;Que en el cielo dejó huella&lt;br /&gt;Y que vive en San Jacinto&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Triana le da a la vida color de almanaque en fiesta. Tal vez con los ojos cerrados sabríamos que está pasando su gente, esa que camina como si navegara, surcando aceras, a
